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| ¿Creían los padres de la Iglesia en la doctrina de la Sola Fides? |
Durante la época en
que yo coqueteaba con el protestantismo nunca reparé en esta
pregunta. Yo llegué a rechazar esta doctrina por considerar que
no tenía ningún sustento escriturístico, sin embargo, hoy día puede
llegar a ser clarificador responder esta pregunta, que si bien
para un fundamentalista pudiera parecer irrelevante, hay razones escrituristicas para
que a mi no me lo parezca.
Y es que
si esta doctrina fue una novedad del siglo XVI no
habría manera que yo la tomara en serio, porque aunque
como católico estoy abierto a lo que considero legítimos desarrollos
en la doctrina cristiana, quien se ha tomado el tiempo
de estudiar la historia y los textos patrísticos va a
llegar a una cruda conclusión: La doctrina de salvación por
la Sola Fe no solo no fue creída antes de
Lutero, sino explicitamente anatemizada y rechazada.
¿Como podría ocurrir esto
de ser esta una doctrina verdadera? ¿Quiere decir esto que
la Iglesia estuvo ciega durante quince siglos? A un protestante
se le puede hacer fácil aceptar esto, pero yo simplemente
no puedo creerlo. La mayoría de fundamentalistas sostienen que la
Iglesia se “paganizó” a raiz de que el emperador Constantino
el Grande se convirtió al cristianismo y decretó la libertad
de culto en el edicto de Milán, pero incluso siglos
antes de Constantino, esta doctrina ya era rechazada como herética.
A continuación pretendo hacer una recopilación de textos patrísticos de
los más preeminentes padres y escritores eclesiáticos de la Iglesia,
comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, y con
ellos demostrar que el consenso de los padres de la
Iglesia creía que:
• El hombre aunque tiene libre albedrío, no
puede salvarse sin la gracia de Dios. Dios por su
gracia tiene la primera iniciativa de su salvación y ejerciendo
esta libertad el hombre responde y coopera con la gracia.
(Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de
Dios)
• Dios llama a todos los hombres a la salvación
y sobre todos derrama su gracia a través de Cristo,
porque quiere que todos los hombres se salven. Quienes se
condenan lo hacen por su propia voluntad.
• La gracia de
Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer.
Sin la gracia no puede ni lo uno ni lo
otro, y nisiquiera tiene la iniciativa para hacerlo.
• Así, la
salvación es gracia pero nosotros debemos cooperar haciendo uso de
nuestra libertad o libre albedrio. Por medio de la fe el
hombre es justificado. Al ser justificado no solo es declarado
justo sino hecho justo (regenerado).
• Luego el hombre justificado movido
por la gracia debe vivir de acuerdo a la voluntad
de Dios, obrando el bien y cumpliendo los mandamientos, pero
es libre de no hacerlo y caer del estado de
gracia de Dios.
• En este sentido para salvarse no basta
solo creer (Sola Fides), sino creer y luego obrar, pero
donde luego las obras y el cumplimiento de los mandamientos
son necesarios para la salvación, pero no como moneda de
pago por ella, porque es gracia.
Esto solo pretende ser
un breve resumen de la doctrina católica referente a la
justificación, para quienes deseen estudiar a fondo la doctrina católica
respecto a estos puntos sugiero leer los decretos de Trento
y “El mérito, del Cardenal Charles Journet”.
La
Didaché
Considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos,
incluido en la categoría de “padres apostólicos” y considerado por
mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Es
recientemente cuando estudios recientes señalan una posible fecha de composición
posterior no más allá del 160 d.C.
La traducción de
J. B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI
Ya en este primitivo
testimonio de la fe de la Iglesia se advierte que
de nada servirá tenido fe durante toda la vida si
en el último momento no somos perfectos: La Didaché 16,1-2
“Vigilad sobre vuestra vida; no se apeguen vuestras linternas ni
se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis
la hora en que va a venir el Señor. Reuníos
con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque
de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe,
si no sois perfectos en el último momento.” (1)
San Clemente Romano
San Clemente, discípulo de los apóstoles
San Pedro y San Pablo, es reconocido como uno de
los padres apostólicos, y cuarto obispo de Roma (luego de
San Pedro, San Lino y San Anacleto). Se conserva una
epístola donde disciplina a la comunidad corintios por una disputa
surgida en esa iglesia. La traducción de J. B. Lightfoot
puede consultarse AQUI
Clemente ha sido citado frecuentemente por apologetas
protestantes como partidarios de la doctrina de la Sola Fides,
en base al siguiente texto:
Clemente a los Corintios XXXII,3-4
“En conclusión, todos fueron glorificados y engrandecidos, no por méritos
propios ni por sus obras o justicias que practicaron sino
por voluntad de Dios. Luego tampoco nosotros, que fuimos por
su voluntad llamados en Jesucristo, nos justificamos por nuestros propios
méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia, piedad, o por las
obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la
fe, por la que el Dios omnipotente justificó a todos
desde el principio.” (2)
Clemente realmente dice lo mismo que
establece el concilio de Trento cuando declara que “Nada de
lo que precede a la justificación, ya sea fe u
obras, merece la gracia de la justificación. Porque si es
por la gracia no lo es por las obras. Además
como dice el Apóstol, la gracia ya no es más
gracia.” (Trento, Sesión VI, “Decreto sobre la Justificación", Cap. 8).
Trento enseña así que no hay nada anterior a la
justificación, incluyendo las obras (de cualquier tipo) que merezca la
justificación.
En otros textos sin embargo Clemente habla de como
los profetas fueron declarados justos no solo al creer, sino
al obedecer: Clemente a los Corintios XXX,3 “Unámonos, pues, a
aquellos a quienes fué dada la gracia de parte de
Dios; revistámonos de concordia manteníéndonos en el espíritu de humildad
y continencia, justificados por nuestras obras y no por nuestras
palabras” (3)
Clemente a los Corintios, IX,3 “Tomemos por ejemplo
a Enoc, quien, hallado justo en la obediencia, fué trasladado,
sin que se hallara rastro de su muerte” (4)
Clemente
a los Corintios X,1 “Abraham, que fué dicho amigo de
Dios, fué encontrado fiel por haber sido obediente a las
palabras de Dios” (5) Clemente viene siendo un
excelente exponende de la doctrina católica de la justificación. El
hombre se justifica por la fe, pero se salva a
condición de que guarde los mandamientos y cumpla de modo
acabado la voluntad de Dios (las obras no son solo
producto de la fe, sino condición para salvarse):
Clemente a
los Corintios XXXV,4-8 “Por nuestra parte, luchémonos por hallarnos en
el número de los que le esperan, a fin de
ser también participes de los dones prometidos. Mas ¿cómo lograr
esto, carísimos?. Lograrémoslo a condición de que nuestra mente esté
fielmente afianzada en Dios; a condición de que busquemos doquiera
lo agradable y acepto a Él; a condición, finalmente, de
que cumplamos de modo acabado cuanto dice con sus designios
irreprochables y sigamos el camino de la verdad, arrojando lejos
de nosotros toda injusticia y maldad, avaricia, contiendas, malicia y
engaños, chismes y calumnias, odio a Dioos, soberbia y jactancia,
vanagloria y inhospitalidad. Porque los que tales cosas hacen son
odiosos a Dios, y no sólo los que las hacen,
sino quienes las aprueban y concienten. Dice en efecto la
Escritura: Al pecador empero le dijo Dios: ¿A qué fin
explicas tu mis justificacioes y tomas en tu boca mi
alianza?. Pues tú aborreciste la disciplina y te echaste mis
palabras a la espalda” (6)
Clemente también advierte sobre el
peligro de perder la salvación, por lo que advierte que
para salvarse hay que perseverar hasta el fin llevando una
conducta digna de Dios y obedeciendo los mandamientos.
Clemente a
los Corintios XXI,1-4 “Vigilad, carísimos, no sea que sus beneficios
que son muchos, se conviertan para nosotros en motivo de
condenación, caso de no hacer en toda concordia, llevando conducta
digna de Él, lo que es bueno y agradable en
su presencia. Dice, en efecto en alguna parte la Escritura:
El Espíritu del Señor es lámpara que escudriña los escondrijos
del vientre. Consideremos cúan cerca de nosotros está y cómo
no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni
propósito que concibamos. Justo es, por ende, que no desertemos
del puesto que su voluntad nos ha asignado” (7
(Nótese, que en el texto anterior Clemente reconoce que
se puede caer del estado de gracia y condenarse, a
diferencia de la doctrina protestante “Salvo siempre Salvo”)
Clemente a
los Corintios XXVIII,1-2 “Ahora, pues, como sea cierto que todo
es por Él visto y oido, temámosle y demos de
mano a los execrables deseos de malas obras, a fin
de ser protegidos por su misericordia de los juicios venideros.
