La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Julio Vega Hazas | Fuente: RIES Organización Constelaciones Familiares
Publicamos el primer análisis realizado desde una perspectiva católica sobre la organización "Constelaciones Familiares", fundada y dirigida por Bert Hellinger.
Organización Constelaciones Familiares
El estudio ha sido realizado por Julio de la
Vega-Hazas, sacerdote español del Opus Dei, doctor en Teología y
licenciado en Derecho, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio
de las Sectas (RIES), y autor del libro El complejo
mundo de las sectas (Grafite, Bilbao, 2000). Puede visitarse el
blog de RIES en http://info-ries.blogspot.com/.
* * * Es una paradoja,
pero lo cierto es que, para quienes estudiamos las sectas,
la cuestión más incómoda es la primera de todas: qué
es una secta. Si se contrasta con la realidad, cualquier
definición que se dé resulta inapropiada, pues siempre encontrará grupos
que no encajan con ella. El diccionario no ayuda demasiado.
De las tres acepciones del término que recoge la última
edición del Diccionario de la Real Academia Española, la última
-"conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles
a una religión que el hablante considera falsa"- queda descartada
para nuestro propósito: secta sería todo el mundo menos quienes
comparten mi fe. La segunda hace honor al origen de
la palabra: "doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e
independiza de otra". Secta era, efectivamente, lo que se seccionaba,
pero es evidente que con esto sólo abarcamos una parte
de nuestro objeto de estudio. Queda la primera: "conjunto de
seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica". Pero es demasiado
genérica, y en la práctica se podría aplicar a cualquiera:
todos, hasta los más escépticos, están de un modo u
otro adheridos a una parcialidad religiosa o ideológica. Se entiende
bien así lo resbaladizo del concepto, y el que nos
sintamos mucho más a gusto describiendo tal o cual grupo
que intentando dar un concepto de secta.
Más claro es
el hecho de que el estudio de las sectas se
mueve en el terreno de lo religioso; o, si se
prefiere así, lo religioso o cuasi-religioso. Lo ideológico podrá dar
muestras de un comportamiento sectario -lo da muchas veces-, pero
este calificativo va mucho más allá que el de adjetivar
sectas. Es otro terreno de estudio. De todas formas, en
ocasiones sigue siendo difícil la catalogación; o sea, discernir si
una entidad es de carácter religioso o no. Cuando se
aplican esquemas preconcebidos, esto da lugar a paradojas. Con frecuencia
se tiene la idea de que una secta no es
más que la tapadera de un negocio a costa de
unos incautos. Pero pueden verse hoy algunos montajes que se
presentan con una cara comercial y un cierto tufillo de
fondo religioso, y lo curioso es que son estigmatizados si
se les aplica la etiqueta de secta, mientras que si
no se ve más que un negocio son considerados como
algo moderno y digno de consideración. Esto sucede con frecuencia
si nos adentramos en el territorio de influencia de la
mentalidad New Age. A caballo entre lo ideológico y lo
religioso, si se considera lo primero es un exponente de
modernidad; si es lo segundo, resulta que es una deleznable
secta.
Este es el resbaladizo terreno en el que hay
que adentrarse si se quiere clarificar qué es una organización
llamada "Constelaciones Familiares" (en adelante CF). Se presenta como un
método de psicoterapia familiar que se desarrolla en sesiones tanto
grupales como individuales. Todo en ella gira en torno a
una persona, la de su creador y actual líder: Bert
Hellinger. Entender al creador es la mejor manera de poder
hacerse una idea precisa de la criatura, algo que de
antemano podemos decir que no es sencillo.
Bert Hellinger nació
en 1925 en el seno de una familia católica tradicional
alemana. La fe de su familia evitó que el joven
Bert fuera seducido por la ideología nazi, al contrario que
muchos de sus coetáneos. Soldado desde 1942, parece que siendo
prisionero de guerra en Bélgica maduró su vocación religiosa. Tras
sus preceptivos estudios, fue ordenado sacerdote y enviado como misionero
a Sudáfrica entre los zulús, donde desplegó una gran actividad.
