Autor: Fernando de Navascués | Fuente: Religión en Libertad José Luis Vela: encontré la Iglesia gracias a Internet
Dejó el catolicismo, peregrinó por grupos protestantes y en Internet decidió volver a la Iglesia.
José Luis Vela: encontré la Iglesia gracias a Internet
José Luis Vela es un mexicano formado en la fe
católica. No era un hombre que hubiese descuidado sus creencias
por otros dioses; no era una persona "del montón", de
fe rutinaria y aburrida; de fe adormilada y cumplidora. No.
Era un hombre comprometido con la Iglesia Católica.
Era un
apóstol, una persona convencida y, además, convencedora. Un apasionado por
Cristo, con vastos conocimientos sobre la Biblia. Sin embargo, algo
se cruzó por su camino y tumbó todos estos principios:
la soberbia.
Vanagloria y celo sin amor
Durante mucho tiempo se
había dedicado al estudio de la doctrina católica y a
profundizar en el conocimiento de la Biblia. De hecho pertenecía
a un movimiento dedicado a trabajar en esta pastoral. Con
el tiempo, lejos de ahondar en el verdadero amor a
Jesucristo, sucedió justamente lo contrario: "Este conocimiento había provocado en
mí sentimientos de jactancia, arrogancia, vanidad, etc. Sabía -explica Vela-
‘todo’ lo necesario para defender la Iglesia".
"Entonces el velo de
la vanagloria cubrió mi faz y me olvidé del perdón
y la misericordia. El celo religioso opacó el amor. La
misericordia huyó de mí. Y surgió el juez".
Y claro, ya
no sólo afloraban los errores en las demás personas, en
sus grupos, en los herejes, sino que descubrió una Iglesia
Católica llena de errores y equivocaciones.
A por la iglesia
"perfecta"
"El rencor se apoderó de mí, había dejado de creer
en la buena voluntad de la Iglesia Católica fundada por
Jesucristo. Creía que la Iglesia me había engañado porque yo
quería una Iglesia perfecta, sin mancha, ni arruga, casi celestial.
No había podido asimilar la paciencia de la Iglesia Católica
para con los débiles y los que no tienen conocimientos
bíblicos. Me había convertido en un fariseo letrado e inmisericorde".
Lógicamente, abandonó la Iglesia.
Después de tres años de alimentarse únicamente
de la Biblia y sin pisar ningún templo católico o
protestante, y tras sufrir una depresión, José Luis optó por
buscar un lugar en donde compartir sus conocimientos.
Rechazó las
clásicas sectas como los Testigos de Jehová, Mormones, Sabatistas, Cientistas,
Luz del Mundo, etc., y empezó a buscar su sitio
en las iglesias protestantes.
Éstas eran legión… cada una con
su estilo, con su forma, con sus costumbres, con sus
libertades y distintos entendimientos de la Palabra de Dios.
En la
primera iglesia en la que recayó llegaría a ser el
ayudante principal del Pastor. Sin embargo, el idilio duró poco.
Duró hasta que por discrepancias doctrinales y de costumbres tuvo
que abandonar el grupo.
Prohibido celebrar la Navidad
El deambular posterior entre
unas y otras iglesias evangélicas le demostró cómo, cuando entras
en su mundo, al principio es todo maravilloso: la acogida,
la valoración de las personas, la aprobación comunitaria…
Pero con el
tiempo las cosas cambian: aumenta la obligación de acudir a
más y más reuniones, y se inicia un proceso de
presión psicológica encaminada a fijar de forma estricta la manera
de vestir, la categoría de donativos, la prohibición de celebrar
algunas fiestas cristianas como la Navidad (la "Saturnalia", como la
suenen denominar), la prohibición de poner el árbol de Navidad…
Lo cierto es que en el caso de José Luis
y su familia, el amor primero iba desapareciendo a medida
que se implicaban más y más en las diversas iglesias
en las que buscaban a Cristo.
