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Autor: P. Antonio Izquierdo B - Domingo 30o. del Tiempo Ordinario
Primera: Jer 31, 7-9; Segunda: Heb 5, 1-6; Evangelio: Mc 10, 46-52
B - Domingo 30o. del Tiempo Ordinario
Sagrada Escritura:
Primera: Jer 31, 7-9 Segunda: Heb 5,
1-6 Evangelio: Mc 10, 46-52
Nexo entre las lecturas
Los textos litúrgicos
destacan la eficacia de Dios en su acción con los
hombres. Dios es eficaz haciendo retornar del exilio a la
patria anhelada a numerosos hijos de Israel (primera lectura). Jesucristo,
con el poder eficaz de Dios, otorgará la vista al
ciego Bartimeo que vence cualquier obstáculo con tal de obtener
su gran deseo de ver (Evangelio). La eficacia salvífica de
Dios se muestra de modo especial en Cristo, sumo sacerdote,
que saca a los hombres de la ignorancia y del
dolor, y los libra de sus pecados.
Mensaje doctrinal
1. Un
Dios eficaz por amor. Eficaz es aquel que logra, por
caminos acertados, con los mejores medios y en el menor
tiempo posible, todo aquello que se propone. Ésta es una
definición aceptable para la mentalidad común. Pero la eficacia de
Dios resulta no pocas veces desconcertante. Porque nadie duda de
que Dios es eficaz, pero los modos y tiempos de
la eficacia divina siguen rumbos ajenos a los humanos. Muchas
veces los caminos acertados para Dios no son acertados para
los hombres y viceversa. A los judíos no les debió
parecer un camino acertado el exilio en Babilonia, pero lo
fue para Dios que así manifestó la fuerza de su
amor y misericordia haciéndolos retornar a su patria, porque "yo
soy para Israel un padre, y Efraín es mi primogénito"
(primera lectura). Subir a Jerusalén es hermoso, pero hacerlo en
compañía de Jesús que encontrará allí la cruz y la
muerte, desafía inevitablemente nuestras categorías humanas y nuestra voluntad de
seguimiento. Sin embargo, no cabe duda alguna de que en
la cruz refulge la fuerza divina del amor y el
amor poderoso del Redentor. Esa eficacia misteriosa del amor redentor
continúa viva y vivificadora a lo largo de los siglos
hasta nuestros días. A los primeros cristianos debió parecer algo
sorprendente que Jesús, en cuanto sumo sacerdote, no proviniera de
la tribu de Leví. Pero así la eficacia divina brilló
con nuevo fulgor, constituyendo a Jesucristo no sólo sumo sacerdote
del pueblo judío, sino de la humanidad entera, a la
manera de Melquisedec. Nada hay en la vida más eficaz
que el amor, y Dios es Amor. Pero la eficacia
del amor, más que con la pura razón, se descubre
con el amor puro y sincero.
2. Los requisitos de
la eficacia divina. La liturgia de este domingo nos indica
algunos de ellos. 1) Creer y esperar. Los exiliados de
Babilonia no podían olvidar las maravillas de Dios en la
historia de su pueblo. Dios había mostrado la fuerza de
su brazo en el Éxodo y en la conquista de
la tierra prometida. Ellos creen y confían que Dios volverá
a actuar eficazmente a su favor, aunque no sepan cuándo
ni cómo. Bartimeo tiene una fe inmensa en que Jesús,
el Mesías descendiente de David, puede curar su ceguera; por
eso grita sin temor alguno y con osadía: "Jesús, Hijo
de David, ten compasión de mí". Los judíos creían que
Dios había concedido al sumo sacerdote, en la fiesta del
Yom Kippur, el poder de perdonar los pecados de todo
el pueblo. Y los cristianos creemos con absoluta seguridad de
que Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, destruyó en la cruz los
pecados del mundo. Es imposible que Dios manifieste su eficacia
en quien no cree en ella. 2) Sentirse necesitado de
la fuerza de Dios. Los judíos en el exilio sabían
muy bien que por ellos mismos no podrían ser repatriados.