Su crisis hay que situarla a finales de los 60,
y en ella parece que fue decisiva su asistencia a
un cursillo ecuménico organizado por unos anglicanos. Éstos traían una
especie de fenomenología empirista aplicada para reconciliar contrarios, y dejaron
una profunda huella en Hellinger. Todas sus semblanzas coinciden en
decir que en 1970 abandonó el sacerdocio. Hubiera sido más
exacto o más completo decir que abandonó su fe, movido
por unas personas que también carecían de ella. Influyó también
esa marcada reacción alemana de postguerra que recelaba de todo
lo que sonara a obediencia incondicional y adhesión sin fisuras
a unas ideas.
Con 45 años vuelve a Alemania. Trae
consigo esa mentalidad fenomenológica, una profunda impresión del contraste entre
la fuerte cohesión familiar africana y la situación europea, y
el deseo de seguir resolviendo problemas humanos. Allí decide buscar
en la psiquiatría lo que piensa no haber encontrado en
la religión. Se traslada a Viena; allí estudia psicoanálisis y
se casa con Herta, su primera esposa. No parece que
quedara del todo satisfecho con la escuela vienesa que tenía
a Freud como principal figura, pues en 1973 se traslada
al país que se había convertido en la nueva vanguardia
de la psiquiatría: Estados Unidos. Allí se interesa por las
nuevas tendencias centradas en aspectos relacionales, que van a influir
en sus propuestas.
De entre las varias corrientes que le
influyeron, destacan dos. La primera es el llamado Análisis Transaccional,
creado por Eric Berne. Se trata de un derivado del
psicoanálisis, según el cual cualquier conducta disfuncional tiene su origen
en decisiones autolimitadoras tomadas en la infancia a raíz de
los mensajes transmitidos por los padres. El individuo crea de
este modo lo que Berne llamaba el "guión vital", y
la obvia tarea del psicoanalista es aflorarlo y modificarlo para
extirpar las disfunciones. Hellinger acepta este origen familiar, pero lo
atribuye a traumas familiares -no necesariamente de los padres- que
pasan a formar parte del inconsciente colectivo familiar.
La segunda
corriente es la Terapia Gestalt, creada por el matrimonio Fritz
y Laura Perls. Es un método que lleva la fenomenología
a la psicoterapia. Viene a decir que los elementos básicos
que determinan el estado de una persona son la situación
presente y los nudos de relaciones. La tarea del terapeuta
es ayudar a que el cliente (aquí se prefiere a
"paciente") tome conciencia de su verdadera realidad en función de
esos elementos, y la acepte. Sólo así podrá éste afrontar
y superar sus problemas, liberarse de bloqueos -por ejemplo, los
producidos por trasladar la responsabilidad de sus actos a sujetos
colectivos-, asumir de modo satisfactorio su propia personalidad y eventualmente
cambiar lo que necesite ser cambiado. Hellinger se vio atraído
por el método de esta psiquiatría fenomenológica, aunque resultaba para
su gusto demasiado individualista.
Con estas influencias y alguna más,
como la de Arthur Janov -sus ideas son el prototipo
de sistema que atribuye al trauma infantil todo trastorno psíquico-,
Hellinger volvió a Alemania. Pero no le debió parecer que
su formación era completa, pues pocos años después, en 1979,
vuelve a Estados Unidos para enriquecer sus conocimientos. Estudia allí
varios sistemas de terapias familiares y alguna otra cosa como
la hipnoterapia, una terapia que, como su nombre mismo señala,
está basada en la hipnosis. Si los años 80 son
para Hellinger los de la culminación de su formación y
de inicio de la práctica, los 90 serán los de
su triunfo. Publicó varios libros que tuvieron muy buena aceptación
en el mundo académico, y se hizo un nombre en
ese mundo. En 2000 crea el Hellinger Institute.
En su
método, la Terapia Sistémica Familiar, ya aparecía la expresión "constelaciones
familiares". Básicamente sus elementos ya han sido delineados: la armonía
familiar se rompe con acontecimientos traumáticos que se incorporan a
una especie de inconsciente colectivo familiar y repercuten en sus
miembros, incluso cuando ya han transcurrido varias generaciones. En sesiones
preferentemente colectivas con familiares, se trata de hacer aflorar todas
los hechos generadores de ruptura, asumirlos y recomponer la armonía
familiar necesaria para la salud psíquica personal, de forma que
el entorno familiar vuelva a ser una verdadera "constelación" armónica,
a semejanza de las estelares.
Hasta aquí, lo que encontramos no
tiene mucho que ver con el mundo de las sectas.
Se trata de una escuela más de psicoterapia, todo lo
discutible que se quiera, pero no muy diferente a otras.
Es sabido que el mundo de la psicoterapia no es
inmune a influencias de religiones orientales, particularmente del budismo, pero
Hellinger no parecía acusarlas demasiado. Personalmente se declaraba seguidor de
Heidegger, algo bastante lógico si se piensa que el filósofo
alemán tradujo la fenomenología a metafísica. Pero el ateísmo de
Heidegger es inherente a su sistema de pensamiento. Con Heidegger
no hay cabida para religión alguna.
Sin embargo, algo ha
alterado toda esta trayectoria. Si se abre la página web
de CF se encuentra una descripción general de un método
psicológico de terapia sin más connotaciones. Pero al margen, aparece
una breve cita firmada por "Osho". Éste no es ningún
psiquiatra, sino el gurú hindú Bhagwan Shri Rajneesh (como siempre
en estos casos, es un nombre adoptado- las dos primeras
palabras significan "señor bendito"-: el verdadero es Chandra Mohan Jain).
Es un pseudónimo casi póstumo, pues lo asumió al final
de sus días -falleció en 1990-, y utilizado debido sobre
todo a que el nombre de Rajneesh se manchó mucho
en vida, particularmente en Estados Unidos, de donde fue expulsado
en 1985. Su mensaje era el tradicional del ramo -meditación,
yoga, supresión de la sensibilidad, panteísmo de fondo-, pero eso
contrastaba con la permisividad sexual que predicaba, el lujo con
que vivía -sus 93 Rolls-Royces fueron todo un símbolo- y
otros aspectos oscuros. Sin embargo, tras su muerte y lavado
de cara, su organización ha prosperado en la India. Hoy
quedan más sus ideas -bajo su nuevo nombre- que su
ejemplo. Entre ellas, una que le diferencia de otros gurús:
insiste en la terapia e incluye sesiones terapéuticas de grupo.
Hay alguna razón más que puede explicar por qué, entre
tanto maestro oriental, el elegido ha sido Osho-Rajneesh: se situaba
más cerca del budismo que la mayoría de los gurús
indios; había tenido contactos con destacados exponentes New Age como
el llamado Movimiento de Potencial Humano; incluía algún elemento cercano
al psicoanálisis, como sostener que había que liberar la mente
de represiones procedentes del pasado; e incorporaba psicoterapia occidental como
preparación para la meditación.
Hellinger nunca conoció personalmente a Rajneesh.
No se puede saber a ciencia cierta y con exactitud
los pasos que le acercan al difunto gurú. Pero los
indicios apuntan a que la historia empieza con el apogeo
de la carrera de Hellinger, en los 90. A la
vez que se extiende su fama, comienza un distanciamiento con
el mundo académico. Introduce un método simplificado, e incorpora nociones
en principio extrañas a su método y las raíces del
mismo, como la identificación de esa especie de insconsciente colectivo
familiar que manejaba con un etéreo espíritu o alma colectiva,
o el paso de lo "sistémico" del método a la
sustancia al hablar de "energía sistémica". Cuando empiezan las críticas
de que no apoya sus modificaciones con ningún tipo de
validación empírica, Hellinger se enroca y se vuelve huraño. Comienzan
poco a poco a hacerse explícitas algunas ideas del gurú
indio, como el que una de las claves para identificar
y resolver problemas es reflotar el niño que todos llevamos
dentro. Desde hace unos años afirma que su método conduce
a "movimientos del espíritu" o "del alma": tanto la noción
misma como el hecho de reconocer que no sabe cómo
funciona y que lo incorpora por la vivencia de experiencias
subjetivas, lo alejan casi definitivamente del mundo de la psiquiatría.
