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Autor: Catholic.net / revista Envoy No, 7.1. | Fuente: Catholic.net / revista Envoy No, 7.1. Mito 7: La doctrina del purgatorio primero fue establecida por el Papa Gregorio El Grande...
En la sagrada Escritura se pueden captar algunos elementos que ayudan a comprender el sentido de esta doctrina, aunque no esté enunciada de modo explícito.
Mito 7: La doctrina del purgatorio primero fue establecida por el Papa Gregorio El Grande...
Malaquías 3, 2 ¿Y quién podrá soportar el tiempo
de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando
él se manifieste? Porque él es como fuego purificador. Al
parecer, ya el profeta Malaquías hablaba sobre la doctrina del
Purgatorio...muchos siglos antes que Gregorio el Grande.
Refutación y Argumentos
Católicos
Lo que ocurre es que en el Dial 4,39.57;
Ep 2321 san Gregorio Magno demuestra la existencia del fuego
purificador con Mt 12,32 como base: "A cualquiera que
dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será
perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no
le será perdonado, ni en este siglo ni en el
venidero" [cf Altaner, Patrologia (Asís 1997) p 503]. El error
del mito es que como san Gregorio muestra esta realidad,
se le acusa de inventarla. Como es lógico, la base
no es Gregorio, sino la Escritura.
El purgatorio
¿Sólo de
paso o una segunda oportunidad?
Readaptado y traducido del artículo de
Tim Staples, en la revista Envoy No, 7.1.
Los protestantes suelen
acusarnos de que el purgatorio no figura en la Biblia,
de que a su decir para la Iglesia católica no
consiste sino en una "teología de segunda oportunidad" (o
categoría) y un rechazo de la suficiencia del sacrificio propiciatorio
de Cristo. Si hemos de sufrir para que nuestros pecados
queden completamente purgados, bien puede deducirse que el sacrificio de
Cristo no es suficiente".
Cabe decir ante todo que
hay muchos malentendidos en lo que revela la Biblia y
lo que enseña la Iglesia católica
[1].La Iglesia católica no
niega que el sacrificio de Cristo sea suficiente: La justificación
nos fue merecida por la pasión de Cristo, que se
ofreció en la cruz como hostia viva, santa y agradable
a Dios y cuya sangre vino a ser instrumento de
propiciación por los pecados de todos los hombres (NCIC 1992).
Cristo es la expiación por nuestros pecados y no sólo
por los nuestros sino por los del mundo entero (1Jn
2,2). Además, en ningún documento de la Iglesia aparece
"teología ninguna de una segunda oportunidad", pues cuando morimos queda
sellado el tiempo de merecer: o estamos en gracia, de
suerte que vamos al cielo o no lo estamos, de
suerte que vamos al infierno:
"Los que mueren
en la gracia y en la amistad de Dios, pero
imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren
después de su muerte una purificación, a fin de obtener
la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo"
(NCIC 1030).
El mismo catecismo explica: "Salvo
que elijamos libremente amarle, no podemos estar unidos con Dios.
Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra
Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: "Quien
no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece
a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún
asesino tiene vida eterna permanente en él" (1 Jn 3,
15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de El
si omitimos socorrer a las necesidades graves de los pobres
y de los pequeños que son sus hermanos (cf. Mt
25, 31-46). Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni
acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de
Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este
estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y
con los bienaventurados es lo que se designa con la
palabra ´infierno´".
[2] Esto aclara que no se trata
de una teología de "segunda oportunidad"; con todo, los
protestantes suelen argüir preguntando en qué parte de la Escritura
el cristiano ha de "purgarse de su pecado o
imperfecciones". La Escritura sí habla sobre el concepto
y la realidad del purgatorio. El término "purgatorio" no
aparece en la Biblia, pero eso no es ningún requisito
para la doctrina cristiana: es como decir que como en
la Biblia no se dice que Cristo tuviera orejas, de
hecho no las tuvo, o que como Pablo no habla
de Belén, Cristo no nació ahí. No aparece la palabra
Trinidad y todos creemos en ella.
