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Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net Mito 12. El Poder Temporal de los Papas comenzó en 750 A.D.
Gobernar la Iglesia de Cristo, es una de las misiones de su vicario en la tierra.
Mito 12. El Poder Temporal de los Papas comenzó en 750 A.D.
Mito 12. El Poder Temporal de los Papas comenzó en
750 A.D.
Cuando Pepin, el ursurpador del trono de Francia,
descendió a Italia, llamado por el Papa Stephen II, a
la guerra contra los el Lombardos Italianos, él los derrotó
y dio la ciudad de Roma y el territorio circundante
al Papa. Jesús claramente prohibió tal cosa, y Él mismo
rechazó el reinado terrestre. (leér Mat. 4:8-9; 20:25-26; Juan 18:38).
Refutación:
Para comenzar, llama la atención que en toda esta lista
de mitos aparezcan nombres en inglés sin su equivalente castellano:
Pepin, Stephen.
Cristo no se pronuncia contra el poder temporal
de los papas. El decir que Cristo prohíbe el poder
temporal de los papas es un anacronismo equivalente a decir
que como Cristo nunca usó coches entonces hoy desobedecemos a
su órdenes, ya que era contrario a ello, pues él
mismo rechazó el reinado terrestre.
Esta última afirmación es la
peligrosa y por lo tanto falsa. Se pasa de la
realidad del poder temporal de los papas al reinado terrestre,
y se descuidan ciertos aspectos del protestantismo relacionado con el
gobierno temporal, como el respaldo que dieron a Lutero ciertos
príncipes protestantes como Federico de Sajonia, Jorge Truchsses de Waldburg,
Antonio de Lorena y Felipe de Hessen, entre otros. En
Inglaterra, ¿qué era Enrique VIII? ¿No era un monarca absoluto?
En cuanto a Calvino, no ha de olvidarse que a
partir del año de 1541 se tornó en un dictador
religioso y político con todo lo que ello llevaba consigo...
Hay
otro aspecto relevante que ha de advertirse, y que está
en la trastienda de todo este mito. La tradición protestante
de que los Papas serían más sucesores de Constantino que
de Jesucristo. La "Donación de Constantino" (en latín
"Constitutum Constantini" es un falso documento, que se remonta al
período carolingio (S. VIII d.C.): el autor desconocido lo presenta
como un decreto emanado por Constantino, con el que el
emperador cedería al Papa Silvestre I el dominio temporal sobre
Roma, sobre Italia, y sobre las demás provincias occidentales, mientras
que él se ceñía a transferir la propia sede a
Constantinopla. Este panfleto consta de dos partes: la confesión y
la donación. En la confesión se hace profesar la fe
católica a Constantino: cuenta que fue curado milagrosamente de la
lepra, instruidio en la fe católica y bautizado por el
Papa Silvestre... Nada de esto es verdad. Constantino fue bautizado
sólo al final de su vida por un obispo arriano,
Eusebio, cerca de Nicomedia el día de Pentecostés del 22
de mayo del año 337. En cuanto a la segunda
parte, el autor atribuye a Constantino la donación de los
beneficios que el emperador como gesto de "gratitud" otorga
y confirma a san San Silvestre en la cátedra de
Roma: la supremacía sobre las iglesias del orbe, incluyendo los
cuatro patriarcados orientales; el disfrute de los honores imperiales llevando
mitra y diadema, el palio cruzado sobre el hombro, clámide
purpúrea, cetro y otros tantos atavíos imperiales. Le concede el
palacio de Letrán, el señorío sobre Roma y todo el
Occidente (en latín: "Romae urbis et omnes Italiae seu
occidentalium regionum provincias, loca et civitates... concedimus"). La fuente para
la "donatio Constantini" es C. Mirbt, "Quellen zur
Geschichte des papsttums", (Tübingen 1922) 107- 122.
El documento no resiste
a la más sencilla crítica interna y externa: el estilo,
la lengua y los datos inverosímiles, los errores tan abiertamente
crasos delatan la mano de un falsario de época posterior,
si bien es verdad que lo emplearon contra Cerulario Silvestre
II y León II, y Gregorio VII en sus reivindicaciones
sobre España. Ya en 1001 Otón III lo rechazó como
escrito imaginario y falso (A. Schönegger, "Die Kirchenpolitische Bedeutung
des Constitutum Constantini" ZKT (1918) 555).
