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Autor: P. Ángel Peña | Fuente: Libro ateos y Judíos Convertidos. Dorothy Day
Lucho durante más de 50 años en primera línea a favor de la justicia social.
DOROTHY DAY nos cuenta en su libro La larga soledad,
su Autobiografía, que desde joven se dedicó a luchar en contra
de las injusticias y a favor de los más pobres. Por
eso, se metió primero en el partido socialista, alejándose de
su fe episcopaliana en la que había sido bautizada de niña.
Organizaba mítines, estando en varias oportunidades en la cárcel por defender
los derechos de los trabajadores.
Pero, poco a poco, fue encontrando
amigos católicos, que le hablaron de su fe. Especialmente, fue importante
la lectura de algunos autores como Huysmans (católico convertido). Y empezó
a asistir a una iglesia católica, aunque sin estar convencida plenamente.
A veces, se decía a sí misma la frase que
había oído tantas veces:
La religión es el opio del
pueblo, para no dejarse convencer. Además, hacerse católica significaría afrontar la
vida en solitario y yo me aferraba a mi vida
familiar. Resultaba duro pensar en renunciar a un marido para que
mi hija y yo pudiéramos convertirnos en miembros de la Iglesia.
Si yo abrazaba la religión católica, Forster no tendría nada que
ver con ella ni conmigo. Por ese motivo esperé 52.
Pero
decidí prepararme y la hermana Aloysia venía tres veces a
la semana a darme lecciones de catecismo, que yo procuraba aprender
obedientemente 53.
Hasta que un día se decidió y se bautizó
bajo condición, hizo su confesión y su primera comunión. Dice: No
experimenté un gozo especial al recibir estos tres sacramentos: bautismo, confesión
y santa eucaristía... Yo amaba a la Iglesia, no por ella
misma; pues, a menudo, era para mí motivo de escándalo,
sino porque hacía visible a Cristo. Decía Romano Guardini que la
Iglesia es la cruz en la que Cristo fue crucificado; y
como no se puede separar a Cristo de su cruz,
hay que vivir en un estado de permanente insatisfacción con la
Iglesia 54.
Nunca lamenté, ni por un instante, el paso que
di al hacerme católica, pero repito que, durante un año, me
proporcionó muy pocas alegrías, pues la lucha continuó. Conocí a un
buen sacerdote, que me ayudó a seguir mi camino 55.
Con
el tiempo fundó el periódico The Catholic Worker (trabajador católico)
para defender los derechos de los trabajadores y así nació el
movimiento Catholic Worker. Dice: En los comienzos del The Catholic Worker,
mi jornada comenzaba con la misa de madrugada y concluía, muchas
veces, a medianoche 56.
La vida de Dorothy Day fue una
continua búsqueda de Dios, amando a los demás, especialmente, a los
más pobres y explotados. Ella nos dice en las últimas palabras
de su libro: La palabra final es amor. No podemos
amar a Dios, si no nos amamos unos a otros, y
para amar tenemos que conocernos unos a otros. A él
lo conocemos en el acto de partir el pan (misa) y
unos a otros nos conocemos en el acto de partir nuestro
pan. El cielo es un banquete y la vida es
también un banquete, incluso con un mendrugo de pan, allí donde
hay comunidad... Todos hemos conocido que la única solución es el
amor y que el amor llega con la comunidad 57.
Cuando
falleció en 1980, el New York Times la calificó como
una militante de la no-violencia, radical en lo social, de una
luminosa personalidad, que luchó en primera línea durante más de 50
años a favor de la justicia social.
51 ib. p. 336. 52
Dorothy Day, La larga soledad, Ed. Sal Terrae, Santander, 2000
p. 147. 53 ib. p. 154. 54 ib. p. 161. 55 ib. p.
163. 56 ib. p. 252. 57 ib. p. 302.
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