Porque ¿dónde podrá nadie de nosotros huir de su poderosa
mano? ¿que mundo acojerá a los desertores de Dios?” (8)
Clemente a los Corintios LVIII,2 “…Porque vive Dios y vive
el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la
fe y la esperanza de los elegidos, que sólo el
que en espíritu de humildad y perseverante modestia cumpliere sin
volver atrás las justificaciones y mandamientos dados por Dios, solo
ése será ordenado y escogido en el número de los
que se salvan por medio de Jesucristo…” (9)
También tiene
un claro exponente de la doctrina católica del mérito: Clemente
a los Corintios XXXIV,2-4 “Bien está, pues, que seamos prontos
y fervorosos para el bien obrar, pues de Él nos
viene todo. Previénenos, en efecto: He aquí al Señor y
su recompensa delante de su cara, a fin de dar
a cada uno según su trabajo. Con todo lo que
nos incita, a los que creemos en Él con todo
nuestro corazón, a que no seamos perezosos ni remisos para
toda obra buena” (10)
Pero si esto no fuera poco,
reconoce que por medio de la caridad se puede obtener
el perdón de los pecados: Clemente a los Corintios L,5
“Dichosos de nosotros, carísimos, si hubiéremos cumplido los mandamientos de
Dios en la concordia de la caridad, a fin de
que por la caridad se nos perdonen nuestros pecados” (11)
San Policarpo
Obispo de Esmirna instituido por el
apóstol San Juan de quien fue discípulo. Nació aproximadamente por
el año 75 y murió martir. Es considerado también uno
de los padres apostólicos. Se conserva una carta dirigida a
la Iglesia de Filipos, (La traducción de J. B. Lightfoot
puede consultarse AQUI) en la cual al igual que establece
como condición para salvarse no solo la fe sino el
cabal cumplimiento de la voluntad de Dios y la obediencia
a los mandamientos:
Policarpo de Smirna a los Filipenses 2
“Por lo cual, ceñidos vuestros lomos, servid a Dios en
temor y en verdad, dando de mano a la vana
palabrería y al extravío del vulgo, creyendo al que resucitó
a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y le
dio gloria y asiento a su diestra; a él fueron
sometidas todas las cosas, las del cielo y las de
la tierra; a Él rinde adoración todo aliento; Él ha
de venir de juez de vivos y muertos; y Dios
requerirá su sangre de mano de quienes no quieren obedecerle.
Ahora bien, el que a Él le resucitó de entre
los muertos, también nos resucitará a nosotros, con tal que
cumplamos su voluntad y caminemos en sus mandamientos y amemos
lo que él amó, apartados de toda iniquidad, defraudación, codicia
de dinero, maledicencia, falso testimonio…; no volviendo mal por mal,
ni injuria por injuria, ni golpe por golpe, ni maldición
por maldición. Acordemonos, más bien, de lo que dijo el
Señor para enseñanza nuestra: No juzguéis, para que no seais
juzgados, perdonad y se os perdonará; compadeced para que seáis
compadecidos. Con la medida que midiereis se os medirá también
a vosotros. Y: Bienaventurados los pobres y los que sufren
persecución por causa de la justicia, porque de ellos es
el reino de los cielos” (12) El Pastor
de Hermas
Una obra muy apreciada en la Iglesia primitiva
al punto de que algunos padres lleggaron a considerarlo canónico.
Fue compuesto por Hermas, hermano del Papa Pío I, en
Roma entre el 141 a 155. La traducción de J.
B. Lightfoot. Puede consultarse AQUI
Hermas habla de haber tenido
una visión donde ve una torre que se construye sobre
las aguas, y donde se traen piedras para edificarla. Llama
la atención que no todas las piedras son utilizadas, unas
eran lanzadas lejos de la torre, otras hechas añicos, otras
colocadas cerca de la torre pero que no utilizaban por
estar carcomidas, otras por su forma descartadas por no ajustarse
a la construcción, Posteriormente la Dama explica que la Torre
es la Iglesia y nosotros las piedras: El Pastor de
Hermas, Visión tercera, 5,3 “Los que entraban en la construcción
sin necesidad de labrarlos son los que aprobó el Señor,
porque caminaron en la rectitud del Señor y cumplieron sus
mandamientos” (13)
El Pastor de Hermas, Visión tercera, 5,4 “-Y
los que rechazaban y tiraban ¿quienes son? Estos son los que
han pecado, pero están dispuestos a hacer penitencia; por esta
causa, no se los arrobaba lejos de la torre, pues
cuando hicieran penitencia serán útiles para la construcción…” (14)
El
Pastor de Hermas, Visión tercera, 6,1 “¿Quieres conocer las piedras
que eran hechas trizas y se las arrojaba lejos de
la torre? Estos son lo hijos de iniquidad; se hicieron
creyentes hipócritamente y ninguna maldad se apartó de ellos. De
ahí que no tienen salvación, pues por sus maldades no
son buenos para las construcción..” (15)
El Pastor de Hermas,
Visión tercera, 6,2-4 “Respecto a las otras, que viste tiradas
en gran número por el suelo y que no entraban
en la construcción, de ellas, las piedras carcomidas representan a
los que han conocido la verdad, pero no perseveraron en
ella ni se adhirieron a los santos. Por eso son
inútiles.
-¿Y quiénes representan las piedras con rajas? -Estos son los
que guardan unos contra otros algún resentimiento en sus corazones
y no mantienen la paz mutua…. Las piedras desportilladas representa
a los que han creído y mantienen la mayor parte
de sus actos dentro de la justicia, pero tienen también
sus porciones de iniquidad. De allí que están desportillados y
no enteros” (16) El Pastor de Hermas, Visión tercera, 7
“En cuanto a las otras piedras que viste arrojar lejos
y caer en el camino y que rodaban del camino
a parajes intransitables, éstas representan a los que han creído;
pero que luego, arrastrados de sus dudas, abandonan su camino,
que es el verdadero. Imaginándose, pues que son capaces de
hallar camino mejor, se extravían y lo pasan miserablemente andando
por soledades sin senderos” (17) Establece así que
no basta creer, sino también perseverar y cumplir los mandamientos,
de lo contrario uno vendrá a representar una de esas
piedras carcomidas arrojadas lejos de la torre. Más adelante cuando
el autor del pastor le pregunta a la Dama si
se salvaría, esta le contesta afirmativamente pero si guarda los
mandamientos y persevera en ellos. El Pastor de Hermas, Mandamiento
cuarto, 2,2-4 Yo -dijo- estoy encargado de la penitencia, y
a todos los que se arrepienten les concedo inteligencia. ¿O
es que no te parece -me dijo- que este mismo
arrepentimiento es un género de inteligencia? Si -prosiguió-, el arrepentimiento
es una inteligencia grande. Porque el pecador que hace penitencia
cae en la cuenta que hizo el mal delante del
Señor y sube a su corazón el remordimiento de la
obra que ejecutó y se arrepiente y ya no vuelve
a obrar el mal, sino que se entrega a la
práctica del bien por múltiples modos y humilla y atormenta
su alma por haber pecado. Ya ves, pues, cómo la
penitencia es un género de inteligencia grande. Pues por eso
justamente, señor -le dije,, te quiero preguntar a ti todo
puntualmente; primero, porque soy pecador y quiero saber qué obras
he de practicar para vivir, pues mis pecados son muchos
en número y de muy variadas formas. Vivirás -me contestó-
si guardares mis mandamientos y caminares en ellos. Y quien
quiera que guardare estos mandamientos, vivirá para Dios” (18)
San Ignacio de Antioquía
Obispo de Antioquia, martirizado en
Roma (devorado por los leones) en tiempos del emperador Trajano
(98-117). Se conservan de él las siete cartas que escribió
camino al martirio aproximadamente en el año 107. Pueden consultar
la traducción protestante de las cartas de San Ignacio directamente
AQUI la cual está basada en el libro Los Padres
Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE Para San Ignacio
no basta proclamar la fe, sino perseverar en ella hasta
el final, por eso la fe y la caridad deben
estar trabadas en unidad. El premio del atleta de Dios
es la vida eterna, donde recibirá la recompensa de sus
buenas obras. También establece que la salvación está a disposición
del hombre que quien por su libre albedrío elige entre
la vida y la muerte, pero si no se está
incluso dispuesto a morir por Cristo no se tiene la
vida eterna: Ignacio de Antioquía a los efesios, XIV,1-2 “Nada
de todo eso se os oculta a vosotros, como tengáis
en grado acabado para con Jesucristo aquella fe y caridad
que son principio y término de la vida. El principio,
quiero decir, la fe; el término, la caridad. Las dos,
trabadas en unidad, son Dios, y todo lo demás, que
atañe a la pefección y santidad se sigue de ellas.
Nadie, que proclama la fe, peca; ni nadie, que posee
la caridad, aborrece. El árbol se manifiesta por sus frutos.
Del mismo modo, los que profesan ser de Cristo, por
sus obras se pondrán de manifiesto. Porque no está ahora
el negocio en proclamar la fe, sino en mantenerse en
la fuerza de ella hasta el fin” (19)
Ignacio de
Antioquía a Policarpo, II,3 “Se sobrio, como un atleta de
Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna,
de la que también tú estás persuadido. En todo y
por todo, rescate tuyo soy, y conmigo mis cadenas, que
tú amaste” (20)
Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2 “Atended
al obispo, a fin de que Dios os atienda a
vosotros. Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten
al obispo, a los ancianos y a los diáconos. ¡Y
ojalá que con ellos se me concediera entrar a la
parte en Dios! Trabajad unos junto a otros, luchad unidos
como administradores de Dios, como sus asistentes y servidores. Tratad
de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y
de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de
vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como
vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como
una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las
armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas
obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.” (21)
Ignacio
de Antioquía a Magnesios, V,1-2 “Ahora bien, las cosas están
tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas
dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno
irá a su propio lugar. Es como si se tratara
de dos monedas, una de Dios y otra del mundo,
y que lleva cada una grabado su propio cuño: los
incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la
caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si
no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su
pasión, no tendremos su vida en nosotros.” (22)
San Justino Martir
Mártir de la fe cristiana hacia el
año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del Siglo
II. San Justino hace referencia a la salvación del hombre
no solo en base la fe, sino a su caminar
en la virtud y el mérito de sus acciones: Justino
Martir, Primera Apología 12,1-2 “Nosotros somos vuestros mejores auxiliares y
aliados para el mantenimiento de la paz, pues profesamos doctrinas
como la de que no es posible que se le
oculte a Dios un malechor, un avaro, un conspirador, como
tampoco un hombre virtuoso, y que cada uno camina, según
el mérito de sus acciones, al castigo o a la
salvación eterna. Porque si todos los hombres conocieran esto, nadie
escogería la maldad por un momento, sabiendo que caminaba a
su condenación eterna por el fuego, sino que por todos
los medios se contendría y se adornaría de virtud, a
fin de alcanzar los bienes de Dios y verse libre
de los castigos” (23)
Justino Martir, Primera Apología 21,6 “…ahora,
alcanzar inmortalidad a nosotros se nos ha enseñado que sólo
la alcanzan los que viven en santa y virtuosamente cerca
de Dios, así como creemos que han de ser castigados
con fuego eterno quienes vivieren injustamente y no se conviertan”
(24)
Justino Martir, Primera Apología 16,8 “Mas aquellos que se
vea no viven como El enseñó, sean declarados como no
cristianos, por más que con la lengua repitan las enseñanzas
de Cristo, pues El dijo que habían de salvarse no
los que sólo hablaran, sino que también practicaran las obras.
