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Autor: P. Eduardo Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.blogspot.com ¿Ayuno antes de comulgar?
Algunos piensan que la necesidad de una hora de ayuno antes de comulgar es algo que ya pasó de moda...
¿Ayuno antes de comulgar?
Para recibir la Sagrada Eucaristía hacen falta tres condiciones: 1)
estar en gracia de Dios; 2) saber a quién se
va a recibir, acercándose a comulgar con devoción; 3) y
guardar una hora de ayuno antes de comulgar. Nos ocuparemos
de la última para analizar si es realmente importante.
Qué dice
la ley de la Iglesia
El Catecismo de la Iglesia Católica
señala en el número 1387 la tercer condición para comulgar
dignamente: «Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles
deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia (cf CIC
can. 919). Por la actitud corporal (gestos, vestido) se manifiesta
el respeto, la solemnidad, el gozo de ese momento en
que Cristo se hace nuestro huésped».
El Código de Derecho Canónico
contiene la ley de la Iglesia de rito latino (hay
otro Código para los de rito oriental). El canon al
que remite el Catecismo dice:
«CIC 919 #1 Quien vaya a
recibir la santísima Eucaristía, ha de abstenerse de tomar cualquier
alimento y bebida al menos desde una hora antes de
la sagrada comunión, a excepción de agua y de medicinas.
CIC
919 #3 Las personas de edad avanzada o enfermas, y
asimismo quienes las cuidan, pueden recibir la santísima Eucaristía aunque
hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior.»
No es sólo
un consejo, es mucho más. Es una disposición jurídica: “deben
observar el ayuno” y “ha de abstenerse de cualquier alimento”
son expresiones de obligatoriedad que prescriben que no se debe
comulgar sin cumplir esta condición.
¿Pasado de moda?
Algunos piensan que la
necesidad de una hora de ayuno antes de comulgar “no
corre más”. Dicen que “eso era antes”, como si ya
no estuviera vigente en la Iglesia. Lo ven como algo
de la época de nuestras abuelas…
Sólo querría recordarles que el
Código de Derecho Canónico del que hablamos no es el
viejo de 1917, sino el sancionado en 1983. Y el
Catecismo de la Iglesia publicado en 1992. Y que están
ambos vigentes en la Iglesia. El último documento que habla
del ayuno eucarístico es el Instrumentum laboris del Sínodo sobre
la Eucaristía (octubre de 2005). Es decir, que la actualidad
del precepto está fuera de toda duda.
¿Caben excepciones?
La ley meramente
eclesiástica –ley humana de la Iglesia– no obliga cuando hay
una dificultad grave. En este tema, no parece fácil imaginar
un caso así, fuera de la situación de enfermedad expresamente
prevista en el canon citado.
Una pregunta frecuente
No es raro oír
esta pregunta: “¿cuántos minutos tiene la hora de ayuno antes
de comulgar?” O, “si me faltan cinco minutos, ¿puedo comulgar?”
Primero, lo obvio: en principio las horas son de 60
minutos.
Además el texto de la ley, no dice escuetamente una
hora, como si pudiéramos comenzar a regatearle algunos minutos, sino
“al menos una hora antes”, es decir, que apunta a
que sea más de una hora. No exige que sea
una hora, sino que señala un límite inferior. No olvidemos
que hasta tiempos de Pío XII el ayuno regía desde
el día anterior. Por esto no había entonces Misas vespertinas.
En la década del 50 del siglo pasado, dicho Papa
redujo el ayuno a tres horas; y, después del Concilio
Vaticano II, se pasó a una hora.
Sentido del ayuno
La Iglesia
no pretende limitar la Comunión –que sean menos los fieles
que comulgan– sino velar por el respeto y la veneración
a tan gran sacramento porque recibimos al mismo Cristo.
En el
Instrumentum laboris del XI Sínodo sobre la Eucaristía (octubre de
2005), se señala que “Ha sido expresado el deseo de
restituir en todos los lugares al ayuno eucarístico aquella rigurosa
atención que todavía está en uso en las iglesias orientales.
En efecto, el ayuno, como dominio de sí, exige el
concurso de la voluntad y lleva a purificar la mente
y el corazón. San Atanasio dice: «¿Quieres saber cuáles son
los efectos del ayuno?... expulsa los demonios y libra de
los malos pensamientos, alegra la mente y purifica el corazón».
En la liturgia cuaresmal se invita a menudo a la
purificación del corazón mediante el ayuno y el silencio, como
recomienda San Basilio. En alguna respuesta a los Lineamenta se
pregunta acerca de la oportunidad de reconsiderar la obligación de
las tres horas de ayuno eucarístico.”
¿Me voy a perder de
comulgar por cinco minutos?
Sí, porque nadie te obligó a comer. En
realidad nadie te prohíbe comulgar. Sencillamente no te has preparado
lo suficiente: te faltan unos minutos de preparación y por
respeto a la Eucaristía, no querrás ser descortés con el
Señor. Es precisamente el amor a la Eucaristía lo que
te lleva a no comulgar.
Comunión y obediencia
Hoy no pocas personas
incumplen este precepto de la Iglesia, escudándose en que comulgar
es muy importante. Sí que lo es, pero más importante
es la obediencia.
Te cuento el caso del Rey Saúl. Dios
le encarga que después de derrotar a los amalecitas, destruyera
todo lo de este pueblo. Después de la victoria, Dios
envía a Samuel a recriminarle no haber cumplido su mandato.
La conversación, si no fuera trágica, resultaría divertida. Samuel le
pregunta: ¿por qué no has cumplido lo que Dios te
ordenó? Saúl comienza a responder que cumplió perfectamente... Samuel lo
corta con una ironía: ¿Qué es entonces ese mugir de
vacas, ese balar de ovejas, etc., que escucho? A lo
que el rey intenta justificar, diciendo que reservó lo mejor
del ganado para sacrificarlo en honor de Dios. Aparentemente, un
loable proyecto. Respuesta de Dios a través de Samuel: “Vale
más la obediencia que las víctimas”. De hecho, por esta
desobediencia Dios rechazó a Saúl como rey, y eligió a
David para que lo sustituya. Una desobediencia que tenía aparentemente
una buena excusa, una desobediencia con una aparente buena intención:
“prefiero la obediencia al sacrificio”.
Es mejor no comulgar obedeciendo a
la Iglesia que comulgar desobedeciendo
Es imposible que sea grato a
Dios que comulguemos desobedeciendo. Seguro, sin lugar a la menor
duda, es más grato a Dios que no comulgues si
te falta el tiempo de ayuno como expresión de respeto
y obediencia, que comulgar por capricho yendo en contra de
la ley de la Esposa de Cristo: ¿te acordáis del
"todo lo que ates en la tierra será atado en
el cielo"?
Conclusión: tiene más mérito delante de Dios (es decir,
es más valioso) el acto de obediencia consistente en dejar
de comulgar para obedecer a la Iglesia, que comulgar desobedeciendo
(si es que esto tuviera algún mérito y no fuera
una falta...).
¿Se puede dispensar?
Algunos fieles pretenden que el sacerdote, les
autorice a Comulgar sin el debido tiempo de ayuno. Debemos
decir que no corresponde, ya que el sacerdote no tiene
potestad para dispensar de una ley eclesiástica: no puede hacerlo,
y, si lo hiciera, el permiso sería nulo (como si
yo te diera permiso para casarte siendo menor de edad:
no tengo este poder; si diera el permiso, sería falso,
inválido, nulo).
Motivos pastorales y prácticos
Además de los motivos jurídicos, morales
y de méritos para no comulgar sin el ayuno correspondiente,
también hay un motivo práctico: quien deja de comulgar por
que "no le dio el tiempo", calculará mejor la próxima
vez y se preparará con más delicadeza a comulgar. No
le sucederá más, ya que estará más atento. Quien comulga sin
el tiempo debido, cada vez será más laxo en su
cálculo… e irá estirando el tiempo… Y vivirá en el
"filo de la navaja".
La Eucaristía merece respeto.
Hemos de hacer bien
las cosas buenas. No ser chantas para hacer el bien.
Alguno podría pensar “da igual”, “cómo te vas a hacer
problema por unos minutitos?”, “no seas exagerado”. No, no da
igual. Es respeto. Es delicadeza. Muestra cuanto valoras el Sacramento.
Comulgar no es cualquier cosa. Es lo más grande que
podemos hacer en esta vida.
La liturgia hace rezar al sacerdote
antes de recibir la Comunión en la Santa Misa una
oración con un pedido singular: que esa Comunión “no sea
para mí motivo de juicio y condenación”. Por algo lo
pide, y el que lo pide es el sacerdote, y
lo pide para sí mismo.
Si no comulgas un día por
no llegar al ayuno mínimo requerido de una hora, no
pasa nada. No es pecado, no es una falta de
respeto, no es una falta de interés. No es obligación
comulgar y, por lo mismo, no es falta no hacerlo.
Si tenéis tantas ganas de comulgar, ofrece a Dios el
no poder hacerlo; has una Comunión espiritual. Y cumplí con
lo que está mandado para custodiar la dignidad de este
sacramento.
Es absurdo cometer un pecado por comulgar sin las debidas
disposiciones, sin ninguna necesidad de hacerlo
Déjame que lo repita: dejar
de comulgar no es pecado. Desobedecer la ley eclesiástica sí
lo es. Obedecer la ley de la Iglesia es meritorio.
Cometer un pecado intentando hacer algo bueno es totalmente ridículo.
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Querido Padre Eduardo
Su artículo me parece muy bueno y provechoso, auque admito que tengo alguas críticas contra la tradición del ayuno eucarístico.
Sinceramente, dudo que los primeros cristianos guardaran este ayuno, sin que por eso se tomara en menos el Cuerpo de nuestro Señor. Además, esta regla no existe desde los inicios de la Iglesia.
No sería mejor proponer este ayuno como una manera adecuada para prepararse a la celebración eucarística antes que como una imposición?
Xto lo bendiga