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Autor: Sarah Cleary | Fuente: Mujer Nueva ¿Tiene la ciencia experimental el derecho a clonar y el deber de hacerlo?
Poder experimentar con el embrión humano es la primera “ventaja” que se obtiene cuando se busca aprobar la clonación
¿Tiene la ciencia experimental el derecho a clonar y el deber de hacerlo?
"Un área de investigación tan prometedora y que ya está
procurando esperanza en la curación de enfermedades no podía estar
sometida a prejuicios sin base científica alguna... no sólo no
atenta contra el principio ético, sino que en opinión del
Gobierno es exactamente lo contrario: no es ético poner obstáculos
ni dificultades a los científicos que están prestando su talento
y conocimiento para mejorar nuestra capacidad de respuesta a la
enfermedad," ha dicho una política española. Defendía la decisión de
su gobierno de abrir la investigación con células madres embrionarias
y la clonación terapéutica por el supuesto derecho de investigación
que tienen los científicos, y por el “deber” de continuar
aumentando el conocimiento humano. Son las palabras que se repiten
en favor de la aprobación de la clonación. ¿Pero tienen
los científicos el derecho y el deber de avanzar sin
dejarnos juzgar sus pasos?
¿El derecho a clonar?
Un derecho reconoce una
cualidad humana, intrínseca a nuestra vida como seres humanos. Pues
los mismos científicos son los primeros en reconocer que el
ser humano existe desde el momento de la concepción. Por
ello, dan tanto valor al estudio del ser humano en
sus inicios porque les permite conocer mucho mejor este ser
que apenas se está desarrollando, no porque les interesa como
una masa de células cualquiera sino pero ser este entramado
tan particular de células al que ya se le pone
el adjetivo de “humano”. Poder experimentar con el embrión humano
es la primera “ventaja” que se obtiene cuando se busca
aprobar la clonación.
La pregunta que nos hacemos es: ¿cómo
pueden justificar la utilización de un ser humano para experimentar
con él? Muchos opinan que no es lo mismo ser
humano que ser persona humana. Consideran que se es persona
sólo cuando ya se manifiestan ciertas señales de humanidad (algunos
dicen que la conciencia, otros el desarrollo del sistema nervioso...)
Cuando lo consideran persona, y sólo entonces, se le respetan
sus derechos. Pero la misma presencia de vida humana es
la presencia de un ser humano que tiene derechos.
¿Puede el
científico privar a otro del derecho a la vida defendiendo
su derecho a la experimentación? Si aceptamos este presupuesto, tenemos
que aceptar que los derechos de unos valen más que
los de otros. Estaríamos en una sociedad en la que
el derecho se ejerce por poder. Como dicen en ingles:
“Might is right”
La ciencia progresa cuando beneficia a cada
ser humano, porque el ser humano es quien la construye
para mejorar su existencia. Dado que la clonación no beneficia
al ser humano clonado, sino que lo destruye, sería irónico
defender que la clonación humana es un progreso científico. ¿El
deber a la experimentación con la clonación? Un deber viene de
una necesidad natural que se da por y para nuestro
existir. No cumplir con un deber siempre tiene consecuencias desfavorables
para el ser, como se ve claramente en nuestros deberes
físicos. Un deber físico es el de comer; Si no
comimos, morimos.
“Ética” es el nombre que hemos dado al
estudio de los deberes que vienen del hecho de ser
humano. Nuestra razón parte del “quién es” este ser para
encontrar una ciencia práctica que oriente sus acciones. Se dice
que la ética tradicional ya no toca a la ciencia
médica porque no tienen los mismos criterios y métodos; incluso
se dice que la ética no es una ciencia, sino
una abstracción filosófica sin base en la realidad. La ciencia
médica, pues se rige por sus criterios propios.
¿Cuáles son,
entonces, los criterios para la investigación científica? La ciencia experimental
consiste en observar efectos, y después de observar muchos casos
similares, concluye: “En tales circunstancias, cuando pasa x, causa y”.
Este es el método empírico-teórica. Para evaluar si se sigue
avanzando, no se puede esperar hasta una observación posterior, sobre
todo cuando se trata de la vida de los seres
humanos. Por ejemplo, se ha observado que el uso de
las células madres embrionarias en ratones para tratamientos produce tumores
cancerosos en la mayoría de los casos. Una cosa es
que suceda en ratones y otra en los seres humanos,
pero ¿cómo podemos saber si pasará sin hacer la prueba?
Decir que sólo la ciencia experimental debe juzgar la ciencia
es esperar demasiado de ella porque es ponerla por encima
de la misma razón humana.
El último criterio de la
ciencia no es si aporta o no un nuevo conocimiento,
no puede serlo. Si se rechazase la clonación reproductiva sólo
porque no aportase un beneficio a la ciencia natural, no
habría ninguna objeción para que se aceptara en caso de
que se descubriese algo que sirviese para ayudar a alguien
o simplemente para mejorar los propios conocimientos. Y ese no
es el fondo del problema; no es un punto de
anclaje estable para establecer un juicio sobre cualquier experimento científico
en su relación con el hombre real.
En cambio, la ética
ofrece un punto de referencia estable que guía las acciones
y elecciones hechas. La ética y nuestra experiencia propia nos
dicen que el ser humano es siempre un fin, nunca
un medio. Este principio dirige la ciencia no a la
conquista de un avance técnico, sino al bien integral del
ser humano. Cuando la ética rige la ciencia, se ve
con claridad que es injustificable manipular a un ser humano
para el supuesto bien de otros. Por ello, experimentar con
embriones clonados que no han consentido ser utilizados en esta
experimentación ni reciben un beneficio imprescindible para su salud, no
puede justificarse simplemente por un aumento del conocimiento.
¿Tiene la
ciencia el deber de proceder a la clonación para ampliar
el conocimiento humano o buscar tratamientos para la enfermedad? Se
contesta con un ejemplo: ¿Los científicos tenían el deber de
hacer una bomba atómica susceptible de ser usada contra otros
seres humanos sólo para aumentar el conocimiento humano? Einstein pensaba
que no, y fue él quien investigó sobre las formulaciones
del poder nuclear. La ciencia tiene ciertos límites éticos que
son su mejor garantía para ser una ciencia humana y
no técnica deshumanizada.
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