El motivo del falso
documento consistía en limitar las ambiciones imperiales de los carolingios,
datando el poder temporal directo sobre Roma y dintornos, y
el poder feudal del Papa ante los soberanos de Occidente.
En realidad, el estado pontificio tuvo un origen natural en
la historia: fue el pueblo romano, prácticamente abandonado a la
merced de las autoridades civiles que durante las invasiones bárbaras
se dirigió al Papa y a su prestigio.
En sí
el documento de la donación de Constantino era falso y
como tal lo demostraron Nicolás Cusano (1432-1433), Lorenzo Valla (1447).
Aún hoy causa maravilla que haya gente que defienda la
historicidad de esta obra. (Basándose en él los protestantes, los
papas se arrogarían la legitimidad de su poder temporal). Asimismo,
los protestantes reprochan aún hoy a los Papas que más
que sucesores de Pedro fueran más bien sucesores de Constantino,
y por lo tanto, se trataría de una Iglesia demoníaca.
Abrigaban la esperanza de una Iglesia que renunciara al poder
y que se desvinculara de los sistemas políticos, económicos y
militares.
Esto como se ve, es una tradición protestante más
sin fundamento no sólo en la Biblia sino siquiera en
los manuales de historia.
Aunque ya se habló del origen de
los estados pontificios, conviene reiterar que se trata de un
desarrollo paulatino del "Patrimonio de san Pedro" que fueron
convirtiendo al Papa en terrateniente, autoridad civil y en soberano
con súbditos y estados temporales. Por "patrimonio de san
Pedro" ha de entenderse el complejo de bienes y derechos
temporales poseídos por la Santa Sede. Sobre todo en la
Edad Media, los patrimonios de las catedrales y abadías se
consideraban propiedades personales del santo patrono de la sede o
del edificio. Antes del S. VIII con tal término se designaba
al conjunto de posesiones de la Iglesia.
Constantino donó a
la Iglesia las basílicas de san Pedro y san Pablo,
que antes pertenecían al patrimonio del príncipe. También varios nobles
y familias pudientes iban dejando a los papas sus posesiones.
Se ha de reconocer que en tiempos de las invasiones
bárbaras, de no haber sido por los papas, estos territorios
(campiña romana, la Tosacana, Espoleto, Benevento, Córcega, la Sabina...) habrían
quedado desprotegidos y sin cultivarse como otras regiones que yacían
en el más alarmante abandono. Para el año 600 se
multiplicaron las donaciones a causa de las invasiones de visigodos,
hunos, ostrogodos, longobardos.
Desde tiempos de san Gelasio (492-496) se llevaba
en los archovos de Letrán un catastro sobre la situación
de las urnas. Con san Gregorio Magno (590-604) el patrimonio
comprendía en Roma el "patirmonium urbanum", cerca de la
ciudad, el de la "vía Apia" y la
"massa Aquae Salviae" de la vía Ostiense, así como la
Apulia y la Calabria; la Lucania, los bosques de los
Abruzos, vastas posesiones en la Sabina y el Samnio, la
Campania (Nápoles, Capri, Gaeta); Liguria, Istria, Córcega y Cerdeña, Sicilia
(Sicilia fue confiscada en el 723 por el basileus al
lado de la Calabria). Más posesiones de que se habla
en las cartas de san Gregorio Magno son el África
Septentrional junto con Hipona; en las Galias (territorios cercanos a
Arlés y Marsella); en Dalmacia y zonas de oriente...
Los historiadores
hablan de la excelente administración de los bienes eclesiásticos sobre
todo en tiempos de san Gregorio. Gran parte de los
ingresos se empleaban para defender a Roma contra los longobardos,
en la conservación y construcción de iglesias, hospitales, orfanotrofios, albergues
para peregrinos, dotación de monasterios, gastos de la curia, ayuda
a los pobres. De todos modos, tampoco puede negarse que
los patrimonios fuera de Roma sufrían graves y continuos daños
a causa de las guerras, de la caída del imperio
e invasiones bárbaras. La respuesta bizantina a esta invasión consistió
en crear la defensa de Italia en torno al hexarcado
de Rávena y la creación de un ducado en Roma,
y que llegó a manos pontificias sólo para el S.