En 2Mac 12,39-46 se dice que "Judas Macabeo y
su ejército fueron a recoger los cadáveres de los que
habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros
de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada
uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de
Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces
evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres.
Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que
manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando
que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas
recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado,
a la vista de lo sucedido por el pecado de
los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus
hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para
ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y
noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que
los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar
por los muertos; mas si consideraba que una magnífica
recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un
pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio
expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados
del pecado".
Ahora bien, para los hermanos separados
estamos ante una obra "apócrifa", sólo que para los
católicos es deuterocanónica. Hay dos puntos que tener en cuenta,
lo que aquí está en juego no es la canocidad
de Macabeos: es innegable que Macabeos 1 y 2 nos
proporcionan una información crucial sobre la fe y práctica de
los judíos poco antes del tiempo de Cristo. El hecho
es innegable: los judíos creían en la oración por los
pecados de los muertos y de los vivos para que
se les perdonaran los pecados". Segundo, en toda la Biblia
no aparece el tema de que Dios creara las cosas
de la nada, y es precisamente 2Macabeos el que nos
habla de ello: se crea canónico o no, refleja en
qué creían los judíos poco antes de los tiempos de
Cristo. Católicos y protestantes aceptan que Dios creó las cosas
de la nada: "Te ruego, hijo, que mires al
cielo y a la tierra y, al ver todo lo
que hay en ellos, sepas que a partir de la
nada lo hizo Dios y que también el género humano
ha llegado así a la existencia" (2Macabeos 7,28).
Esa es la fe con que fueron educados Cristo
y los ap> óstoles, y en este contexto ha de
leerse lo que Cristo dice en el Nuevo Testamento:
"Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo
del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra
el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este
siglo ni en el venidero" (Mt 12,32).
La afirmación
de Cristo supone que hay almenos algunos pecados que se
pueden perdonar en la otra vida. Si Jesús hubiera querido
condenar esta enseñanza, lo habría hecho; en cambio no la
modifica, sino que la respeta.
Se podría objetar
también que el libro de los macabeos no habla del
purgatorio de los católicos porque los personajes de quienes se
habla, habrían sido castigados por su idolatría. Es un pecado
mortal según la enseñanza católica, y por ese motivo, el
lugar para ese pecado no es el purgatorio,sino el infierno.
Primeramente, el pecado de tales hombres era llevar pequeños
amulteos para ir a la batalla. Podría parecer similar a
cualquier cristiano que lleva una pata de conejo, o a
un jugador de fútbol que realiza algunas supersticiones cuando anota
un gol, va a tirar un pénalty, o un tiro
de esquina. Eso era probablemente un pecado venial para tales
hombres. Mas aun en el caso de que fuera un
pecado grave, creemos que hemos de rezar siempre por las
almas que han muerto, ya que sólo Dios conoce los
corazones de los hombres (2Crónicas 6,30). Sólo Él conoce el
grado de culpabilidad de estos pecadores. Algunos pudieron haberse arrepentido
antes de morir. Como cristianos, siempre esperamos y siempre oramos.
Pero más importante aún es que el texto de Macabeos
indica que los judíos creían en un estado en que
se encuentran algunos pecadores hasta que se expíen sus pecados.
[3] En Mt 5,24-25 Jesús es más explícito sobre
el purgatorio. No se ha de olvidar que Cristo pronunció
estas palabras durante el Sermón de la montaña. Es el
sermón en el que nos habló del cielo (v 20),
infierno (v 29-30), pecados mortales (v 22) y veniales (v
19). Todo esto indica que el Reino de los cielos
es la meta definitiva (vv 3-12). Precisamente en medio de
este discurso, Cristo dijo: "ponte enseguida a buenas con
tu adversario mientras vas con él por el camino; no
sea que tu adversario te entregue al juez y el
juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo
te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas
pagado el último céntimo". Notemos que esta cárcel es un
lugar de castigo, donde la reparación se hace por las
ofensas cometidas.
Se podría objetar ahora que
en los evangelios no hay distinción entre pecados mortales y
veniales, y que Cristo no habla de una prisión espiritual
después de la muerte sino de una cárcel física antes
de la muerte. ¿No nos estará enseñando sólo a vivir
sabiamente en esta vida? ¿Acaso no nos aconseja más bien
que nos reconciliemos con nuestros enemigos ahora, para que no
paguemos las consecuencias de la cárcel ahora?
Bien, Cristo
es bastante claro en cuanto al tema del pecado mortal
y venial. En Mt 5,19 dice el que traspase uno
de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a
los hombres, será el más pequeño en el Reino de
los Cielos; en cambio, el que los observe y los
enseñe, ése será grande en el Reino de los
Cielos". Éstos son los pecados veniales. Una persona puede no
observarlos y enseña a los demás a hacer así, e
ir de todos modos al cielo. Pero en el v
22 dice que todo el que llame a otro
"renegado" será reo de la gehenna de fuego". Y en
los vv 29-30 Jesús nos advierte contra contra el quebrantamiento
del 9º Mandamiento. ¿Por qué? Porque todo el que lo
quebrante será arrojado al infierno. No se pueden buscar mejores
definiciones para los pecados mortal y venial.
En
cuanto a que "cárcel" se refiere a esta vida,
¿qué decir del contexto? Mt 5 versa de la eternidad.
Cristo dice que si no amamos a los enemigos, ¿qué
recompensa tendremos (v 46)? Luego, conforme contin> úa el sermón,
aclara muy bien que tales recompensas no son de este
mundo. Son tesoros en el cielo (6,19) y "recompensas
de vuestro Padre que está en el cielo" (6,1). Asimismo,
san Juan 20,31 señala que su evangelio se ha escrito
para que creyendo "tengamos vida eterna". Ello sugiere que
la Escritura ha de verse en el contexto de la
total realización en el mundo futuro. Nuestra vida presente es
"puro vapor, que hoy aparece y que mañana se
marchita" (Santiago 1,17). Así pues, cabe preguntarse por qué han
de descubrirse principios eternos en las palabras de Cristo durante
el sermón de la montaña menos en este caso
El contexto es obvio. Jesús está hablando de cosas
espirituales, recurriendo a un ejemplo conocido en su tiempo sobre
la cárcel, a fin de relacionarlo con una realidad espiritual
más profunda. Las parábolas son sus ejemplos más notorios. La
"cárcel" es una imgen que resultaba familiar a los
oyentes de Cristo sobre la verdad del purgatorio como
"estado" (lugar) de castigo tanto temporal como de reparación.
Se podría decir que Jesús se refería al infierno
y no al purgatorio, y que la expresión "no
saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último
céntimo" indicaría que de hecho no se puede salir de
ahí, pues el precio por el pecado es impagable.
Sin embargo, no es eso lo que el texto
dice: la imagen de Cristo se refiere a un castigo
temporal y no eterno y como expiación para un pueblo
que creía firmemente en este concepto [cf Pr 6,30-31:
"No se desprecia al ladrón si roba para saciarse cuando
tiene hambre; mas cuando es sorprendido, paga siete veces; tiene
que dar todos los bienes de su casa"]. En tal
caso, se ha de decir que Jesús no era un
buen maestro, ya que recurre a dicho ejemplo no para
hablar del purgatorio sino del infierno eterno No dice, de
hecho que se trata de un castigo "eterno". Cuando
Cristohabla del infierno, se sabe perfectamente que habla del infierno.