Desde instancias profesionales comienzan las declaraciones calificando su método de
no contrastado y no fiable, y hasta una criatura suya
como el International Systemic Constallations Association termina por desmarcarse de
él. En sus declaraciones más recientes ya añade "espirituales" a
"constelaciones familiares", y se refiere a Dios, sólo que identificado
con una fuerza cósmica al modo oriental y no al
Dios personal de las religiones monoteístas.
¿Cuál es la causa
de este cambio? Permanece en la mente de Hellinger, pero
no es el único caso. Precisamente en los 90, otro
alemán, Eugen Drewermann, se ponía de moda con sus críticas
a la Iglesia católica desde el psicoanálisis; también jugaba con
el inconsciente colectivo, al que atribuía la vocación. Tenía en
común con Hellinger el sacerdocio católico y los estudios de
psiquiatría, sólo que no quiso abandonar la Iglesia hasta hace
poco. También él se refugió en una autodenominada "mística de
la naturaleza" con elementos orientales. En el fondo, lo que
ocurre es que no quedan muchos más refugios cuando uno
abandona toda creencia tachada de dogmática, y trabaja sólo con
métodos. Queda un vacío de algo que dé sentido a
todo, y de una u otra manera se busca. Es
posible también que influyera en este giro su segunda esposa,
Marie Sophie. En cualquier caso, empieza en esta época a
figurar junto a él también en el terreno profesional.
Hasta
aquí, podría pensarse que se trata de un psiquiatra que
se ha empapado de ideas hindúes a través de uno
de sus exponentes más célebres. Pero no acaba aquí todo.
En realidad, la organización de Osho -mucho más pujante hoy
que cuando vivía el gurú- está fagocitando la obra de
Hellinger. Las CF de nuevo cuño que promocionaba éste empezaron
a poblarse de expertos que habían pasado por la autodenominada
"multiversidad" del Osho Institute en Puna (India). Parece que la
figura más determinante en esta invasión ha sido el alemán
Svagito Liebermann, que se incorporó a CF en 1995. En
un primer momento, reclutó a varias personas que, como él,
tenían una licenciatura en psicoterapia o psicología. Pero no se
trataba de psiquiatras simpatizantes de Osho, sino de gente de
Osho con una licenciatura europea (Liebermann había conocido a Rajneesh
en vida, en 1981). Es ilustrativo el caso de quien
es la principal figura que trabaja en España: es una
balcánica de nombre Nadia Sasumic Kalebic, pero se hace llamar
Vedanta Suravi; no es sólo la adopción de un nombre
indio, sino que la traducción del mismo, "sol de los
vedas" -las escrituras sagradas del hinduismo-, ya habla por sí
sola. Y, si la primera generación de expertos tenían una
licenciatura civil reconocida, la siguiente, que está apareciendo ahora, no
parece tan exigente al respecto: les basta con "graduarse" en
la Fundación Osho.
Bert Hellinger cumple en 2009 ochenta y
cuatro años. Sigue figurando como el impulsor y cabeza de
CF, pero previsiblemente no podrá seguir al frente por mucho
tiempo. Conforme declina, sus acólitos empiezan a desvelar sus intenciones.
Así, en su propaganda ya empiezan a aparecer sellos con
la inscripción "Osho Family Constellations", y Liebermann ya no se
recata de decir que contemplan CF como un primer paso,
preámbulo de la meditación. CF está así dando sus últimos
pasos para integrarse en la organización de Osho, y convertirse
en un elemento de captación de clientela para la misma.
Por supuesto, seguirá apareciendo Bert Hellinger -con fotos antiguas-, pero
como figura decorativa que da un tinte de seriedad, y
nada más.
Si, a la vista de la realidad, se
pregunta si CF es una secta, la mejor respuesta es
que, más que una secta, se trata de una institución
que en origen es un método terapéutico especializado, y actualmente
está en proceso avanzado de convertirse en una sucursal de
una secta hindú. Ahora bien, esta distinción no significa que
haya necesariamente que cargar los males en el lado de
la secta, y dar por buena cualquier psicología. De hecho,
puede ser tan dañina para la persona un método psicológico
o psicoterapéutico como lo pueda ser una secta. Y no
siempre son realidades inconexas. Puede penetrar la doctrina de un
grupo sectario en un método psicológico como aquí, pero también
puede influir una psicología desenfocada en adhesiones a sectas. Un
caso bastante claro al respecto es el del propio Bert
Hellinger. Lo que los anglicanos aplicaron en él fue un
método psicológico fenomenológico no muy distinto de la Terapia Gestalt.
El resultado fue un vacío interior que dejó el camino
libre para que al final se adhiriera a las doctrinas
de un personaje que había dado muestras más que sobradas
de carecer de equilibrio psíquico. Y en cuanto a la
segunda corriente mencionada, el Análisis Transaccional, tenemos asimismo un buen
ejemplo de lo que puede dar de sí la supresión
de toda autolimitación con origen en los padres -o sea,
cualquier educación-, con la figura de un hombre que se
crió lejos de sus padres con unos abuelos permisivos que
no le ponían traba alguna, y creó así su propio
"guión vital": Chandra Mohan Jain, también conocido como Rajneesh, también
conocido como Osho.
En el caso concreto de CF, el
objetivo en principio es más limitado: recomponer armonías familiares. Básicamente
consiste en una especie de juego de rol en donde
los participantes asumen un papel familiar unos respecto a otros
(que no suelen tener). Con el diálogo afloran los problemas
-sucesos traumáticos, enemistades, carencias o lo que sea-, lo cual
hace que, con el clima adecuado, se vayan situando las
personas subjetivamente en un entorno familiar saneado, con la consiguiente
adquisición o recuperación de la felicidad perdida. En la explicación
del hecho es donde hay que situar las divergencias o,
según se mire, el punto de contacto entre la psicología
y la religión oriental. Para unos es una técnica que
permite actuar al inconsciente colectivo; para otros, es el espíritu
o energía familiar la que actúa; una tercera posición, ecléctica,
identifica los dos agentes. A la hora de la verdad,
tampoco importa mucho, pues, aparte de que el resultado sea
el mismo, ninguna tiene fundamento. Los dos posibles elementos requieren
una especie de mente, espíritu o entidad colectiva que no
se sabe de dónde puede salir ni cómo puede operar.
La psiquiatría actual hace tiempo que ha desechado la noción
de inconsciente colectivo, creada por el discípulo de Freud Karl
Jung. En cuanto a una especie de alma colectiva, la
evidencia misma de la individualidad de la persona la rechaza,
por mucho que se quiera hacer derivar de misteriosas percepciones
del espíritu cósmico.
En contra de esto, se podrán alegar
todo tipo de testimonios de que el sistema ha funcionado.
Y, en cierto modo, puede que en algún caso haya
dado resultados positivos. La causa es que en psicoterapia, a
diferencia de otras ramas de la medicina, el placebo en
ocasiones tiene efectos curativos. El mismo Freud constató algún resultado
positivo al aplicar su psicoanálisis. Lógicamente, lo atribuyó a su
método terapéutico. Ahora se sabe que el verdadero motivo es
otro, por lo demás muy acorde con el sentido común.
El simple hecho de buscar ayuda y de contar todo
lo que uno lleva dentro contribuye a la salud mental
en más de un caso. Más que probablemente la aplicación
específica del psicoanálisis de Freud fue un estorbo -y serio-
a su propia pretensión. El motivo, en última instancia, es
que el método no procede de una mecánica, sino de
una antropología, de una visión de hombre. Y la de
Freud era desastrosa: un animal movido en última instancia por
las tendencias sexuales, al servicio de las cuales está incluso
la personalidad (si podemos traducir así el ego freudiano). Seguir
por ese camino significa polarizar la vida en el sexo,
con lo que se ponen en bandeja los trastornos obsesivos
y se abre la puerta a otros no menos destructivos
de la personalidad.
Hellinger, al parecer, vivió una época de
aprendizaje profesional que le sumergió en un mundo empírico de
sistemas. Cuando delimitó el suyo, surgieron las preguntas sobre las
causas de todo. Necesitaba una antropología, y no parecía muy
dispuesto a retomar la que en su día había abandonado.
