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Autor: Agencia de Noticias Zenit | Fuente: Agencia de Noticias Zenit Anna, testigo de Jehová durante 23 años
«Te encierras en un mundo diferente. Usas palabras diferentes. Y te sientes cómodo sólo "dentro". Tu sentido crítico es suprimido metódicamente. No es posible exponer ninguna duda sobre la doctrina. La duda viene de Satanás. En un momento te conviertes en
Anna, testigo de Jehová durante 23 años
«Estoy aprendiendo a elegir con mi propia libertad» El
testimonio de Anna, testigo de Jehová durante 23 años
MILAN,
26 MAR 2000 (ZENIT) - «Yo tenía dieciséis años y
una infancia difícil. Era una persona inquieta y llena de
preguntas. En casa de una pariente conocí a una señora
de unos sesenta años, muy cariñosa, la abuela que habría
querido tener siempre. Tenía a todas horas una Biblia en
la mano y hablaba de justicia y de salvación. Yo
la ataqué con toda mi rabia de adolescente y le
dije: "Dios es injusto". Ella empezó a hablarme, a hacerme
leer su Biblia. Pronto, me aseguraba: todos los sufrimientos del
mundo acabarán. Sus palabras me conquistaron. Su Biblia era la
de Jehová. Me encontré leyendo con fervor un libro, «La
Verdad que conduce a la vida eterna», difundido en millones
de ejemplares en el mundo y conocido como la "Bomba
azul"».
Anna tiene hoy 42 años. Ha pasado 23 años
con los testigos de Jehová. Ha convertido a su marido
y ha educado en la doctrina de este grupo a
sus dos hijos, hoy adultos. Tras vivir fielmente dentro de
las directrices de los Testigos, Anna, persona inquieta, no dejó
de hacerse preguntas. Y así con gran trabajo interior y
arriesgando destruir su matrimonio ha abandonado a este grupo. Tras
meses de discusiones y peleas también el marido ha seguido
sus pasos, así como los hijos. El hijo varón se
ha casado con una testigo.
Hoy mira su vida y
la relata con pasión y aturdimiento, como si de pronto
se hubiera despertado de un sueño. «Yo era ama de
casa -explica Anna- porque los testigos nos presionan en este
sentido. Quien manda es el marido, la mujer debe obedecer,
ha sido creada en función del hombre. La concepción de
la vida es muy puritana, la familia "debe" ser ejemplar,
los hijos obedientes y sometidos. Hemos educado a los niños
con mucha rigidez. Es de lo que más me arrepiento:
me parece que les he arrebatado su infancia. Cuántos dramas
por las fiestas de los compañeros de escuela, a las
que ellos no podían ir porque las fiestas se consideran
diabólicas, una participación en el reino de Satanás. Todo lo
que estaba fuera de nosotros "salvados" estaba en poder del
Mal. Hoy me doy cuenta de cómo esta educación les
ha llevado a ver enemigos en todos los extraños. Les
enseñábamos que el fin estaba cerca, inminente, y que Dios
destruiría a los malos, es decir a los otros. Nos
creían pero con un creciente rencor hacia lo extremo, hacia
aquellos "otros" que se divertían».
«Te encierras en un mundo
diferente. Usas palabras diferentes. Y te sientes cómodo sólo "dentro".
Tu sentido crítico es suprimido metódicamente. No es posible exponer
ninguna duda sobre la doctrina. La duda viene de Satanás.
En un momento te conviertes en "apóstata". Y al apóstata
no se le debe ni siquiera saludar. Es más hay
que odiar a los apóstatas. Si dudas, te quedas solo
enseguida. No puedes ni siquiera tener dudas hablando con un
amigo. Está la obligación de la delación».
Cinco reuniones a
la semana, largas funciones dominicales, la escuela del ministerio («Te
enseñan cómo contactar a las personas a convertir. Se nos
ejercita en preguntas y respuestas. Está estructurada como una escuela
de marketing»). Libros y artículos para leer. «No te queda
tiempo para mirar "fuera", dice Anna.
«Los últimos meses en
el grupo han sido un linchamiento moral. Yo era soberbia,
envidiosa, mala. Apóstata. Al irme estaba completamente sola y mi
vida se me caía encima. Fui a ver al párroco.
Me escuchó con prisa, luego me dijo: "Señora yo no
veo cuál es su problema. Basta que el domingo se
confiese y ya puede volver a la Iglesia". Me habría
puesto a llorar. No comprendía lo difícil que es volver
atrás, entrar en aquella Iglesia que durante veinte años había
sido para mí el lugar de la mentira. Aquél sacerdote
no comprendía absolutamente mi drama.
Luego encontré a un sacerdote
del GRIS (Grupo de Investigación sobre las Sectas), el padre
Minuti. Durante horas, por teléfono, me ha explicado, me ha
escuchado, me ha dado ánimos. Ahora estoy fuera, con mi
familia. Estamos aprendiendo a elegir con nuestra libertad. Me queda
el dolor de la educación dada a mis hijos. El
chico, para ser fiel a la objeción al servicio militar,
estuvo en la cárcel y le empujé yo misma».
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