Y efectivamente dijo así: No todo el que me diga
“Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino
el que haga la voluntad de mi padre que está
en los cielos.” (25) También tiene una perspectiva
clara del libre albedrío y con casi 1400 años de
antelación rechaza la posición calvinista donde el hombre es virtualmente
un títere que no puede resistir la gracia (de donde
concluyen que quien se condena es porque Dios nunca derramó
la gracia sobre él sino que le abandonó a su
maldad). Justino Martir, Primera Apología 43.1-8 “De lo anteriormente por
nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de
que nosotros afirmamos que cuanto sucede, sucede por necesidad del
destino, por el hecho de que decimos ser de antemano
conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a desatar también esta
dificultad. Nosotros hemos aprendido de los profetas, y afirmamos que
ésa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo
mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno
conforme a sus obras; pues de no ser así, sino
que todo sucediera por destino, no habría en absoluto libre
albedrío. Y, en efecto, si está determinado que éste sea
bueno y el otro malo, ni aquel merece alabanza, ni
éste vituperio. Y si el género humano no tiene poder
para huir por libre determinación de lo vergonzoso y escoger
lo bello, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga.
Mas
que el hombre es virtuoso y peca por libre elección,
lo demostramos por el siguiente argumento: Vemos que el mismo
sujeto pasa de un contrario a otro. Ahora bien, si
estuviera determinado ser malo o bueno, no sería capaz de
cosas contrarias ni se cambiaría con tanta frecuencia. En realidad,
no podría decirse que unos son buenos y otros malos,
desde el momento que afirmamos que el destino es la
causa de buenos y malos y que obra cosas contrarias
a sí mismo, o habría que tomar por verdad lo
que ya anteriormente insinuamos, a saber, que virtud y maldad
son puras palabras y que sólo por opinión se tiene
algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra
la verdadera razón, es el colmo de la impiedad y
de la iniquidad. Lo que si afirmamos ser destino ineludible
es que a quienes escogieron el bien, les espera digna
recompenza y a los que lo contrario, les espera igualmente
digno castigo. Porque no hizo Dios al hombre a la
manera de las otras criaturas, por ejemplo, árboles o cuadrúpedos,
que nada pueden hacer por libre determinación; pues en este
caso no sería digno de recompenza o alabanza, no habiendo
por sí mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno;
ni, de haber sido malo, se le castigaría justamente, no
habiéndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra
cosa que lo que fue.” (26) San Teófilo
de Antioquía
Sexto obispo de Antioquía según Eusebio de Cesárea
y San Jerónimo. Solo se conservan tres libros escritos aproximadamente
en el 180 d.C. (A Autólico). En su primer libro
habla de como seremos juzgados de acuerdo nuestras obras, y
de como los que perseveran en las buenas obras obtienen
la vida eterna: Teófilo de Antioquía, Autólico I,14 “Y si
quieres, lee tú también con interés las Escrituras de los
profetas y ellas te guiarán con más claridad para escapar
a los eternos castigos y alcanzar los bienes eternos de
Dios. Porque El, que nos ha dado la boca para
hablar y formó el oido para oír e hizo los
ojos para ver, lo examinará todo y juzgará con justicia,
dando a cada uno según sus méritos. A los que,
conforme a paciencia, buscan la incorrupción por las buenas obras,
les hará gracia de la vida eterna, de alegría, paz,
descanso y muchedumbre de bienes…” (27)
San Ireneo de Lyon
San Ireneo (obispo y mártir). Fue discípulo de San Policarpo
que a su vez fue discípulo del apóstol San Juan.
Celebre por su tratado “Contra las Herejías” donde combate las
herejías de su tiempo, en especial las de los gnosticos.
Nació aproximadamente en el 130 d.C. y murió en el
202 d.C. Para Ireneo la gracia también es resistible porque
Dios hizo libre al hombre, y como Dios derrama su
gracia sobre todos los hombres, quien se condena es por
propia elección, al igual que el que se salva es
porque persevera en las buenas obras: Ireneo de Lyon, Contra
los herejes IV, 37,1-2 “Esta frase: «¡Cuántas veces quise recoger
a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mt 23,37), bien
descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios
hizo libre al hombre, el cual, así como desde el
principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de
que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que
éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a
la fuerza, pues en él siempre está presente el buen
consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto
a los seres humanos como a los ángeles otorgó el
poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-,
a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre
este bien como un don de Dios que ellos custodian.
En cambio no se hallará ese bien en quienes le
desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo; porque Dios
ciertamente les ofreció benignamente este bien, mas ellos ni se
preocuparon por conservarlo ni lo tuvieron por valioso, sino que
despreciaron la bondad suprema. Así pues, al abandonar este bien
y hasta cierto punto rechazarlo, con razón serán reos del
justo juicio de Dios, de lo que el Apóstol Pablo
da testimonio en su Carta a los Romanos: «¿Acaso desprecias
las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que
la bondad de Dios te impulsa a arrepentirte? Por la
dureza e impenitencia de tu corazón amontonas tú mismo la
ira para el día de la cólera, cuando se revelará
el justo juicio de Dios» (Rom 2,4-5). En cambio, dice:
«Gloria y honor para quien obra el bien» (Rom 2,10).
Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual
da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes
obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron
el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en
cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio
de Dios, porque no obraron bien estando en su poder
hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por
naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos
de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así
habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma
naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también
capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres
sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan
testimonio de que han decidido de manera justa y han
perseverado en el bien; en cambio reprueban a los primeros
y los condenan rectamente por haber rechazado el bien y
la justicia. Por este motivo los profetas exhortaban a todos
a obrar con justicia y a hacer el bien, como
muchas veces hemos explicado; porque este modo de comportarnos está
en nuestra mano pero, habiendo tantas veces caído en el
olvido por nuestra mucha negligencia, nos hacía falta un buen
consejo. Por eso el buen Dios nos aconsejaba el bien
por medio de los profetas.” (28) Enfatiza también
que la salvación se obtiene mediante mucho esfuerzo y “luchando”:
Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,7 “Por eso
el Señor dice que el reino de los cielos es
de los violentos: «Los violentos lo arrebatan» , quiere decir
aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos
lo arrebatan. Por eso el Apóstol Pablo escribió a los
corintios: «¿No sabéis que en el estadio son muchos los
que corren, pero sólo uno recibe el premio? Corred de
modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva
de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en
cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera,
y no al acaso; yo no lucho como quien apunta
al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto
al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros,
yo mismo me condene». Siendo un buen atleta, nos exhorta
a competir por la corona de la incorrupción; y a
que valoremos esa corona que adquirimos con la lucha, sin
que nos caiga desde afuera. Cuanto más luchamos por algo,
nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más
lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que
nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido
con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía
sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó
y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello.
De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo
habríamos ganado con ejercicio. La vista no sería para nosotros
un bien tan deseable, si no conociésemos el mal de
la ceguera; la salud se nos hace más valiosa cuando
experimentamos la enfermedad; así también la luz comparándola con las
tinieblas, y la vida con la muerte. De igual modo
el Reino de los cielos es más valioso para quienes
conocen el de la tierra; y cuanto más valioso, tanto
más lo amamos; y cuanto más lo amamos, tanto más
gloria tendremos ante Dios.” (29) Ireneo es otro
padre que rechaza la doctrina de Salvo siempre Salvo: Ireneo
de Lyon, Contra los herejes IV, 27,2 “Por eso decía
aquel presbítero, no debemos sentirnos orgullosos ni reprochar a los
antiguos; sino hemos de temer, no sea que después de
conocer a Cristo hagamos lo que no agrada a Dios,
y en consecuencia no se nos perdonen ya nuestros pecados,
sino que se nos excluya de su Reino. Pablo dijo
a este propósito: «Si no perdonó las ramas naturales, él
quizá tampoco te perdone, pues eres olivo silvestre injertado en
las ramas del olivo y recibes de su savia»”. (30)
Clemente de Alejandría
Nació hacia el año 150,
probablemente en Atenas, de padres paganos; después de hacerse cristiano,
viajó por el sur de Italia y por Siria y
Palestina, en busca de maestros cristianos, hasta que llegó a
Alejandría; las enseñanzas de Panteno (jefe de la escuela catequética
de Alejandría, en Egipto) hicieron que se quedara allí. Hacia
el año 202, la persecución de Septimio Severo le obligó
a abandonar Egipto, y se refugió en Capadocia, donde murió
poco antes del 215.
Su conocimiento de los escritos paganos
y de la literatura cristiana es notable; según Quasten, en
sus obras se encuentran unas 360 citas de los clásicos,
1500 del Antiguo Testamento y 2000 del Nuevo, por tanto
es considerado cronológicamente como el primer sabio cristiano conocedor profundo
no sólo de la Sagrada Escritura sino de obras las
obras cristianas anteriores a él, e incluso obras de literatura
profana. Clemente consideraba el cristianismo la realización más bella y
el coronamiento de todos los elementos de verdad dispersos en
la filosofía. Su rechazo a la doctrina de
la Sola Fides es tan diáfano que no hace falta
comentar nada: Clemente de Alejandría, Stromata, VI, XIV “Hay también
otras ovejas” dice el Señor, «las cuales no son de
este redil» – consideradas dignas de otro redil y morada,
en proporción a su fe. «Pero mis Ovejas oyen mi
voz» entendiendo intuitivamente los mandamientos. Y estos deben ser tomados
en magnánima y digna aceptación así como también la recompensa
fruto del trabajo. Así que cuando oímos, «Tu fe te
ha Salvado», no pensamos que El dice absolutamente que los
que han creído serán salvados, a no ser que también
trabajen para ello. Pero fue solo para los judíos que
el dijo estas palabras, quienes guardaban la ley y vivían
de manera blasfema, quienes querían solo fe en el Señor.
Nadie entonces puede ser un creyente y al mismo tiempo
licencioso; pero aunque renuncie a la carne, el creyente debe
vencer las pasiones, para así se capaz de alcanzar su
propia morada.
Ahora sabemos que es mas que creer, al
ser coronado con el mas alto honor inmediatamente ser salvo
es algo mayor que el salvado. En consecuencia el creyente,
a través de una gran disciplina, quitándose las pasiones, pasa
a la morada que es mejor que la anterior, a
sabiendas que el mayor tormento, es llevar con él, el
arrepentimiento por los pecados cometidos después del bautismo.” (31)
San Hipólito
Se desconoce el lugar y fecha de
su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo de San Ireneo
de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía y los
misterios griegos, su misma psicología, indica que procedía del Oriente.
Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Origenes—durante
su viaje a la capital del Imperio—le oyó pronunciar un
sermón.
Con ocasión del problema de la readmisión en la
Iglesia de los que habían apostatado durante alguna persecución, estalló
un grave conflicto que le opuso al Papa Calixto, pues
Hipólito se mostraba rigorista en este asunto, aunque no negaba
que la Iglesia tiene la potestad de perdonar los pecados.
Tan fuerte fue el contraste que se separó de la
Iglesia y, elegido obispo de Roma por un reducido círculo
de partidarios suyos, fue así el primer antipapa de la
historia.
l cisma se prolongó tras la muerte de Calixto,
durante el pontificado de sus sucesores Urbano y Ponciano. Terminó
en el año 235, con la persecución de Maximino, que
desterró al Papa legítimo (Ponciano) y a Hipólito a las
minas de Cerdeña, donde se reconciliaron. Allí los dos renunciaron
al pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana,
que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y
dar por terminado el cisma. Tanto Ponciano como Hipólito murieron
en el año 235. San Hipólito al igual que el
resto de los padres reconoce que el hombre por medio
de la fe se prepara para la vida eterna a
través de sus buenas obras, por las cuales alcanzarán el
reino de los cielos: San Hipólito, Comentarios sobre proverbios “Y
de igual manera, los gentiles por la fe en Cristo,
preparan para ellos la vida eterna a través de buenas
obras” (32)
San Hipólito, Contra Platón sobre el Universo
“Él, al administrar el justo juicio del Padre a todos,
dará a cada quien lo que es justo de acuerdo
a sus obras…la justificación será vista en en dar a
cada uno lo que es justo; desde aquellos que han
hecho bien, tendrán un justo gozo eterno, y los amantes
de la iniquidad tendrán un castigo eterno . . Pero
los justos recordarán sólo las buenas obras por las cuales
alcanzaron al reino de los cielos, en la cual no
hay sueño, ni dolor, ni corrupción” (33)
Orígenes
Orígenes fue
escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico. Vivió en Alejandría hasta
el 231, se pasó los últimos 20 años de su
vida en Cesarea del Mar, Palestina y viajando por el
imperio romano. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana
en su época y ejerció una extraordinaria influencia como intérprete
de la Biblia.
Orígenes es cuidadoso en alertar que los
cristianos deben ser instruidos para entender que no basta solo
creer, sino también obrar: Orígenes, Comentario sobre Romanos 2:5 “Ahora
consideremos el justo juicio de Dios, en el que se
recompensa a cada uno según sus obras. En primer lugar
debemos rechazar los herejes que dicen que las almas buenas
o malas por naturaleza y mantener en su lugar que
Dios recompensará a cada uno según sus obras y no
según su naturaleza. En segundo lugar, los creyentes serán inistruidos
para no pensar que es suficiente solamente creer; ellos deben
darse cuenta que el justo juicio de Dios recompensará a
cada uno según sus obras” (34)
Orígenes, Comentario sobre Romanos
4:2 “Que nadie piense que alguien que tiene fe suficiente
para estar justificado y tener gloria ante Dios al mismo
tiempo tener maldad viviendo en él. Porque la fe no
puede coexistir con la incredulidad, ni la justicia con la
maldad, como la luz y las tinieblas no pueden vivir
juntos. (35) También reconoce que los creyentes justificados
pueden caer del estado de gracia cuando por su propia
voluntad cometen pecados graves y no cumplen los mandamientos (si
el hombre puede hacer o dejar de hacer algo que
luego de justificado lo haga perder su salvación, entonces nuevamente
ya la salvación no es solo fe): Orígenes, Comentario sobre
Romanos 2:25 “…Incluso en la iglesia, si alguien es «circunciso»
por la gracia del bautismo y luego se convierte en
transgresor de la ley de Cristo, la circuncisión del bautismo
cuenta para él como incircuncisión, porque «la fe sin obras
es muerta» (36)
Orígenes, De Principiis, Libro III,1 “El Salvador
también diciendo, «yo os digo: no resistan al mal» y,
«El que se enoje contra su hermano, será culpable de
juicio», y «quien mira a una mujer para desearla, ya
ha cometido adulterio con ella en su corazón», y así
como en otros mandamientos, no se transmite otra cosa sino
que está es facultad nuestra observar lo que se ha
mandado. Por lo tanto, somos con razón responsables de condenación
si transgredimos los mandamientos que somos capaces de cumplir. Y,
por tanto, también él mismo declara: «Quien oye mis palabras,
y las practica es como un hombre sabio que edificó
su casa sobre una roca». También la declaración: «Quien oye
estas cosas, y que no haga, es como un hombre
necio que edificó su casa sobre la arena»". Incluso las
palabras que ha dirigido a aquellos que están en su
mano derecha, «Venid a mí, benditos de mi Padre», «Porque
tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y
me dieron de beber», muestra claramente que dependía de ellos
mismos, quienes deberían ser merecedores de alabanza por hacer lo
que fue mandado y recibiendo lo que fue prometido, o
merecedores de censura quienes oido o recibido lo contrario les
fue dicho «Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno». Observemos
también lo que el apóstol Pablo nos enseñó sobre tener
el poder sobre nuestra propia voluntad, poseedores de cualquiera de
las causas de nuestra salvación o ruina : «¿Desprecias las
riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que su
bondad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y
por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira
para el día de la ira y de la revelación
del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada
uno conforme a sus obras: vida eterna a los que,
perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honra e inmortalidad;
pero ira y enojo a los que son contenciosos y
no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la
injusticia. Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace
lo malo, sobre el judío en primer lugar, y también
sobre el griego; en cambio, gloria, honra y paz a
todo el que hace lo bueno: al judío en primer
lugar y también al griego» Encontrarán también innumerables pasajes de
la Sagrada Escritura que claramente demuestran que tenemos libre albedrío.
De lo contrario sería una contrariedad los mandamientos datos a
nosotros, por observar aquello que nos podría salvar, o por
transgreddir aquello que nos condenaría, si el poder de mantenerlos
no fuera dado a nosotros.” (37)
En su obra más
importante conocida como De principiis o el Peri-Archon (Περί αρχών
) escribe Orígenes, De Principiis, Prefacio 5 “La enseñanza apostólica
es que el alma, teniendo una substancia y vida propia,
será, luego de su partida del mundo, recompensada de acuerdo
con sus merecimientos, siendo destinada a obtener la herencia de
vida eterna y bienaventuranza, si sus acciones lo han procurado,
o será entregada al fuego y penas eternas, si la
culpa de sus crímenes la ha llevado a ello.” (38)
San Cipriano de Cártago
San Cipriano nació hacia
el año 200, probablemente en Cartago, de familia rica y
culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. El
disgusto que sentía ante la inmoralidad de los ambientes paganos,
contrastado con la pureza de costumbres de los cristianos, le
indujo a abrazar el cristianismo hacia el año 246. Poco
después, en 248, fue elegido obispo de Cartago. Al arreciar
la persecución de Decio, en 250, juzgó mejor retirarse a
un lugar apartado, para poder seguir ocupándose de su grey.
