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Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net ¡Te conviene ser santo!
Sin duda, la santidad es el mejor negocio en el que puedes invertir, pues te asegura la felicidad para toda la eternidad.
¡Te conviene ser santo!
Sin duda, la santidad es el mejor negocio en el
que puedes invertir, pues te asegura la felicidad no sólo
para unos cuantos años, no sólo para toda tu vida,
sino para toda la eternidad.
Jesús lo dijo a los apóstoles
en cierta ocasión: "No atesoréis bienes en la tierra, donde el
orín y la polilla los corroen y los ladrones los
roban. Atesorad más bien tesoros en el cielo, donde no
hay polilla ni orín, ni ladrones. Pues donde está tu
tesoro, ahí estará tu corazón." (Mt. 6, 19-21)
Formar un tesoro en
la tierra es muy complicado: requiere de tiempo, de grandes
cálculos en las inversiones, de muchas angustias e inseguridades: que
si las tasas de interés bajan; que si la moneda
se devalúa; que si hubo un fraude en la empresa.
Para colmo, cuando por fin consigues tener los bienes materiales
que tanto añorabas, descubres que éstos se descomponen, se rompen,
se pierden, se echan a perder o se vuelven obsoletos.
En
cambio, formar un tesoro en el cielo es muy sencillo,
pues no hay agentes externos que puedan influir en él:
tú eres el único que puede aumentarlo o disminuirlo. Hacer
un tesoro en el cielo es trabajar por ser santo
y esto se consigue con buenos pensamientos y buenas acciones.
Todo lo que ganes con ellos durará para siempre y
nada ni nadie te lo podrá quitar, romper, perder o
estropear.
Ser santo es aumentar todos los días y a cada
instante ese tesoro que tienes en el cielo. Ser santo
es tan sencillo como cumplir a la perfección con tus
deberes ordinarios, en el momento y en el lugar en
que debes cumplirlos.
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