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Autor: German Sanchez Griese | Fuente: Catholic.net Se llama Juan...
La Comunidad del Cordero-Dominica, están presentes en Europa y en América Latina.
Erigida el 6 de febrero de 1983 en Francia, reconocida el 16 de julio de 1983 por el Padre Vicent de Couesnongle OP. Maestro de la Órden de predicadores
Se llama Juan...
Como podría llamarse, Ricardo, Javier o Luis. El nombre
es lo de menos. Lo que importa es lo que
hace… o lo que no hace, según del lado por
el que se vea. Porque he encontrado a Juan junto
con un amigo suyo, mendigando, pidiendo pan para comer. Serían
como las dos de la tarde, en un caluroso día
de verano por las calles de Roma, cuando las casas
se cierran a cal y canto para defenderse del calor
del mediodía. Y ahí estaba él. Joven y vigoroso, pero
sin trabajo. Con posibilidades de tener una familia, pero permanecía
soltero, por elección propia, según me dijo más adelante. Tenía
los ademanes, la elegancia y la voz de un joven
empresario, de un hombre de mundo, pero no era más
que un mendigo.
Pensé decirle: “-Pero Juan… ¿por qué no
trabajas? Y además… aquí en Europa. ¿Un pobre que pide
de puerta en puerta el pan de cada día en
Europa?” Este pensamiento hizo que me asaltara una duda terrible.
No debería ser un pobre, sino un loco. Eran muchas
contradicciones al mismo tiempo. No acaba de salir de esta
inquietud cuando, alejándose un poco, lo oí hablar en perfecto
francés con un hombre para pedirle autostop para Francia.
No me
aguanté más y le pregunté: -Dime, Juan, ¿quién eres? -Soy un
pobre. -No estoy para bromas, Juan. ¿Quién eres? -Soy un sacerdote de
los Hermanitos del Cordero. -¿Qué que? ¿Un sacerdote? ¡Eres un loco
Juan! ¿Qué hace un sacerdote en medio de las calles,
pidiendo autostop para Francia?¡Eres un loco, Juan! Si eres sacerdote
porque no estás en la Iglesia, diciendo misa, rezando, dando
catequesis a los niños, o cuidando a los enfermos. Hay
muchas formas de ser sacerdote, pero no está de andar
vagando por las calles. Vamos Juan… dime que no es
cierto, que no eres un sacerdote.
Y fue así cómo Juan
me comentó que él no está en oposición a lo
que hace la Iglesia. Qué él ama a la Iglesia
católica y quiere hacer lo mismo que hace la Iglesia.
Que él va desde la Iglesia hasta las márgenes, hasta
los pobres. Me dijo que esta pequeña fundación de los
Hermanitos y las Hermanitas del Cordero nació en Francia en
1983 y ha ido desarrollándose a lo largo de estos
años. Cuenta ya con un centenar de hermanitas y con
25 hermanitos, entre los cuales el hermano Juan es sacerdote.
Lo que hacen es evangelizar a los pobres a través
del testimonio de sus vidas y mendigando el pan casa
por casa. Son estos encuentros con la gente los que
les sirven para evangelizar.
-Juan… no te entiendo. ¿Quieres decirme que
has dejado todo en tu vida para evangelizar a los
pobres? ¿Y para eso te has hecho mendigo?
Me miró con
sus ojos profundos, negros y me dijo: -Me he hecho mendigo
no sólo para evangelizar a los pobres. Si así lo
hubiera hecho, estaría haciendo teatro o poniéndome un disfraz. No.
Me he hecho pobre, a semejanza de Domingo y de
Francisco, que se hicieron pobres para imitar a Cristo. La
pobreza no es un método de evangelización. Es un signo
profético de Dios. Él es el verdadero mendigo que golpea
a las puertas de los corazones de los hombres para
pedirles amor. Yo sólo soy un instrumento suyo. Yo le
presto mis pies, para que Él camine las calles de
las grandes ciudades. Le presto mis manos para que sean
sus manos las que toquen las puertas de las casas
y de los hombres. Le doy mis labios para que
Él hable por mí. Le regalo mi hambre para que
los hombres se compadezcan de Él.
-Y… ¿no los rechazan algunas
veces? -¿Quieres decir que nos cierran la puerta, o nos dicen
que estamos locos, o que nos van a demandar con
la policía? ¡Sí! -¿Si? ¿Y lo dices así de tranquilo y
de contento? -Bueno, es que tú sabes… nos preparamos para este
tipo de negativas. Durante la mañana tenemos grandes momentos de
adoración, de contemplación. Así alimentamos y fortificamos nuestras almas, para
luego salir a evangelizar. Cada encuentro en la calle, en
la carretera es un encuentro providencial para poder evangelizar, para
poder dar a conocer el Amor de Dios a los
hombres. No nos preocupamos de las negativas. Quizás Dios se
valga de ellas para abrir el corazón a tantos hombres.
-¿Quieres decir que dedicas mucho tiempo a la oración? ¿No
te aburres? -¡No, hombre! ¡Para nada! Porque la oración no es
como tú la ves. No es simplemente un tomar fuerzas
para luego enfrentarnos a las negativas de los hombres. Es
escuchar la palabra de Dios, confrontar nuestra vida con la
vida de Él, buscar su voluntad, mover nuestro corazón para
cumplir su voluntad. ¡Es estar amando al Amado!
Y al hablar
de la oración Juan se emocionaba. Lo podía ver y
lo podía sentir. Sus ojos brillaban de felicidad, sus manos
se movían pausadamente, enfatizando cada palabra y el tono de
voz parecía envolverme sin yo darme cuenta. Al oírlo, me
parecía escuchar a Domingo de Guzmán y al verlo mendigar,
me recordaba tanto a Francisco de Asís, el juglar de
Dios que bendecía a quienes le lanzaban una piedra y
a quienes lo insultaban.
Quizás la situación externa de Europa
había cambiado mucho: ya no eran caballos los que se
veían en las aceras, sino coches. Los telares y las
tierras de cultivo han dado origen a grandes industrias que
llevan la economía del mundo y por las calles los
escaparates dictan la moda y la vanidad. Pero el corazón
de los europeos aún necesita ser evangelizado y Juan, junto
con un puñado de valientes, ha elegido este camino.
De lejos
me despedí de Juan y de su amigo, pues siempre
van de dos en dos. ¿Quién sería el loco? ¿Yo
o él?
Si quieres conocer más la vida de Juan, y
te interesa ser un juglar de Dios en el siglo
XXI, llama o escribe a Barcelona:
Hermanitas del Cordero San Jaime C/Ferrán,
28 08002 Barcelona España Teléfono + 93 317 09 37
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Ayer conocí a dos Hermanitos del Cordero Pablo y
Josef Marie los cogimos en auto-stop, estoy
impresionada,me he metido en internet para conocer
algo mas de ellos aunque creí entenderlos muy bien
lo que nos dijeron, cuando he leído el articulo
sencillamente me he puesto a llorar.Doy gracias por
haberlos conocido
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