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Autor: Oscar Gerometta Ética de los medios de comunicación ante el fenómeno sectario
Los Medios de Comunicación Social son también parte de la estrategia de difusión del fenómeno sectario, tienen también en buena medida responsabilidad en su inserción social
Ética de los medios de comunicación ante el fenómeno sectario
Los ´Niños de Dios´ han vuelto a ser noticia,
´Brote Nuevo´ se ha agregado al espectro de las novedades;
nuevamente el ´problema de las sectas´ ha alcanzado la primera
plana de todos los periódicos y ha conseguido ocupar valiosísimos
minutos de radio y televisión; por suerte, en algunos casos
ya hemos comenzado a superar la superficialidad de la mera
información y el sensacionalismo para profundizar en las causas del
fenómeno, las posibles respuestas, las responsabilidades compartidas.
Sin duda que todo
lo hablado y debatido es insuficiente; no llegamos todavía a
superar el debate de circunstancia, y es necesario que ocurran
hecho delictivamente agresivos como los que se nos han presentado
en estos días, para que nos planteemos al menos parcialmente
las cuestiones de fondo; pero es también un gran principio
que requiere sea continuado, sostenido y profundizado. Ojalá no nos
quedemos simplemente en este primer impulso que es una elemental
respuesta a la conmoción que causa la noticia.
Pero aun así,
en medio de todo el debate es preciso que nos
cuestionemos la participación y responsabilidad que los Medios de Comunicación
tienen en el fenómeno; y aquí tenemos que aclarar que
no nos estamos refiriendo a la abstracción de un aparato
transmisor de F.M. o T.V. sino a personas concretas, con
responsabilidades claramente definidas: dueños y directores de Medios, productores y
gerentes de programación, agencias de publicidad y anunciantes, periodistas y
conductores, entrevistados y ´famosos´ y, por supuesto, los receptores del
medio.
Este planteo me surge también a partir del mismo hecho
de la detención de los ´Niños de Dios´. Es algo
que debiera ser por todos recordado, el hecho de que
algunos de los dirigentes de la secta que se encuentran
ahora detenidos y procesados no hace más de un par
de meses estuvieron presentes en un programa periodístico de alta
audiencia presentándose como un grupo respetable, negando todas las acusaciones
e incluso desmintiendo en cámara la existencia de elementos que
ahora han sido presentados públicamente como pruebas.
Mi pregunta es: ¿no
nos damos cuenta que aún una nota periodística es un
medio de propaganda?, ¿no somos conscientes de que el solo
hecho de presentar un grupo en un programa periodístico, es
un modo de dar aval y credibilidad a su doctrina?
En el ámbito de la política, hoy ya nadie desconoce
que la mejor propaganda para un político no es la
que se hace en el tiempo dedicado a la publicidad
sino la oportunidad o no que tenga de presentarse en
los programas periodísticos de mayor audiencia. ¿No nos damos cuenta
que lo mismo ocurre en todo otro tipo de planteo?
Situaciones
como las que se han planteado ahora, me llevan a
preguntarme qué ocurriría o hubiera ocurrido en el caso de
que ´La Familia´ quisiera hacer publicidad televisiva de sus casettes
y vídeos. ¿Se hubiera rechazado el pedido? De haberse concretado
la publicidad ¿se hubiera mantenido el mismo tono e intensidad
en el análisis y debate que de la secta hicieron
los distintos medios?
Por favor, que nadie piense que esto es
un planteo bizantino como el del posible sexo de los
ángeles; es una realidad que está al alcance de cualquiera
que quiera ver; no son los Niños de Dios ni
la secta Moon, pero son numerosísimos los casos de avisos
publicitarios e incluso de avisos disfrazados de notas periodísticas, cuando
no notas periodística específicas (¿pagas?) que aparecen semanalmente en distintos
medios gráficos. Son incontables los espacios radiales de los que
diversos grupos disponen, inclusive ya encontramos en los medios televisivos
espacios de programación y espacios publicitarios en manos de grupos
de indudable actitud sectaria, conducidos por personas a las que
los expertos coinciden en calificar como sicóticos y cuya integridad
moral es al menos dudosa.
¿No le cabe entonces a
los medios responsabilidad en la difusión de un fenómeno que,
por lo menos hasta ahora, todos coincidimos en considerar altamente
perjudicial para todo el entorno social y en especial para
nuestra juventud?
Es paradójico, en estos días hemos hablado de las
técnicas de captación de las sectas, del proselitismo engañoso que
se aplica de modo sistemático. Personalmente he hecho referencia reiteradamente
a como se explotan las necesidades y angustias más elementales
de los miembros más débiles de nuestra sociedad.
Pero no
he visto reducirse los espacios publicitarios, sino que por el
contrario tengo la impresión de que mientras hablamos en una
primera plana del proselitismo engañoso y las atrocidades en que
incurren las sectas, en las páginas interiores no dejamos de
publicitarlas.
¿Cómo es posible que el medio informativo que publicitó la
tristemente famosa agua de México que frustró las esperanzas de
cientos de enfermos siga apareciendo sin siquiera asumir mínimamente la
responsabilidad en el fraude y el sufrimiento que padeció toda
esa gente?
¿Es correcto presentar públicamente un grupo religioso, hacer
que un par de millones de televidentes escuchen su propaganda,
y luego, ante un hecho delictivo ni siquiera expresar preocupación?
Los
Medios de Comunicación Social son también parte de la estrategia
de difusión del fenómeno sectario, tienen también en buena medida
responsabilidad en su inserción social, no pueden hacer reposar responsabilidades
en otras estructuras sociales olvidándose que ellos también son parte
de la misma sociedad, o como dicen algunos moralistas, son
los modernos formadores de valores sociales.
Los medios de comunicación
no son un simple y aséptico reflejo de la cultura
en la cual operan, son también elementos de construcción y/o
disolución de esa misma cultura en cuanto que le sumistran
arquetipos culturales.
Los Medios de Comunicación quizás no sean el ´cuarto
poder´, quizás sean el ´primer poder´. En consecuencia, debemos utilizarlos
con la misma responsabilidad que exigimos al ejercicio del poder
en otras dimensiones de la sociedad.
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