San Cipriano también establece como condición para salvarse el cumplimiento
de los mandamientos y las buenas obras: Cipriano de Cártago,
Sobre la unidad de la Iglesia 16 “Profetizar y echar
fuera demonios, y hacer grandes actos en al tierra, son
sin duda, cosas sublimes y admirables, pero uno no alcanza
el reino de los cielos aunque haga todas esas cosas,
a no ser que camine en la observancia del derecho
y la justicia. El Señor denuncia, y dice, “Muchos me
dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en
tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y
en tu nombre hicimos muchos milagros? Y yo les diré
«Nunca los conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad». Existe
la necesidad de justicia, que uno puede bien merecer de
Dios el juez; debemos obedecer sus preceptos y advertencias, para
que nuestros méritos puedan recibir su recompensa” (39)
Cipriano de
Cártago, Sobre los lapsos, Tratado III,17 “Creemos, en efecto, que
los méritos de los mártires y las obras de los
justos son de gran valor con el Juez, pero que
será cuando el día del juicio venga, cuando, después de
la conclusión de esta vida y el mundo, su pueblo
estará en pie ante el tribunal de Cristo” (40)
En De opere et eleemosynis (Las buenas obras y
las limosnas) escribe: Cipriano de Cártago, Las buenas obras y
la limosna. Tratado VIII,2 “El Espíritu Santo habla en las
Sagradas Escrituras, y dice, «por la limosna y la fe
se purgan los pecados». Seguramente no los pecados que habían
sido previamente contraidos, sino aquellos que son limpiados por la
sangre y santificación de Cristo. Además, Él dice que de
nuevo «como en el lavado del agua salvífica el fuego
del infierno es extinguido, así también es sojuzgada la llama
por la limosna y por las buenas obras». Porque en
el bautismo se concede la remisión de los pecados una
vez para siempre, el ejercicio constante e incesante de las
buenas obras, a semejanza del bautismo, otorga de nuevo la
misericordia de Dios…; los que después de la gracia del
bautismo se han descarriado, pueden ser limpiados otra vez” (41)
Aquí San Cipriano explícitamente habla de como por medio de
buenas obras se obtiene también el perdón de los pecados
cometidos luego del bautismo (un concepto totalmente ajeno a la
doctrina protestante). Es notorio también que cite como Escritura no
solo a proverbios (16,6) , sino a Eclesiastico (3,30) ,
y en el capítulo 5 cita Tobías, dos libros que
los protestantes han sacado de sus Biblias acusándolos de ser
“apócrifos” (por lo visto, para San Cipriano no).
De este mismo texto comenta Quasten:
“Cipriano enseña aquí la
eficacia de las buenas obras para la salvación. Puesto que
nadie está exento «de alguna herida de la conciencia», todo
el mundo está obligado a practicar la caridad. No puede
haber excusa para nadie. Los que temen que sus riquezas
disminuyan por el ejercicio de la generosidad y se vean
expuestos en el futuro a la pobreza y a la
necesidad, deberían saber que Dios cuida de aquellos que socorren
a los demás. «Que nadie, carísimos hermanos, impida y retraiga
a los cristianos del ejercicio de las obras buenas y
rectas, con la consideración de que alguno pueda excusarse de
ellas en beneficio de sus hijos, puesto que en los
desembolsos espirituales debemos pensar solamente en Cristo, que ha declarado
que es El quien los recibe, prefiriendo, no nuestros semejantes,
sino el Señor a nuestros hijos» (16). «Si realmente quieres
a tus hijos, si les demuestras plenamente la suavidad de
tu amor paternal, deberías ser tanto más caritativo, a fin
de que por tus buenas obras puedas recomendar tus hijos
a Dios»(18). Este tratado de Cipriano fue una de las
lecturas favoritas de la antigüedad cristiana. Las actas del concilio
general de Efeso (431) citan varios pasajes, aunque no sabemos
de ninguna traducción griega de esta obra” (42)
Cipriano de
Cártago, Las buenas obras y la limosna. Tratado VIII,2 “Los
remedios para propiciar a Dios son dados en las palabras
de Dios mismo; las instrucciones divinas han enseñado lo que
los pecadores deben hacer, que por obras de justicia de
Dios es satisfecho….” (43) Lactancio
Nació en el
Norte de Africa, hacia el año 250, de familia pagana.
Abrazó el cristianismo probablemente en Nicomedia. Durante la última gran
persecución, hacia el año 303, se vio obligado a abandonar
su cátedra y a exilarse en Bitinia. Después del Edicto
de Milán, Constantino le llamó a Tréveris para confiarle la
educación de Crispo, su hijo mayor. Se estima murió en
torno al año 317. En Divinae institutiones haciendo referencia al
libre albedrío advierte que podemos ganar la vida eterna por
nuestra virtud o perderla por nuestros vicios (nuevamente nada de
Sola Fides): Lactancio, Las instituciones divinas, VII,5 “Por esta razón
El nos ha dado la vida, que podemos o perder
aquella verdad y vida eterna por nuestros vicios, o ganarla
por nuestra virtud” (44) San Hilario de Poitiers
Obispo y escritor, santo, Padre y Doctor de la Iglesia
nacido a principios de siglo IV, hacia 315, en Poitiers
(Francia) y fallecido en esta misma ciudad en 367. San
Hilario habla de como el perseverar en la fe es
también un don de Dios, pero eso no excluye el
libre albedrío: Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Nun,20 Perseverar
en la fe es un don de Dios, pero el
primer movimiento de la fe comienza en nosotros. Nuestra voluntad
debe ser tal que, propiamente y por sí misma lo
haga. Dios le dará el aumento después que ha sido
hecho el comienzo. Nuestra debilidad es tal que no podemos
llevar por nosotros mismos llevarla a término, pero él recompensa
el comienzo en vista de haber sido hecho libremente” (45)
Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Ain,10 La debilidad humana
es impotente si espera lograr algo por sí misma. El
deber de tal naturaleza es simplemente esto: hacer el comienzo
con la voluntad, con el fin de adherirse al servicio
del bien. La misericordia divina es tal que ayudará a
los que están dispuestos, fortaleciendo aquellos que han comenzado y
asistiendo a aquellos que están tratando. El comienzo sin embargo,
es parte nuestra, tal que él pueda traernos a la
perfección” (46) Rechaza con antelación la doctrina cavinista
de la predestinación donde se atribuye la elección a un
juicio divino inescrutable. Para San Hilario esta distinción se basa
en el mérito (nuevamente nada de Sola Fides) Hilario de
Poitiers, Sobre los salmos 64 [65], sección 5 “Porque de
acuerdo al evangelio, muchos son los llamados y pocos los
escogidos…La elección, por lo tanto, no es cuestión de juicio
accidental. Es una distinción hecha por medio de una selección
basada en el mérito. Beato, entonces, es él que elige
a Dios: bendecido por la razón que él es digno
de la elección.” (47) San Atanasio
Nacido hacia
fines del siglo III y principios del IV. Aproximadamente en
el año 320 cuando es ordenado diácono, y como diácono
asistió al al Concilio de Nicea. En 328 era ordenado
obispo antes de cumplir treina años. Es reconocido como doctor
de la Iglesia y campeón de la ortodoxia por su
defenza a la fe nicena. Afirma que en el juicio
se verá si hemos perseverado en la fe y cumplido
los mandamientos: San Atanasio, Vida de san Antonio 33 Para
esto no es productivo de la virtud, ni es ninguna
muestra de bondad. Para ninguno de nosotros se juzga por
lo que no sabe, y nadie es llamado santo por
su aprendizaje y conocimiento, sino que cada uno será llamado
a juicio en esos puntos - si han mantenido la
fe y realmente observado los mandamientos. (48)
Atanasio de Alejandría,
La encarnación del verbo 56 “Él ha de venir, no
a sufrir, sino a hacernos frutos de su propia cruz,
el cual es la resurrección y la incorrupción, y ya
no para ser juzgado, sino a juzgar a todos, por
lo que cada uno ha hecho en la vida mortal,
ya sea el bien o el mal…Así, el Señor mismo
también dice «verán al Hijo del Hombre sentado a la
diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo
en la gloria del Padre»…De acuerdo al beato Pablo: «Todos
tenemos que estar ante el tribunal de Cristo para que
cada uno reciba lo que hizo en su vida mortal,
ya sea el bien o el mal»” (49)
En su obra Contra los arrianos, en el capítulo 25
del tercer discurso declara que es posible caer del estado
de gracia y perder la salvación al cometer pecados gravies
y no hacer penitencia: Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos
3,25 “Por lo que la Palabra tiene por naturaleza, como
yo dije, en el Padre, que El desea nos sea
dada irrevocablemente por el Espíritu, a sabiendas de que el
Apóstol dice, «¿Quién nos separará del amor de Cristo?», pues
«los dones de Dios» y «y la gracia de Su
llamado son irrevocables». Este es el Espíritu del que está
en Dios, y no el que vemos en nosotros mismos;
y como somos hijos y dioses porque la Palabra Es
en nosotros, así deberíamos estar en el Hijo y el
Padre, y seremos considerados para ser uno con el Hijo
y el Padre, porque el Espíritu esta en nosotros, el
cual esta en la Palabra y en el Padre. Cuando
entonces un hombre cae del Espíritu por cualquier maldad, si
se arrepiente de haber caído, la gracia queda irrevocablemente a
como este dispuesto, de lo contrario, si el que ha
caído no esta mas en Dios (porque el Espíritu Santo
y Paráclito que esta en Dios lo ha abandonado) pero
el pecador estará en aquel que lo ha sometido ,
como ocurrió en el caso de Saúl, el Espíritu de
Dios se apartó de él y un espíritu maligno lo
afligía.". (50)
Atanasio de Alejandría, Cartas festales XI,7 “Por lo
tanto, la meditación de la ley es necesaria, mi amado,
y el continuo conversar con la virtud, «para que el
santo se encuentre perfecto y preparado para toda obra buena».
Por estas cosas es la promesa de vida eterna, como
Pablo escribió a Timoteo, llamándolo al constante ejercicio y meditación,
y diciendo «ejercítate para la piedad. Porque el ejercicio corporal
es provechoso para un poco; mas la piedad a todo
aprovecha, porque tiene promesa de esta vida presente, y de
la venidera»” (51) San Cirilo de Jerusalén
Nació
en Jerusalén o en sus cercanías, hacia el 313 ó
315, en el 348 era ya obispo. Murió aproximadamente en
el año 386. Nuevamente concibe la salvación desde una perspectiva
completamente opuesta a los reformadores. Para salvarse no hay solo
que creer, sino perseverar unido a Cristo como el sarmiento
a la vid, de lo contrario la posibilidad de que
Jesús nos maldiga por no producir frutos está latente. Es
por eso que al cristiano le corresponde aportar fruto para
no ser cortado. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis I,4 “Eres
hecho partícipe de una vid santa: si permaneces en la
vid, crecerás como un sarmiento fructífero; pero si no permaneces,
serás consumido por el fuego. Así pues, produzcamos fruto dignamente.
Que no nos suceda lo mismo que a aquella vid
infructuosa, no sea que, al venir Jesús, la maldiga por
su esterilidad. Que todos puedan, en cambio, pronunciar estas palabras.
«Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios,
confio en el amor de Dios para siempre jamás» .
No se trata de un olivo sensible, sino inteligible, portador
de la luz. Lo propio de él es plantar y
regar; pero a ti te corresponde aportar el fruto. Por
ello, no desprecies la gracia de Dios: guárdala piadosamente cuando
la recibas.” (52) San Basilio el Grande
Nació
hacia el año 329 en Cesarea de Capadocia llegó a
ser uno de los Padres de la Iglesia griega que
más brillaron en el siglo IV. Murió aproximadamente en el
año 379 Para San Basilio para salvarse no basta nisiquiera
solo renunciar al pecado, sino que los frutos (obra) también
son requeridas: Basilio el Grande, Las Morales I,3 “La mera
renuncia del del pecado no es suficiente para la salvación
de los penitentes, sino también los frutos dignos de penitencia,
que también se requiere de ellos”(53)
Basilio el Grande, Las
Morales II,1 “Quien obedezca el evangelio debe ser purgado de
todos las deshonras de la carne y el espíritu para
que pueda ser aceptable a Dios en orden de las
buenas obras de santidad” (54) Basilio el Grande, Sobre el
Espíritu Santo XVIII “Es de acuerdo a tus méritos el
«estar siempre con el Señor», y si esperas ser arrebatado
«en las nubes al encuentro con el Señor en el
cielo para estar siempre con el Señor»” (55)
También reconoce que aquellos que se salven serán aquellos que
fueron fieles. Habla también de como aquellos que reciben al
Espíritu Santo pueden ser apartados de Él si comienzan a
vivir una vida pecaminosa: Basilio el Grande, Sobre el Espíritu
Santo XVI,40 Ellos, entonces, que fueron sellados por el Espíritu
hasta el día de la redención, y preservaron puros e
intactos los primeros frutos que recibieron del Espíritu, son ellos
los que oirán las palabras «¡Muy bien, siervo bueno!; ya
que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno
de muchas cosas». De la misma manera que los que
han ofendido al Espíritu Santo por la maldad de sus
caminos, o no han forjado para él lo que Él
les dio, serán privados de lo que han recibido, y
su gracia será dada a otros; o, de acuerdo con
uno de los evangelistas, serán totalmente cortados en pedazos –
cuyo significado es ser separados del Espíritu” (56)
Basilio el
Grande, Homilía I,4 “Dios es el Creador del universo, y
el justo juez que recomenza todas las acciones de la
vida de acuerdo a sus méritos” (57)
Basilio el Grande,
Sobre los salmos 114, no 5 “..Espera el descanso eterno
a los que han luchado a través de la vida
atento de las disposiciones de la ley, no como pago
adeudado de sus obras, pero otorgado como un don de
Dios en la magnificencia a los que han de esperado
en él” (58) San Gregorio de Nisa
Nacido
entre el 331 al 335 d.C. Fue consagrado obispo en
el 371 y fallece en el 394. Para ilustrar la
necesidad de no solo la fe sino de las obras
para la salvación, Gregorio utiliza la figura de la armadura
del hoplita (http://es.wikipedia.org/wiki/Hoplita), soldado élite de la armada griega que
poseía una coraza especial que constaba de dos placas que
protegían ambos lados del torzo. Gregorio compara al hoplita bien
armado por ambos lados, con el cristiano que tiene fe
y obras. Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Eclesiastés 8
Pablo, uniendo la virtud a la fe y tejiéndolas juntas,
construye de ellas la coraza del hoplita, armando al soldado
propia y seguramente de ambos lados. Un soldado no puede
considerarse satisfactoriamente armado cuando una parte de la armadura no
está unida a la otra.La fe sin las obras de
justicia no son suficientes para la salvación, ni tampoco sin
embargo, es justo vivir seguro en si mismo para la
salvación, si se separa de la fe” (59)
San Ambrosio
Padre y doctor de la Iglesia nacido en
el año 340 consagrado obispo en el año 374 quien
fue también un ardiente defensor de la ortodoxia en contra
del arrianismo. Muere en el año 397. Para San Ambrosio
habla de como las obras serán puestas en el juicio
en una balanza en la cual se decidirá si nos
salvaremos o nos condenaremos, por tanto la vida eterna no
se basa solo en el conocimiento de las cosas divinas
sino también en el fruto de las buenas obras: Ambrosio,
Carta II, a Constancio, un obispo “Los méritos de cada
no de nosotros serán colocados en una balanza, en la
cual un poco de peso, ya sea de buenas obras
o de mala conducta la balancearán a su destino, si
el mal prevalace, ¡hay de mi! si lo hace bien,
se recibe el indulto. Ningún hombre está libre del pecado,
pero donde el bien prevalece, el mal se aleja, se
eclipsa, y cubre. Por tanto, en el día del juicio
nuestras obras nos socorrerán o nos hundirán a la profundidad
con el peso de una piedra de molino…” (60)
San
Ambrosio, Sobre los deberes del clero, Libro II, 2,5 “Pero
las Sagradas Escrituras dicen que la vida eterna se basa
en el conocimiento de las cosas divinas y en el
fruto de buenas obras. El Evangelio es testigo de estos
ambas sentencias. Porque el Señor Jesús habló así del conocimiento:
“Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tu
haz enviado”. Sobre las obras dio esta respuesta: Todo el
que abandone casa, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos, o
tierras por ni nombre, recibirá el ciento por uno, y
heredará la vida eterna” (61) San Juan Cristóstomo
Considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia
oriental, nació en Siria aproximadamente en el año 347 Fue
patriarca de Constantinopla y murió en el 404 d.C. Es
tajante en recordar que para tener vida eterna no basta
creer, porque si no se lleva una vida recta la
fe no vale de nada para salvarse: Juan Cristóstomo, Homilía
sobre el evangelio de Juan 31,1“«¿Es entonces suficiente», dijo uno
«creer en el Hijo, para tener vida eterna?». De ninguna
manera. Y escuchar esta declaración de Cristo mismo, y decir:
«No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en
el reino de los cielos», y la blasfemia contra el
Espíritu es suficiente para lanzar un hombre al infierno. Pero,
¿por qué hablo de esta porción de doctrina? Aunque el
hombre crea debidamente en el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo, sino lleva una vida recta su fe no
le valdrá nada para su salvación. Por lo tanto cuando
Él dijo,«Esta es la vida eterna, que te conozcan a
Ti, el el único Dios verdadero», no debemos suponer que
el (conocimiento) de que habla es suficiente para nuestra salvación…Aunque
se ha dicho aquí, «El que cree en el Hijo
tiene vida eterna»…todavía nisiquiera de esto afirmamos que la fe
sola es suficiente para la salvación.Y las directrices de vida
dadas en muchos lugares del evangelio muestran esto” (62)
Juan
Cristóstomo, Homilía sobre la epístola a los corintios 23,2 “«No
piense» dice él, “que porque habeis creído, que esto es
suficiente para su salvación…a menos que exhiba una conducta intachable”
(63) San Jerónimo
Reconocido como uno de los
cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las
ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero,
hombre de vida ascética, eminente literato. Nació en el año
347 y murió en el 420. San Jerónimo al igual
que otros padres declara que los bautizados pueden caer del
estado de gracia y perder su salvación por medio de
las elecciones de su libre albedrio. Aquellos que por medio
de la gracia soporten las pruebas recibirán la corona de
la vida: “No va de acuerdo a la justicia divina
olvidar las buenas obras, y las acciones que has ministrado
y ministras a los santos por su nombre, y para
recordar solamente los pecados. El apóstol Santiago también, a sabiendas
de que los bautizados pueden ser tentados, y caer de
su propia libre elección, dice «Bienaenturado el hombre que soporta
la tentación, porque cuando ha sido aprobado recibirá la corona
de la vida que el Señor les prometió a quienes
le aman». Y que no podemos pensar que somos tentados
por Dios, como leemos en el Génesis que Abraham fue,
añade: «Que nadie diga cuando es tentado, es tentado de
Dios: porque Dios no puede ser tentado por el mal
ni tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado
por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce.
Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el
pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte».
Dios nos creó con libre albedrío, y no somos forzados
por la necesidad ni a la virtud ni al vicio.
De lo contrario, si no estamos obligados por necesidad, no
hay corona. Como en las buenas obras es Dios quien
los trae a la perfección, ya que no es de
quien quiera, ni de lo que corre, sino de Dios
que piadosamente nos ayuda a ser capaces de llegar a
la meta” (64) San Agustín
Obispo de Hipona
y doctor de la iglesia, es reconocido como un de
los cuatro doctores mas reconocidos de la Iglesia Latina. Nació
en el 354 y llegó a ser obispo de Hipona
durante treinta y cuatro años. Combatió duramente todas las herejías
de la época y murió el año 430 San Agustín
es muy citado por protestantes (tanto luteranos y calvinistas) como
un exponente de la doctrina de la Sola Fides y
por sus textos relacionados con la predestinación. Particularmente no puedo
explicarme el porqué existiendo también textos tan claros del mismo
Agustín sobre el purgatorio, la oración por los difuntos, doctrinas
opuestas a la Sola Fides. La mayoría de los textos
citados por protestantes son textos donde San Agustín combate al
pelagianismo (una herejía que predicaba que el hombre se salvaba
por obras y no por gracia). Pelagio vendría siendo algo
así como la Némesis de Lutero (Pelagio predicaba “Solo Obras”,
Lutero “Solo Fides”, San Agustín la doctrina ortodoxa: La católica)
Un ejemplo lo tenemos en lo referente al
libre albedrío, que Lutero declaró ser “pura mentira” (en De
Servo Arbitrio) , sin embargo, cuando Agustín es acusado por
los pelagianos de negar el libre albedrío se defiende vigorozamente:
Agustín de Hipona, Replica a Juliano IV,47 “Afirmas que en
otro de mis libros dije: «Se niega el libre albedrío
si se defiende la gracia, y se niega la gracia
si se defiende el libre albedrío». Pura calumnia. No dije
esto; lo que dije fue que esta cuestión presenta tan
enormes dificultades que pudiera parecer que se niega uno si
se admite la otra. Y como mis palabras son pocas
las voy a repetir para que vean mis lectores cómo
amañas mis escritos y con qué mala fe abusas de
la ignorancia de los tardos y romos de inteligencia, para
hacerles creer que me has respondido porque no sabes callar.
Dije hacia el final del primer libro, dedicado al virtuoso
Piniano, cuyo título es De gratia contra Pelagium: «En esta
cuestión que trata del libre albedrío y de la gracia
de Dios es tan difícil delimitar el campo, que, cuando
se defiende el libre albedrío, parece se niega la gracia
de Dios, y cuando se defiende la gracia de Dios,
parece se destruye el libre albedrío». Pero tú, varón honesto
y verás, suprimes las palabras que dije y pones otras
de tu invención. Dije, sí, que esta cuestión era difícil
de resolver, no que fuera imposible. Y mucho menos afirmé,
como falsamente me acusas, que, si se defiende la gracia,
se niega el libre albedrío, si se defiende el libre
albedrío, se niega la gracia de Dios. Cita mis palabras
textuales y se evaporan tus calumnias” (65) Agustín de Hipona,
Replica a Juliano III,2 “No es cierto, como dices “que
llamamos pelagianos o celestianos a todo el que reconoce en
el hombre el libre albedrío y afirme que Dios es
el creador de los niños", sino que damos este nombre
a los que no atribuyen la libertad, a la que
hemos sido llamados, a la gracia divina; y a los
que rehúsan reconocer a Cristo como Salvador de los niños;
a los que no admiten en los justos la necesidad
de dirigir a Dios petición alguna de la oración dominical.
A éstos sí, los llamados pelagianos y celestianos, porque participan
de sus criminales errores.” (66) Agustín de Hipona, Replica a
Juliano V,65 “Dices que “alabo la continencia de los
tiempos cristianos no para encender a los hombres en amor
a la virginidad, sino para condenar el matrimonio, instituido por
Dios". Mas para que nadie crea te atormenta la sospecha
de una mala interpretación de mis sentimientos, me dices, como
queriendo aprobar: “Si con sinceridad exhortas a los hombres a
la virginidad, has de confesar que la virtud de la
castidad puede ser observada por los que quieran, de suerte
que cualquiera puede ser santo en el cuerpo y en
el espíritu". Respondo que lo admito, pero no en tu
sentido. Tú atribuyes este poder sólo a las fuerzas del
libre albedrío; yo lo atribuyo a la voluntad, ayudada por
la gracia de Dios. Sin embargo, pregunto: ¿Sobre qué ejerce
el espíritu su poder para no pecar sino sobre un
mal que, si vence, nos hace caer en pecado? Y
para no tener que decir, con los maniqueos, que este
mal viene de una naturaleza mala, a nosotros extraña y
con la cual se mezcla, nos resta confesar que existe
en nuestra naturaleza una herida que es necesario curar, y
cuya mancha nos hace culpables si no es lavada por
el sacramento de la regeneración” (67) San Agustín
también rechaza la posición calvinista y declara que es el
hombre por su propia elección quien pierde la gracia y
se hace malvado (Calvino afirmaba que quienes no fueron predestinados
nunca recibieron la gracia, porque de haberla recibido, no pudieran
resistirla y se salvarían
Agustín de Hipona, Amonestación y Gracia
6,9 “Pero si alguien ya regenerado y justificado tendría, por
voluntad propia, que recaer en su mala vida, ciertamente ese
hombre no puede decir: Yo no lo he recibido; porque
él perdió la gracia que él recibió de Dios y
por su propia libre elección se hizo malvado” (68) Agustín
de Hipona, Comentario sobre los Salmos 83:16 “Él otorgó el
perdón, y pagará la corona. Del perdón es donador, y
de la corona deudor, pero ¿por qué deudor? ¿Él recibió
algo?…El Señor se hizo a sí mismo deudor no por
recibir algo, sino por prometer algo. Uno no le dice
“Paga por aquello que haz recibido”, sino , “Paga por
aquello que haz prometido” (69) También rechaza explícitamente
la doctrina de la Sola Fides:
Agustín de Hipona, Manual
de fe, esperanza y caridad XVIII,3 “Ahora, si el malvado
fuera salvado por el fuego a cuenta de solamente su
fe, y si esta fue al forma en que el
pasaje del bienaventurado Pablo debería ser entendido-”Pero él mismo será
salvado, como por fuego”– entonces la fe sin obras sería
suficiente para salvarse. Pero entonces lo que el apostol Santiago
dice sería falso. Y también falso sería otra frase del
mismo Pablo: “No se equivoquen", dice, “ni los fornicarios, ni
los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los
homosexuales, ni ladrones, ni los codiciosos, ni borrachos, ni revilers,
ni extortioners, heredarán el reino de Dios” (70)
Quizá la declaración más clara de San Agustín a este
respecto lo tenemos en su tratado sobre la gracia y
el libre albedrio. Agustín de Hipona, Sobre la gracia y
el libre albedrío. XVIII-XX “La fe sin buenas obras no
es suficiente para la salvación Personas poco inteligentes, sin embargo,
con respecto a las palabras del apóstol: «pensamos que el
hombre es justificado por la fe, sin las obras de
la ley» han pensado que quiere decir que la fe
es suficiente para un hombre, incluso cuando lleva una mala
vida, sin buenas obras. Imposible es que tal persona debiera
juzgarse recipiente de la elección por el apostol, quien, después
de declarar que en Cristo Jesús ni la circuncisión vale
algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por
la caridad. Es esa la fe infiel a Dios de
los demonios impuros, -que incluso «creen y tiemblan», como dice
el apóstol Santiago. Por tanto, ellos no poseen la fe
por la que el hombre vive, - la fe que
actúa por el caridad en tal sabiduría, que Dios la
recompensa de acuerdo a sus obras con la vida eterna.
Pero en la medida en que tenemos nuestras buenas obras
de Dios, de quien también proviene de nuestra fe y
nuestro amor, por lo que el mismo gran maestro de
los gentiles ha designado a la vida eterna como un
regalo de Su gracia”.
Y de aquí nace otro problema
de no poca importancia, que, con la gracia de Dios,
hemos de resolver. Si la vida eterna se da a
las buenas obras, como con toda claridad lo dice la
Escritura: Porque el Hijo del Hombre. . .pagará a cada
uno conforme a sus obras, ¿cómo puede ser gracia la
vida eterna, si la gracia no se da por obras,
sino gratis, de acuerdo con el Apóstol: Pero al que
obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino
como deuda? Y en otro lugar: Así también aun en
este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia y
a continuación: Y si por gracia, ya no es por
obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.
¿Cómo, pues, será gracia la vida eterna, si a las
obras responde? ¿O es que quizá no llama gracia el
Apóstol a la vida eterna? Es más: tan claramente lo
dice, que es de todo punto innegable. Y no es
que requiera esta cuestión un ingenio agudo. Basta sólo un
oyente atento. Porque cuando dijo: Porque la paga del pecado
es muerte, en seguida añadió: mas la dádiva de Dios
es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Este problema,
a mi parecer, sólo puede resolverse entendiendo que nuestras buenas
obras, a las que se da la vida eterna, pertenecen
también a la gracia de Dios, toda vez que nuestro
Señor Jesucristo dice: Sin mí nada podéis hacer. Y el
mismo Apóstol, al decir: Porque por gracia sois salvos por
medio de la fe; y esto no de vosotros, pues
es don de Dios; no por obras para que nadie
se gloríe, vio que los hombres podrían entender como no
necesarias las obras y bastar sólo la fe, como también
que los hombres podrían gloriarse por sus buenas obras, cual
si a sí mismos se bastaran para realizarlas; y por
eso añadió: porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús
para buenas obras, las cuales preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas. ¿Y qué significa, pues, esto, que, recomendando
el Apóstol la gracia y asegurando que no proviene de
las obras, para que nadie se gloríe, da luego la
razón y dice: somos hechura suya, creados en Cristo Jesús
para buenas obras? ¿Cómo, pues, no por obras para que
nadie se gloríe? Pero repara y entiende: no por obras
como tuyas y de tu procedencia, sino como obras en
las que el Señor te plasmó, es decir, te formó
y creó, porque esto es lo que dice: Somos hechura
suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, no con
la creación que dio vida a los hombres, sino con
aquella otra que ya supone al hombre y de que
habla el Salmo: Crea en mí, oh Dios, un corazón
limpio, y de la cual dice el Apóstol: De modo
que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las
cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y
todo esto proviene de Dios. Somos plasmados, es decir, somos
formados y creados para buenas obras, que no preparamos nosotros,
sino Dios, para que en ellas vivamos. Así, pues, carísimos,
si nuestra vida buena no es más que gracia de
Dios, sin duda alguna que la vida eterna, que se
da a la vida buena, don es de Dios, ambas
por cierto gratuitas. Pero sólo aquella que se da es
gracia; mas la que se da en este caso, ya
que es premio de la vida buena, es gracia que
recompensa a otra gracia, como retribución por justicia, para que
se cumpla, ya que es verdadero que Dios dará a
cada uno según sus obras. (71) Conclusiones
No
es difícil después de lo anterior entender porqué Lutero no
pudo recurrir al testimonio de los padres de la Iglesia,
testimonio que no solo le era hostil, sino que le
declaraba hereje. De allí que tuvo que refugiarse en la
Sola Scriptura (doctrina que como vimos anteriormente también era rechazada
de forma unánime por la Iglesia primitiva y los padres
de la Iglesia). Sin embargo ni siquiera allí encuentran apoyo
las doctrinas del monje agustino. No es de extrañar que
llamara a la epístola de Santiago epístola de “paja”, e
intentara sacarla del Nuevo Testamento junto con la epístola a
los hebreos, Judas y el apocalipsis. Y es que para
justificar la doctrina de la Sola Fides hubiera tenido que
mutilar media Biblia.
Nota: Quiero agradecer a mis hermanos Jorge
Baca y a Berene, miembros del foro de apologética de
Catholic.net, quienes me ayudaron a traducir varios de estos textos.
Referencias (1) Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición. Daniel
Ruiz Bueno, BAC 65, pág. 92-93 (2) Ibid. pág. 207 (3) Ibid.
pág. 205 (4) Ibid. Pág. 185 (5) Ibid. Pág. 186 (6) Ibid. Pág.
210 (7) Ibid. Pág. 198 (8) Ibid. Pág. 204 (9) Ibid. Pág. 231 (10)
Ibid. Pág. 209 (11) Ibid. Pág. 224 (12) Ibid. Pág. 662-663 (13) Ibid.
Pág. 954 (14) Ibid. Pág. 955 (15) Ibid. Pág. 955 (16) Ibid. Pág.
955-956 (17) Ibid. Pág. 957 (18) Ibid. Pág. 977 (19) Ibid. Pág. 455 (20)
Ibid. Pág. 498 (21) Ibid. Pág. 500-501 (22) Ibid. Pág. 462 (23) Tomado
de Padres Apologetas Griegos, 2da edición, Daniel Ruiz Bueno, BAC
116, pág. 191-192 (24) Ibid pág. 205-206 (25) Ibid pág. 199 (26) Ibid
pág. 228-229 (27) Ibid pág. 781 (28) Tomado de http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/0d.htm (29) Ibid. (30) Tomado
de http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/0a.htm (31) Traducido desde Stromata / Miscellanies, Chapter XIV; ANF,
Vol. II http://www.ccel.org/print/schaff/anf02/vi.iv.vi.xiv (32) Traducido desde Commentary on Proverbs; ANF, Vol. V,
174 http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iii.iv.i.vi.i (33) Traducido desde Against Plato, 3; ANF, Vol. V, 222-223 http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iii.iv.ii.iii (34)
Traducida desde Commentary on Romans [2:5]; Bray, 57-58 The Church
Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 136 (35) Traducida desde Commentary
on Romans [4:2]; Bray, 109-110 The Church Fathers Were Catholic,
Dave Armstrong, pág. 137 (36) Traducida Commentary on Romans 2:25; Bray,
76 desde The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág.
136 (37) Traducido de De Principiis, Book III, 1,6 http://www.newadvent.org/fathers/04123.htm http://www.ccel.org/print/schaff/anf04/vi.v.iv.ii (38) Traducido desde
Origen De Principiis , preface, 5; ANF, Vol. IV, 240) http://www.ccel.org/print/schaff/anf04/vi.v.i http://www.newadvent.org/fathers/04120.htm (39)
Traducido de On the Unity of the Church, 16; ANF,
Vol. V, 423 http://www.newadvent.org/fathers/050701.htm http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.i (40) Traducido de On the Lapsed [Treatise III],
17; ANF, Vol. V http://www.newadvent.org/fathers/050703.htm http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.iii (41) Tomado de Patrología I, Johhanes Quasten,
BAC 206, pág 324 http://www.newadvent.org/fathers/050708.htm (42) Tomado de Patrología I, Johhanes Quasten,
BAC 206, pág 324 (43) Traducido desde On Works and Alms
[Treatise VIII], 5; ANF, Vol. V http://www.ccel.org/print/schaff/anf05/iv.v.viii http://www.newadvent.org/fathers/050708.htm (44) Traducido de Divine Institutes,
7:5; ANF, Vol. VII, 200 http://www.newadvent.org/fathers/07017.htm http://www.ccel.org/print/schaff/anf07/iii.ii.vii.v (45) Traducido de The Faith of
the Early Fathers, Vol I, pág. 386 (46) Ibid. pág.
386-387 (47) Ibid. pág. 386 (48) Traducido de Life of
Antony; NPNF 2, Vol. IV, 205 http://www.newadvent.org/fathers/2811.htm http://www.ccel.org/ccel/schaff/npnf204.xvi.ii.xi.html (49) Traducido de Incarnation of
the Word, 56, 4; NPNF 2, Vol. IV, 66 http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/vii.ii.lvi (50) Traducido
desde Athanasius,Discourse Against the Arians,3:25 in NPNF2, Vol IV:407 http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/xxi.ii.iv.iii (51)
Traducido desde Athanasius, Festal Letters. Letter XI,7. NPNF2, Vol IV http://www.ccel.org/print/schaff/npnf204/xxv.iii.iii.ix (52)
Tomado de http://www.mercaba.org/tesoro/CIRILO_J/Cirilo_03.htm La versión en ingles en Cyril of Jerusalem,Catechetical
Lectures,I:4,NPNF 2,Vol. VII, 7 http://www.ccel.org/print/schaff/npnf207/ii.v (53) Traducida desde The Church Fathers
Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 142 (54) Ibid. (55) Traducido de
De Spiritu Sancto, Chapter XXVIII; NPNF 2, Vol. VIII) http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/vii.xxix http://www.newadvent.org/fathers/3203.htm (56) Traducido
de De Spiritu Sancto Chap. XVI, 40 NPNP 2 Vol
VIII, p. 25. http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/vii.xvii http://www.newadvent.org/fathers/3203.htm (57) Traducido de (Homilía I; NPNF 2, Vol.
VIII) http://www.ccel.org/print/schaff/npnf208/viii.ii http://www.newadvent.org/fathers/32011.htm (58) Traducido de ST. Basil the Great, On Ps. 114,
no. 5 en The Faith of the Early Fathers, Vol
II, pág. 22 (59) Traducido de The Faith of the Early
Fathers, Vol II, William A. Jurgens, pág. 45-46 (60) Traducida desde
The Church Fathers Were Catholic, Dave Armstrong, pág. 144 (61) Traducido
desde On the Duties of the Clergy, Book II, 2,
5; NPNF 2, Vol. X http://www.ccel.org/print/schaff/npnf210/iv.i.iii.ii http://www.newadvent.org/fathers/34012.htm http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010605_ambrogio_en.html (62) Traducido de Homilía XXXI, 1,
Por Juan 3:35-36; NPNF 1, Vol. XIV http://www.ccel.org/print/schaff/npnf114/iv.xxxiii http://www.newadvent.org/fathers/240131.htm (63) Traducido de Homilía
XXIII on Corinthians NPNF1: Vol. XII, p. 133 http://www.ccel.org/print/schaff/npnf112/iv.xxiv (64) Traducido de
Against Jovinian, Book II, 3; NPNF 2, Vol. VI http://www.newadvent.org/fathers/30092.htm http://www.ccel.org/print/schaff/npnf206/vi.vi.II (65) Tomado
de Obras Completas de San Agustín XXXV. BAC 457, pag
703 (66) Ibid. pag 574 (67) Ibid. pag 825 (68) Traducido de The
Faith of the Early Fathers, Vol III, William A. Jurgens,
pág. 157 (69) Ibid. pág. 19 (70) Traducido de Enchiridion of Faith,
Hope, and Love, Chapter XVIII, paragraph 3; NPNF 1, Vol.
III http://www.ccel.org/print/augustine/enchiridion/chapter18 (71) Traducido de On Grace and Free Will XVIII-XX NPNF1
Vol V http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xviii http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xix http://www.ccel.org/print/schaff/npnf105/xix.iv.xx http://www.newadvent.org/fathers/1510.htm
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