La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Ángel Peña | Fuente: Libro ateos y Judíos Convertidos. Hombre de Negocios agnóstico y antirreligioso.
Leseur se hizo sacerdote dominico y vivió hasta su muerte dedicado a la
predicación, amando intensamente a María y a Jesús Eucaristía.
Hombre de Negocios agnóstico y antirreligioso.
ALBERTO LESEUR (1861-1950) era un hombre de negocios, agnóstico y antirreligioso,
que había querido quitar la fe del alma de su
esposa. Y dice: (mi esposa) había orado mucho por mi
conversión. En el mes de agosto de 1914, casi cuatro meses
después de su muerte, la guerra acababa de declararse y
el consejo de administración de la empresa que yo dirigía me
confió la misión de salvaguardar la fortuna de la compañía. Yo
me puse de acuerdo con el presidente para transportar todo el
dinero y cosas valiosas. Debía partir el 31 de agosto,
acompañado de mi secretario y de dos mozos, pero, la salida
resultó imposible... La víspera, el pánico se había apoderado de París
y el éxodo masivo había comenzado. Yo estaba bloqueado en
Paris sin poder salir, cuando, al último momento, todo se me
facilitó contra todas las previsiones humanas, por un concurso de circunstancias
demasiado extraordinarias para que la intervención de lo Alto pareciera innegable...
Baste saber que llegamos a Vierzon, donde tomamos un tren para
llegar a Bordeaux, después de muchas vicisitudes por Limoges, Perigueaux y
Coutras.
A duras penas, habíamos podido entrar en un vagón lleno,
donde se iba a decidir el futuro de mi vida... Yo
estaba en el tren pensando en los acontecimientos de nuestro país
(en guerra), cuando, de repente, una voz interior habló a
mi conciencia: “Si tú has podido dejar París de una manera
tan inesperada, no creas que sea para salvaguardar tus intereses materiales,
que te han sido confiados... Esto era necesario para que te
sea posible ir a Lourdes, donde Dios te espera. Lourdes
es el verdadero término de tu viaje. Tú debes ir a
Lourdes, vete a Lourdes”. Mi primer pensamiento fue de estupor. Yo
me preguntaba, si no estaba dormido o era todo un
sueño. Yo, sin embargo, estaba bien seguro de que estaba despierto.
Me di cuenta de que el tren estaba entre Chateauroux y
Limoges, que eran las dos y media de la madrugada
y yo me esforzaba en luchar contra aquello que me parecía
extravagante; pero, de nuevo, se repitió la misma voz más imperativa.
Yo trataba de decirme que eso no era serio, pero la
llamada se hacía cada vez más repetida, precisa y determinante.
Yo reconocí la voz de Elizabeth y se levantó en mi
espíritu como un gran resplandor.
Era lo sobrenatural que tomaba posesión
de todo mi ser. Cesé de luchar, y me abandoné, me
resigné y tomé la resolución y la promesa de que,
después de llegar a Bordeaux para cumplir mi compromiso, iría Lourdes...
Sólo a principios de octubre me fue posible ir a Lourdes.
Yo llegué a donde: “Dios me esperaba”. No era el
Lourdes animado por la multitud de peregrinos, ahora estaba casi vacío,
un lugar propicio para la piedad individual. Yo estaba completamente solo,
no hablaba con nadie, me aislaba lo más posible. Durante la
semana entera, que pasé en esta santa ciudad, viví en
el más absoluto recogimiento... Pero yo me sentía acompañado de Elizabeth,
aunque invisible. Ella me dirigía y me conducía a Dios...
Una mañana,
en la Gruta, al día siguiente de mi llegada, fui
súbitamente conquistado. Mi voluntad fue dominada por una voluntad todopoderosa y
exterior a mí. Era la acción misteriosa e irresistible de la
gracia. Caí de rodillas, movido por esta fuerza superior, y me
puse a rezar de todo corazón, suplicando a la Virgen
María que pidiera a su divino Hijo que me perdonara, que
me diera la fe y me tomara para sí. Yo había
sido vencido y, cada día, renovaba esta petición... Disfruté de
la dulzura de esos momentos en los que Dios se apodera
fuertemente y para siempre del alma... Elizabeth me dirigió también a
Lourdes en 1918, donde pasé dos meses para madurar mi vocación
religiosa, que debía llevarme a la Orden de Predicadores 17.
Leseur
se hizo sacerdote dominico y vivió hasta su muerte dedicado
a la predicación, amando intensamente a María y a Jesús Eucaristía.
17
Escribió estos detalles de su conversión en su libro Lourdes,
ciudad santa, Ed. L’arbalete, citado por L’Abbé Gastón, Lourdes, Ed. Fleurus,
1958, pp. 101-108. También puede leerse El Diario Secreto de Elizabeth.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR