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Autor: Jesús Martí Ballester | Fuente: www.jmarti.ciberia.es José Manuel González García, Beato
Vivencias de alguien que lo conoció, Enero 4
José Manuel González García, Beato
MIS RECUERDOS DE DON MANUEL
Era yo muy
jovencito cuando conocí a Don Manuel. Os cuento: De
los 36 niños que habíamos ingresado en el seminario
en el curso 1932-33, regresamos al seminario 2, al
terminar la guerra civil de España. La biblioteca del seminario
se había salvado por haberla trasladado al Colegio
del Patriarca, que fue totalmente respetado. Me encargaron
la organización de aquel enorme volumen de libros. Y
allí me encontré una pila de revistas de
EL GRANITO DE ARENA. Me encantó. Devoraba cada
número. La facilidad y encanto con que escribía Don
Manuel, el ARCIPRESTE DE HUELVA, me enganchó.
Y me suscribí a esa revista mensual. Y fui
siguiendo sus andanzas.
LO QUE PUEDE UN
CURA HOY
Su libro LO QUE PUEDE UN CURA HOY, resultó
un punto de referencia para los sacerdotes de
la primera mitad del siglo XX. Ya sacerdote, lo leí
de cabo a rabo y muchas de mis
actuaciones primerizas venían inspiradas en dicho libro. Aquel
consejo de que la iglesia parroquial abriera sus puertas
antes que las otras casas de la parroquia, lo
cumplía con el consiguiente madrugón y el asombro
de los feligreses.
FIGURA SEÑERA
Don Manuel nació en
Sevilla en 1877, en una familia humilde y profundamente
religiosa. Su padre, Martín González Lara, era
carpintero, su madre, Antonia, se ocupaba del
hogar. En este ambiente Manuel creció serenamente. Dejó huella en
su corazón haber formado parte de los famosos
«seises» de la catedral de Sevilla, que bailaban
y cantaban en las solemnidades del Corpus y de
la Inmaculada. Como seise consolidó su amor
a la Eucaristía y a la Virgen.
AL SEMINARIO
Sin avisar a sus padres se presentó al
examen de ingreso al seminario. Sus buenos padres
acogieron la sorpresa considerando como manifestación de los
caminos de Dios y aceptándolos como tales. Costeó
sus estudios trabajando como fámulo. El 21
de septiembre de 1901, le confirió el sagrado
presbiterado el hoy beato cardenal Marcelo Spínola.
PALOMARES DEL RIO, SU PRIMER DESTINO
En 1902
fue enviado a dar una misión en Palomares
del Río. Él mismo nos describe esta experiencia.
Escuchó las desalentadoras perspectivas que le presentó el sacristán,
y dice: «Fuime derecho al Sagrario... y ¡qué
Sagrario, Dios mío! ¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi
fe y mi valor para no salir corriendo
para mi casa! Pero, no huí. Allí de
rodillas... mi fe veía a un Jesús tan callado,
tan paciente, tan bueno, que me miraba...
que me decía mucho y me pedía más, una
mirada en la que se reflejaba todo lo triste
del Evangelio... La mirada de Jesucristo en esos
Sagrarios es una mirada que se clava en el
alma y no se olvida nunca. Vino a ser
para mí como punto de partida para ver,
entender y sentir todo mi ministerio sacerdotal». Esta gracia
irá madurando en su corazón.
LA OBEDIENCIA, MOTOR DE
LA COSECHA
El arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola
y Maestre, había vivido en sus años jóvenes en
Huelva, ejerciendo de abogado, y seguía, como arzobispo,
con gran preocupación, su vida eclesial, que ofrecía,
en sus pastores y en sus fieles, un
panorama poco esperanzador. Y tomó una decisión
arriesgada. D. Manuel González, recién ordenado, había ya dado
muestras de extraordinarias dotes intelectuales y apostólicas, pero
todavía no había cumplido 28 años. El sacerdote,
que consideraba como fundamental la virtud de
la obediencia, nos relata la entrevista:
«Llamado una mañana- cuenta - por mi santo
Arzobispo, Pastor a lo Buen Pastor y, a fue
de tal, de una delicadeza suma en todos sus
procederes, me dice sonriente: -¿Quiere Vd. ir a
Huelva? - Yo voy volando a donde me
mande mi prelado. - No; yo no le
mando ir a Huelva; aquello está tan mal, y, lo
que es peor, tan dividido entre los pocos
buenos... Estoy tan harto de probar procedimientos para
mejorarlo sin obtenerlo, que me he acordado de Vd.
