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Autor: Juan Manuel de Prada | Fuente: ABC El fin del Derecho
En los últimos años, el Derecho ha dejado de fundarse sobre conceptos inmanentes para apoyarse sobre un batiburrillo de conveniencias sociales e ideológicas dictadas por el oportunismo
El fin del Derecho
Mucho antes de entrar en guerra, el Tercer Reich desarrolló
un plan para el asesinato de enfermos incurables denominado «Aktion
T4». Se calcula que, cuando finalmente fue cancelado, varias decenas
de miles de alemanes aquejados de enfermedades terminales habían sido
entregados a las cámaras de gas.
El programa de eutanasia
de Hitler, que suele calificarse erróneamente de «prueba piloto» para
los campos de exterminio masivo, estaba en realidad dictado por
una actitud de índole «compasiva»: los jerarcas nazis consideraban que
una vida estragada por el sufrimiento no merecía la pena
ser vivida. Los promotores de «Aktion T4» desarrollaron, sin embargo,
su trabajo en secreto, sabedores de que el Derecho les
impedía disponer discrecionalmente de las vidas ajenas; cuando dichas prácticas
fueron divulgadas, tuvieron que ser interrumpidas, pues resultaron demasiado «desagradables»
para la opinión pública.
Visto a la luz de nuestra
época, el programa de eutanasia del Tercer Reich quizá siga
resultando «desagradable», no tanto por su maldad intrínseca como por
sus cifras industriales y sus métodos expeditivos. Pero en lo
que verdaderamente importa -la suplantación del Derecho por un conglomerado
de consideraciones presuntamente «piadosas»-, nuestra época ha llegado más lejos
que el Tercer Reich: lo que los jerarcas nazis realizaban
en secreto, por cuidar las apariencias, nuestra época lo perpetra
a plena luz del día, orgullosa de su «altruismo».
El caso
de Terri Schiavo nos muestra la perversión rampante del Derecho
que postula nuestra época. En los últimos años, el Derecho
ha dejado de fundarse sobre conceptos inmanentes para apoyarse sobre
un batiburrillo de conveniencias sociales e ideológicas dictadas por el
oportunismo. Así, por ejemplo, si se considera que destruir la
naturaleza de una institución jurídica puede reportar determinados réditos electorales,
se procede a su destrucción y santas pascuas.
Este entendimiento
relativista (y, en el fondo, descarnadamente totalitario) del Derecho no
afecta tan sólo a sus instituciones, sino también a sus
principios rectores: así, el derecho a la igualdad puede ser
interpretado ad absurdum para forzar una nueva configuración del matrimonio,
pero al mismo tiempo puede ser derogado mediante la introducción
de una «discriminación positiva» de tal o cual sexo.
Cuando
el Derecho es sometido a la pura conveniencia, la aberración
jurídica campa por sus fueros; por supuesto, para justificar tales
aberraciones, los destructores del Derecho invocan la sacrosanta corrección política,
o bien un sucedáneo hipócrita de compasión. De este modo,
le tapan la boca a los disidentes, que si todavía
se atreven a balbucir algún reparo son automáticamente expulsados a
las tinieblas exteriores.
Uno tenía entendido que el presunto «derecho a
la eutanasia» se fundaba sobre la voluntad del enfermo. Pero
caminamos hacia una «eutanasia por decreto», donde la voluntad del
enfermo es suplantada por su representante legal o por un
juez que se arroga un poder decisorio sobre la vida
y la muerte. Naturalmente, una vez infringida la noción misma
de Derecho, se puede afirmar sin empacho que ofrecer bebida
y alimentos a un enfermo es «mantener artificialmente» su vida
(lo que legitimaría matar por inanición a tetrapléjicos, pacientes de
alzheimer o niños recién nacidos con malformaciones), o aceptar como
prueba irrefutable el testimonio de un familiar que se erige
(sin que ningún documento o testigo lo acrediten) en sedicente
depositario de la voluntad de la víctima.
Puestos a matar
por decreto, la técnica nazi se me antoja menos demoradamente
cruel que la privación de bebida y alimentos; pero a
los hipócritas que postulan el fin del Derecho no les
gustan, al parecer, los métodos expeditivos.
¿Cómo creen que reaccionarían las
feministas de todo el mundo si en EEUU, un juez
autorizara al marido de una mujer de 41 años a
dejarla morir de hambre y sed, contra la voluntad de
sus padres y hermanos?
De hecho, no están haciendo nada, porque
eso está pasando en Florida, con Theresa Marie Schindler Schiavo
(Terri Schiavo) y las ONGs feministas no han dicho nada. ¿Dónde
estarán ahora las "Católicas por el Derecho a Decidir"? ¿O
Terri no tiene derecho a decidir? ¿Acaso Terri no es mujer?
¿O solo son mujeres las feministas que quieren abortar? ¿Acaso no
se trata de su propio cuerpo? ¿O el cuerpo de
las mujeres es solamente el niño que llevan en su
seno las mujeres embarazadas que quieren abortar? Aún más, ¿no es
acaso su propia vida? ¿O solamente tienen derecho a la
vida las embarazadas que quieren abortar? ¿No está siendo maltratada por
su marido? ¿O sólo hay maltrato cuando un hombre le
pega a su mujer? ¿No está siendo tratada como una "propiedad"
de su marido? ¿O eso eran cosas que sólo pasaban
en la Edad Media? Entonces, ¿por qué se llaman feministas? Es para
pensar, ¿no? Y para rezar también por Terri y su
familia.
Escribe: Ignacio Moro Jóvenes por la vida - La Plata
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