La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Ángel Peña | Fuente: Libro ateos y Judíos Convertidos. Pieter Van der Meer, poeta holandés ateo
Su vida fue un camino de
búsqueda del sentido de su existencia. Sin saberlo, era a Dios a quien buscaba, pues
tenía nostalgia de Dios.
PIETER VAN DER MEER DE WALCHEREN (1880–1970), gran poeta holandés,
que vivía en un ateísmo intelectual donde no cabía la idea
de Dios. En su libro Nostalgia de Dios nos habla de
sus luchas interiores por querer creer, pero sin poder hacerlo
hasta que llegó el momento de la gracia divina, cuando se
entregó totalmente a Dios con su esposa y sus hijos. Veamos
algunos de sus pensamientos, cuando todavía era ateo: La tierra, dentro
de miles o millones de años, será inhabitable y por
fin perecerá. Entonces, será como si este planeta no hubiese existido
jamás, todo será arrinconado en el vacío del olvido. Nadie llevará
ya en sí la memoria de lo que aquellos extraños seres,
que un día vivieron en la tierra y se llamaban
hombres, realizaron y sufrieron... Todo habrá sido perfectamente inútil y esta
comedia, que habrá durado miles de años y de la que
nadie habrá sido espectador, podía igualmente no haber tenido lugar. ¿No
es esto de una vertiginosa ridiculez? ¿No es para aullar
de angustia y refugiarse en la muerte?
Por espacio de un momento,
breve como el zig-zag de un relámpago, estamos en la tierra,
vivos, con los ojos abiertos, atormentados por todos los deseos
y por todos los ensueños, queriendo alcanzar y abarcar lo imposible,
interrogamos al pasado, leemos lo que los hombres han pensado antes
de nosotros, nada sacamos en claro; interrogamos a la tierra, al
cielo, a las estrellas, a los abismos de los espacios
y a los de nuestra propia alma, lloramos de nostalgia por
la belleza, gesticulamos apasionadamente y, de repente, caemos muertos y ya
no hay nada más, nada, nada, nada, nuestros ojos están cerrados
para siempre, los ojos con que ahora miramos las estrellas, esas
estrellas que no nos recordarán 32.
Poco a poco, empieza a
dudar: ¿Qué significa la vida, a cuyo término está la muerte,
ese inmenso agujero negro donde vamos cayendo uno tras otro como
piedras? Decididamente es una perfecta estupidez tomarse la vida en serio
si no existe el alma. Pero ¿acaso las religiones no son
más que un hermoso sueño, bellas mentiras consoladoras a las
que el hombre se aferra ante la perspectiva de desaparecer tragado
por la noche espantosa de la muerte? ¿Contienen una realidad o
no son más que quimeras? Sigo perplejo ante los enigmas. ¿Dónde
puedo encontrar la verdad? 33
Y comenzó a leer los Evangelios
y a pensar seriamente en las cosas espirituales, sobre todo, después
de un viaje que hizo a la Trapa de West-Malle.
Dice sobre esta visita: Todo era tan nuevo para mí, tan
absolutamente desconocido. Nunca se me había ocurrido pensar que en nuestro
tiempo existiese todavía semejante fenómeno: hombres que consagraban su vida a
la oración... Si Dios no existe, ¿no es absurdo todo
esto? En tal caso, sería algo propio de idiotas, de dementes,
algo incluso criminal lo que hacen estos hombres, es decir, aislarse,
renunciar a los placeres de la vida y adorar y glorificar
algo que no existe. No obstante, en este lugar siento
yo orden, paz y la atención está fija en el mundo
interior, en el alma, en lo eterno 34.
He tratado de
explicar a mi esposa Cristina lo que viví durante aquellas
horas maravillosas (en la Trapa) y lo ha comprendido todo. Se
me había revelado algo muy hermoso y muy santo. El tiempo
se desvanece. La vida se halla en él iluminada por
la eternidad divina. No me es posible creer que bajo la
cabal belleza de estas palabras, de esta música, de estas oraciones
no haya una realidad inquebrantable 35.
Esta mañana (4 de diciembre
de 1909) he estado en misa en la capilla del convento
de las benedictinas... Por primera vez, he experimentado la sensación
de que ocurría algo inefable, cuando el sacerdote pronuncia las palabras
de la consagración. No sé decir cómo o de dónde me
vino ese pensamiento, pero supe que algo había cambiado y que
allí había ocurrido algo de una tremenda grandeza 36.
Continuó asistiendo,
siempre que podía, al convento de las benedictinas a disfrutar de
aquella sensación de lo eterno. Estuve toda una noche en
la capilla de las benedictinas, seguí en ella los maitines, asistí
a la misa de gallo y a la misa del
alba. Aún pervive en mí la emoción que me produjo el
excelso esplendor de esas ceremonias. El aspecto externo de las mismas
es ya hermoso, los cánticos, las palabras, la solemnidad de la
misa; pero lo que, de un modo especial, me ha
conmovido ha sido el mundo interior, ya que cada ademán, cada
palabra, cada acto entraña un significado, es como la llama visible
de un fuego invisible, una guía que conduce a los acontecimientos
divinos 37.
