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Autor: P. Ángel Peña | Fuente: Ateos y judíos convertidos Conversión de médico radiólogo japonés.
Takashi Nagaï sobrevivió a la bomba atómica que cayó sobre su ciudad de Nagasaki el 9 de agosto de 1945.
Conversión de médico radiólogo japonés.
TAKASHI NAGAÏ (1908-1951), médico radiólogo japonés, escribió su vida en
el famoso libro Las campanas de Nagasaki. Se había dejado
seducir por el materialismo ateo durante sus años de estudiante,
buscando la verdad solamente en la ciencia. Tuvo la suerte
de alojarse, siendo estudiante, en casa de la familia Moriyama,
fervorosos católicos, y se casó con una de sus hijas.
En junio de 1933 recibió el bautismo. Sobrevivió a la
bomba atómica que cayó sobre su ciudad de Nagasaki el
9 de agosto de 1945.
Él cuenta lo ocurrido: Repentinamente el
cielo se iluminó por un instante y el resplandor de
una luz hizo palidecer el sol de verano. Una columna
de humo blanco empezó a subir de la tierra, tomando
la forma de una gigantesca seta u hongo. Una luz
terrible. No hubo ruido. Pero lo que aterrorizó y heló
la sangre fue el soplo inmenso que se escapó de
debajo de la nube blanca. A una velocidad aterradora pasó
sobre las colinas y los campos arrasándolo todo. Las casas
de las cimas cedieron ante su fuerza, y cada árbol
del campo fue arrancado de cuajo y sus hojas desaparecieron
como por encanto. Se diría que un invisible, pero gigantesco
cilindro compresor, trituraba cuanto hallaba a su paso. Un horrible
ruido hirió de súbito los oídos de los que presenciamos
de lejos tan terrible espectáculo. Nos sentimos levantados, tirados contra
una pared de piedra a cinco metros de allí.
Herido en
la región de los ojos, creí que había perdido la
vista. No era así, pero estaba ensangrentado. Y el edificio
entero se había derrumbado. Enterrado entre los escombros, luché denodadamente
hasta que terminé por salir por mi propio esfuerzo. El
espectáculo que tenía ante mis ojos era apocalíptico. Entre escalofriantes
masas de carne, se destacaban lentamente, a rastras, aquellos en
los que había una chispa de vida .Empezamos los primeros
cuidados, pero nunca me había sentido tan impotente, tan inútil
para poder ayudar a aquellos seres humanos destrozados y desgarrados
por el dolor.
No podíamos atender a todos los que se
agolpaban en torno a los escasos médicos supervivientes. Apenas habíamos
mal vendado a uno, cuando se presentaba otro con la
misma súplica: ¡Doctor, sálveme! Jamás me había sentido tan impotente
como al mirar el terrible panorama de miedo, de agonía,
de muerte y destrucción. No podía hacer nada, absolutamente nada.
La sangre me corría por el rostro, desde las sienes
hasta la barbilla. Los ojos parecía que me iban a
estallar. A veces, queriendo incorporar un cuerpo, para ver si
retenía aún señales de vida, se deshacía en mis manos
como fango pegajoso. Miré al cielo y oré.
Al día siguiente,
siguió curando a los heridos sin darse tregua. El día
11 pudo ir a su casa, pero su casa no
existía más y hasta le resultó difícil encontrarla. Buscó entre
los restos a su esposa. Estaba calcinada. Recogió sus huesos
y vio que, en su mano derecha, tenía un rosario.
Había muerto con el rosario en la mano. Más tarde,
al remover los restos de su casa, encontró el crucifijo,
que la familia de Midori había conservado durante 250 años
en medio de las persecuciones. Pudo decir: He sido despojado
de todo y sólo he encontrado este crucifijo. El 20
de noviembre, en una misa por todos los difuntos de
la ciudad, en la catedral de Urakami, el barrio católico
de Nagasaki, dijo en su intervención: El holocausto de Jesucristo en
el Calvario, ilumina y confiere significado a nuestras vidas.
Takashi Nagaï fue
un gran médico católico, que ofreció sus sufrimientos por la
salvación del mundo. Murió a los 43 años, debido a
los efectos de las miles de radiografías tomadas sin la
debida protección. En 1949 recibió en su casa la visita
del Emperador del Japón, reconociéndole sus méritos a favor de
la patria12.
12 Recomiendo su libro Les cloches de Nagasaki, Ed.
Casterman, Paris, 1953. Puede leerse este testimonio en internet http://www.unav.es/capellaniauniversitaria/testimonios/nagasaki.htm
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