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Autor: Albert González Villanueva, OFS | Fuente: Catholic.net El Rapto es un concepto errado
El Rapto en definitiva es un concepto equivocado sobre la Segunda Venida de Jesús y una interpretación errónea a las palabras de Jesús sobre el fin del mundo.
El Rapto es un concepto errado
Se ha estado hablando desde bastante tiempo ya de la
posibilidad de una acción divina sobre la humanidad específicamente sobre
la Iglesia que acontecería al final de los tiempos como
un preámbulo al mismo, este acontecimiento se conoce como El
Rapto sujeto a la Gran Tribulación.
Es un término que
utiliza en demasía la iglesia protestante y dado a que
es en esa vertiente del cristianismo que se difunde con
más fuerza tal acontecimiento para dar un análisis completo sobre
el asunto tendríamos que entrar en materia teologal relacionado al
milenarismo y sus implicaciones, no obstante trataré de dar un
toque menos técnico y de mayor comprensión para que podamos
entender la realidad de esta mal interpretación bíblica. Para ello
estaré utilizando un artículo del P. Jordi Rivero y el
Catecismo de la Iglesia Católica sobre el tema.
Este término Gran
Tribulación se refiere al tiempo de persecución que se denota
de las palabras de Jesús sobre el fin del mundo.
En esto se hace alusión al rapto, no obstante antes
de ir más a fondo en este asunto es necesario
hacer notar que el término rapto para la Iglesia significa
un anonadamiento, un éxtasis. Santa Teresa de Ávila lo define
como: “arrobamiento, éxtasis o rapto, que todo es uno
a mi parecer" (M 6,4 tit., cf V 20,23 y
21,8). Su concepto se deriva del texto Paulino en II
Cor 12,2-4. "si esto pasa en el cuerpo o no,
yo no lo sabré decir; al menos ni juraría que
está en el cuerpo ni tampoco que está el cuerpo
sin alma" (M 6,5,8).
La alusión a un rapto en
la cual Jesús aparecerá en el cielo al final de
los tiempos de forma invisible para raptar a la Iglesia
es totalmente falso, Jesucristo vendrá al fin del tiempo pero
será una venida visible y gloriosa que nadie podrá ignorar
(Cf. Ap 1,7) Será entonces cuando ocurrirá el juicio final;
vivos y muertos serán llevados de este mundo a la
presencia del Señor. No existirá un "rapto secreto" anterior al
fin del mundo.
Esta modalidad ha tenido gran acogida
en algunas iglesias especialmente de corte pentecostal, no obstante P.
Jordi nos presenta las objeciones a ésta.
Objeciones contra "El Rapto"
1- El rapto se fundamenta en una errada interpretación de
la Biblia.
Os decimos eso como Palabra des Señor: Nosotros, los
que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor
no nos adelantaremos a los que murieron. El Señor
mismo, a la orden dada por la voz de un
arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo,
y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar.
Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos
arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor
en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor.
-1 Tes. 4,15-17
Este pasaje se refiere al fin del
mundo y no a una venida secreta anterior. S. Pablo
demuestra que es el fin del tiempo: "Y así estaremos
siempre con el Señor".
2-La creencia en "el rapto" no
es bíblica.
La auténtica interpretación Bíblica no acepta novedades
y el concepto del rapto no era conocido en la
cristiandad hasta el siglo XVIII.
Como comienza la creencia en
el rapto: Según la investigación de Paul Thigpen, autor de
"The Rapture Trap", la doctrina del rapto nace en el
siglo XVIII. Un ministro Puritano llamado Increase Mather escribió sobre
cristianos arrebatados por los aires antes de que el mundo
fuera consumido por el fuego del juicio divino. Mas tarde
otros publicaron ideas similares.
Un Jesuita chileno llamado Manuel Lacunza,
en su libro La Venida del Mesias en Gloria y
Majestad, publicado en 1812, especula que los fieles que han
recibido la comunión con frecuencia serán, hacia el fin del
mundo, recogidos por Jesucristo para tenerlos seguros por 45 días
mientras el mundo es castigado. Este libro fue traducido al
inglés y sus ideas sobre el rapto tuvieron gran influencia
entre algunos grupos de cristianos sectarios.
3- ¿Tres venidas de
Jesucristo en vez de dos?
Según el esquema del rapto, faltan
aun dos venidas de Cristo: Una para llevarse a los
suyos en el rapto y otra venida al final del
tiempo. Serían la Segunda y la Tercera Venida (la Primera
fue en la Encarnación).
La verdad es que Cristo vino
en su Primera venida y solo falta la Segunda Venida.
Esta venida marcará el fin del mundo. Ese día Cristo
reunirá a todos: A los que estén vivos para ese
tiempo y también a los muertos los cuales resucitarán. Después
de ese evento este mundo ya no existirá. 4- El
rapto para evitar la tribulación: Falsa evasión del sufrimiento
Los que
creen que el rapto será antes de la Gran Tribulación
del Anticristo piensan que solo los malos van a sufrir
ese tiempo de persecución. ¡Si esto fuese cierto, entonces el
Anticristo no tendría a quien perseguir porque ya todos los
fieles estarían con Cristo fuera de este mundo!
