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Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net Mito 13. La adoración de la cruz, de imágenes y de reliquias fue autorizada en 788 A.D.
La Cruz es el símbolo del cristiano, que recuerda el misterio de la pasión y muerte de Jesucrcisto hijo de Dios.
Mito 13. La adoración de la cruz, de imágenes y de reliquias fue autorizada en 788 A.D.
Mito 13. La adoración de la cruz, de imágenes y
de reliquias fue autorizada en 788 A.D. Esto fue por
orden de la Emperatríz Irene de Constantinopla, que primero hizo
que sacaran los ojos de su propio hijo, Constantino VI,
y en seguida hizo una reunión de la iglesia a
petición de Hadrian I, Papa de Roma en aquella epoca.
Refutación:
De nuevo aparece un nombre en inglés. Insisto en
querer saber cuál es la fuente de esta lista. Hadrian
en castellano es Adriano o Adrián. Aquí los hechos están manipulados:
tanto Irene como su hijo al que luego cegaría por
su conducta inmoral y escandalosa -sin que ello justifique para
nada un castigo de ese tipo- aprobaron los decretos del
II concilio de Constantinopla. Después de dicho Concilio Constantino quiso
desembarazarse de su madre y ella logró rehacerse con el
poder, incluso se habla de que hubo trámites para que
se celebraran sus desposorios con Carlomagno, pero al parecer, éste
último no aceptó. Ha de decirse, por si acaso que
la adoración de la cruz no tuvo nada que vez
con que Irene cegara a Constantino VI. No tiene nada
que ver lo uno con lo otro.
Sobre cruz se ha
de recordar que este símbolo no se remonta tampoco al
300 después de Cristo. Recordemos el crucifijo de burla del
Palatino que se encuentra en el museo de las Termas
de la ciudad de Roma. Aparece un solado romano, cristiano,
postrado de rodillas ante un crucifijo con rostro de asno.
Con el comentario sarcástico "Alexámenos adora a su Dios".
Puede apreciarse este epígrafe en el libro de Holzner, San
Pablo, Heraldo de Cristo (Herder Barcelona 1964, imagen No. 33).
Holzner comenta esta prefiguración en la pág. 434 de dicha
obra: "El célebre crucifijo de burla del Palatino, una
caricatura garrapateada en la pared por los estudiantes paganos del
colegio imperial, en que se ridiculiza a un condiscípulo cristiano
Alexámeno, que adora a un crucifijo con la cabeza de
asno, es sin duda una prueba de que el cristianismo
había hallado entrada ya muy pronto entre los que habitaban
en el Palatino".
Tampoco las reliquias son de esa fecha. Lo
vemos claramente en los Hechos de los apóstoles:
"Y hacía Dios
milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que
aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales
de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos,
y los espíritus malos salían"(Hechos 19,11-12).
En Éxodo 20,4; Deuteronomio 4,9-20
se habla de ídolos, es decir falsos dioses, que se
oponen a la adoración debida al único Dios. Pero ello
no se refiere al concepto católico de imagen: nosotros no
tenemos a los santos o a la Virgen por dioses
ni menos por ídolos, ya que nos sirven para honrar
a las personas que representan. Al ser el ídolo un
falso dios, hecho por los hombres y adorado, los que
adoran a los ídolos, ponen en ellos su suerte y
confianza. La Iglesia nunca enseña que las imágenes tengan poderes
especiales ni que nos arrojemos con confianza a su poder.
Si se sabe de alguna pobre persona que obrare así,
se debería a que acaso no haya comprendido lo que
la Iglesia de veras enseña. Sería injusto reprocharle a la
Iglesia el error de un miembro. De hecho, la misma
Biblia relata casos en que se representan ángeles (Ex 25,18),
algún animal como la serpiente de bronce (Nm 21,8), a
Dios (Jue 17,4-5; 18,30-31). El templo de Salomón tenía también
representaciones de ángeles, animales, árboles (1Re 6,23-25; 7,25-51). Lo que
la Biblia quiere prohibir es la adoración de los ídolos,
como es el caso del becerro de oro (Ex 32,4-8).
En cuanto a Irene de Constantinopla, se trata de la
emperatriz bizantina nacida en Atenas el 752 y muerta en
Lesbos el 803. El año 769 desposó al emperador León
IV el Cázaro (775-780), hijo y sucesor de Constantino V.
A la muerte del basileus, se hizo regente. Para el
790, cuando el hijo Costantino llegó a la mayoría de
edad, Irene no quiso dejar el gobierno, lo que originó
una dura contienda entre ambos. Se habla de que los
dos reinaron juntos hasta el 797. De hecho, ocurrieron varias
cosas dignas de mención: primero, los intentos de Irene de
casar a su hijo con Rotruda, hija de Carlomagno; pero
tras el fracaso de este enlace, Constantino se casó sin
amor con María de Paflagonia. La conducta de Constantino dejaba
mucho que desear y daba pie a todo tipo de
escándalos, lo que indujo a Irene a destituir al hijo,
lo mandó encarcelar e hizo que le sacaran los ojos
en el mismo lugar donde le había dado a luz.
Ella terminó por asumir las riendas del gobierno y se
hizo con el título de basilisa o emperadora. El 802
una insurrección patricia la despuso y exilió a Lesbos.
Durante su
reinado, se restauró el culto a las imágenes gracias también
a que el 785 envió una embajada al Papa Adriano
I para proponerle la celebración de un concilio ecuménico. El
patriarca Tarasio era partidario de Irene, así como un bueno
número de obispos. No puede ignorarse que sí hubo ciertas
dificultades ya que el ejército mantenía las ideas iconoclastas de
Constantino Coprónimo amén de ciertos obispos.
El Papa envió con
gusto dos apocrisarios a lo que debiera haber sido el
VII concilio ecuménico para el año 786, en la Iglesia
de los Santos Apóstoles. Sin embargo, no se pudo siquiera
darle continuidad, ya que se presentaron a mano armada los
soldados iconoclastas. Irene se encargó de depurar las tropas recalcitrantes
y se convocó el conclio finalmente en Nicea, el 24
de septiembre del 787, al que asistieron cerca de 300
obispos con los legados romanos. En la segunda sesión se
dio lectura respetuosa a las cartas del Papa, a lo
que los padres del Concilio exclamaron: "Así cree, así
piensa, así dogmatiza todo el santo Concilio". Se lanzaron anatemas
contra los defensores de la iconoclastia. En la séptima sesión
se precisó la doctrina ortodoxa sobre el culto a las
imágenes, a las que se les tributa respeto y veneración
(timetikén proskýnesin) y no verdadera latría (alethinén latreían). Firmaron el
decreto los padres conciliares, la emperatriz y su hijo.
Poco
duró la paz, ya que Constantino VI, cansado de su
madre, intentó rebelársele y se puso a regir él solo.
Ya se habló de las primeras nupcias de Constantino: pues
bien, se divorció de María de Paflagonia para unirse con
Todota, al tiempo que los monjes protestaban ante tanto escándalo
de adulterio. Tarasio creyó más oportuno guardar silencio, pero Irene
apresó a su hijo y cegó como ya se dijo
al inicio.
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