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Autor: Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos | Fuente: www.vatican.va Los ejercicios de piedad
Armonizar, en la medida de lo posible, los ejercicios de piedad con los ritmos y las exigencias de la Liturgia
Los ejercicios de piedad
70. Los ejercicios de piedad son expresión característica de
la piedad popular, los cuales, por otra parte, son muy
diferentes entre sí tanto por su origen histórico como por
su contenido, lenguaje, estilo, usos y destinatarios. El Concilio Vaticano
II ha tenido en cuenta los ejercicios de piedad, ha
recordado que están vivamente recomendados, indicando, además, las condiciones que
garantizan su legitimidad y su validez.
71. A la luz de
la naturaleza y las características propias del culto cristiano, es
evidente, ante todo, que los ejercicios de piedad deben ser
conformes con la sana doctrina y con las leyes y
normas de la Iglesia; además deben estar en armonía con
la sagrada Liturgia; tener en cuenta, en la medida de
la posible, los tiempos del año litúrgico y favorecer "una
participación consciente y activa en la oración común de la
Iglesia".
72. Los ejercicios de piedad pertenecen a la esfera del
culto cristiano. Por esto la Iglesia siempre ha sentido la
necesidad de prestarles atención, para que a través de los
mismos Dios sea glorificado dignamente y el hombre obtenga provecho
espiritual e impulso para llevar una vida cristiana coherente.
La acción
de los Pastores respecto a los ejercicios de piedad se
ha realizado de muchas maneras: recomendaciones, estímulo, orientación y a
veces corrección. En la amplia gama de ejercicios de piedad,
hay que distinguir: ejercicios de piedad que se realizan por
disposición de la Sede Apostólica o que han sido recomendados
por la misma a lo largo de los siglos; ejercicios
de piedad de las Iglesias particulares que "se celebran por
mandato de los Obispos, a tenor de las costumbres o
de los libros legítimamente aprobados";otros ejercicios de piedad que se
practican por derecho particular o tradición en las familias religiosas
o en las hermandades, o en otras asociaciones piadosas de
fieles, con frecuencia, estos han recibido la aprobación explícita de
la Iglesia; los ejercicios de piedad que se realizan en
el ámbito de la vida familiar o personal.
A algunos ejercicios
de piedad, introducidos por la costumbre de la comunidad de
los fieles, y aprobados por el Magisterio, se han concedido
indulgencias.
Liturgia y ejercicios de piedad
73. La enseñanza de la Iglesia
sobre la relación entre la Liturgia y los ejercicios de
piedad se puede sintetizar en lo siguiente: la Liturgia, por
naturaleza, es superior, con mucho, a los ejercicios de piedad,
por lo cual en la praxis pastoral hay que dar
a la Liturgia "el lugar preeminente que le corresponde respecto
a los ejercicios de piedad"; Liturgia y ejercicios de piedad
deben coexistir respetando la jerarquía de valores y a la
naturaleza específica de ambas expresiones cultuales.
74. Una consideración atenta de
estos principios debe llevar a un verdadero empeño para armonizar,
en la medida de lo posible, los ejercicios de piedad
con los ritmos y las exigencias de la Liturgia; esto
es "sin fusionar o confundir las dos formas de piedad";
para evitar, consiguientemente, la confusión y la mezcla híbrida de
Liturgia y ejercicios de piedad; a no contraponer la Liturgia
a los ejercicios de piedad o, contra el sentir de
la Iglesia, eliminarlos, produciendo un vacío que con frecuencia no
se ve colmado, en perjuicio del pueblo fiel.
Criterios generales para
la renovación de los ejercicios de piedad
75. La Sede Apostólica
no ha dejado de indicar los criterios teológicos, pastorales, históricos
y literarios, conforme a los cuales se deben reformar -cuando
sea preciso- los ejercicios de piedad; ha señalado cómo se
debe acentuar en ellos el espíritu bíblico y la inspiración
litúrgica, y también debe encontrar su expresión el aspecto ecuménico;
cómo se deba mostrar el núcleo esencial, descubierto a través
del estudio histórico y hacer que reflejen aspectos de la
espiritualidad de nuestros días; cómo deben tener en cuenta las
conclusiones ya adquiridas por una sana antropología; cómo deben respetar
la cultura y el estilo de expresión del pueblo al
que se dirigen, sin perder los elementos tradicionales arraigados en
las costumbres populares.
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