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Autor: Juan A. Ruiz | Fuente: Cónclave 2005 Pintando al Papa Ratzinger
El Ratzinger de la realidad, no del mito, es uno de los hombres más sencillos, comprensivos, cordiales e, incluso tímidos, que haya conocido
Pintando al Papa Ratzinger
«Un par de días antes del mes de agosto de
1984, aparcaba mi coche en el parking del bello seminario
de Bressanone que, durante el verano, ofrecía una económica estancia
a sacerdotes y a familias católicas sin demasiadas pretensiones. Entre
esos veraneantes, un sacerdote de rostro intenso y de modales
aristocráticos, a pesar de sus orígenes de hijo de pequeños
burgueses, con el pelo ya blanco, un cuerpo diminuto y
un modesto clergyman sin distintivo alguno».
Con estas palabras empieza
su artículo Vittorio Messori, célebre periodista italiano, que ha tenido
la gracia de redactar libros-entrevistas con dos Papas: “Cruzando el
umbral de la esperanza” con Juan Pablo II, e “Informe
sobre la fe” con Benedicto XVI, entonces Cardenal Joseph Ratzinger.
A esta segunda entrevista se refiere el primer párrafo
del presente artículo con el que describe admirablemente al futuro
Sumo Pontífice. Me permito copiar varios de los párrafos del
periodista italiano, pues son una auténtica joya.
«Más que
decir nada sobre su pensamiento, me gustaría hablar del hombre
Ratzinger. La leyenda le ha convertido en el cardenal-panzer, en
un inhumano fanático de la ortodoxia, en un verdadero heredero
de los Grandes Inquisidores. El Ratzinger de la realidad, no
del mito, es uno de los hombres más sencillos, comprensivos,
cordiales e, incluso tímidos, que haya conocido. […] ».
«Un
hombre, además – continúa diciendo Messori –, con un fino
sentido del humor, siempre dispuesto a sonreír. Recuerdo que, una
tarde, en la mesa, tras un premio que le había
sido concedido, quiso conocer por mi boca algunas de las
bromas que sobre él circulaban en las parroquias. Le referí
algunas y realmente vi que se divertía».
No cabe duda
que estas palabras valen oro puro. Sobre todo, ante el
eco de las personas que sólo intentan dividir, creando un
mito sobre la figura del Papa que es tan irreal
como inhumana. El Cardenal-panzer que intentan pintarnos es fruto de
la rabia que, por desgracia, carcome algunas almas.
En este
caso, como siempre, será el tiempo el encargado de mostrarnos
la verdad. Lo mismo pasó con Pablo VI, con Juan
Pablo II; y lo mismo pasará con los futuros Papas.
No nos preocupemos tanto, pues como dijo Montaigne, «no hay
tontería mayor ni más común que la de amargarse por
las tonterías del mundo». ¡Y cuántas tonterías se escuchan
estos días, Dios mío!
Me remito a la esperanza, que
es la mejor de las consejeras. En efecto, citando a
Messori, «el Espíritu Santo sabe lo que hace. Y por
lo tanto, sabrá inspirar lo mejor al nuevo pastor de
la Iglesia». Y si es verdad que Dios ha escogido
a «un sencillo, humilde, trabajador en la viña del Señor»,
como el mismo Benedicto XVI se autonombró, yo sólo quiero
ser un humilde y sencillo hijo de este trabajador.
Con datos de: El Mundo (20/04/2005)
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