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Permitir un proyecto que concedería 5.000 dólares a las familias que autorizasen que los miembros de un familiar muerto se usaran en transplantes
Cuando faltan donantes de órganos
En muchos países el número de órganos que se
necesitan para transplantes e investigación está lejos de superar las
necesidades. En Gran Bretaña estalló un escándalo en 1999 cuando
se reveló que órganos de niños eran conservados sin consentimiento
en el hospital Alder Hey en Liverpool. La mala publicidad
resultante llevó a un descenso en los órganos disponibles para
investigación, en especial para la investigación de cánceres terminales, informó
el 17 de diciembre el Telegraph.
En Estados Unidos, la escasez
de órganos está llevando a los pacientes a buscar donantes
entre los inmigrantes y extranjeros, informaba el 3 de marzo
el Washington Post. «En porcentaje, cada año los ciudadanos norteamericanos
reciben más órganos de los que donan», afirmaba Anne Paschke,
portavoz de la United Network for Organ Sharing, que pone
en contacto, por toda la nación, a donantes con receptores.
En
el 2001, los ciudadanos de Estados Unidos recibieron el 96,2%
de los transplantes en el país, afirmaba Paschke. En contraste,
sólo el 94,8% de los donantes de órganos eran ciudadanos
norteamericanos. El resto eran residentes permanentes, extranjeros no residentes y
otros, declaraba. Esta tendencia se ha mantenido constante durante más
de una década.
Una sugerencia, hecha en una conferencia de expertos
en donación de órganos reunida en Florida el mes pasado,
sería tomar órganos de todos los que mueran y hayan
firmando tarjetas de donantes, incluso si se oponen sus familias,
informaba el 27 de mayo Associated Press. Actualmente los miembros
de la familia tienen la última palabra sobre las posibles
donaciones de órganos de sus familiares muertos. Y sólo la
mitad de los familiares están de acuerdo con las donaciones.
«Creo
profundamente en un derecho individual a donar. Ese derecho no
se debe arrebatar porque la familia no esté de acuerdo»,
afirmaba el Dr. Robert Metzger, director médico del banco de
órganos de Orlando, que ayudaba en la organización del encuentro.
En
España, los datos recientes muestran un aumento en las donaciones
de órganos, informaba el 5 de junio el diario ABC.
El año pasado hubo 34 donaciones por cada millón de
habitantes. Con todo 856 donantes posibles fueron descartados porque sus
familiares no dieron permiso para retirar los órganos.
El país tiene
ahora 4.797 personas a la espera de donaciones de órganos
de diversos tipos; 3.933 de ellos están esperando un riñón.
El tiempo de espera medio para recibir un transplante es
de uno a cinco meses. En los Estados Unidos, en
contraste, 81.000 pacientes esperan durante más de tres años por
un órgano, informaba ABC.
¿En venta?
Para remediar la escasez de
donaciones de órganos algunos proponen introducir el pago. Nadey Hakim,
jefe de la unidad de trasplantes del hospital St. Mary’s,
al oeste de Londres, y presidente de la sección de
transplantes de la Real Sociedad de Medicina, afirmaba que las
leyes deberían cambiar para hacer legal la compra y venta
de órganos, informaba el 21 de mayo el Telegraph. Cerca
de 5.500 personas están esperando en Gran Bretaña por un
transplante de riñón, pero sólo se han llevado a cabo
el año pasado 1.700 operaciones.
En una entrevista en la BBC
radio, Hakim explicaba que, como resultado de las largas esperas,
la gente viajaba al extranjero para comprar órganos y someterse
a operación. «Puesto que este comercio está llevándose a cabo
de todas formas, por qué no someterlo a control, de
manera que si alguien quiere donar un riñón por un
precio determinado se pueda aceptar», preguntaba.
Pero el Dr. Peter Rowe,
presidente del comité de ética dela Sociedad Británica de Transplantes,
jefe de ética médica en la Asociación Médica Británica, reaccionó
negativamente ante la sugerencia. «Estamos horrorizados», dijo Rowe, «el profesor
Hakim vive en el limbo. La mayoría de la opinión
pública está contra el pago porque conduciría a la explotación
de los miembros más débiles de la sociedad».
En Estados Unidos
también hay peticiones para comerciar órganos. Associated Press informaba el
1 de junio que una coalición de cirujanos de transplantes,
académicos y activistas, con sede en Pittsburg, envió una carta
a 40 senadores y miembros del congreso. Quieren que se
rescriba una ley de 1984 que prohíbe los incentivos financieros
en las donaciones de órganos, para permitir un proyecto que
concedería 5.000 dólares a las familias que autorizasen que los
miembros de un familiar muerto se usaran en transplantes.
United Network
for Organ Sharing, con sede en Virginia, afirma que más
de 6.000 personas murieron el año pasado esperando órganos. Tanto
la United Network for Organ Sharing – la organización sin
ánimo de lucro que administra la red para conseguir órganos
en la nación – como la American Medical Association han
pedido estudios sobre incentivos financieros en las donaciones de órganos.
El
debate ético
El Dr. Leon Kass, presidente del Consejo de Bioética
del presidente, trató el tema del pago por órganos en
su colección de ensayos, recientemente publicada, «Life, Liberty and the
Defense of Dignity» (La Vida, la Libertad y la Defensa
de la Dignidad). Kass ve un lado positivo en la
idea, puesto que aliviaría la necesidad de órganos.
Pero hay problemas
también. Kass pregunta por los principios que gobernarían un comercio
de órganos. ¿Debería hacerse desde el punto de vista del
economista, dominado por reglas racionales que siguen una ética utilitarista?
¿Se debería adoptar el punto de vista del liberal, no
poniendo límites a la autonomía individual? ¿Se debería seguir la
posición de un moralista y defender al vulnerable, dando peso
a consideraciones de explotación y degradación de las personas, y
la cuestión de asegurar el consentimiento libre?
La donación de órganos
también suscita problemas con algunas objeciones que tienen que ver
con la dignidad corporal, observa Kass. En relación con los
donantes vivos, hay una presunción contra la auto mutilación, incluso
cuando se saque algún bien de ello. Las donaciones de
cadáveres, por otro lado, van contra nuestro respeto por la
integridad de un cuerpo, y nuestro deseo de honrar a
los muertos.
El comercio de órganos también abre la cuestión de
las personas más pobres que venden partes del cuerpo para
hacer frente a necesidades financieras, para beneficiar a los que
tienen buena situación. En un grado limitado esto ya está
ocurriendo, pero hacer legales los pagos podría extender más el
alcance de la explotación.
El moralista católico Germain Grisez, en el
segundo volumen de su tratado sobre teología moral «The Way
of the Lord Jesus Christ» (El Camino del Señor Jesucristo),
observa que la donación de partes del cuerpo tras nuestra
muerte es permisible. Por otro lado, las donaciones de personas
vivas no deben dañar al donante o ponerlo en un
riesgo indebido. La donación puede estar bien «cuando exige sólo
un riesgo moderado de detrimento futuro para actuar con funcionalidad»,
escribe Grisez. Por ejemplo, donar un riñón puede ser aceptable
generalmente. Otras donaciones, como la sangre, que no daña al
donante e implica muy poco riesgo, no son sólo lícitas
sino incluso deseables.
La doctrina de la Iglesia deja la cuestión
de la donación de órganos a cada individuo. En su
encíclica «Evangelium Vitae», Juan Pablo II habla de una auténtica
cultura de la vida que puede ser fundamentada por cada
persona. En el No. 86 escribe:> «Entre ellos merece especial
reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables,
para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida,
a enfermos tal vez sin esperanzas».
Dejar morir a las personas
de una muerte lenta mientras esperan en vano órganos no
es una perspectiva atractiva. Sin embargo, el comercio de órganos
abre muchas cuestiones sin resolver. Claramente, es necesario un debate
más amplio sobre este tema. Pero un buen comienzo sería
animar a más donaciones voluntarias.
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