Así, la mayoría de lo que se sabe del fuego
del infierno, se debe a que salió de los labios
de Cristo. Y es bastante explícito cuando dice que es
"eterno" (cf Mt 5,24-25). El término griego para
prisión "phylake" es la misma que emplea 1Pe 3,19
para describir el sitio al que descendió Jesús tras su
muerte para liberar a los espíritus creyentes del AT que
lo estaban aguardando. Es un estado temporal. Sólo cabe, pues,
esta lectura.
[4] Asimismo, 1Cor 3,11-15 es uno de
los pasajes más claros para hablar del purgatorio: "Pues
nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.
Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata,
piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual
quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de
revelarse por el fuego. Y la calidad de la
obra de cada cual, la probará el fuego".
Se podría objetar que este texto no habla del purgatorio,
sino del juicio final... No hay duda que el texto
habla del juicio; sin embargo, se aplica tanto al juicio
particular como al final. Ambos son juicios, y este texto
enseña algo sobre la naturaleza de ambos. Dejando de lado
a qué tipo de juicio se hace referencia, no puede
negarse que se habla claramente de un momento de juicio
después de la muerte. El texto dice que la calidad
de la obra de cada cual la probará el fuego.
El fuego en la Escritura se emplea de modo figurado
para dos realidades: es agente purificador (Mt 3,11; Mc 9,49)
y es agente abrasador (Mt 3,12; 2Tes 1,7-8). Es pues
un símbolo conveniente para el juicio de Dios. Algunas de
estas obras son quemadas y otras son purificadas según sea
su caulidad. Es pues un estado en que se purifica
o limpia. No puede ser el cielo, ya que hay
imperfecciones que necesitan quemarse (Ap 21,27; Hab 1,13). No es
el infierno, ya que en el cielo están los salvados.
Es pues un juicio "purificador" que los católicos llamamos
"purgatorio".
[5] > ¿En 1Cor 3,11-15 se habla
de purgar los pecados, pues sólo se habla de probar
la obra por el fuego? Parecería, en efecto, que el
meollo del asunto es la recompensa para los creyentes por
su servicio y no cómo su alma es purificada del
pecado. Aquí los creyentes ven cómo sus obras son probadas
por el fuego.
Sin embargo, los pecados
son obras malas o imperfecciones: si estas obras no
fueran pecados o imperfecciones, ¿por qué necesitan purificarse (Cf Mt
7,23; Jn 8,40; Gal 5,19-21. En segundo lugar, es imposible
que una obra sea purificada fuera de la persona que
la ha realizado: el obrar depende siempre del ser humano
que es el sujeto de tal operación. Quien mata es
un asesino... ¿Es que hay obras que flotan por ahí,
separadas de la persona que las realiza? La idea de
las obras separadas de las personas no tiene sentido, y
contradice también el texto: el texto dice que las obras
serán probadas por el fuego, pero si la obra sobrevive...
él recibirá recompensa. Si la obra es quemada, él sufrirá
una pérdida. Obviamente esto no es la salvación, sino sufrimiento
real y experimenta una pérdida real, ya que no se
puede separar el obrar humano del hombre. Finalmente, los creyentes
no ven que sus obras se quemen y escapen del
fuego. El texto en el v 15dice "se salvarán
como por el fuego" (hôs dia pyrós). Esta es la
definición del purgatorio:
La Iglesia llama Purgatorio
a esta purificación final de los elegidos que es completamente
distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado
la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo
en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de
Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia,
haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo
1 Co 3, 15; 1 P 1, 7), habla de
un fuego purificador: Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario
creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según
lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir
que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu
Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo,
ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase
podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este
siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno,
dial. 4, 39) [NCIC 1031].
Según 1Cor
3, tanto las obras del creyente como el creyente pasarán
por el fuego purificador descrito por san Pablo, a fin
de poder ser salvo, purificado y preparado para estar en
presencia de Dios. Por lo tanto, las obras purificadas no
se han de separar del que las realiza y contradice
al texto el decir que sólo las obras son las
que se purifican.
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