|
La persona humana es un «sujeto» y no un «objeto».
Es una de las ideas que lanzó el obispo Elio
Sgreccia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, el
20 de marzo durante una conferencia en la Embajada de
Croacia ante la Santa Sede.
«Se necesita una bioética que advierta
sobre el significado» de los diversos intentos de la biotecnología
que busca hacer de la persona humana «un objeto y
no un sujeto», con la intención de «reconstruir diversas especies
humanas», sostuvo el presidente de la Academia Pontificia para la
Vida.
Ante la pretensión ideológica que se encuentra en el fundamento
del eugenismo, que busca eliminar los seres humanos con alguna
malformación durante el periodo prenatal, monseñor Sgreccia negó que «todo
el conjunto de genes que conforman genoma humano sea el
fundamento de su dignidad».
Como creación de Dios «el espíritu desde
el mismo momento de la concepción es el fundamento de
la dignidad de la persona humana es quien anima y
estructura el cuerpo, es su fuente energética y de información»,
reafirmó el presidente de la Academia durante el acto organizado
en la embajada croata.
«El genoma humano es una porción importante
en la estructura de la corporeidad», pero «exige un factor
de inteligencia presente en la forma de vida». A ella
le faltan otros elementos». Y señaló el equívoco de «la
concepción biologista que afirma que el alma se identifica con
el sistema nervioso».
Recordó además algunas carencias de documentos de
la UNESCO, al declarar el «genoma humano patrimonio de la
humanidad, como si se tratase de un monumento de piedra»,
pues «el genoma es patrimonio de cada uno».
Monseñor Sgreccia también
criticó el «no haber definido la titularidad de derechos respecto
al genoma, pues cuando se habla de falta de discriminación,
no se dice si vale también para el embrión o
sólo para la persona adulta».
Durante su exposición monseñor Sgreccia explicó
que las ideologías del eugenismo «parten de la afirmación de
la libertad del hombre para no sentirse dependiente de nadie,
no sentirse creado». Esto lo convertirá en objeto manipulable, ante
lo cual se debe aclarar que «la libre aceptación de
ser creado no es sólo un acto de fe, sino
también un acto racional».
El camino para llegar a la creación
de una ética para la biología consistirá en «dialogar y
comunicar» continuamente con quienes toman parte en estos procesos. En
este sentido, monseñor Sgreccia citó al filósofo alemán Jürgen Habermas,
agnóstico, quien sostiene que si alguno modifica el genoma de
otro, se abriría paso al dominio de unos sobre los
otros. |