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Tal vez una compasión mal resuelta
Al preparar nuestras respuestas, es
necesario distinguir entre los argumentos que utilizan las personas con
atracción hacia el mismo sexo (SSA: same sex atracttion) y
las razones por las que la gente corriente apoya la
redefinición del matrimonio. No vamos a cambiar las mentes de
los activistas gays; nuestra meta es tratar a los que
simpatizan con las demandas de los activistas haciéndoles ver que
redefinir el matrimonio:
• va a causar un daño real a
las familias y a los niños • no va a resolver
los problemas de las personas con SSA
Una forma de hacerlo
es poner al descubierto las motivaciones de los que piden
la redefinición del matrimonio. Son gentes profundamente heridas que tratan
de cambiar la sociedad porque tienen miedo a ocuparse de
sus propios problemas.
En la mayoría de los casos, se puede
hallar el origen del SSA de un adulto en el
hecho de haberse sentido “diferente” de su progenitor o de
sus compañeros del mismo sexo, desde su primera infancia. Cuando
eran niños, se sintieron rechazados, pero ocultaron su enfado. Continúan
airados –especialmente con las imágenes de padre– y reclaman la
aceptación que se les denegó, pero la exigen en sus
propios términos. No quieren perdonar. Proyectan su propia rabia en
nosotros.
Las personas con SSA tienen mucha más probabilidad de sufrir
alteraciones psíquicas, abuso de drogas, y adicción sexual que la
población corriente. Sus amigos no dejan de ver sus problemas.
El reconocer la vulnerabilidad de las personas con SSA puede
ser una de las razones de que haya tanta gente
que simpatiza con la demanda de redefinición del matrimonio. Hemos
de reconducir esa simpatía, hacia la prevención y el tratamiento.
La redefinición del matrimonio no resolverá los problemas internos de
las personas con SSA, sino que los bloqueará en actitudes
rígidas y negará a los niños con riesgo de SSA
la ayuda que necesitan.
Asumir la realidad de la situación y
el único remedio serio Los medios de comunicación han ocultado
constantemente la verdad del SSA. La mayor parte de la
gente, incluyendo a muchos que se oponen a la redefinición
del matrimonio, se creen al menos algunas de las mentiras
acerca del SSA y ello influye en el debate. Necesitamos
presentar continuamente la verdad acerca del SSA:
• 1) No existe
un gen gay • 2) El SSA es una alteración del
desarrollo psicológico que se origina en las experiencias de la
primera infancia. El síntoma más temprano y común es el
sentirse “diferente” del progenitor y de los compañeros del mismo
sexo. • 3) Los niños con GID (alteración de la identidad
de sexo: Gender Identity Disorder) están en situación de alto
riesgo de SSA en la posterior infancia y en la
adolescencia. • 4) El SSA no es algo que elige una
persona. • 5) El SSA puede prevenirse y tratarse. • 6) Los
niños que “se sienten diferentes” o cuya necesidad de aceptación
no se ha atendido son más proclives a convertirse en
víctimas del abuso sexual. • 7) El SSA, especialmente en los
varones, va acompañada frecuentemente por la adicción sexual. • 8) Las
personas con SSA están más expuestas que las demás a
sufrir otras alteraciones psíquicas, el abuso de drogas y la
idea de suicidio.
Nuestra defensa del matrimonio debe ir acompañada por
esfuerzos sinceros para que se pueda disponer de una prevención
y un tratamiento para las personas que padecen SSA. Ésta
es la verdadera respuesta a la demanda de una redefinición
del matrimonio. Los que claman que la compasión requiere eliminar
la “discriminación” no están ofreciendo libertad sino una esclavitud más
confortable.
Hemos de admitir los modos en que se ha producido
el fallo de la sociedad en su respuesta al problema
del GID y el SSA. En los comienzos de la
década de los 1960, la comunidad psiquiátrica había revelado muchos
de los factores que conducen a la SSA y elaboraron
protocolos de tratamiento. Pidieron que esta información se transmitiera a
padres, profesores, pediatras y pastores de almas, de forma que
los niños con GID pudieran recibir la ayuda que necesitaban
y se evitara la SSA. No se hizo lo suficiente.
Los muchachos que no recibieron tratamiento en los años 60
se encontraban entre los de la primera oleada de los
destruidos por la epidemia de SIDA de la década de
los 1980.
Si te encuentras con un hombre encadenado a un
árbol –hambriento, desnudo, sediento–, ¿le proporcionas alimento, vestido y bebida,
o te haces con la herramienta cortante adecuada y le
liberas de la cadena? Lo que debemos hacer es lo
segundo.
Una situación ciertamente complicada
La verdadera compasión
Con frecuencia, el más duro
criticismo de este enfoque proviene de los que comparten nuestra
visión del problema: “Pero bueno –preguntan– ¿es que las personas
con SSA no pueden sencillamente corregirse? ¿Por qué tenemos que
compadecerlas? Fue su elección”.