Leo la Biblia, los místicos y los libros de
León Bloy. Sé que la Biblia contiene la verdad. Los místicos,
Angela de Foligno, Ruybroeck, Catalina Emmerich y las vidas de santos,
como la de san Francisco, me ayudan a comprender cosas
muy oscuras y maravillosas... Bloy, al que leo intensamente, me da
a conocer el catolicismo en su divino y omnímodo poder, en
su sublime unidad y me enseña lo que es amar
a Dios sobre todas las cosas38.
Bloy me presentó a un sacerdote
para hablar con él. El sacerdote me ha entregado el catecismo
y me ha aconsejado leer los capítulos referentes al Credo
y a los sacramentos, especialmente el relativo al bautismo, y me
ha dicho: “Usted debe orar, rezar el Padrenuestro y el Avemaría.
Con estas oraciones debe usted llamar a la puerta de la
Iglesia y Jesús se las abrirá. Si es usted de
buena voluntad, Dios le ayudará, se lo aseguro. Y debe usted
arrodillarse y hacer el signo de la cruz. Rezaré por usted”.
Después he ido a postrarme ante el Santísimo sacramento que,
en el Sacré Coeur (Sagrado Corazón) está expuesto durante todo el
día y toda la noche. Hincado de hinojos, he puesto mi
mirada en la hostia de nítidos contornos circulares, aureolada de luz,
colocada en la custodia. Le he hablado a Jesús de
mi zozobra espiritual y de mi miseria y le he pedido
misericordia. Dadme, Oh Jesús, la fe, dadme el conocimiento y
el amor para con Dios. Quitadme la ceguera de mis ojos
para que pueda distinguir con toda claridad 39.
A cada momento descubro
en el catolicismo nuevas maravillas. El catolicismo es como una catedral
espiritual, infinitamente hermosa, y mi alma puede ahora penetrar en el
interior de la misma... Cada mañana y cada noche nos
arrodillamos los tres (con mi esposa e hijo) ante el pequeño
crucifijo y oramos. Recitamos las plegarias en voz alta y yo
me esfuerzo en rodear cada palabra de la más viva
atención... Hago la señal de la cruz y la paz mora
en mi corazón. No lo comprendo y no sé explicarlo.
Me siento pequeño y, al mismo tiempo, inmensamente grande. ¿Qué he
hecho yo para merecer esto? ¿Por qué sobre mí? ¿Por qué
sobre nosotros esta gracia abrumadora? Buscaba la solución a mis enigmas
y es tan sencillo: ¡Postrarse de hinojos y entregar el corazón
a Dios! 40
Ayer (24 de febrero de 1911) nuestro hijo
y yo recibimos el bautismo. Cristina y yo nos unimos en
matrimonio. Jesús nos ha purificado y hemos renacido. Al conjuro
de las palabras del sacerdote, se desprendió de mí la vieja
vida con sucios andrajos y se me cubrió con vestido deslumbrantemente
nuevo. El sacerdote ahuyentó de mi las turbulentas tinieblas del pasado,
mi cuerpo quedó puro... Nunca, nunca olvidaré aquellas horas. El acontecimiento
de ayer es el centro de mi vida, por siempre.
Ahora soy cristiano. No se trata de un bello juego de
imaginación, no se trata de autoengaño con palabras bien sonantes, no
se trata de una hermosa apariencia ni de una consoladora mentira,
no, se trata de una realidad eterna. Soy cristiano por
toda la eternidad 41.
He comulgado, Jesús ha visitado mi alma. Antes
de la misa, he ido a confesarme y he pedido a
María que me ayudara a recibir al Rey en mi
pobre morada... Después de comulgar, regresé a mi lugar. Estaba solo,
el Rey estaba solo en mí. Muy pronto, empero, fue descendiendo
sobre mi alma, poco a poco, con gravidez y a
la par de un modo extremadamente suave, una paz resplandeciente, me
sentía lleno de Él, como de una nube de oro. ¡Oh
delicia maravillosa y sin igual! ¡Está bien que haya venido,
decía yo, ebrio de loca alegría! 42
Después de doce años, puedo
decir que esta nueva vida es infinitamente más hermosa, más rica
y más profunda de lo que nunca había podido sospechar
ni siquiera en los primeros años de mi conversión 43.
Pieter van
der Meer se entregó con su esposa totalmente a Dios
y Dios le pidió todo. Primero se llevó a su hijo
de tres años, el 30 de diciembre de 1917. Y,
cuando su hijo Pieterke era ya monje por diez años y
cinco de sacerdote, también se lo llevó con Él. Su hija
se hizo religiosa, con el nombre Sor Cristina. En 1954
se llevó a su esposa y se quedó solo en este
mundo, pero acompañado por Dios. Su vida fue un camino
de búsqueda del sentido de su existencia. Sin saberlo, era a
Dios a quien buscaba, pues tenía nostalgia de Dios.
32 Pieter van
der Meer, Nostalgia de Dios, Ed. Carlos Lohlé, Buenos Aires,
1955, p. 48. 33 ib. p. 60. 34 ib. p. 80. 35 ib.
p. 83. 36 ib. p. 162. 37 ib. p. 164. 38 ib. p.
173. 39 ib. p. 187. 40 ib. p. 194. 41 Ib. p. 214. 42
ib. p. 227. 43 ib. p. 238.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR