La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
"Yo rogaré al Padre y Él les enviará
otro Consolador que esté siempre con ustedes". Esta frase del
Evangelio unifica la liturgia de la Palabra de este Domingo
previo a Pentecostés. La Iglesia primitiva -como nosotros ahora-
ha vivido una larga experiencia de Cristo Resucitado y
hoy se le anuncia su partida del Señor. Pero Cristo
no la deja sola. Desvela el misterio Trinitario y promete
la presencia de un defensor y consolador: el Espíritu
Santo. (EV) Este discurso de despedida del Señor nos hace
crecer en la esperanza cristiana y exclamar, junto con el
salmista, que el evento de Pentecostés es una "obra admirable"
y que toda la tierra ha de aclamar al Señor
pues ha hecho prodigios por los hombres. Así los samaritanos,
apóstatas del judaísmo, serán admitidos por la acción del Espíritu
Santo en la nueva comunidad obrando su Pentecostés sin acepción
de personas, bastando sólo su conversión y aceptación de
la Palabra de Dios . (1L) También este abogado defensor
hará que los perseguidos veneren a su Señor desde su
corazón y den testimonio cumpliendo el mandamiento del Señor, amando
a sus verdugos como Cristo los ha amado, padeciendo con
sencillez, respeto y paz de conciencia.(2L)
Mensaje doctrinal
1. El Paráclito. La
liturgia quiere, al igual que Cristo en la última Cena,
preparar el evento de Pentecostés desvelando la identidad y misión
del Espíritu Santo. En el contexto de su partida, Cristo
promete la presencia del Paráclito. Profundicemos en la persona del
Espíritu Santo, el gran desconocido como decía H.U. von Balthasar.
La
teología nos enseña que el Espíritu Santo es el amor
absoluto de Dios, es la comunión de amor ente el
Padre y el Hijo, lo más íntimo que hay en
Dios (Patrística latina).También es la manifestación externa de Dios (Patrística
griega), viento impetuoso y luz fulgurante, invisible. Es quien nos
hace conocer el misterio de Dios y nos introduce en
la comprensión de la revelación del Padre, dada por Jesús,
Hijo de Dios hecho hombre.
Cristo en este Evangelio expresa al
Espíritu Santo con la palabra Paráclito, que viene del griego
parakletos. Ella contiene varias acepciones que explican mejor la función
de la Tercera Persona de la Trinidad. La traducción literal
sería "uno llamado de cerca", por tanto alguien que
es llamado a ayudar y de ahí se tradujo al
latín en advocatus, abogado. Otra acepción que nos ilumina es
la de "interceder, apelar, suplicar". Por tanto, El Espíritu Santo
es un intercesor, un portavoz, un protector amigo. La acepción
más conocida es "Consolador" Por último tiene la acepción de
designar la acción de exhortación y enardecimiento que se encuentra
en la predicación de los primeros cristianos.
El contexto forense de
la época era diferente al actual. No era sólo la
persona que aducía pruebas a favor de la parte
defendida, sino sobre todo, es una persona de gran categoría
y ascendiente ante el juez. Una persona influyente en la
sociedad por su autoridad moral y por su poder.
Apliquemos estas
acepciones a nuestra homilía.
El Paráclito es un testimonio en defensa
de Jesús y su portavoz frente a sus enemigos. Lo
vemos reflejado en la experiencia de la comunidad primitiva a
la cual escribe San Pedro. Les aconseja para dar razón
de su esperanza: su fe en Cristo que murió y
resucitó para llevar a todo hombre hacia Dios. Todo ello
con actitudes contrarias a los comportamientos paganos. Con sencillez,
respeto a su enemigo, y en paz con su conciencia,
es decir en la autenticidad, si es necesario sufriendo pero
haciendo el bien. Los primeros cristianos fueron capaces de defender
la causa de Cristo, la presencia de Cristo en sus
corazones gracias a la acción del Espíritu testimonio y defensor.
El
Paráclito es un maestro y un guía de los discípulos.
Así se entiende cómo Felipe va a un pueblo semipagano,
odiado por los judíos por ser apóstatas, y les predica
el Evangelio. La fuerza del Espíritu será confirmada con la
imposición de manos de Juan y Pedro. Desde entonces existe
solidaridad y participación en la misma gracia, excluídos de la
comunidad judía entran a formar parte de la comunidad cristiana
por iniciativa del Espíritu Santo.
El Paráclito es un Consolador para
los discípulos. Podemos ver reflejado esto en la experiencia del
salmista que invita a cuantos temen y aman al Señor
a venir y a escuchar cuanto ha hecho el Señor.
La alegría de la consolación invita a exultar, a celebrar
la gloria de Dios y de su poder. No cabe
duda que recibir al "Consolador" es una obra admirable y
misteriosa, pues nos adentra en el amor de Dios al
hombre.
2. El Espíritu de Verdad y Cristo Resucitado. Cristo promete
y presenta a sus discípulos a la tercera persona de
la Trinidad para que hagan amistad y alianza con Él,
para ser adoradores del Padre en espíritu y en verdad,
para ser fortalecidos con su gracia divina. Cabe preguntarnos cuál
es la finalidad de reflexionar en este tiempo pascual sobre
la relación íntima entre Cristo y el Espíritu Santo. La
respuesta nos la da el Papa en su encíclica dedicada
al Espíritu Santo: "Nos encontramos en el umbral de los
acontecimientos pascuales. La revelación nueva y definitiva del Espíritu Santo
como Persona, que es el don, se realiza precisamente en
este momento.
Los acontecimientos pascuales -pasión, muerte y resurrección de
Cristo- son también el tiempo de la nueva venida del
Espíritu Santo, como Paráclito y Espíritu de la verdad. Son
el tiempo del « nuevo inicio » de la comunicación
de Dios uno y trino a la humanidad en el
Espíritu Santo, por obra de Cristo Redentor. Este nuevo inicio
es la redención del mundo: « Tanto amó Dios al
mundo que dio a su Hijo único ».(81) Ya en
el « dar » el Hijo, en este don del
Hijo, se expresa la esencia más profunda de Dios, el
cual, como Amor, es la fuente inagotable de esta dádiva.
En el don hecho por el Hijo se completan la
revelación y la dádiva del amor eterno: el Espíritu Santo,
que en la inescrutable profundidad de la divinidad es una
Persona_don, por obra del Hijo, es decir, mediante el misterio
pascual es dado de un modo nuevo a los apóstoles
y a la Iglesia y, por medio de ellos, a
la humanidad y al mundo entero". (Juan Pablo II, Dominum
et vivificantem No 23).
Ante todo sorprende el paralelismo de la
misión de Cristo y de la misión del Espíritu Santo:
El Espíritu Santo vendrá al mundo y es enviado en
nombre de Jesús, mientras que Cristo vino al mundo
y es enviado en nombre del Padre. Es el
Espíritu de verdad, el Espíritu Santo, mientras que Jesús es
la verdad, el Santo de Dios. Debe guiar a
los discípulos en el camino a la verdad entera, mientras
que Cristo es el camino y la verdad misma. El
Paráclito glorifica a Jesús, como Éste glorifica al Padre. No
es aceptado por el mundo como tampoco Cristo.
El Espíritu Santo
es el Espíritu de verdad porque es el mismo Espíritu
de Cristo, que es la verdad del Padre revelada a
los hombres. Él no revela nada de nuevo, no aporta
ninguna nueva revelación. Espíritu de verdad porque se relaciona con
ella, revelación visible de Dios que es Jesús. Por eso
introduce a los creyentes en la comprensión siempre más profunda
de Jesucristo. Enseñará tomando de lo que predicó Jesucristo y
lo anuncia a los discípulos (Jn16,13-15).
Después de la partida de
Jesús y en la espera de su regreso, el Espíritu
Santo sustituye a Cristo, enseñándoles el misterio de Jesucristo, les
hace testimonios auténticos del Evangelio y de la fe que
profesan. Así también hoy asegura a la Iglesia el camino
de la Verdad en su Magisterio y en sus determinaciones.
Sugerencias
pastorales
El sacerdote buscará acrecentar en sus fieles el amor al
Espíritu Santo, artífice de la santidad y conductor de la
Iglesia. Ayudará mucho unas conferencias que despierten este amor, pues
nadie ama lo que no se conoce. La explicación de
los dones del Espíritu Santo suele ser de mucho fruto
para las almas.
Es interesante también promover un círculo de testimonios
donde se ve la mano silenciosa pero eficaz del Espíritu
Santo en las más diversas circunstancias de la vida. Viéndole
bajo el aspecto de Paráclito. La vida de los mártires,
testimonios cualificados de Cristo, es muy instructiva sobre la obra
del Espíritu Santo en el corazón de los fieles.
Cuanto ayuda
para la vida espiritual anotar las luces y mociones que
este divino Amigo nos regala, para discernir el camino de
la Voluntad de Dios en lo concreto de la vida
ordinaria y constatar los frutos que el Divino Huésped nos
otorga en orden a la propia santificación y a la
edificación de la Iglesia.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Un servicio exclusivo para sacerdotes. Orientación y acompañamiento espiritual a Sacerdotes. Dudas y cuestiones acerca de la Vida Sacerdotal, la Liturgia, el uso y aplicación del Derecho canónico, la Formación en los seminarios y la Formación permanente del Sacerdote
Ver todos los consultores