VIII.
Ahora pasemos a la afirmación de que el poder temporal
en tiempos de Pepino el Breve y Esteban II (750).
Esteban II fue Papa del año 752 al 757. Al
poco tiempo de ocupar el solio, Esteban vio en peligro
la libertad de Roma a la llegada de Astolfo (749-756)
tras la conquista de Rávena. Astolfo había prometido una tregua
de 40 años, pero no la respetó sino que decidió
exigir impuestos anuales de cada habitante de Roma, a la
que consideraba su feudo. Al mismo tiempo, rechazó diversas peticiones
que le hizo un emisario de Bizancio, acompañado, por Pablo,
hermano del Papa, para que restituyera los territorios imperiales de
los que se había adueñado. Ante tantos fracasos, el Papa
pidió ayuda al emperador Constantino V (741-775), pero tampoco logró
mucho, de suerte que optó por dirigirse finalmente a Pepino
III, rey de los francos (751-768), así como antes Gregorio
III se había dirigido en su momento a Carlos Martel
el año 739. Pepino dio una respuesta afirmativa y al
mismo tiempo envió dos emisarios al Papa para escoltarlo. El
6 de enero del 754 Esteban II fue acogido obsequiosamente
por Pepino en Ponthión. Esteban volvió a suplicar al rey
para que liberara al pueblo de los longobardos. El resultado
de este encuentro fue el compromiso de Pepino de proteger
la iglesia romana y las prerrogativas del Papa, y prometió
por escrito que garantizaría como legítimas las posesiones de San
Pedro, además del ducado de Roma, Rávena, el hexarcado y
otras ciudades, más otras áreas vastas de la Italia del
norte y central. Algunos opinan que Esteban hizo sus reivindicaciones
basándose en la así llamada "Donación de Constantino", pero
no hay datos de ello. El 28 de julio del
754 el papa, aunque enfermo, ungió solemnemente a Pepino en
San Denis cerca de París, y así se sellaba la
legitimidad de la dinastía, y confirió al rey y a
los suyos el título de "Patricios de los Romanos".
Pepino derrotó dos veces al rey longobardo en agosto del
754 y finalmente en junio del 756. Los funcionarios bizantinos
alegaron que los territorios pertenecían a su emperador, pero Pepino
replicó que había tomado las armas sólo por amor al
sucesor de San Pedro y por la remisión de sus
pecados, de suerte que no estaba dispuesto a entregar sus
conquistas a ningún otro que al "apóstol". Seguidamente donó
perpetuamente Rávena las ciudades del hexarcado, la pentápolis, la Emilia
a "San Pedro" y a la Iglesia romana.
Una
última pregunta ¿Pepino el Breve era un usurpador? Esta cuestión
me ha hecho recordar ciertas afirmaciones del así llamado Código
da Vinci, donde se afirma sin ninguna base histórica la
acusación de que los merovingios eran los descendientes de Cristo
y María Magdalena... y que la Iglesia católica respaldó a
la dinastía carolingia en su paulatina persecución y asesinato de
los merovingios.
La dinastía de los merovingios gobernó el reino
de los francos del 481 al 751. El nombre deriva
de su antepadaso "Meroveo" (que rigió las tribus francas
entre del 448 al 458). Su sobrino Clodoveo fue el
primer soberano merovingio en cuanto tal. Tanto Clodoveo como su
esposa Clotilde se bautizaron cuando se convirtieron al cristianismo; todo
fue obra de san Remigio. Si eran descendientes de Cristo,
¿cómo es posible que descuidaran el bautismo de su antepasado
y que rindieran culto a divinidades francas antes de su
conversión? El último rey de la dinastía merovingia que logró
ejercer un poder efectivo fue Dagoberto I (629-639) ya que
sus sucesores fueron cediendo su autoridad a los mayordomos de
palacio que terminaron por privarles del poder. En el 751
tuvo lugar la deposición formal del último rey merovingio: Quilderico
III. De este modo, los merovingios quedaron suplantados por Pepino
el Breve, fundador de la dinastía de los "pipínidos"
o "carolingios" (751).
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