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Autor: P. Eduardo Volpacchio | Fuente: algunas respuestas ¿Son lo mismo todas las religiones?
Muchas veces oís decir que todas las religiones son lo mismo, que todas llevan a Dios.¿Esta afirmación es razonable? ¿Cómo considerar categorías de verdad en las religiones?
¿Son lo mismo todas las religiones?
La respuesta inmediata a esta pregunta es bastante obvia: las
diferentes religiones son distintas, ya que si no se diferenciaran
entre sí serían la misma religión. De manera que las
distintas religiones no son lo mismo. Y a la pregunta de
por qué no todas las religiones son lo mismo, habría
que responder sencillamente ¡precisamente porque son diferentes!
El problema de fondo:
el indiferentismo religioso
Pero en realidad la pregunta que estamos analizando
no apunta a la identificación de todas las religiones entre
sí. En realidad sugiere que, más allá de sus diferencias,
sería lo mismo creer en una religión o en otra,
practicar una u otra diferente, ya que todas ellas conseguirían
el mismo objetivo: “todas llevan a Dios”.
La única manera de
que todas las religiones fueran lo mismo es que todas
ellas fuesen falsas
Sólo se puede afirmar que todas las religiones
son lo mismo desde algunas posiciones ideológicas:
- El ateísmo dirá que
todas son igualmente falsas. - El agnosticismo afirmará que ninguna tiene el
menor fundamento. - El indiferentismo sólo considerará una cierta utilidad psicológica a
la religión (paz interior, sentido de trascendencia, cierta fraternidad, etc.),
que podría conseguirse con cualquiera de ellas (lo que supondría
que la religión no fuera un camino hacia Dios, sino
una medicina que el hombre se da a sí mismo
para resolver sus ansias de infinito).
Quien acepte que Dios existe
y que tiene un proyecto cognoscible para el hombre –cualquiera
sea la religión que profese- nunca podrá aceptar la afirmación
de que todas las religiones sean lo mismo.
¿Qué sentido tiene
una religión?
Para responder a esta pregunta había que ver qué
se entiende por religión y qué papel se le asigna
en la vida de una persona. Si las concibo como una
creación humana (un invento del hombre), con una finalidad genéricamente
espiritual, un refugio psicológico a la hora de los problemas
y peligros de al vida, etc., posiblemente no me preocupará
demasiado las diferencias entre las distintas religiones, y todas –dentro
de ciertos límites- me parecerán igualmente válidas.
Pero si concibo la
religión como un encuentro entre Dios y el hombre, en
el cual Dios tiene la iniciativa, se ha mostrado al
hombre y enseñado un camino de salvación, la cosa es
diferente: me interesará mucho saber cuál es la verdadera.
Porque verdadera
sólo puede haber una religión
Aquella que Dios haya revelado. No
puede haber varias religiones distintas igualmente verdaderas por el principio
de no contradicción: dos afirmaciones contrarias no pueden ser al
mismo tiempo, ambas verdaderas, en el mismo sentido. Si
una es verdadera, la otra no lo será.
¿Hay religiones falsas
y verdaderas?
Quizá fuera mejor hablar de religiones reveladas y no
reveladas. O de religión verdadera y religiones que se acercan
más o menos a la verdad.
La gran mayoría de las
religiones son buenas, en cuanto que enseñan un camino de
aproximación al Creador. Responden a la religiosidad natural del hombre.
Le proponen un ideal ético. Y tienen –en distintos grados-
una mayor o menor aproximación a la verdad.
¿Cuánto contienen de
verdad?
Al responder a la religiosidad natural del hombre todas
contienen aspectos verdaderos. Hay religiones más cercanas a la verdad
y otras menos cercanas.
No son todas lo mismo. Las hay
más serias y menos serias, más profundas y más superficiales,
más espirituales y más terrenales, trascendentes o inmanentes...
Unas más concordes
a la dignidad de la persona humana (obviamente una religión
que propugnara sacrificios humanos no sería aceptable racionalmente), y otras
menos.
La Iglesia considera que las religiones no cristianas contienen semillas
de verdad, que conducen a la verdad completa .
Religión verdadera
sólo puede una que haya sido revelada por Dios mismo
Porque
sólo Dios puede decirnos con precisión quién es y qué
quiere de nosotros. Una religión no revelada por Dios, no
pasará de ser un buen intento del hombre por acercarse
al Creador: algo muy valioso, pero que resultará muy pobre
si consideramos la infinita distancia que nos separa de Dios,
distancia que el hombre no puede recorrer por su propios
medios.
Si Dios existe y creó seres racionales –como somos nosotros-,
no parece razonable que no les haga conocer cómo llegar
hasta Él: que se quedase mirándonos mientras nosotros nos equivocamos
tratando de encontrar el camino. Si Dios existe, lo razonable
sería que existiera una sola religión verdadera. En caso contrario
todas son falsas.
¿Para qué sirve una religión?
Si la religión sirve
para hacernos entrar en comunión con Dios y brindarnos la
salvación –que de eso se trata-, es obvio que nos
interesa mucho encontrar el camino que realmente lo realiza.
¿Qué es
el sincretismo religioso?
Es la mezcla de elementos de diferentes religiones.
En este caso nos encontramos claramente con una creación humana,
fruto de la recolección de elementos religiosos variados según el
propio gusto.
La adhesión a una religión no es como ir
de compras a un supermercado: ver qué me ofrece el
mercado de las religiones y elegir la que más me
guste (o incluso armar una con los elementos que más
me atraigan de muchas de ellas).
¿En qué consiste la libertad
religiosa?
Es el derecho que tengo a obrar según mi conciencia
en materia de religión. Este derecho no se basa en que
todo sea lo mismo –y entonces da igual qué elija-,
sino en el derecho a no ser presionado en mis
convicciones religiosas. La raíz es la dignidad de la persona
humana.
Libertad religiosa y obligación de buscar la verdad
Hay dos aspectos
complementarios: el derecho a la libertad religiosa (derecho exigible ante
el Estado y los demás) y la obligación personal delante
de Dios y de mí mismo de buscar la verdad.
Nadie debería coaccionarme en materia religiosa: el acceso a Dios
supone la libertad.
Al mismo tiempo, mi honradez personal me
exige personalmente buscar la verdad: no sería honesto si no
lo hiciera. Evidentemente Dios me pedirá cuenta de cuánto lo
he buscado, de cuánto de sincero he sido en esa
búsqueda. Este es un asunto entre Dios y yo, del
que rendiré cuentas después de mi muerte. Los demás podrán
aconsejarme, pero no reemplazan mi libertad: es una cuestión entre
Dios y yo.
El derecho a la libertad religiosa no consiste
en que haya el derecho a profesar y practicar cualquier
religión porque todas sean lo mismo. Consiste en que mi
dignidad humana exige el derecho a no ser coaccionado en
cuestiones religiosas.
Ambas cosas no sólo son compatibles, sino que complementarias.
La misma dignidad humana que exige a los demás respetarme
en mis convicciones religiosas, me “exige” a mí buscar la
verdad.
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