José Luis recuerda el
fanatismo al que les encaminaban algunos pastores cuando ya estaban
dentro: "Le tiré a la basura los juguetes a mi
hijo pequeño, pues había oído una predicación en contra de
los juguetes de los niños. Mi hijo de 9 años
inocentemente aceptó aquello. Lo mismo con las caricaturas de Walt
Disney: Todo era pecado".
Que nos den sus donativos y que
sean felices
Quizá una de las rupturas con estas iglesias que
más mella hicieron en José Luis fue aquella que sucedió
cierto día cuando acompañó al pastor a predicar a una
iglesia hermana.
Tras la predicación, "se me acercó una viejecita
como de 80 años, delgada y pálida, con su vestido
desgastado por el tiempo y calzando unos zapatitos viejos y
rotos. Me ofreció un poquito de dinero, unas monedas como
‘ayuda’ pues veníamos desde lejos y ella había oído que
era yo casi un pastor. Ella me entregaba su diezmo".
Sin embargo preferí no aceptarlo, pues ella lo necesitaba infinitamente
más: No, hermanita -le dije-, no haga esto. Tome estas
moneditas y compre leche para usted, y vaya a descansar,
Jesucristo le ama". Todavía recuerda cómo le sonrió agradecida la
señora. Después se acercó al pastor que estaba en otra
parte de aquel templo y éste, en cambio, sí le
aceptó el dinero.
De vuelta a casa, le comentó al pastor: -
Hermano, yo he puesto mi auto al servicio de la
iglesia para salir a predicar, también pago la gasolina y
los peajes en carretera. No necesitamos que nos den para
gastos. ¿Por qué le tomó usted el dinero a esa
ancianita que lo necesita más que nosotros? El pastor le
contestó: - No te preocupes, ellos se sienten felices cuando hacen
esto, así que ¡hagámoslos felices!
Su conciencia no aguantó más. Era
el fin y se despidió: "Hermano, ore por mí, yo
ya no puedo seguir aquí. Tal vez esté equivocado, pero
para mí es mejor seguir mi conciencia que vivir así.
No quiero que nadie me siga y se salga de
aquí. Yo no promuevo sectas, rencillas, ni división, así que
mejor me voy yo". Nuevamente se quedó solo y sin
iglesia.
Cuando la religión se convierte en negocio
Al poco tiempo se
encontró con un antiguo hermano que le llevó a su
iglesia. Una en la que la alegría y la espontaneidad
reinaban por doquier. En donde se compartía la visión de
la palabra de Dios con total libertad.
Por esta razón
empezaron a llegar predicadores errantes que iban de iglesia en
iglesia, pregonando sus doctrinas. De pronto se anunciaba la llegada
de un "predicador muy ungido" que hace mucha "oración y
ayuno", con lo que despertaba la expectación en todos los
feligreses.
La realidad es que se presentaban todo tipo de
iluminados, desde predicadores que enfatizan el fin del mundo o
la aparición del 666, hasta los que predican en contra
de las caricaturas de la TV. Cada suceso local, nacional
o mundial era usado para profetizar calamidades...
Así aparecían gente
como Yiye, un hombre de mucha oración y ayuno, en
cuya revista se pedía dinero para para sostener su obra
evangélica y "poder mandar el Evangelio vía satélite"; o Morris
Cerullo que venía directamente de Estados Unidos y que "acepta
tarjetas de crédito"…; o J. Miranda que tiene gran "poder
de Dios" pues "tira la gente al suelo"...
Evangelistas "internacionales"
que de pronto surgían de la nada y desaparecen de
la misma forma pero con una buena suma de dinero
en sus bolsillos.
La iglesia parecía un campo de batalla, gente
cayendo en el altar, echando espuma por la boca, otros
repitiendo estribillos y sacudiéndose, otros revolcándose en el suelo, algunos
otros entraban en trance y se ponían a bailar la
danza en El Espíritu.
En otras ocasiones a los gritos altisonantes
y ataques de histeria, le seguía la rotura de televisores
con bates de béisbol para destruir al pecado…
Y en
cualquier caso, siempre, se procedía a la recolección de las
"ofrendas" de amor: "Necesitamos a unas personas que quieran ofrendar
tanto dinero y, ahora las que puedan dar tanto otro…".
Es
un negocio porque no hay amor
La religión se había convertido
en puro negocio (1 Tm 6, 10) y la fe
en un "culto de los sentidos" donde el sentimentalismo y
el mesianismo profético eran los pilares de su doctrina.
Se enseñaba
que el pecado estaba en los objetos: en las imágenes,
en la música, en la comida, etc.
Finalmente José Luis
Vela decidió quedarse solo con su familia y no asistir
a ninguna otra iglesia o denominación más.
"Recuerdo el miedo, y
la incertidumbre por la llegada del 666, la expectación por
el "rapto" que hasta mi hijito fue afectado por el
temor a quedarse y no ser de "los elegidos". A
pesar de mis estudios profesionales, del conocimiento de la Biblia
adquirido por muchos años y aún de mi sólida formación
cristiana, estaba ‘afectado’. Fui arrastrado por los vientos de
las doctrinas de hombres".
Al salir y buscar nuevas fuentes
de formación, José Luis había caído en lecturas llamémoslas ‘impropias’.
Su primer libro tenía el sugerente título de ‘Salid de
Ella’. Luego vinieron "Las balanzas", "Estamos de acuerdo Sr. Presidente"
y más y más.
Los clásicos protestantes antiguos
Sin embargo también cayeron
en sus manos algunos libros antiguos que datan de la
época de la Reforma y algunos escritos de Juan Calvino:
"Esta antigua obra me instruyó sobre lo que pensaban los
primeros reformadores del siglo XVI. Después vinieron otras e, incluso,
conocí las 95 tesis de Lutero. Era un protestantismo centrado,
ilustrado y en cierta forma justo en sus reclamos a
la Iglesia Antigua, que exponía sus razones sin caer en
el fanatismo".
"Era un protestantismo ilustrado, devoto de Dios y
que amaba las cosas santas, que sólo buscaba reformar las
cosas de la Antigua Iglesia. Estos protestantes del pasado, del
siglo XVI, no tenían nada que ver con los ‘profetas
de hoy’ que fundan ‘iglesias’ por doquier. Por la soberbia
de no solventar sus diferencias siguen dividiendo el cuerpo de
Cristo".
La vuelta a la Iglesia Católica
José Luis se metió
en internet y allí estableció encuentros con creyentes y no
creyentes, católicos y protestantes.
En ese mundo abierto y anónimo
en donde cada uno expresa lo que quiere con el
anonimato y el desprecio más impune posible, el propio José
Luis se vio reflejado a sí mismo: "Ante las acusaciones
y ofensas, la intransigencia de muchos, los prejuicios de otros
y las ofensas a la Virgen María, Madre de Dios
hecho hombre, ante las burlas y carcajadas de algunos que
niegan al Espíritu Santo, me vi como en un espejo.
Y comprendí que ‘todos hemos pecado’ (Rm 3, 23)".
Salió de
la Iglesia porque estaba llena de pecadores y no encontraba
la pureza que esperaba, pero sus vivencias le hicieron reflexionar
y dar carpetazo a la búsqueda de Cristo fuera del
catolicismo.
Decidió retornar a la Iglesia Católica "porque si tienes algo
en contra de tu hermano ve y ponte a cuentas
con tu hermano. Dios no escucha la oración si no
te has reconciliado; porque Dios perdona nuestras ofensas así como
nosotros perdonamos a los que nos ofenden…"
"En la Iglesia
Antigua, Católica, Universal, en la Iglesia de Dios, de todos
los tiempos, allí voy a estar. No para condenar, sino
para colaborar y dar ánimos a mis hermanos los pobres
de espíritu, los débiles en la Fe, los de Fe
sencilla que no ‘saben’ de Biblia pero que creen con
el corazón".
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