Olvidan que
el sufrimiento tiene un profundo significado bíblico. El hecho es
que Cristo sufrió y su Cuerpo Místico que es la
Iglesia lleva una continua trayectoria de sufrimiento y persecución. Pero
habrá una persecución final que será extraordinaria, antes del final.
Los cristianos no pueden estar esperando un rapto prematuro sino
que deben estar fortaleciéndose para vencer en la prueba.
Pablo relata ampliamente sus propios sufrimientos en la persecución de
su tiempo y nos exhorta para que no tengamos miedo
de morir por Cristo en las pruebas que ciertamente vendrán
a la Iglesia y a cada creyente en particular. Por
eso enseña que los que creyentes que sobrevivan la persecución
del Anticristo y estén vivos cuando Cristo venga no tendrán
ventaja sobre los que hayan muerto en la fe. Ambos
grupos se reunirán con Cristo para siempre. (Cf 1 Tes
4,15-17; CIC 1001) Padre Jordi Rivero .
Sobre este
tema el Catecismo dice lo siguiente:
La última prueba de la
Iglesia
675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar
por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos
creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución
que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc
21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad"
bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a
los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el
precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa
suprema es la del Anticristo, es decir, la de un
seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo
colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías
venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te
5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).
676 Esta impostura
del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez
que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en
la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá
del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en
su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación
del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS
3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo
secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena
el "falso misticismo" de esta "falsificación de la redención de
los humildes"; GS 20-21).
677 La Iglesia sólo entrará en la
gloria del Reino a través de esta última Pascua en
la que seguirá a su Señor en su muerte y
su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se
realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia
(cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente,
sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento
del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde
el Cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El
triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la
forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de
la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf.
2 P 3, 12-13).
Como pueden ver, no exista tal cosa
como un Rapto sino que la Iglesia entrará en la
Gloria de Dios mediante la imitación de Jesús quien se
autodenominó Camino de Salvación, aquel que quiera llegar al Padre
debe tomar ese único Camino a Él, nadie podrá lograrlo
sino es mediante el seguimiento de Cristo. Eso implica un
compromiso real y verás con el Evangelio, tomar nuestra Cruz
y seguir sus pasos, hacer como Él hizo y cumplir
con lo que nos mandó a cumplir.
"El Hijo del hombre
vendrá en la gloria de su Padre"; "verán al Hijo
del hombre venir entre nubes"; "como el relámpago fulgurante bitilla
de un extremo a otro del horizonte, así sucederá con
el Hijo del hombre cuando llegue su día" (Mt. 16,
27; Mc. 13, 26; Lc. 17, 24). Estos pasajes bíblico
vienen a evidenciar que el llamado Rapto no en bíblico
pues hacen alusión a que todos conoceremos el momento de
la Segunda Venida.
Aquí no podemos menos de reconocer rasgos de
las esperanzas y especulaciones "apocalípticas", con un largo pasado tras
sí, que revivieron con fuerza durante los años febriles que
precedieron la ruina de Jerusalén. Los cristianos primitivos compartían muchas
de estas esperanzas. Las discutían con angustia, como sabemos por
escritos del Nuevo Testamento, fuera de los Evangelios. Se comprende
que se asieran con avidez a cualesquiera palabras recordadas de
su Señor, que parecieran tener alguna conexión con tales esperanzas.
Pero se desvirtuó aquella esperanza en un pensamiento apocalíptico y
excluyente que hace ver la Revelación como una falsa. Dios
quiere que todos se salven y el milenarismo en sus
dos acepciones indica que solo un grupo será llevado al
Cielo o al Reino terreno. Esas dos acepciones del milenarismo
tienen para muchos católicos que creen en el rapto una
base en el Catecismo, ellos presentan estos numerales;
668 "Cristo murió
y volvió a la vida para eso, para ser Señor
de muertos y vivos" (Rm 14, 9). La Ascensión de
Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en
el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo
es Señor: Posee todo poder en los cielos y en
la tierra. El está "por encima de todo Principado, Potestad,
Virtud, Dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas
las cosas"(Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos
(cf. Ef 4, 10; 1 Co 15, 24. 27-28) y
de la historia. En él, la historia de la humanidad
e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1,
10), su cumplimiento transcendente.
669 Como Señor, Cristo es también la
cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf. Ef
1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así
su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La
Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en
virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef
4, 11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente
ya en misterio", "constituye el germen y el comienzo de
este Reino en la tierra" (LG 3;5).
670 Desde la Ascensión,
el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos
ya en la "última hora" (1 Jn 2, 18; cf.
1 P 4, 7). "El final de la historia ha
llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está
ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera
real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia,
en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una
verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de
Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf.
Mc 16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la
Iglesia (cf. Mc 16, 20). ... esperando que todo le sea
sometido
671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia,
sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y
gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el
advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es
objeto de los ataques de los poderes del mal (cf.
2 Te 2, 7) a pesar de que estos poderes
hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de
Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1
Co 15, 28), y "mientras no haya nuevos cielos y
nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia
peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a
este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella
misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de
parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los
hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos
piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1 Co 11,
26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2
P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (cf.1 Co
16, 22; Ap 22, 17-20).
672 Cristo afirmó antes de su
Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso
del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7)
que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer
a todos los hombres el orden definitivo de la justicia,
del amor y de la paz. El tiempo presente, según
el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio
(cf Hch 1, 8), pero es también un tiempo marcado
todavía por la "tristeza" (1 Co 7, 26) y la
prueba del mal (cf. Ef 5, 16) que afecta también
a la Iglesia(cf. 1 P 4, 17) e inaugura los
combates de los últimos días (1 Jn 2, 18; 4,
3; 1 Tm 4, 1). Es un tiempo de espera
y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).
El
glorioso advenimiento de Cristo, esperanza de Israel
673 Desde la Ascensión,
el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (cf
Ap 22, 20) aun cuando a nosotros no nos "toca
conocer el tiempo y el momento que ha fijado el
Padre con su autoridad" (Hch 1, 7; cf. Mc 13,
32). Este advenimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento
(cf. Mt 24, 44: 1 Te 5, 2), aunque tal
acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder
estén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Te
2, 3-12).
674 La Venida del Mesías glorioso, en un momento
determinad o de la historia se vincula al reconocimiento del
Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39)
del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en
"la incredulidad" respecto a Jesús (Rm 11, 20). San Pedro
dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos,
pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a
fin de que del Señor venga el tiempo de la
consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado,
a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el
tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por
boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y San Pablo
le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación
del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de
entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la
plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación
mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm
11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al Pueblo de
Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13)
en la cual "Dios será todo en nosotros" (1 Co
15, 28).
La última prueba de la Iglesia
675 Antes del advenimiento
de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final
que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18,
8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su
peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15,
19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de
una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución
aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía
de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del
Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el
hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar
de Dios y de su Mesías venido en la carne
(cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3;2 Jn 7;
1 Jn 2, 18.22).
Pero lo dejan hasta aquí, quien no
investiga se queda con esa impresión y todo el adorno
que le incluyen. No obstante el numeral más importante nunca
lo incluyen o si lo hacen no abundan sobre el
mismo. Aquí lo incluyo y enfatizo en negrillas lo que
desmiente toda la filosofía milenarista existente.
676 Esta impostura del Anticristo
aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se
pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia,
lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo
histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma
mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro
con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo
bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso"
(cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena el "falso misticismo"
de esta "falsificación de la redención de los humildes"; GS
20-21).
Entonces, ¿Por qué pensar en un acto divino que no
está contemplado en la Revelación? Son muchos los que pensando
en pluralismos, democracias, derechos y necesidades han pensado erradamente que
la Doctrina es manipulable, manejable y hasta cuestionable. Por esas
razones básicamente se han dado separaciones en la Iglesia, y
el sectarismo surge a raíz de ese tipo de pensamiento
limitante. La verdadera libertad está en la completa obediencia doctrinal
y su aplicación debida al tiempo en que vivimos, pues
de más está decir que la manera de ver la
Doctrina hace 200 años no es aplicable a nuestro tiempo,
pero eso no hace distinción en la Doctrina misma sino
en nuestra manera de verla. La Iglesia desde sus inicios
ha sido y seguirá siendo guiada a la verdad plena
por el Espíritu Santo (Juan 16, 13) en ese sentido
todo desvelo doctrinal no viene a ser un cambio en
la doctrina sino un complemento de la misma.
El milenarismo tiene
que verse a la luz de lo revelado, no con
interpretaciones propias. El Rapto en definitiva es un concepto equivocado
sobre la Segunda Venida de Jesús y una interpretación errónea
a las palabras de Jesús sobre el fin del mundo.
Específicamente este pasaje:
Mateo 24, 37-42:
Cuando venga el Hijo del hombre,
sucederá como en tiempos de Noé.
En los días que precedieron
al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta
que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada,
hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos.
Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
De
dos hombres que estén en el campo, uno será llevado
y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo,
una será llevada y la otra dejada. Estén prevenidos, porque
ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
La
interpretación correcta no es la del Rapto sino la del
Juicio Final véanlo en Mateo 25,31-33:
Cuando el Hijo del hombre
venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se
sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas
en su presencia, y él separará a unos de otros,
como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y
pondrá a aquellas a su derecha y a estos a
la izquierda.
Si Jesús hablara de un rapto, ¿No creen que
lo explicaría claramente y no hubiera esta aparente contradicción en
el mismo Evangelio escrito por san Mateo? Es por ello
imperativo no hacer calculaciones e interpretaciones fuera de contexto. Siempre
debemos mirar la Revelación en su amplitud para poder ver,
juzgar y actuar conforme a ella. De ese modo y
confiados en que es la Santa Madre Iglesia la única
llamada a interpretar la Revelación, no caeremos en conceptos equivocados
como el Rapto y el Milenarismo.
Espero que esta humilde
aportación les haya ayudado a ver lo errado del concepto
milenarista del Rapto. Dios les colme de bendiciones.
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