Ahí encontró a Osho. Unas cuantas de las cosas que
sostenía (algunas aprendidas a su vez de fuentes occidentales) encajaban
bien con el mundillo de raíz psicoanalítica en el que
hasta entonces se desenvolvía: papel del inconsciente, superación de experiencias
traumáticas represivas, aceptación del yo, el entorno social -y particularmente
familiar- en la configuración de la personalidad. Con otros elementos,
también es cierto, como el clásico tema hindú de disolver
el yo en el espíritu cósmico, no había esa sintonía.
En realidad, había alguna cosa poco compatible con la terapia
sistémica, como -además de lo anterior y en contradicción con
ello- esa especie de individualismo extraño como meta que propugnaba
llegar a un estado en el que uno esté por
encima de toda institución, incluida la familiar. Pero el caso
es que adoptó sus ideas, y éstas han acabado por
disolver poco a poco su sistema, y en cierto modo
a él mismo.
Con todos estos elementos, se puede tener
una cierta idea del efecto que pueden tener las sesiones
de CF. En primer lugar, hay que ver la naturaleza
del problema. No es lo mismo acudir con un problema
más bien superficial que con uno de más calado. Si
se trata, pongamos por caso, de que a uno le
desquicia su suegra, puede que dé cierto resultado; pero si
lo da, es porque enfrentarse con esa situación y tratar
de comprender a la otra parte -representada en alguien- ayuda
a resolver ese tipo de situaciones, no porque actúe una
vaga energía cósmica familiar. Si quien acude está afectado por
un trastorno -que siempre trastorna asimismo la vida familiar-, puede
deducirse fácilmente que, en el mejor de los casos, saldrá
igual de mal que ha llegado: es impensable que un
"tratamiento" de este estilo remedie un trastorno bipolar o una
esquizofrenia paranoide. Si son problemas derivados de conductas inmorales -bien
por ser su autor, bien por ser su víctima-, las
doctrinas de Osho resultarán contraproducentes. El infantilismo -eso sí, de
persona inteligente- que mostró en su vida se trasladó a
su enseñanza, de forma que el cliente encontrará una invitación
a trivializar la cuestión de un modo u otro. Y
las heridas que causa la inmoralidad no se cierran suprimiendo
la moral, por mucho que se disfrace de método terapéutico
revolucionario. Tampoco se cierran mostrando una nueva perspectiva de armonía
cósmica en la que el mal ocupa un lugar, de
forma que forme parte de una nueva experiencia liberadora. Y
ese es el tipo de cosas que se deben esperar
de gente que se ha formado en la Osho International
Foundation.
Hoy en día el mercado de terapias de grupo
está muy surtido de todo tipo de montajes. Los hay
para desengancharse de vicios -alcohol, drogas, etc.-, para superar defectos
de carácter, para rehabilitarse, para arreglar problemas matrimoniales y familiares.
Los hay llevados por aficionados, y por profesionales -y en
cualquier estado intermedio entre los dos-. Los hay de espíritu
cristiano, de inspiración en un naturalismo tipo New Age, de
aplicación de todo tipo de teorías psicológicas. También los hay
de sectas, o, como en este caso, aprovechados por uno
de estos grupos. Algunos ayudan de verdad, otros según a
quién, en muchos casos venden humo, algunos son claramente prejudiciales
-aparte del perjuicio que supone el alejar de lo verdaderamente
eficaz-. Algunos tienen un fundamento único, otros mezclan cosas de
diversa procedencia, como sucede aquí. Es indudable que, ante tanto
reclamo, es necesario informarse bien, no ya para apuntarse, sino
también para poder hacerse una idea y valorar bien. Lo
más decisivo es la antropología que subyace en cada método
propuesto. En ese sentido, poco importa, por ejemplo, que el
"maestro" inspirador de la técnica sea Freud o sea Rajneesh.
Pero, si se observa la etiqueta de una secta en
la propaganda de cualquier actividad de este tipo, o si
remite de un modo u otro a uno de esos
grupos religiosos, lo que hay que hacer, y eso es
mucho más fácil, es ir directamente a la información disponible
sobre la secta. El resto es pura imagen de marketing.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR