La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Flaviano Amatulli Valente Del Triunfalismo al Complejo de Culpa y Derrotismo
El conocimiento de la propia identidad como católicos es siempre útil, sea para vivir mejor la propia fe, sea para dialogar y sea para defenderla de los que quieren atacar.
Del Triunfalismo al Complejo de Culpa y Derrotismo
De un exceso a otro
¿Quién no recuerda a
aquella afirmación tan incisiva y lapidaria: «Fuera de la Iglesia,
no hay salvación»? Claro que tenía su sentido profundo que
habría que explicar. Se refería al aspecto objetivo de la
salvación, que pasa por la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo.
Por lo tanto, si alguien conscientemente rechazaba la Iglesia, se
ponía al margen de la salvación. Sin embargo, dejada así
la frase, sin ninguna explicación, parecería un gesto de repudio
hacia cualquier otro camino de salvación y se volvía en
la máxima expresión del triunfalismo católico.
De allí se pasó
al lado opuesto. Se brincó de la Iglesia al Reino
de Dios, se dio énfasis al concepto de «semillas del
Verbo», presentes en cualquier cultura, y se relativizaron todos los
caminos de salvación, haciendo de la Iglesia Católica un camino
cualquiera en el conjunto de las grandes religiones y de
las expresiones del mismo cristianismo. Al mismo tiempo y de
una forma consciente, se vanificó el concepto de misión, vista
como injerencia indebida y perturbadora de parte de la Iglesia
en el camino que cada pueblo y cada cultura está
recorriendo hacia Dios.
Según mi opinión, aquí esta una clave
muy importante para interpretar la historia de la Iglesia en
los últimos decenios, con el derrumbe del espíritu misionero y
la pérdida de las defensas frente a las nuevas propuestas
religiosas interpretadas siempre en un sentido positivo al interior de
la misma Iglesia.
Los malos de la película
Y no
faltaron los sofismas para justificarlo todo. Se dijo: «Si los
católicos se salen de la Iglesia y se van con
otros grupos religiosos, es porque allá encuentran algo mejor, como
pasa cuando alguien deja de frecuentar un restaurant para ir
a otro. Lo hace porque el otro restaurant le ofrece
algo mejor».
Así que, «los demás ofrecen algo mejor»; «nosotros
somos los malos de la película, ellos son los buenos».
No se hizo ningún intento por buscar otras explicaciones al
inquietante fenómeno del crecimiento sectario. No se alcanzó que detrás
de una pantalla de bondad, había un proselitismo tenaz, feroz
y sin escrúpulo, utilizando métodos ilícitos y hasta inmorales. Se
llegó a crear la impresión de que lo que hacían
las sectas era puro fervor religioso y espíritu misionero. Claro
que, si algún católico hacía lo mismo, de inmediato era
tachado de ser fanático y representar un peligro para la
paz pública.
Examinando la historia, los católicos eran presentados como
los verdugos y los demás como víctimas. Por lo tanto,
era lógico pedirles perdón. Nunca sospecharon esos señores la posibilidad
de que también del otro lado puedo haber habido alguna
culpa y que por lo tanto ellos (sus sucesores evidentemente)
se decidieran a pedir perdón. Complejo de culpa, relativismo religioso,
derrotismo, esfuerzo por justificarlo todo... derrumbe. Falsos profetas de ayer,
hoy y siempre.
Palabrería inútil
Para muchos «expertos» en el
problema de las sectas, casi todo se esfumó en una
palabrería inútil: si era correcto hablar de sectas o era
mejor hablar de nuevos movimientos religiosos libres; se estaba bien
o era ofensivo hablar de sectas protestantes, puesto que el
protestantismo era una cosa y las sectas otra, aunque tuvieran
muchos elementos en común; si los grupos pentecostales podían llamarse
sectas, puesto que su bautismo es válido y creen en
la Trinidad; si no sería más conveniente utilizar la palabra,
secta solamente para los grupos no cristianos, etc., etc.
Conclusión:
«Cuando hablamos de sectas, nos estamos refiriendo solamente a los
grupos no cristianos o semicristianos, como son los testigos de
Jehová, los mormones y los adventistas del séptimo día. No
nos estamos refiriendo a los grupos pentecostales o evangélicos, que
son iglesias y con los cuales tenemos un diálogo ecuménico».
Y no se dieron cuenta de que los pentecostales representan
el 70% de las sectas que están presentes en América
latina, y que el «Plan Amanecer» para la conquista evangélica
del mundo, está hecho precisamente por los «evangélicos».
Así que,
seamos más sinceros y realistas, mis queridos «expertos». Dejemos a
un lado los sofismas y vayamos a la realidad. Pan
al pan y vino al vino. Además, ¿qué me importa
a mi, se encaja mejor un palabra que otra? Aquí
el problema es: «¿Cómo ayudar al católico a permanecer firme
en su fe, sin dejarse confundir por otras propuestas religiosas?»