Bartimeo era muy consciente de que él nada podría hacer
para recuperar la vista. Los judíos, y los cristianos, estamos
convencidos de que sólo Dios puede perdonar los pecados. Quien
es autosuficiente y no siente necesidad de la fuerza de
Dios, no podrá nunca ser testigo de su eficacia en
la vida de los hombres y en la historia. 3)
Ser coherentes. Si aceptamos la eficacia divina en nuestra vida,
hemos de aceptar el ser coherentes con sus exigencias. Es
decir, como cristianos hemos de ser una especie de escaparates
de la acción eficaz de Dios en nosotros. Los exilados
de Babilonia se ponen en camino hacia la Palestina, Bartimeo
sigue a Jesús camino de Jerusalén, los cristianos no sólo
han sido redimidos por Cristo sumo sacerdote, sino que viven
como redimidos.
Sugerencias pastorales
1. ¡Señor, que vea! El ciego Bartimeo
es figura y símbolo de los discípulos de Jesús en
aquel momento histórico, en que Jesús pasó por Jericó, y
en todos los tiempos. Frente al misterio de la cruz
y de la muerte ignominiosa, los cristianos experimentamos, con no
poca frecuencia, la ceguera de Bartimeo, su inmobilismo, su indigencia.
"Bartimeo, un mendigo, ciego, sentado junto al camino". ¡Cuántos Bartimeos
en nuestro tiempo ante el gran misterio de la pasión
y del dolor inocente! Hay mucha ceguera en los hombres
ante la injusticia del sufrimiento, como si el no sufrir
fuese la cumbre de la perfección humana. A muchos los
pies se nos hacen de plomo ante la sola idea
de caminar con Cristo hacia la ciudad del dolor y
de la muerte. Permanecemos inmóviles en el territorio de nuestro
ego, desganados para ponernos en camino hacia la tierra del
dolor ajeno. Somos indigentes, inmensamente indigentes de que alguien -o
mejor Alguien- nos abra los ojos y nos arranque de
nuestra inmovilidad. Cristiano es aquel que no tiene miedo al
sufrimiento. Aquél que dice con igual decisión sí a la
salud y al bienestar, que sí al sufrimiento y a
la tribulación. Porque el sí del cristiano es un sí
al misterio de Dios-Amor, y para los que aman a
Dios todas las cosas contribuyen a su bien. Ojalá el
Señor nos conceda a todos los cristianos repetir una y
otra vez: "¡Señor, que vea!". Para que viendo crea, y
creyendo siga firmemente tus pasos hacia la cruz.
2. Seguir
a Cristo. Cristiano es aquél que cree en Cristo y
camina tras sus huellas. El seguimiento de Cristo no es
el seguimiento de una doctrina, v.g. la de Pitágoras, la
de Aristóteles o la de Zenón. Cristiano no es tampoco
el que sigue un camino de vida trazado en páginas
imperecederas, al estilo de los grandes maestros de moral de
Oriente y Occidente. Cristiano es el que sigue a una
persona, la persona de Jesús de Nazaret. Más aún, cristiano
es quien presta a Jesucristo su humana naturaleza para hacerse
presente en la historia en el hoy de cada día.
En otras palabras, ser cristiano es ser transparencia de Cristo
para los demás, dejarse interpretar por él. ¿Somos los cristianos
transparencia de Cristo? ¿Eres tú transparencia de Cristo en tu
familia, en tu parroquia, entre tus amigos? ¿O eres más
bien una desfiguración de Jesucristo? Tomar todos en serio nuestra
vocación cristiana ha sido un imperativo histórico desde los inicios
del cristianismo. ¿Qué puedo hacer yo para ser transparencia de
Cristo en todo lugar y circunstancia? Construyamos una cadena de
transparencias de Cristo, para que el mundo, nuestro mundo, sea
salvado por el único Salvador.
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