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Autor: Domingo Vásquez, C.Ss.R. Alfonso María de Ligorio, Santo
Fundador, Obispo y Doctor de la Iglesia, 1 de agosto
Alfonso María de Ligorio, Santo
Obispo Fundador de los Misioneros Redentoristas Doctor de la Iglesia
Martirologio Romano:Memoria
de san Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de
la Iglesia, que insigne por el celo de las almas,
por sus escritos, por su palabra y ejemplo, trabajó infatigablemente
predicando y escribiendo libros, en especial sobre teología moral, en
la que es considerado maestro, para fomentar la vida cristiana
en el pueblo. Entre grandes dificultades fundó la Congregación del
Santísimo Redentor, para evangelizar a la gente iletrada. Elegido obispo
de santa Águeda de los Godos, se entregó de modo
excepcional a esta misión, que dejaría quince años después, aquejado
de graves enfermedades, y pasó el resto de su vida
en Nocera de’Pagani, en la Campania, aceptando grandes trabajos y
dificultades (1787).
Etimología.Alfonso = guerrero. Viene de la lengua alemana.
Nos
encontramos en el año 1696, de nuestra era, el 27
de septiembre, día dedicado a los gloriosos mártires Cosme
y Damían, nace Alfonso de Ligori, en Nápoles (Italia).
Sus padres fueron José De Ligorio (un noble
oficial de la marina) y de la noble Ana De
Cavalieri. El hombre tuvo un destino fuera
de serie. Nacido en la nobleza napolitana e
hijo de militar, alumno superdotado, atraído por la música,
la pintura el dibujo, la arquitectura. Su nombre viene
de dos raíces germánicas: addal, hombre de noble origen,
y funs, pronto al combate. Alfonso era noble por
nacimiento, sí: pero mucho mejor, caballero de Cristo, siempre
pronto y en la brecha para los combates de
Dios...
Alfonso fue un hombre de una personalidad extraordinaria:
noble y abogado; pintor y músico; poeta y escritor;
obispo y amigo de los pobres; fundador y superior
general de su congregación; misionero popular y confesor lleno
de unción; santo y doctor de la Iglesia.
Hay
que mi admirar los múltiples talentos que tenía Alfonso y
la fuerza creadora que poseía. A los
12 años era estudiante universitario y a los 16 era
doctor en derecho, es decir, abogado. Como
misionero popular y superior general de su Congregación y obispo,
llevó a cabo una gran labor, a pesar de
su delicada salud. Desde los 47 a los 83
años de su vida, publicó más o menos 3
libros por año.
En su vida
particular Alfonso vivió actitudes que podemos interpretar como protesta
frente a la corrupción de su medio ambiente.
Con su estilo de vida ejerció una fuerte crítica
de su tiempo y de su sociedad.
En un sistema
de profundas diferencias de clase renunció a los privilegios
de la nobleza y a sus derechos de ser primer
hijo, es decir, primogénito.
A finales de julio de 1723,
en un día de calor intenso y pegajoso, Alfonso
se dirige al Palacio de Justicia de Nápoles. Se
celebrará el juicio más sonado del reino entre dos
familias: los Médici y los Orsini. Las dos familias
quieren para sí la propiedad del feudo de Amatrice.
Estaba en juego una gran cantidad de
dinero.
Alfonso es un joven abogado de 26 años de edad.
Los Orsini lo han elegido para su defensa por
una sola razón: es competente y ha ganado todas
las causas.
Se ha preparado muy bien, ante el tribunal
defiende la causa con maestría. Está seguro que
defiende la justicia. A pesar de
eso, Alfonso es derrotado, pero se da cuenta de que
el origen de esta sentencia está en las maquinaciones
políticas e intrigas políticas (cosas desconocidas para nosotros hoy).
Como herido por rayo, el abogado de manos limpias
queda por un momento estupefacto. Después rojo
de cólera, lleno de vergüenza por la toga que lleva,
se retira de la sala de justicia, profundamente desilusionado,
sus palabras de despedidas quedaron para la historia: “¡Mundo,
te conozco!... ¡Adiós, tribunales!”. No vive este
acontecimiento, decisivo en su vida, desde la agresividad y la
frustración, al contrario, los asume como fecundidad, siembra y
profundización interior, se retira, eso sí lo tiene muy
claro. Y al hacerlo toma una opción personal
radical: se niega a la corrupción, rechaza que el hombre
se realice manipulando o dejándose manipular y elige
una forma nueva de libertad y liberación, el seguimiento
de Jesús.
Profundamente conmovido Alfonso se va a
visitar a sus amigos, los enfermos del “Hospital de
los incurables”. Mientras atendía a los enfermos se ve
a sí mismo en medio de una grata luz... Parece
escuchar una sacudida del gran edificio y cree oír
en su interior una voz que le llama personalmente
desde el pobre: “Alfonso, deja todas las cosas ven y
sígueme”.
Tras la renuncia de los tribunales, Alfonso
estudia unos años de teología y recibe el sacerdocio
el 21 de diciembre de 1726, en la Catedral
de Nápoles, tenía 30 años de edad. Se
hace sacerdote en contra de un padre autoritario, como don
José, con asombro lo descubre muy pronto en los
barrios marginados evangelizando a los analfabetos con sorprendentes
predicaciones
En una de sus muchas misiones Alfonso cae
enfermo. Ante la gravedad de la situación, los
médicos intervienen y le exigen un largo descanso en la
sierra. Elige la zona de Amalfi, costera y
montañosa a la vez. Fue con un grupo
de amigos. Quiere aprovechar el descanso para vivir
intensamente la amistad y la oración en común.
Cerca de Amalfi está Scala, un lugar precioso a medio
camino entre la playa y la altura de la
sierra. Más arriba de Scala, está Santa María
de los Montes, una pequeña ermita. A Alfonso le
gustó. Era bueno compartir la amistad y la
oración en casa de María de Nazaret.
Alfonso y
sus amigos se ven sorprendidos por los pastores y
cabreros que vienen a pedirles la palabra de Dios.
Es el momento clave en la vida de Alfonso.
Ahora más que nunca descubre, de verdad que
el Evangelio pertenece a los pobres y que ellos lo
reclaman como suyo. Y decide quedarse con
ellos para dárselo a tiempo completo.
Nos encontramos
en el año 1730. Alfonso decide por vez primera,
reunir una comunidad consagrada a la misión de los
más pobres. En los primeros días de noviembre
de 1732 Alfonso deja definitivamente la ciudad de Nápoles y
en burro parte para Scala para reunirse con su
primer grupo de compañeros, quienes habrán de ser los
Redentoristas. Son unos días de intensa oración y
contemplación. Sabe que la redención abundante y generosa
es un don gratuito y se abre a él en
disponibilidad plena.
El día 9 de noviembre de
1732 nace la congregación misionera del Santísimo Redentor, mejor
conocido como los Misioneros Redentoristas. No es fácil fundar
una congregación religiosa en el reino de Nápoles en
el siglo XVIII. Hay demasiados diocesanos y religiosos
y muchos conventos en este país pobre y mal
administrado
Desde el 9 de noviembre de 1732 hasta
la Pascua de 1762, cuando es nombrado obispo, pasan
30 años felices en la vida de Alfonso dedicado a
la misión, la dirección de su grupo y a
la publicación de sus obras.
Alfonso muere en
Pagani, el día 1 de agosto de 1787, a la
hora del ángelus. Tenía más de 90
años. Fue beatificado en 1816, canonizado en 1831
y proclamado doctor de la Iglesia en 1871.
Alfonso solía decir que la vida de los sanos es
Evangelio vivido. Esto se lo podemos aplicar
a él mismo. Sus ejemplos inquietan y arrastran.
¡A veces nos asusta enfrentarnos a un hombre
como éste, que era capaz de vivir tan radicalmente
el Evangelio!
Hoy, los Misioneros Redentoristas, continuamos
anunciando el misterio gozoso de la redención abundante y
generosa en toda la Iglesia. Los redentoristas, como
Alfonso, no somos propagandistas de una doctrina, somos testigos
de Cristo que viene al encuentro de la humanidad.
Sus
seguidores
Alfonso murió. Su sueño, sin embargo, continúa vivo en
la vida de sus seguidores. Especialmente debido a la
labor de Clemente María Hofbauer, los redentoristas se esparcen
por el mundo entero. En ellos, el Redentor continúa
derramando vida en el corazón de los que no
Alfonso María de Ligorio, Santo
cuentan para el mundo y en el de los abandonados.
La Congregación del Santísimo Redentor es lugar y presencia
donde el Redentor prosigue su misión: “He sido enviado
a evangelizar a los pobres”.
¡Alfonso!, ¡Gracias por tu
vida, por tu sueño, por tu horizonte de tan amplias
miras! En nombre de los pobres abandonados, ¡Gracias de
corazón!
¡Felicidades a quienes lleven este nombre y a los
Padres Redentoristas!
Para profundizar más en la vida de San Alfonso
María Ligorio consulta Corazones.org
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