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Autor: Lucrecia Rego Abraham: Fe y obediencia unidas
La fe siempre ha de ir unida a la obediencia que se hace manifiesta en obras. El hombre es justificado por fe y obras, no solamente por la fe
Analicemos expresamente lo ocurrido con Abraham desde el texto
del Antiguo Testamento:
Génesis 12,1-4 Pero Yavé había dicho a
Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y
de la casa de tu padre, a la tierra que
te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y
te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré
a los que te bendijeren, y a los que te
maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias
de la tierra. Y se fue Abram, como Yavé le
dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de
edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.
Vemos la promesa de Dios a Abram. Promesa que empieza
con una orden: vete de tu tierra y de tu
parentela. Evidentemente si Abram se hubiera quedado en casa, nada
hubiera sucedido. Sigamos
Gen 14,5-6 Y lo llevó fuera, y
le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas,
si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu
descendencia. Y creyó a Yavé, y le fue contado por
justicia.
La fe de Abram le justifica. Él cree en
Dios, cree A Dios y cree lo que Dios le
dice
¿Qué ocurre después? Abram, que había creído en Dios,
busca "ayudar a Dios" a cumplir su promesa acostándose con
su sierva Agar, la cual le da un hijo. Hijo
que no es fruto de la promesa de Dios sino
de la fe que ha flaqueado y que no entiende
cómo se puede tener una descendencia como las estrellas del
seno estéril de Sarai. Mas Dios no rompe su promesa
sino que la vuelve a afirmar:
Gen 17,1-7 Era Abram
de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció
Yavé y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda
delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto
entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.
Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló
con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y
serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará
más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham,
porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de
ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto
entre mí y ti, y tu descendencia después de ti
en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios,
y el de tu descendencia después de ti.
Ojo, la
promesa, de nuevo, viene precedida de un mandato: anda delante
de mí y sé perfecto. De nuevo Dios apela a
la obediencia antes de confirmar la promesa que un día
hizo a Abram, que ya es llamado Abraham. Pasa el
tiempo, nace Isaac, que es el hijo de la promesa,
y Dios somete a una prueba durísima la obediencia de
Abraham. Le pide ni más ni menos que sacrifique a
su hijo. Al hijo de la promesa. Dios había cumplido
su parte. Ahora tocaba ver si Abraham cumplía la suya
de forma que obedeciera a Dios hasta el extremo de
ofrecer a su hijo en holocausto. Abraham obedeció y sabemos
que Dios salvó a Isaac. Ahora veamos las consecuencias de
aquello en boca del propio Señor:
Gen 22,16 Por mí
mismo he jurado, dice Yavé, que por cuanto has hecho
esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único
hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como
las estrellas del cielo y como la arena que está
a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las
puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas
las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi
voz.
Ahora la promesa no va precedida de un mandato.
No. Ahora la promesa es fruto de la obediencia de
Abraham. La promesa se confirma eternamente cuando Abraham obedece. Por
eso las obras de Abraham perfeccionaron la fe por la
que había sido justificado. Por eso la Biblia nos dice
en el libro de Santiago:
Santiago 2,20-24 ¿Mas quieres saber, hombre
vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue
justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a
su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la
fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe
se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura
que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado
por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis,
pues, que el hombre es justificado por las obras, y
no solamente por la fe.
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