Autor: P. Horacio Bojorge | Fuente: tomaylee-sagradasescrituras.blogspot.com El Modernismo (Teológico) se ha impuesto como sentido común
El Modernismo afirmó que la revelación de Dios se da en la experiencia.
Hoy, en algunos ambientes, se oye hablar más de experiencias de Dios y de experiencias de oración que de fe y de creer.
El Modernismo (Teológico) se ha impuesto como sentido común
Es necesario seguir avisando que el modernismo es una herejía
que exige permanente atención, porque está impuesta y se ha
convertido en sentido común de muchos fieles y también, desgraciadamente,
de muchos pastores.
Es como un olor ambiental al que
nos hemos habituado y ya no lo percibimos.
El dibujo de E. J. Pace, que
hemos tomado del Artículo Modernismo (teología) (Wikipedia) muestra, con elocuencia
gráfica, cómo descienden los modernistas por la escalera de sus
negaciones, desde la fe cristiana al ateísmo. Ellos niegan:
1)
La divina inspiración e infalibilidad de las Sgdas. Escrituras, 2) Que
el hombre haya sido creado a imagen de Dios, 3) Que
pueda haber milagros, 4) El nacimiento virginal de Cristo 5) La
divinidad de Cristo, 6) El carácter expiatorio de su muerte,
7) Su resurrección histórica
De esa manera descienden hasta el agnosticismo
y al ateísmo.
Y así recaen, dramáticamente, de la condición
de hombre nuevo a la de "hombre viejo". Y descienden
desde las luces de la fe a las tinieblas del
ateísmo.
El Modernismo afirmó que la revelación de Dios se da
en la experiencia interior del hombre. Con esto restó importancia
y hasta invalidó la revelación histórica. Pero además, tuvo un
efecto incalculablemente grave: puso la vida religiosa del ser humano
en mano de los psicólogos.
En una entrevista a la Nación,
concedida a Silvana Premat, el benedictino alemán Anselm Grün dejó
escapar, de pasada, la afirmación de que: "La experiencia de
Dios se hace a través del cuerpo"
Los ecos de la
afirmación han resonado y se siguen repitiendo ampliamente en la
red, como podrá comprobar cualquiera usando un buscador. La expresión
no llama la atención porque afirme que Dios sea experimentable,
sino porque afirma que lo sea a través del cuerpo.
Pero
la sola afirmación de la posibilidad de experimentar a Dios,
que ya no resulta llamativa, se aparta de la doctrina
de la fe católica, según la cual Dios no es
experimentable.
A Dios solamente se tiene acceso desde y por la
fe. La doctrina revelada y católica dice que "a Dios
nadie lo vió jamás" y que fue Jesucristo quien nos
lo reveló, de modo que no tenemos acceso a Él
sino por la fe en Cristo. De la fe, pueden
luego derivar experiencias. O también, la fe puede interpretar hechos
que sin ella no sería inteligibles o perceptibles.
Pero, lo que
entiende el modernismo, es que Dios se revela en la
experiencia interior, psicológica del ser humano.
El método de Anselm Grün
en su interpretación acomodada de las Sagradas Escrituras, reduce el
mensaje revelado de las Sagradas Escrituras primero porque lo interpreta
en forma acomodada y segundo porque, mediante este sentido no
bíblico, lo homologa con afirmaciones de orden psicológico, haciendo así
del Evangelio un libro de autoayuda.
La afirmación de Anselm Grün
en la entrevista antes citada, no ha llamado la atención
de los pastores. Anselm Grün no es su creador. Es
un modo de hablar de uso común en los medios
eclesiales de hoy, hablar de experiencia de Dios. Es frecuente
ver anuncios de retiros espirituales que se ponen como meta
lograr una experiencia de Dios.
No es de admirar, además, que
Anselm Grün use esa expresión, porque él no oculta su
dependencia de la doctrina psicológica de Carl Jung, un representante
de la visión modernista en psicología. Jung hace de Dios
un arquetipo del inconsciente colectivo.
Dios en la experiencia moral. Emanuel
Kant
Pero mucho antes de estos fenómenos actuales, el modernismo se
mostró discípulo de Emanuel Kant, por la convicción kantiana de
que Dios es objeto de la experiencia moral del ser
humano. Para Kant la religión verdadera debía ser relegada, reducida
a la moral, al encerrarla dentro de los límites de
la pura razón. La revelación histórica no tiene, afirma Kant,
fuerza de convicción universal como tiene la lógica y su
fuerza racional. La revelación histórica, y el Dios que en
ella se revela, no puede aspirar a ser una religión
universalmente aceptada por todos.
De la apelación de Kant a la
universalidad de la razón en asuntos de fe y moral,
sobreviene más tarde el recurso de los autores modernistas a
la "experiencia humana", universal o compartible, como fuente de la
revelación o conocimiento de Dios. Sólo que de la conciencia
moral, se pasa a explorar la experiencia religiosa en otros
campos de la conciencia. De este modo se ofrecía una
alternativa que se cosideraba ventajosa frente a la fe, y
que acosejaba dejarla de lado, como algo que divide a
los hombres y es causa de desacuerdo. Separa a los
creyentes de los demás hombres y no puede ser fundamento
de un acuerdo universal sobre la base de una experiencia
humana universal.
De esta visión modernista de cuño y origen kantiano
fueron derivando en estos cien años muchísimos frutos, efectos y
consecuencias. Dado que se presentan en sus formas corrientes de
"sentido común instalado" ya no se percibe cuáles son sus
orígenes y hacia dónde conducen. Ni es fácil a veces
percibir su incompatibilidad de fondo con la fe y la
espiritualidad católica.
Sucede, que muchos de estos fenómenos del sentido común
modernista, se han extendido tambíén entre los católicos, sin que
se advierta cuál es su origen y cuáles sus consecuencias.
Tanto más cuanto que la inadvertencia acerca de su naturaleza
modernista está extendida a menudo hasta en la misma academia
teológica y universitaria católica; en la mente de las clases
dirigentes intelectuales del catolicismo.
Esto explica que no se haya percibido
la naturaleza modernista de las obras de Anselm Grün y
que pastores de almas bien intencionados hayan creído que se
trataba de un ensayo valioso de conciliación de la "psicología
moderna" con la "espiritualidad cristiana". Sorprendidos en su buena fe,
se hicieron difusores del pensamiento de Anselm Grün. Algún sacerdote
a quien aprecio mucho reaccionó muy fuertemente contra mí, cuando
le comuniqué mis reparos frente a la obra de este
autor. Según él, Anselm Grün está prestando un gran servicio
al conciliar los conocimientos de la psicología actual con la
tradición espiritual eclesial.
Esto muestra hasta qué punto, los principios modernistas,
convertidos actualmente en sentido común de fieles y pastores, hacen
difícilmente perceptible el carácter modernista de muchas afirmaciones hoy corrientes.
Cuando
algo se convierte en cultura, sus principios ingresan en la
profundidad de los implícitos y, más aún, en la condición
de tabúes intocables y que ya no es posible poner
en discusión, sin exponerse a aparecer como un cuestionador del
sentido común, que es como decir: un loco.
A eso se
agrega, que esos métodos se presentan a menudo con una
cierta ambigüedad, que permite a la vez entenderlos de manera
ortodoxa por unos y heterodoxa por otros. Precisamente porque los
principios de los que derivan quedan implícitos y fuera de
discusión.
Cuando el Pastor Bohoeffer dice, por ejemplo "redimidos para lo
humano", lo humano puede entenderlo el católico a su manera,
a la luz de Cristo, verdadero hombre, y el marxista
a la suya a la luz de la ideología del
hombre nuevo socialista.
Cuando en catequesis se habla de partir del
hecho de vida, se puede entender el método de manera
correcta, si en la percepción del hecho de vida ya
está implicada la mirada, el juicio y la acción de
fe. Y si se ha admitido que el gran hecho
de vida es la muerte redentora de Cristo en Cruz.
O
puede entenderse de manera que se suponga que el anuncio
evangélico y la fe que reclama como respuesta, son tan
difíciles, que solamente pueden tener lugar si previamente se les
ha preparado el terreno con la "revelación" que tiene lugar
en la experiencia interior del hombre, para que lo humano
haga aceptable lo revelado y propuesto a la fe.
De manera
semejante, resulta ambiguo el método del "ver, juzgar y actuar"
íntimamente relacionado con el método catequístico que propone algo dogmáticamente
que se ha de partir del "hecho de vida", es
decir "de la experiencia" humana común, (en cuya génesis puede
suponerse sin problema que la fe todavía no interviene) para
llegar, por fin a la fe, según algunos lo entienden,
o para llegar a la "iluminación del hecho" por la
Palabra, que muchas veces funciona como una iluminación de la
Palabra por el hecho de vida.
Esto sucede por lo tanto
muchas veces en el supuesto, al parecer, de que la
fe no ha logrado previamente determinar el ver, de que
no sería capaz de hacerlo, por lo que el ver
tiene que terminar fundando la racionabilidad o aceptabilidad de la
fe.
En ocasión de aproximarse la Conferencia de Aparecida, volvían a
oírse voces partidarias de mantener y de volver al método
del ver, juzgar y actuar. La Conferencia lo hizo, pero
dejando bien claro en su número 19 que: "Este método
implica contemplar a Dios con los ojos de la fe
a través de su Palabra revelada y el contacto vivificante
con los Sacramentos, a fin de que en la vida
cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz
de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y
Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo
y Sacramento Universal de Salvación, en la propagación del Reino
de Dios, que se siembra en la tierra y que
fructifica plenamente en el Cielo".Ya que, como afirmaba el Papa
Benedicto 16 en su discurso inaugural de la Conferencia, el
13 de Mayo de 2007: "Quien excluye a Dios de
su horizonte, falsifica el concepto de realidad".
Nada impide pues emplear
el método como enseñan a emplarlo el Papa y los
obispos en Aparecida: purificado de ambigüedades dañosas, que puedieron hacerlo
funcionar en la perspectiva modernista y no en la católica. Esto
quiere decir: interpretando y explicitando claramente el pleno acuerdo con
el método, pero urgiendo que: 1) El ver del que se
trata y se trate, sea el ver de la fe,
y no un ver previo, que luego va a preguntarle
a la fe, por su juicio y su acción, sino
que ya desde que ve, ve con fe. El Vaticano
primero ya ponía en guardia contra un poner de lado
la fe provisoriamente por principio metódico (Denzinger 1815, Dz Schönmetzer:
3036) 2) Que el juicio sea el juicio creyente, de quien
ha mirado con fe, sin ponerla de lado en el
momento del ver, y por lo tanto entiende y juzga
con fe y desde la fe, libre de complicidades con
juicios mundanos o de contaminaciones con miras humanas 3) Que la
acción sea la vida cristiana, la caridad y la misericordia,
pero también la parresía cristiana dispuesta a la confesión, a
la prisión y al martirio.
De lo contrario se llega, como
muestra la experiencia pasada, por el camino del experiencialismo modernista,
a una mirada o un ver, que es el ver
de las ciencia humanas construidas a partir de una antropología
ajena a la fe (una psicología, una sociología, una economía,
una ciencia política, que ignoran el pecado original, que ignoran
la existencia de la envidia, de la acedia, del impulso
irracional de las pasiones); que juzga de acuerdo a esa
mirada glaucomiosa sobre lo humano y que actúa en consecuencia
y ¡con qué consecuencias!.
Nos encontramos así, al final de este
recorrido desde la pretensión modernista de la revelación de Dios
en el alma del hombre, en el drama que señala
Benedicto XVI en su discurso en Ratisbona.
Quiero por fin, señalar,
que la visión psicológica de Jung según la cual Dios
se revela en el alma del hombre casi como una
estructura (simplifico forzosamente pero por ahí va) es una concreción
del principio modernista de la revelación interior. Es clara la
impronta de este pensamiento en el de los discípulos de
Jung, entre los que se encuentra Anselm Grün.
Sin embargo no
se ha percibido en muchos medios católicos a qué conduce
esta visión junguiana que se difunde a través de las
obras de Anselm Grün. Por eso me ha parecido urgente
avisar que el hoy tan difundido magisterio espiritual del Benedictino
alemán Anselm Grün, tributario de Jung y Drewermann, navega en
la corriente modernista. Y cunde produciendo desviaciones muy dañinas, por
lo parecidas al recto camino de la fe y la
espiritualidad católica. De hecho, como me decía un amigo obispo,
Anselm Grün, siguiendo a Jung, termina leyendo el evangelio como
un librito de auto ayuda.
Lejos de ser conciliables con la
fe y la sana espiritualidad católica. como algunos suponen, desvían
el alma de los fieles católica por los trillos del
modernismo y de una falsa ciencia psicológica, vulgarizados y convertidos
en sentido común de la cultura dominante.
Me parece que es
necesario seguir avisando que el modernismo es un tema que
exige atención, porque está candente. Y cuáles son algunos de
los más torrentosos canales por donde se derrama hoy en
los medios católicos más ávidos de oración y espiritualidad.
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