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Autor: P. Ángel Peña | Fuente: Libro Ateos y Judíos Convertidos. Ateos Convertidos
El hombre sin Dios, puede
volverse una bestia. Por eso, alguien ha dicho que, si Dios no existiera, habría que
inventarlo. Pero ¿realmente Dios no existe? ¿Es solo una idea de la mente?
Ateos Convertidos
El testimonio de ateos convertidos puede ser un buen argumento
a favor de la existencia de Dios. Ellos, generalmente, después
de luchas y estudios, llegaron a descubrir la luz de
Dios, que dio paz y alegría a sus vidas.
Convertidos
Vamos a
ver algunos de los ateos convertidos más famosos para ver
qué mensajes nos dan. Ellos vivieron lejos de Dios y
encontraron después en Él, la alegría y el sentido de
su vida.
Agustín María Schouwaloff: nació en 1804 en San Petersburgo,
Rusia. Escribió el libro de su camino espiritual, titulado Mi
conversión y mi vocación sacerdotal. Fue educado en la Iglesia
ortodoxa griega. Su madre rezaba mucho por su conversión, pues
él era prácticamente ateo. Uno de los libros que más
le ayudaron fue el libro de las Confesiones de san
Agustín. Al morir su esposa, él se hizo sacerdote católico2.
Illemo
Camelli: convertido italiano, había sido socialista y ateo revolucionario, aunque
había hecho de niño la primera comunión. Una conversación con
el capuchino Padre Comini, le abrió su espíritu a Dios
y a la Iglesia. Un día, como por intuición, descubrió
a Dios y sintió algo nuevo en su corazón. Dice
así: Vi, comprendí y amé. Dios es la fuerza inescrutable,
oculta en todas las cosas. Él crea y sostiene la
vida. Cuando en la tarde de ese mismo día, guiado
por la providencia, leí las palabras del Apóstol: “En Él
vivimos, nos movemos y existimos”, quedé como sin aliento, paralizado
por la embriaguez de espíritu y golpeando mi frente con
la mano, caí de rodillas, repitiendo entre lágrimas: “Oh Dios,
Oh Dios, Oh Dios”. Tenía a Dios. Tenía la vida.
Había pasado meses y meses en una apatía de pantano
y, de repente, mi cerebro alcanzó una frescura y agilidad
inusitadas. Mil problemas de la vida se me ofrecían y
para todos veía una solución nueva, inesperada3. A los 29
años, el día de Navidad de 1905, se ordenó de
sacerdote.
Charles de Foucauld (1858-1916):fue educado de niño en la fe
católica, pero después de su primera comunión, perdió la fe
por causa de los malos amigos. Y dice: Yo era
un impío, un egoísta. De fe en el alma no
me quedaba ni huella4. Se dedicó a la carrera militar,
pero fue expulsado por su mal comportamiento a los 22
años. A partir de ahí, llevó una vida de diversión
y de placer que no le daba paz a su
alma. Una mañana de octubre de 1886, estando en París,
fue a la iglesia de san Agustín y le pidió
al Padre Huvelin que le ayudara a encontrar la paz.
El Padre Huvelin le dijo que se arrodillara y se
confesara. Después de una larga conversación, aceptó confesarse y así
comenzó para él una nueva vida, buscando a Dios con
desesperación. Quiso entrar de trapense en la abadía de Nuestra
Señora des Neiges y después en la trapa de Akbes
en Siria. Pero se dirigió a Palestina, donde estuvo un
tiempo viviendo en Nazaret y Jerusalén, siendo empleado de las
religiosas clarisas. Después volvió a Francia para prepararse al sacerdocio,
que recibió el 9 de junio de 1901, a los
42 años. Decía: En cuanto creí que existía Dios, comprendí
que no podía hacer otra cosa que vivir para Él.
Ordenado sacerdote, se fue a vivir entre las tropas francesas
del Sahara, primero en Beni-Abbes. Allí rescató esclavos y atendió a
los enfermos, ayudando todo lo posible a los naturales, además
de ser capellán de los soldados. Lo llamaban el hermano
universal, porque era sacerdote y hermano para todos. Después se
fue a vivir entre los tuáregs de Tamanrasset, tratando de
acercarlos a Dios, respetando sus costumbres. A ellos también les
ayudaba con sus conocimientos médicos, curando enfermos. Y el tiempo
libre lo dedicaba a estar a solas en oración ante
Jesús Eucaristía. Decía: ¡Qué delicia tan grande, Señor, poder pasar
quince horas sin nada más que hacer que mirarte y
decirte: Te amo! Allí lo asesinaron el 1 de diciembre
de 1916. Cuando lo encontraron muerto, la custodia, con la
hostia consagrada, estaba tirada en la arena a su lado.
Actualmente,
hay discípulos y seguidores de Charles de Foucauld en varios
países del mundo y, concretamente, en el oasis de Beni-Abbes.
Son los hermanitos y hermanitas de Foucauld.
Pierre Lecompte de Noüy
(1883-1947), biólogo francés, que se alejó totalmente de Dios. Escribió
el libro de su conversión titulado L’avenir de L’esprit (El
porvenir del espíritu), que publicó en 1941.
Joannes Joergensen (1866-1956),
danés y uno de los más grandes escritores católicos del
siglo XX. En su conversión le ayudaron mucho otros dos
convertidos: Mogens Ballin y Verkade, que llegó a ser monje
benedictino. En su Diario de Asís cuenta su conversión. Escribió
algunos libros sobre vidas de santos.
Eva Lavalliére (1866-1929), famosa artista
de teatro, que se convirtió de su vida mundana y se
hizo terciaria franciscana.
Charles Nicolle (1866-1936), francés, premio Nóbel de Medicina.
Su llegada a la fe tuvo mucho que ver con
la amistad con el jesuita Padre Le Portois. Con él
tuvo muchas conversaciones aclaratorias, que describe en su obra La
destinée humaine (El destino humano). Se reconcilió con la Iglesia,
en la que había sido bautizado de niño, el 22
de agosto de 1935.
Henri Ghéon (1875-1944), era médico francés.
En la primera guerra mundial, al ver tanta muerte y
destrucción, empezó a rezar el Padrenuestro y, poco a poco,
regresó a la fe católica de su infancia. Al terminar
la guerra, en 1919, publicó el libro de su conversión
L’homme né de la guerre (El hombre nacido de la
guerra). Se hizo terciario dominico.
Joris-Karl Huynams (1848-1907), gran escritor francés,
gustaba ir a las abadías benedictinas a encontrar un poco
de silencio y paz. Y allí, comenzó a sentir la
presencia de Dios. En su libro En route (En camino),
publicado en 1895, narra su conversión. También escribió el libro
Las multitudes de Lourdes, donde habla de las maravillas de
Lourdes. Se hizo oblato benedictino.
Evelyn Waugh (1903-1966), uno de los
escritores ingleses más conocidos. Educado en una familia protestante, quiso
ser pastor, pero perdió la fe a los 16 años.
Sus conversaciones con el Padre Martín C. d’Arcy lo llevaron
a la Iglesia.
Peter Wust (1884-1940), filósofo alemán, volvió a la
Iglesia en la Pascua de 1923. Y dice: Desde el
día de mi retorno al redil, todo escepticismo fue barrido
de un golpe. Desde aquel día fui de nuevo ingenuamente
creyente como un niño 5. Escribió el libro de su
conversión titulado Unser Weg zur Kirche (Nuestro camino a la
Iglesia).
Daniel Rops (1901-1965) fue un gran escritor francés, que en
1955 entró a formar parte de la Academia francesa. Escribió
muchas obras para llevar la fe católica a las grandes
mayorías. Fue poeta, novelista e historiador. Su principal obra fue
Historia de la Iglesia de Cristo en 9 volúmenes. Es
importante leer sobre su camino espiritual, el libro Sourvenirs et
pensées (Recuerdos y pensamientos) 6.
Leonard Cheshire fue el más famoso
piloto de la RAF (fuerza aérea inglesa), durante la segunda
guerra mundial y recibió la Cruz de la Victoria. Fue
el que tiró la bomba atómica sobre Nagasaki el 9
de agosto de 1945. Inmediatamente después, pidió la baja de
la RAF y se dedicó a fundar casas para acoger
a enfermos y hacer campañas contra la guerra. Fue recibido
en la Iglesia católica el día de Navidad de 1948
y todas las semanas organizaba viajes aéreos a Lourdes durante
el verano. Fue un católico activo y comprometido.
Fred Copeman (1907-1983),
inglés, expulsado de la Armada británica por indisciplina, se hizo
comunista. Fue jefe de la brigada inglesa de 400 hombres
que luchó contra Franco en la guerra civil española de
1936. En 1938, como miembro del partido comunista inglés, visitó
Rusia y su desilusión le hizo dejar el partido comunista.
Fue miembro del partido laborista inglés. En su Autobiografía, titulada
Reason in revolt (Razón en revuelta), explica los caminos de
su vida. Sus conversaciones con el sacerdote jesuita Martindale lo
llevaron a la conversión. Se bautizó pocos días antes de
la Navidad de 1946.
1 Federico Sciacca, Mi itinerario a Cristo,
Ed. Taurus, Madrid, 1957 pp. 106-115 2 Schouwaloff Agustín María, La
mia conversione e la mia vocazione, Milano, 1859. 3 Dal socialismo
al sacerdozio. 2da edición ilustrada, p. 23-24. 4 Lelotte F., Convertis
du XX siècle, Ed. Casterman, Paris, 1955, 2º vol., p.
56. 5 Nedoncelle y Girault, Testimonios de fe, Ed. Rialp, Madrid,
1953, p. 166-191. 6 Está en Ed. Desclée de Brouwer, 1945.
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