La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net ¿Cadenas de oración o cadenas de presión?
Prometen grandes bendiciones en caso de seguirlas con fidelidad o presagian la desgracia para quien interrumpa la cadena
¿Cadenas de oración o cadenas de presión?
A nuestras casas y al e-mail llegan con cierta periodicidad
mensajes que nos invitan a iniciar o continuar una cadena
de oración. Dichas cadenas provienen de diversas partes del mundo,
las más de las veces de Sudamérica y generalmente, prometen
grandes bendiciones en caso de seguirlas con fidelidad o presagian
la desgracia para quien se atreva a interrumpir la cadena,
mencionando a renglón seguido los casos afortunados de personas que
siguieron la cadena y las desgracias acaecidas a quienes la
interrumpieron.
Estas cadenas nos invitan a la oración y a propagar
la oración entre nuestros conocidos. No hay duda que ofrecen
un buen testimonio de hacer apostolado de la oración. Pero
ofrecer la condena y la desgracia o el premio seguro,
no va de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia.
La
oración es una fuerza liberadora que permite elevar el alma
para contemplar a Dios y conocer su divina voluntad sobre
nuestras vidas. En la oración, dice Juan Pablo II, “Se
realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: ´El
que me ame, será amado de mi Padre, y yo
le amaré y me manifestaré a él´ (Jn. 14, 21).
Se trata de un camino sostenido enteramente por la gracia,
que requiere un intenso compromiso espiritual y que encuentra también
dolorosas purificaciones (la noche oscura), pero que llega, de tantas
formas posibles, al indecible gozo vivido por los místicos como
´unión esponsal´”. (Novo Millenio Ineunte cfr. no. 33).
La oración, por
lo tanto, es una actividad del amor. En la oración
amamos a Dios y somos amados por Él y el
amor no se alimenta con premios y castigos. Su alimento
es simplemente buscar el mayor bien de la persona amada.
En la oración, como decía el Beato Enrique de Ossó:
“se busca amar más a Dios, para que Dios sea
más amado”. Es una acción espontánea que no busca la
recompensa o huye del castigo, como lo proponen las cadenas
de oración.
La perseverancia en la oración, motivada por el amor
y no por presión de ninguna clase, es un camino
a la salvación eterna. Decía Santa Teresa de Jesús: “Dadme
un cuarto de hora de oración cada día y os
daré el Cielo. Un alma que persevera en la oración,
se asegura la propia salvación”. La constancia en la oración,
durante toda la vida, es prenda de la gracia de
la perseverancia final.
Las cadenas de oración, ciertamente inician en
la oración, pero sólo de una manera temporal. Después de
que desaparece el tiempo del compromiso, mantenido por la presión
del premio o del castigo ofrecidos, desaparece la necesidad de
orar. Son cadenas de oración que oprimen, que hacen pesada
y fatigosa la carga de orar, cuando en realidad deberían
servir para dar alas al alma para alcanzar más rápido
el Cielo que Dios nos ha prometido.
Y esta expresión del
amor contemplado en la oración no puede reducirse a una
acción tan específica como la de orar para no ser
castigado o el orar para ser premiado. Los grandes místicos
que se han dedicado a la oración saben que el
amor que se contempla en la oración no se transmite
sólo con palabras. “Dios mío, no sé como expresar mi
amor. Desearía tener todas las sinfonías del silencio, toda la
poesía del sufrimiento desconocido para cantarte mi amor. Quisiera la
elocuencia de todos los mártires y la simplicidad de la
nada para modular mi himno de gratitud”. (Dina Bélanguer, santa,
religiosa de la Congregación de Jesús- María).
Es cierto que podemos
orar por varias necesidades. Es la oración de súplica la
que hace que elevemos nuestra alma hacia Dios y reconociendo
nuestra miseria, ponemos en las manos del Dios providente aquello
que deseamos en nuestro corazón: la curación de un enfermo,
la solución a una penuria económica, la paz en nuestras
familias.
Pero esta oración de súplica se da siempre buscando
que se cumpla la voluntad de Dios, cuando es verdadera
oración. Cuando se ponen condiciones en estas oraciones de súplica,
como muchas veces sucede en las cadenas, no podemos hablar
de una verdadera oración.
Esas cadenas de oración más bien
nos atan, nos esclavizan, nos oprimen con sus condicionantes. No
pueden ser entonces verdaderas oraciones cristianas.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Es muy útil la intervención de la hermana, porque a veces somos demasiado sumisos, que hacemos caso a estas oraciones o hago caso a esta oración que caigo en una tentación a Dios y a su Divina providencia.