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Autor: Cardenal Franjo SEPER, Prefecto y Jerôme HAMER, arzobispo titular de Lorium, Secretario | Fuente: Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe La homosexualidad
No se puede emplear ningún método pastoral que reconozca una justificación moral a los actos homosexuales por considerarlos conformes a la condición de esas personas
En nuestros días, fundándose en observaciones de orden sicológico, han
llegado algunos a juzgar con indulgencia, e incluso a excusar
completamente, las relaciones entre ciertas personas del mismo sexo, en
contraste con la doctrina constante del Magisterio y con el
sentido moral del pueblo cristiano.
Se hace una distinción, que no
parece infundada, entre los homosexuales cuya tendencia, proviniendo de una
educación falsa, de falta de normal evolución sexual, de hábito
contraído, de malos ejemplos y de otras causas análogas, es
transitoria o a lo menos no incurable, y aquellos otros
homosexuales que son irremediablemente tales por una especie de instinto
innato o de constitución patológica que se tiene por incurable.
Ahora
bien, en cuanto a los sujetos de esta segunda categoría,
piensan algunos que su tendencia es natural hasta tal punto
que debe ser considerada en ellos como justificativa de relaciones
homosexuales en una sincera comunión de vida y amor análoga
al matrimonio, mientras se sientan incapaces de soportar una vida
solitaria. Indudablemente esas personas homosexuales deben ser acogidas, en la acción
pastoral, con comprensión y deben ser sostenidas en la esperanza
de superar sus dificultades personales y su inadaptación social. También
su culpabilidad debe ser juzgada con prudencia. Pero no se
puede emplear ningún método pastoral que reconozca una justificación moral
a estos actos por considerarlos conformes a la condición de
esas personas. Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales
son actos privados de su regla esencial e indispensable. En
la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso
presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios
18. Este juicio de la Escritura no permite concluir que
todos los que padecen de esta anomalía son del todo
responsables, personalmente, de sus manifestaciones; pero atestigua que los actos
homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación
en ningún caso.
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