Necesitamos comprender, y ayudar a los demás
a que comprendan por qué es tan difícil para las
personas con SSA el resistir a la tentación de actuar
según sus atracciones.
Elisabeth Moberly, en su folleto “Homosexualidad: una nueva
Ética cristiana” (Homosexuality: A New Christian Ethic), explica que todo
ser humano nace con una necesidad de ser amado y
aceptado por el progenitor del mismo sexo. La atracción SSA
“es esencialmente un estado de desarrollo incompleto”. Es esa ausencia
de acabamiento lo que se opone al desarrollo armónico de
la personalidad de los afectados: ”la expresión sexual no es
la adecuada en las relaciones previas a la edad adulta
con lo que el impulso amatorio hacia el mismo sexo
no es otra cosa que el intento de hacer buenos
los deficits de identidad sexual”.
La respuesta no es suprimir la
sana necesidad de sentirse amado por los del mismo sexo,
sino satisfacer esa necesidad sin que medie la relación sexual.
¿Por
qué es eso tan difícil? Porque el niño que no
experimenta el amor y la aceptación paternos, probablemente se enfadará
pero temerá expresar abiertamente su enfado. El enfado no expresado
se convierte en resentimiento y encono. Esto lleva a envidiar
las características de otros del mismo sexo que el niño
piensa que no tiene. Lo cual abre la puerta a
la autocompasión y luego a conductas de autosatisfacción, y finalmente
al orgullo. Resentimiento, envidia, autocompasión, conductas de autocomplacencia y orgullo,
son hábitos que si no se corrigen en un niño
son difíciles de vencer en un adulto. Y esto es
doblemente duro para la persona que mantiene una relación negativa
con su padre, porque el padre es el modelo de
la disciplina necesaria para adquirir la virtud. Todo ello se
complica aún más por el hecho de que los hombres
con atracción por el mismo sexo (SSA) frecuentemente han tenido
madres que protegían excesivamente a sus hijos y, de modo
inconsciente, animaban al resentimiento, la autocompasión y el orgullo. Si,
además, una persona con SSA ha sido víctima de abuso
sexual en su infancia y sufre adicción sexual, entonces la
recuperación resulta más complicada.
En su comienzo no es un problema
sexual
Los activistas gays puede que respondan a la clasificación del
SSA como alteración psicológica haciendo ver que la homosexualidad ya
no se considera un desorden por las organizaciones de salud
mental. Lamentablemente, la homosexualidad se suprimió como patología en respuesta
a las presiones políticas, y no porque hubiese pruebas de
que no es una alteración patológica.
Una de las razones por
las que algunos no reconocen al SSA como alteración psíquica
es que tienen una idea equivocada de lo que constituye
un desorden psíquico. Una persona puede funcionar en sociedad, tener
un empleo, llevar una vida de relaciones sociales, y aun
así carecer de la libertad que se asocia a la
salud psíquica, en otras áreas de su vida. Por ejemplo,
una persona que sufra el síndrome compulsivo de “adquisición de
bienes materiales”, no es capaz de renunciar al exceso de
posesiones. Los objetos materiales se acumulan hasta el punto de
que algunas partes de su casa quedan inservibles para su
uso normal, y sin embargo esa misma persona puede que
realice bien su trabajo. Los amigos que no visitan su
casa pueden no tener ni idea de que existe un
problema. Este síndrome es extremadamente difícil de tratar. Los que
lo padecen insisten en que no necesitan ayuda alguna y
luchan contra los intentos de eliminar los excesos por parte
de otros.
El SSA es una alteración del desarrollo psicológico porque,
al no atenderse adecuadamente durante la primera infancia la necesidad
de aceptación por los del mismo sexo ni la de
seguridad en sí mismo, la persona queda atascada en ese
aspecto de su desarrollo, pero continúa madurando en otros aspectos.
La necesidad es tan intensa en la adolescencia que se
interpreta como ansiedad sexual. Las autobiografías de personas con SSA
revelan la naturaleza esencialmente no sexual de la necesidad en
cuestión –la de sentirse aceptado por sus iguales en sexo–,
y cómo se sexualizó, con frecuencia a través del abuso
sexual.
La liberación de la conducta homosexual no es fácil. Las
legítimas necesidades deben satisfacerse sin recurso al sexo, los traumas
han de sanarse, y hay que vencer los hábitos negativos,
y todo ello debe acompañarse con la recuperación de cualquier
tipo de adicciones. Un breve folleto titulado “Homosexualidad: un hachazo
a las raíces” (Homosexuality: Laying the Axe to the Roots),
escrito por Ed Hurst (Outpost, 1980), explica que la recuperación
de la SSA requiere el tratamiento del rechazo, la rebelión,
el miedo, el compadecerse de sí mismo, la envidia, y
la amargura.
Dado su historial, se comprende que las personas con
SSA piensen que la redefinición del matrimonio les proporcionará la
aceptación que se les denegó. Comprendiendo su historial, debemos explicar
por qué eso no va a funcionar así. |