Lo que sobra, viene del demonio y no sirve más
que para confundir las cosas.
Crónica de una derrota anunciada
Cuando
los obispos de México me pusieron al frente del Departamento
de la Fe frente al Proselitismo Sectario (Comisión Episcopal para
la Doctrina de la Fe), un «experto» en la materia
me dijo:
«Tu tarea será la de tener al día
las estadísticas acerca del avance de las sectas»; en otras
palabras, ser el cronista de la derrota católica.
«En aquel
año los católicos éramos el tanto por ciento; después bajamos
al tanto por ciento; ahora somos el tanto por ciento.
De aquí a tantos años se calcula que seremos minoría.
Así que, señores obispos vayan pensando qué hace con tantos
templos que van a quedar desocupados». ¡Qué bonito papel para
un «experto en sectas»!
Evidentemente, no le hice caso, me arremangue
las mangas y me lancé a la ardua tarea de
conscientizar al pueblo católico acerca del fenómeno sectario y la
manera de hacerle frente. De hecho, donde se llegó a
trabajar, las sectas se estancaron y empezó un flujo constante
de ex católicos hacia la Iglesia.
Que bueno que haya
expertos en estadísticas y en investigaciones para profundizar los distintos
fenómenos sociales. Pero, hacer consistir en esto nuestro papel con
relación al avance de las sectas, es un absurdo. Es
tratar al pueblo católico como tierra de nadie. Pleno liberalismo
religioso. «Vengan, inviertan en el pueblo católico sus recursos materiales
y espirituales. Verán que sus esfuerzos serán redituables. Ni modo.
Nosotros no contamos con los recursos suficientes para atender a
nuestro pueblo. Vengan ustedes que tienen más experiencia en la
evangelización y más recursos económicos. El pueblo católico está a
su disposición. En el fondo todo es lo mismo, ecumenismo».
Por eso se llega a hablar de «maneras diferentes», «confesiones
diferentes», como si se tratara de un simple problema de
terminología y no de fidelidad a Cristo y a su
Evangelio. A esos señores les digo: «En lugar de entregar
el pueblo católico con tanta facilidad en las manos de
estos falsos pastores, ¿por qué no hacen ustedes el esfuerzo
por apacentarlo mejor tratando de ser más creativos? En lugar
de pensar en la derrota, ¿por qué no hacen el
intento de pensar en la victoria? ¿Acaso desconfían del poder
de Dios para proteger a su Iglesia? ¿No será un
problema de fe?»
Me temo que aquí está realmente la
raíz de todo el problema: la falta de fe. En
este caso, ni las palabras ni los métodos ni las
más profundas elucubraciones teológicas podrán resolver nada. La enfermedad es
más grave de lo que parece.
Actores, no simple espectadores
No tenemos que abordar el problema de las sectas como
simples espectadores, limitándonos a gritar, aplaudir o llorar. Tenemos que
convencernos de que no se trata de una fatalidad, contra
la cual no se puede hacer nada. Se trata simplemente
de un momento difícil, en el cual se está luchando
por adaptar al mundo de hoy el aparato ministerial de
la Iglesia, propio de épocas pasadas y, por lo tanto,
inadecuado para las circunstancias actuales. Pues bien, las sectas se
están aprovechando de este momento de debilidad para atacarnos y
sacar de la Iglesia a cuanta más gente sea posible.
Ahora bien, de parte nuestra, lo que tenemos que hacer
es resistir a este embate, detener el avance las sectas,
no perder terreno. Con el tiempo, seguramente la Iglesia se
irá reestructurando, conjugando oportunamente la fidelidad al Evangelio y la
respuesta a las exigencias del hombre de hoy. Se trata
de fe y entrega, ideas claras y compromiso. La historia
no empezó ni termina hoy. Tenemos dos mil años de
experiencia. Hemos superado crisis más graves.
Las sectas, al no
tener pasado, se lanzan a la conquista religiosa del mundo,
dando a la gente lo que la gente les pide.
Tantas sectas cuantos gustos hay. Si les va bien, siguen
adelante. Si les va mal, se deshacen y vuelven a
presentarse con otro membrete. En ellas hay de todo: fervor
religioso y fanatismo; convicción y lavado de cerebro; sinceridad e
hipocresía; amor y odio... no como algo accidental, inherente a
la naturaleza humana, sino como sistema de vida y método
de conquista, se trata esencialmente de un Evangelio manipulado, adaptado
al bienestar personal y a los fines proselitistas. Así que,
las sectas no son tan buenas como quieren darnos a
entender sus integrantes o algunos simpatizantes católicos. ¡Ay de nosotros,
si San Francisco de Asís o Santo Domingo de Guzmán
se hubieran dejado llevar por las estadísticas, los porcentajes o
las tasas de crecimiento de los enemigos de la fe
católica, sin mover ni un dedo para cambiar el rumbo
de los acontecimientos!
Al contrario, ellos creyeron en sí mismos,
en su capacidad de «hacer historia», y se lanzaron. Y
muchas cosas cambiaron. Esto es lo que pretendemos hacer nosotros
ahora; no ser simples espectadores, echándole la culpa al destino,
a los tiempos, a los gobiernos, a los Estados Unidos
o a la jerarquía eclesiástica por lo que está pasando.
Queremos, más bien, ser actores, intervenir, hablar, convencer, movilizar, ser
antenas que reciben y transmiten señales, siempre listos para descubrir
los «signos de los tiempo». Rechazamos, por lo tanto,
la pasividad y el derrotismo. Nos oponemos a los falsos
profetas, que dicen: «Seguridad y paz», cuando hay peligro y
guerra. Estamos convencidos de que podemos y debemos cambiar el
rumbo de los acontecimientos... influir en la historia.
Sano realismo
Dejémonos de pretextos. Que quede bien claro: no estamos en
contra del dialogo. El problema consiste en el hecho que
no todos aceptan el diálogo. Entonces, ¿Qué hacer con relación
a los que no aceptan el diálogo y siguen poniendo
en peligro la fe de nuestros hermanos católicos? ¿No se
puede hacer nada? Aquí está el problema.
Si un ejército
enemigo invade nuestras tierras, ¿qué tenemos que hacer? ¿es
suficiente enviar embajadores, pidiendo la paz? ¿Y si no aceptan
la paz y siguen avanzando? Decían los Romanos: «Si quieres
la paz, prepárate para la guerra». Pues bien, si queremos
que las sectas dejen de molestarnos, tenemos que preparar a
los católicos de manera tal que puedan «resistir» a sus
embates, bien conscientes de identidad, como miembros de aquella única
Iglesia que fundo Cristo y que llegará hasta el fin
del mundo.
Diálogo con los que aceptan dialogar, sean cristianos
(ecumenismo) miembros de las grandes religiones (diálogo interreligioso) o no
creyentes; defensa de la fe con relación a los que
atacan, sean cristianos, seguidores de las grandes religiones o no
creyentes. De todos modos, el conocimiento de la propia identidad
como católicos es siempre útil, sea para vivir mejor la
propia fe, sea para dialogar y sea para defenderla
de los que quieren atacar. En realidad, la ignorancia nunca
ha sido una buena consejera.
Otro error ha sido el
de la perspectiva: se vio el problema desde arriba, como
si se tratara de un asunto que habría que resolver
entre las distintas autoridades religiosas o los exponentes de los
grandes movimientos culturales. No se dieron cuenta de que los
tiempos cambiaron ya no estamos como el tiempo de la
reforma, cuando las cosas se solucionaban desde arriba entre autoridades
civiles y religiosas. Hoy las decisiones se toman
en la calle y cada uno decide por su cuenta.
Por lo tanto, hay que enfocar el problema desde la
base y no desde el vértice. Hay que cambiar de
perspectiva. Hoy cada católico tiene que estar preparado para «dar
razón de su esperanza» (1Pe 3,15).
Así que, seamos menos
dogmáticos y más prácticos. Nos guste o no nos guste,
es necesaria la defensa de la fe o apologética. Esta
es como la ropa interior que nadie menciona, pero que
todos necesitan. Dejémonos, por lo tanto, de falsos pudores y
aprendamos a llamar las cosas por su nombre. En realidad,
¿qué es la apologética? Es el arte de defender la
propia fe ante los ataques, vengan de donde venga. ¿Qué
hay de malo en esto? ¿Nunca oyeron hablar de legítima
defensa? Hace mal el que ataca, no el que se
defiende. ¿O no?
Por lo tanto, si los demás están
en contra de la apologética se sienten tan seguros de
su fe, ¿por qué no hacen algo para ayudar a
los débiles en la fe? Y si se sienten tan
abiertos hacia los de afuera, ¿por qué no lo son
hacia los de adentro, que tienen necesidades y opiniones diferentes?
Conclusión
Las sectas nos están invadiendo. ¿Qué hacemos? ¿Nos quedamos
con los brazos cruzados? Cuidado: si seguimos así, pronto nuestro
continente, en lugar de ser el «continente de la esperanza»,
se podrá volver en el «continente de la pesadilla». Depende
de nosotros luchar para que esto no suceda.
Si tienes alguna consulta utiliza este enlace para escribirle al
P. Flaviano Amatulli
Si tienes alguna duda, conoces algún
caso que quieras compartir, o quieres darnos tu opinión, te
esperamos en los FOROS DE CATHOLIC NET donde siempre
encontrarás a alguien al otro lado de la pantalla, que
agradecerá tus comentarios y los enriquecerá con su propia experiencia.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR