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Autor: P. Ángel Peña | Fuente: Libros ateos y judíos convertidos Regina García, desilusionada del comunismo, encontró en la fe católica el sentido de su vida.
"Mi madre ofreció sus cuatro horas de martirio por mi conversión..."
Regina García, desilusionada del comunismo, encontró en la fe católica el sentido de su vida.
REGINA GARCÍA, durante la guerra civil española (1936-1939), fue jefe
del Departamento de prensa y propaganda del Estado Mayor general comunista,
con el grado de coronel. Dice: Tuve la desdicha de ser
atea. Envenenada con las falsas doctrinas del racionalismo y del materialismo.
Estaba tan poseída por el error que, por amor a la
justicia social, me hice miembro del partido socialista...
El 4 de
mayo de 1936 se propagó entre las clases pobres de
Madrid la monstruosa calumnia de que las Damas catequistas, las monjas
y los miembros de la Acción católica, habían repartido caramelos envenenados
entre los niños de las barriadas obreras para terminar de una
vez con la “raza marxista”. La reacción de las incultas masas
populares no se dejó esperar. Acaudilladas por los agitadores encargados de
excitar al pueblo, cargaron contra los conventos.
Muchos fueron asesinados bárbaramente...
Más de cien personas perecieron entonces en Madrid, sin que las
autoridades intervinieran para evitarlo. También mi madre se encontró entre las
víctimas... Pero mi madre no murió. No había perdido ni un
solo minuto el conocimiento durante las cuatro horas que duró
su martirio. Como me comunicó posteriormente, ofreció a Dios todos sus
indescriptibles sufrimientos por mi conversión 21.
Yo poseía todo lo que puede
hacer feliz a una persona en este mundo... Y, entonces, Dios
me lo quitó todo, para que el dolor y el
sufrimiento me volviesen a Él. Por lo pronto, vi fallar la
doctrina que había considerado como el objeto de mi vida. Los
hombres, que habían sido educados en las concepciones materialistas se transformaron
en fieras tan pronto como se vieron con las armas
en la mano... Mi marido cayó en las redes de una
mujer depravada... Perdí mi casa y mis bienes. Lo perdí todo.
Durante una temporada, apenas tuve pan para mis hijos, de
los cuales el más joven había venido al mundo en plena
guerra, durante el invierno de 1936... Llegó, entonces, una noche que
jamás olvidaré. Fue todavía durante la guerra civil. Mi niña de
seis años, mi dulce favorita, estaba enferma desde algunos días
atrás. Por falta de medicamentos, empeoraba de día en día y
en aquella noche temí lo peor. Quedé anonadada de miedo y
de pena. Y, en esa hora terrible, me tocó la
gracia. Comprendí que Dios me castigaba en la carne de mi
hija predilecta y cayendo de rodillas y anegada en lágrimas, imploré:
“¡Castígame a mí, Señor! Confieso que he pecado contra Ti, tanto
que te negué. Pero no me castigues en mi hija
inocente. Estoy dispuesta a cualquier expiación”. A la mañana siguiente, la
niña había mejorado perceptiblemente y pronto quedó restablecida por completo. Fue
salvada por la misericordia de Dios y hoy es una muchacha
sana y vigorosa 22.
Regina García, desilusionada del comunismo, encontró en
la fe católica el sentido de su vida.
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