como última tentativa; al fin y al cabo Vd.
es joven y, si se estrella en Huelva, como
lo temo, el mismo que lo lleva lo
puede traer. Pero, repito, esto no es un mandato
sino un deseo. -Señor, los deseos
de mi prelado son para mí órdenes, ¿cuando quiere
que me vaya? -No, no; ahora se va
Vd. a su casa y, durante tres días y
con completa reserva de esta conversación, madure este
deseo mío delante de su Sagrario y vuelva
después con su decisión. -Espero, con la
gracia de Dios, que dentro de tres días vendré aquí
a decir a V. E. lo mismo que
ahora le digo. Me despedí y ¡qué tres
días pasé! ¡Sin apenas dormir ni comer y con esfuerzos
sobrehumanos para conservar la buena cara y el
buen humor! ¡Había oído hablar en todos los
años de mis estudios tan mal de la situación
religiosa en Huelva...! Llegado el tercer día, me
presenté de nuevo al señor Arzobispo. -Sr., aquí
me tiene para repetirle lo que le
dije el otro día; ¿Cuando quiere que me vaya a
Huelva? -Pero, ¿así? ¿tan decidido? -Sí, señor;
completamente decidido. Ahora, que, como a mi Prelado debo
hablar como al Jesús de mí Sagrario, debo
decirle que me voy a Huelva tan decidido en mi
voluntad como contrariado en mi gusto. -Me
lo explico y no me extraña; espero
que ese desprecio de su gusto, para abrazarse a la
voluntad del Prelado le ayudará mucho en
su misión en Huelva. Sé que es Vd.
muy joven para un Arciprestazgo tan importante y para lo
malo que está aquello; yo he vivido allí
y lo conozco, pero ¡no importa! Vaya, pruebe
y si no le va bien, se viene. La
puertas de este palacio siempre estarán abiertas para
Vd.; y en mí siempre tiene un Padre
a quien le puede contar todo, que lo recibirá con
los brazos abiertos ».
ARCIPRESTE DE HUELVA
«El 1 de marzo de 1905, fui
nombrado Cura Ecónomo de san Pedro de Huelva; tomé
posesión el día 9. El 16 de junio
fui nombrado arcipreste». Fue nombrado Cura ecónomo o
regente porque el Cura propio, D. Manuel García Viejo,
vivía aún, aunque ya muy anciano y achacoso.
Al dar cuenta el Arzobispo a unos
católicos onubenses del nombramiento que acababa de hacer,
les dijo: «Envío a Vds. una alhajita».
SU PROGRAMA
Lo
decisivo para él, al llegar a Huelva no era
hacerse presente en la sociedad onubense de
cualquier manera, sino hacerse presente con la fuerza
salvadora de Jesús, que brota de la
Eucaristía. ¿Por dónde empezar? Se propuso hacer de la
Eucaristía celebrada y adorada, la cumbre y la
fuente de toda su actividad. Así se anticipó al
Concilio Vaticano II: «La sagrada liturgia no agota
toda la actividad de la Iglesia, pues para que
los hombres puedan llegar a la liturgia es necesario
que antes sean llamados a la fe y
a la conversión... No obstante, la liturgia es
la cumbre a la cual tiende la actividad de
la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente
de donde mana toda su fuerza. Pues
los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez
hechos hijos de Dios por la fe y el
bautismo, todos se reúnan, alaben a Dios en medio
de la Iglesia, participen en el sacrificio y
coman la cena del Señor.
FAMILIAS Y ESCUELAS
Se
preocupó también de la situación de las
familias necesitadas y de los niños, para los que
fundó escuelas. Tanto la biología como la experiencia nos
demuestran la existencia de gemelos biológicos lo
que podemos comprobar en la vida, en la
sociedad familiar y en la relación de cada día. También
la historia nos demuestra la existencia de personas
gemelas no biológicas, unas veces de carácter y
trayectoria, ya sean estadistas, como Kennedy y Lincoln;
educadores, como D. Manuel González García, Arcipreste de
Huelva y Obispo de Málaga y D. Manuel Siurot,
a quien don Manuel llamaba su alter
ego y que colaboró en la educación creando y
dirigiendo escuelas, tanto en Huelva como en Málaga.
MARIAS DE LOS SAGRARIOS ABANDONADOS
El 4 de marzo
de 1910, ante un grupo de colaboradoras,
derramó el gran anhelo de su corazón. Así
nos lo narra: «Permitidme que, yo que invoco muchas
veces la solicitud de vuestra caridad en favor
de los niños pobres y de todos los
pobres abandonados, invoque hoy vuestra atención y vuestra cooperación
en favor del más abandonado de todos los pobres:
el Santísimo Sacramento. Os pido una limosna de
cariño para Jesucristo Sacramentado... os pido por el
amor de María Inmaculada y por el amor de
ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las
Marías de esos Sagrarios abandonados». Así nació
la «Obra para los Sagrarios-Calvarios». Obra para
dar una respuesta de amor reparador al amor
de Cristo en la Eucaristía, a ejemplo de
María Inmaculada, el apóstol san Juan y las Marías,
fieles en el Calvario. La Unión Eucarística
Reparadora, iniciada con las Marías de los Sagrarios y
Discípulos de san Juan, se extendió rápidamente y
abrió camino a la Reparación Infantil Eucarística
en el mismo año;
MISIONEROS EUCARISTICOS
Funda los sacerdotes Misioneros
Eucarísticos en 1918; la congregación religiosa de Misioneras
Eucarísticas de Nazaret en 1921, en colaboración con su
hermana María Antonia, la institución de Misioneras
Auxiliares Nazarenas en 1932, y la Juventud
Eucarística Reparadora en 1939.
RÁPIDA PROPAGACIÓN
La rápida
propagación de la Obra en otras diócesis de España
y América, a través de la revista «El Granito
de Arena», le impulsó a solicitar la aprobación del
Papa. Don Manuel llegó a Roma en 1912,
y el 28 de noviembre fue recibido por el
Papa San Pío X, a quien fue presentado como
«el apóstol de la Eucaristía». San Pío
X se interesó por toda su actividad apostólica y
bendijo la Obra.
OBISPO AUXILIAR DE MALAGA
El Papa Benedicto XV le nombra obispo auxiliar
de Málaga y recibe la ordenación episcopal en
1916 y en 1920 fue nombrado obispo residencial,
acontecimiento que decidió celebrar dando un banquete a
los niños pobres, en vez de a las autoridades;
que, junto con los sacerdotes y seminaristas, sirvieron la
comida a los tres mil niños. COMO
EN HUELVA Como pastor de la diócesis malagueña,
inició su misión tomando contacto con su grey para
conocer sus necesidades. Como en Huelva, potenció las
escuelas y catequesis parroquiales, practicó la predicación
callejera conversando con todo el que se encontraba de
camino... y descubrió que la necesidad más
urgente era la de sacerdotes. Este problema debía afrontarse
desde la situación del seminario, la cual era
lamentable.
UN NUEVO SEMINARIO
Con una confianza sin
límites en la mano providente del Corazón de
Jesús, emprendió la construcción de un nuevo
seminario que reuniese las condiciones necesarias para formar
sacerdotes sanos humanos, espiritual, pastoral e intelectualmente. Sueña
y proyecta «un seminario sustancialmente eucarístico. En el
que la Eucaristía fuera: en el orden pedagógico, el más
eficaz estímulo; en el científico, el primer
maestro y la primera asignatura; en el disciplinar
el más vigilante inspector; en el ascético el
modelo más vivo; en el económico la gran providencia; y
en el arquitectónico la piedra angular».
SACERDOTE HOSTIA
A sus sacerdotes, y a los miembros de las
diversas fundaciones que realizó, les propondrá como camino
de santidad «llegar a ser hostia en unión de
la Hostia consagrada», que significa «dar y darse
a Dios y en favor del prójimo del modo más
absoluto e irrevocable». Manuel González no escatima
esfuerzos para mejorar la situación humana y espiritual
de su diócesis. Su ingente actividad hace que
no pase desapercibido, y con la llegada de la
República a España su situación se hace delicada.
LLAMAS EN EL PALACIO EPISCOPAL
El 11 de mayo
de 1931 el ataque es directo, le incendian
el palacio episcopal y ha de trasladarse a
Gibraltar para no poner en peligro la vida de quienes
lo acogen. Al salir de su palacio incendiado,
le preguntarán los milicianos, a dónde quiere
que lo lleven y contestó. ¿Ustedes creen que me dedico
por las noches a dormir fuera de mi
casa? Y cuando ya encuentra refugio les dice
a las monjitas que con él habían sumido las
hostias consagradas del sagrario: “Hermanas, ya tienes ustedes
cosas que contar para cuando sean
viejas”. Desde 1932 rige su diócesis desde Madrid, y
el 5 de agosto de 1935 el Papa Pío
XI lo nombra obispo de Palencia. En el
discurso de entrada se emocionó mucho y
dijo: “Necesitaba llorar de alegría después de haber llorado
tantos años de amargura”. “Me duele el corazón de
tanto amar”.
LA FECUNDIDAD DE SU PLUMA
Con estilo ágil, lleno de gracia andaluza y
de unción, transmitió el amor a la Eucaristía,
introdujo en la oración, formó catequistas, guió a los
sacerdotes. Entre sus libros, destacamos: "El abandono de
los Sagrarios acompañados", "Oremos en el Sagrario como
se oraba en el Evangelio", "Artes para ser
apóstol", "La gracia en la educación", "Arte y
liturgia", etc. Escritos que por su gran difusión se
han recopilado en la edición de sus Obras
Completas.
ENFERMO
Los últimos años su
salud empeora notablemente, prueba que vive de modo heroico,
sin perder la sonrisa de su rostro siempre amable
y acogedor, y la aceptación de los designios del
Padre. Al salir de Palencia para Madrid, desde la
camilla ante el sagrario de su capilla,
le dijo al Señor: "Si quieres que vuelva, bendito
seas, si no quieres que vuelva, bendito seas". En
la clínica pide que le situen cerca de
la ventana para ver la luz: "Hermana, le dice
a la religiosa enfermera, soy andaluz". El 4 de
enero de 1940 entregó su alma al
Señor. Fue enterrado en la catedral de Palencia, donde
podemos leer el epitafio que él mismo escribió:
«Pido ser enterrado junto a un Sagrario,
para que mis huesos, después de muerto, como mi
lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo
a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí
está! ¡No lo dejéis abandonado!». He tenido el
regalo de poder orar en esa capilla de la Catedral
de Palencia ante su lápida a los pies
del sagrario. Juan Pablo II declaró sus virtudes
heroicas el 6 de abril de 1998, y aprobó el
milagro atribuido a su intercesión el 20
de diciembre de 1999. Manuel González García, obispo de
Málaga y de Palencia, fue una figura
significativa y relevante de la Iglesia española durante la
primera mitad del siglo XX.
PALABRAS DE JUAN
PABLO II EN LA BEATIFICACION
“Esa fue
la gran pasión del nuevo beato Manuel González
García, obispo de Málaga y después de Palencia. La
experiencia vivida en Palomares del Río ante un sagrario
abandonado le marcó para toda su vida, dedicándose
desde entonces a propagar la devoción a
la Eucaristía, y proclamando la frase que después quiso
que fuera su epitafio: “¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está!
¡No lo dejéis abandonado!". Fundador de las Misioneras
Eucarísticas de Nazaret, el beato Manuel González es
un modelo de fe eucarística, cuyo ejemplo sigue
hablando a la Iglesia de hoy”.
JESUS MARTI
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