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Autor: P. Antonio Izquierdo | Fuente: Catholic.net Solemnidad de la Natividad del Señor
Primera: Is 52, 7-10;
Salmo 97;
Segunda: Heb 1, 1-6;
Evangelio: Jn 1, 1-18
Solemnidad de la Natividad del Señor
Sagrada Escritura:
Primera: Is 52, 7-10 Salmo 97 Segunda: Heb 1,
1-6 Evangelio: Jn 1, 1-18
Nexo entre las lecturas
Podríamos decir que las
lecturas del día de Navidad se concentran en dar una
respuesta al gran interrogante que ha atravesado dos mil años
de cristianismo: ¿Quién es Jesucristo? La respuesta la encontramos, sobre
todo, en el prólogo del evangelio según san Juan: El
Verbo, el creador del universo, la luz del mundo, el
revelador del Padre, etc. Esta respuesta del evangelio es colocada
en el ámbito del profetismo del Antiguo Testamento: Jesucristo, el
mensajero que trae la paz y la salvación (primera lectura);
Jesucristo, el último y definitivo profeta de Dios (segunda lectura).
Mensaje doctrinal
¿Quién es Jesucristo?
En todo el mundo cristiano el
día 25 celebramos el nacimiento de un niño: Jesús de
Nazaret que ha revolucionado durante dos mil años la historia
de la humanidad, sobre todo del Occidente. Quienes no son
cristianos tal vez se pregunten quién es ese niño que
celebran los cristianos con tanta solemnidad. Y no está mal
que también nosotros, en esta singular ocasión de la Navidad,
nos lo preguntemos. O mejor, todavía, lo preguntemos a la
Biblia, a través de la cual Dios nos habla y
se nos revela.
1. Jesucristo es el Verbo, que vive
en el seno de Dios, y que pone su tienda
entre los hombres, en un determinado momento de la historia.
Jesucristo, antes de ser una palabra pronunciada por la historia,
es La Palabra pronunciada por el mismo Dios. En el
mundo de Dios el Padre está pronunciando eternamente La Palabra.
En Belén, en tiempo del emperador Augusto, La Palabra eterna
es pronunciada por labios humanos, se convierte en palabra de
carne. Se llama Jesús de Nazaret. ¿Quién es Jesús? Es
el Verbo, que al ser pronunciado por los hombres, suena
Jesús de Nazaret.
¿Quién es el Verbo?
Es Jesús, a
quien el Padre llama La Palabra. En el misterio de
Jesucristo no se puede separar la eternidad del tiempo, el
Verbo de Jesús. Sería traicionar la revelación de Dios. A
lo largo de la historia Dios había pronunciado palabras por
medio de los profetas, palabras que manifestaban de modo incompleto
la revelación de Dios. Con Jesucristo el Padre pronuncia la
última, definitiva y única Palabra, en la que se compendia
y llega a plenitud toda la revelación (segunda lectura).
2.
Jesús es la vida y la verdadera luz del mundo.
Vida y luz son dos imágenes muy usada en todo
el Antiguo Testamento. Dios es el creador de la vida
(plantas, animales, hombre). A la vez que creador, es también
el señor, que dispone de ella según sus inescrutables designios.
El hombre ha sido creado para la vida, no para
la muerte. Con todo, a causa del pecado, el reino
de la muerte se ha instalado en la historia. Cuando
los cristianos proclamamos que Jesús es la vida, afirmamos que
él es el vencedor de la muerte y el restaurador
de la vida en la humanidad. Al restaurar la vida,
ésta es como un faro de luz en un mundo
prisionero de la tiniebla. Al confesar que Jesús de Nazaret,
en el momento mismo de nacer es vida y luz
de los hombres, estamos afirmando también que no es una
vida cualquiera o una luz cualquiera, efímera y débil, sino
la Vida y la Luz originales, presentes en Dios mismo.
Porque es Vida y Luz, su historia personal, una más
en sí misma entre las historias de los hombres, es
fuente de Vida y de Luz para la humanidad entera.
3. Jesús es el revelador del Padre. "A Dios nadie
le ha visto jamás, el Hijo unigénito, que está en
el seno del Padre, nos lo ha revelado". Jesucristo no
sólo es el revelado por los profetas, por ejemplo, por
Miqueas, como mensajero de paz, de consolación y de salvación,
o no sólo es revelado superior a los ángeles (segunda
lectura). Él mismo, en persona, es revelador. ¿Y qué otra
realidad más honda puede revelarnos sino el misterio de Dios,
del que viene y en el que habita, absolutamente desconocido
para los hombres? El Padre no es visible. Se hace
visible y presente en Jesucristo. Lo hace visible hablándonos del
Padre, v.g. las parábolas del padre misericordioso, y sobre todo
nos habla del Padre en su modo de vivir y
de estar en el mundo, entre los hombres.
Sugerencias pastorales
1.
Para ti, ¿quién es Jesucristo? Hemos de dejar las cuestiones
generales y preguntarnos de modo muy personal: "Para mí, ¿quién
es Jesucristo?". Según que se responda a esta pregunta con
los labios, con el corazón y sobre todo con la
vida, nuestra existencia seguirá un rumbo u otro, seguirá unos
parámetros u otros según los cuales vivir. Si Jesucristo lo
es todo para mí: mi Dios, mi salvador, mi modelo,
mi todo, trataré de hacer real en mi vida este
convencimiento. Si Jesucristo es un hombre extraordinario, el más enigmático
y grandioso entre los hijos de Adán, pero nada más
que hombre, seré tal vez un gran admirador de su
figura, trataré de seguir su vida moralmente ejemplar, pero nunca
caeré de rodillas ante él, ni le invocaré como redentor,
ni estaré dispuesto a dar mi vida por creer en
él. Si Jesucristo no fue más que "un hippie entre
yuppies", como alguien ha dicho, o un mesías fallido como
piensan muchos judíos, o un "avatar" más entre tantos otros
que han existido y continúan viniendo a la existencia, ¿qué
sentido tiene seguir siendo discípulo de Jesús de Nazaret? ¿Para
qué seguir haciendo una pantomima recitando el credo? Que esta
Navidad reafirmemos nuestra fe en "Jesucristo, verdadero Dios y verdadero
hombre", en "Jesucristo, redentor del hombre".
2. Presencia de Cristo
en la historia. Jesucristo es el viviente. Él no ha
pasado a la historia, como tantos personajes que un día,
hace siglos o milenios, eso no importa, amaron y fueron
amados, recorrieron los mismos espacios o semejantes a los que
hoy recorremos en pueblos o ciudades de nuestro planeta. Jesucristo
no pertenece al pasado. Mientras los hombres tenemos, por nuestra
misma condición histórica, una relación con el pasado y con
el futuro, Él es un presente sin más relación. Él
vive, está a tu lado, te acompaña. Él te ama,
se interesa por ti, te ilumina con su luz, te
habla palabras de verdad y vida. Él quiere tu bien,
no te deja tranquilo cuando tomas un mal camino, es
un amigo que siempre te jugará limpio frente a la
verdad, frente al eterno destino. Jesús vive en tu corazón
por la amistad y comunión con él. Vive en la
eucaristía, en el sagrario. Vive en la Biblia, Palabra inmortal
de Dios al hombre. Vive en los hombres y mujeres
que creen en él, le aman y siguen sus pasos.
Vive en el Papa y en los Obispos que le
representan ante los hombres. Vive en los niños inocentes, él
que nunca dejó de ser niño en su relación con
su Padre. Él vive para darnos la vida, para recordarnos
siempre que nuestro destino es la vida, o mejor, la
Vida.
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