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Autor: encuentra | Fuente: encuentra ¿Por qué pertenezco a la Iglesia?
La Iglesia es como la luna: Aunque sea un desierto de rocas y arena, nos da una luz que no es suya, iluminándonos en nuestra noche.
Cardenal Ratzinger
¿Por qué pertenezco a la Iglesia?
Podemos pensar en la iglesia católica comparándola con la
luna: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho
de que la luna no tiene luz propia, sino que
la recibe del sol sin el cual sería obscuridad completa.
La luna resplandece, pero su luz no es suya sino
de otro.
La sonda lunar y los astronautas descubrieron que la
luna es solo una estepa rocosa y desértica, como montañas
y arena, vieron una realidad distinta a la de la
antigüedad: no como luz. Y efectivamente la luna es en
sí y por sí misma sólo desierto, arena y rocas.
Sin embargo, es también luz y como tal permanece incluso
en la época de los vuelos espaciales.
¿No es ésta una
imagen exacta de la iglesia? Quien la explora y la
excava con la sonda, como la luna, descubrirá solamente desierto,
arena y piedras, las debilidades del hombre y su historia
a través del polvo, los desiertos y las montañas. El
hecho decisivo es que ella, aunque es solamente arena y
rocas, es también luz en virtud de otro, del Señor.
Yo
estoy en la iglesia porque creo que hoy como ayer
e independientemente de nosotros, detrás de «nuestra iglesia» vive «su
iglesia» y no puedo estar cerca de él si no
es permaneciendo en su iglesia. Yo estoy en la iglesia
porque a pesar de todo creo que no es en
el fondo nuestra sino «suya».
La iglesia es la que, no
obstante todas las debilidades humanas existentes en ella, nos da
a Jesucristo; solamente por medio de ella puedo yo recibirlo
como una realidad viva y poderosa, aquí y ahora.
Sin la
iglesia, Cristo se evapora, se desmenuza, se anula. ¿Y qué
sería la humanidad privada de Cristo?
Si yo estoy en la
iglesia es por las mismas razones porque soy cristiano. No
se puede creer en solitario. La fe sólo es posible
en comunión con otros creyentes. La fe por su misma
naturaleza es fuerza que une. Esta fe o es eclesial
o no es tal fe. Además así como no se
puede creer en solitario, sino sólo en comunión con otros,
tampoco se puede tener fe por iniciativa propia o invención.
Yo
permanezco en la iglesia porque creo que la fe, realizable
solamente en ella y nunca contra ella, es una verdadera
necesidad para el hombre y para el mundo.
Yo permanezco en
la iglesia porque solamente la fe de la iglesia salva
al hombre. El gran ideal de nuestra generación es uno,
sociedad libre de la tiranía, del dolor y de la
injusticia. En este mundo el dolor no se deriva sólo
de la desigualdad en las riquezas y en el poder.
Se nos quiere hacer creer que se puede llegar a
ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia
de la renuncia y la fatiga de la superación, que
no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados,
ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de
lo que se debería ser y lo que efectivamente se
es.
En realidad el hombre no es salvado sino a través
de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos
y de los sufrimientos mundo, que encuentran su sentido liberador
en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará
a ser libre. Todas las demás ofertas a mejor precio
están destinadas al fracaso.
El amor no es estático ni carente
de crítica. La única posibilidad que tenemos de cambiar en
sentido positivo a un hombre es la de amarlo, trasformándolo
lentamente de lo que es en lo que puede ser.
¿Sucederá de distinto modo en la iglesia?
(Resumido y extractado de
su conferencia-testimonio dictada en Alemania en 1971)
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