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Autor: Oscar Gerometta La decadencia de un imperio
Necesitamos tomar conciencia del riesgo del estallido religioso de nuestra cultura
La decadencia de un imperio
Publicado en Revista del C.E.M. - Nº 71996
Días atrás,
atendiendo a alguno de los programas periodísticos que ahora inundan
nuestra pantalla a partir de las 21 horas los días
de semana, me encontré con una frase que creo puede
ser axiomática para definir este fin de milenio: "yo, por
razones obvias de edad no pude asistir a la decadencia
del Imperio Romano, pero tengo la suerte de presenciar esta,
que es más o menos lo mismo…"
Claro que, como podrá
comprobar con sólo acudir a su memoria, la decadencia del
Imperio Romano no fue un fenómeno de fin de milenio,
sino el fruto de la corrupción de un proyecto cultural
que habiendo podido florecer trascendiéndose a sí mismo, se cerró
en la contemplación de sí; un proyecto que en el
momento que requirió de la trascendencia para dar un sentido
nuevo a su desarrollo histórico, la negó para ahogarse en
la contemplación de sí mismo, del placer y del bienestar.
Digo
esto, porque uno de los síntomas que algunos consideran como
síntoma de una crisis de fin de milenio es la
aparición de múltiples, variados e inagotablemente imaginativos movimientos religiosos; y
en realidad creo que estos son síntomas de algo más
profundo: de un proceso de degradación y disolución cultural que
está comenzando a entrar en crisis terminal.
Es cierto que las
‘sectas’, o movimientos anárquicos que tienden a atomizar la experiencia
religiosa de un pueblo, han existido y existirán siempre; también
es cierto que algunos proyectos culturales como el hindú y
el budista conviven con la presencia de cientos de grupos
sectarios; pero lo que es distintivo de nuestra coyuntura cultural
es la imposibilidad creciente que se experimenta para identificar nuestro
proyecto cultural (que ya no sabemos si es occidental y
cristiano, occidental a secas, o qué cosa) con una opción
trascendente.
Nadie ha de negar las alternativas de variabilidad que experimentó
la antigua religiosidad egipcia, pero también es cierto que es
posible definir un esquema religioso propio de la cultura egipcia;
ya hablamos de la multiplicidad de sectas en el hinduismo,
pero igualmente podemos definir con claridad cuál es el eje
trascendente que da consistencia a la cultura hindú; en contraposición,
¿cuál es el eje trascendente estructurante de nuestra cultura occidental
(o cómo se llame) hoy?
Por supuesto que lo ha tenido,
pero la pregunta de oro es, ¿lo tiene todavía? Pero…
¿lo tiene como una mera respuesta teórica, o como una
realidad plenamente vivida en la entraña del pueblo que es
sujeto de esa cultura y en sus elites dirigentes?
Si
no logramos reflexionar sobre estos puntos, difícilmente podamos darnos cuenta
de dónde radica la verdadera gravedad de la presencia del
Rev. Moon en nuestro país; porque evidentemente se trata aún
de un grupo pequeño en la realidad religiosa Argentina, con
ideas alocadas… pero, ¿usted se dio cuenta que la información
sobre su presencia se publicó en la sección ‘política’ de
los principales periódicos?, ¿cómo?, ¿no era un líder religioso?
Si prestó
atención al desarrollo de los acontecimientos, quizás se haya dado
cuenta que no se terminaba de aclarar en dónde radicaba
la dificultad de su visita: para los sectores de izquierda,
les preocupaba que se tratara de un grupo que considera
la lucha contra el marxismo como un deber religioso, a
los sectores nacionalistas les alarma que se trate de un
proyecto de desembarco cultural coreano espantoso…
Pero el planteo religioso
se dejó casi exclusivamente a la Iglesia Católica, como si
realmente el pueblo de la Nación Argentina, cristiano y católico
por herencia y por elección de origen, no tuviera verdadero
derecho a preocuparse por la agresión de un señor que
se dice ser el Mesías, más caritativo que el mismo
Jesucristo, y que niega la divinidad del mismo Jesús de
Nazareth cuya fe iluminaba y orientaba a los patriotas de
Mayo, a los congresales de Tucumán, a los constituyentes del
’53… ¿a los constituyentes de la última reforma?
Moon es un
ejemplo de lo que significa nuestra crisis cultural: sincrético, teocrático,
totalitario, sostiene descaradamente la unificación de todos los poderes en
su persona, se proclama abiertamente el conductor de la humanidad,
y deslumbra a los que se consideran como ‘los poderosos
de la tierra’.
A continuación les presento una síntesis de
la vida, doctrina y alcances de la acción de Sun
Myung Moon en la actualidad, pero no lo miremos como
un raro fósil perteneciente a realidades ajenas a la nuestra,
sino tomemos conciencia de que esa es la propuesta que
está nucleando a políticos de todo Occidente, a periodistas, académicos,
profesores…
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