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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Equipo Gama Bioética y comportamientos peligrosos
Tener presente esta dimensión de la bioética puede llevar a un cambio radical en los estilos de vida de las personas y de las sociedades
La bioética, en cuanto reflexión ética sobre la vida, tiene
que hablar sobre aquellos comportamientos elegidos libremente que implican peligros
para la salud o para la vida de las personas.
En concreto, la bioética debe pronunciarse sobre la seguridad en
el trabajo, sobre la sana alimentación, sobre cómo comportarse en
las carreteras, sobre el abuso de sustancias como la droga
y el alcohol, sobre los “deportes extremos”, y un largo
etcétera.
Numerosos comportamientos ponen en peligro no sólo la propia
integridad física, sino también la de otras personas. Por eso
hace falta promover una cultura de la prudencia, de la
seguridad, del cuidado, que venza la inercia de sociedades en
las que el riesgo llega a ser presentado incluso como
un reto o como un camino para la autoafirmación.
Al
mismo tiempo, la bioética tiene que seguir con atención de
qué manera el mundo del trabajo puede ganar en seguridad
para evitar accidentes y situaciones de peligro que dejan miles
y miles de heridos y de muertos cada año.
Un
capítulo importante se refiere al abuso de sustancias que provocan
la pérdida de la propia conciencia y responsabilidad moral, además
de producir enormes daños a nivel físico, psíquico y social.
La droga y el alcohol necesitan una atención más incisiva
y eficaz por parte de los estudiosos de bioética, para
poder indicar a la sociedad pautas y estímulos que ayuden
a erradicar los males del alcoholismo y de la drogadicción
en millones de seres humanos.
Estos temas tocan en lo
profundo toda la vida social. No basta con avisar de
los peligros y denunciar los actos que dañan a la
gente. Hay que saber dialogar con las autoridades públicas, con
los educadores, con las familias, para que se transmitan valores
y virtudes que preparen a los niños y adolescentes a
ser responsables y a evitar comportamientos que luego se pagan
a un precio excesivamente alto.
Al mismo tiempo, hay que
ofrecer la asistencia necesaria a tantas personas que han sucumbido
por causa de un accidente o por vicios arraigados, de
forma que la sanidad pública y los grupos sociales puedan
ayudarles y acompañarles a alcanzar la curación (donde sea posible)
o a convivir con la enfermedad de modo digno y
adecuado.
La prevención ante los comportamientos peligrosos será mucho más
eficaz si está acompañada de una buena enseñanza sobre la
higiene, el deporte, las maneras correctas de comer, etc. Millones
de personas en algunos países pobres sufren por enfermedades debidas
a una nutrición poco balanceada o al consumo de agua
en malas condiciones. Otros caen en el extremo opuesto, de
forma que una alimentación excesiva y desordenada ha convertido a
la obesidad en uno de los mayores problemas sanitarios en
algunos países “desarrollados”.
Tener presente esta dimensión de la bioética
puede llevar a un cambio radical en los estilos de
vida de las personas y de las sociedades. De este
modo, será posible trabajar por mejoras profundas en pueblos y
aldeas donde ahora se sobrevive de modo muy precario. Habrá
menos accidentes de trabajo y de tráfico. Y los jóvenes
y los adultos aprenderán a tomar las debidas distancias ante
sustancias y comportamientos peligrosos que pueden destruirlos en su vida
física y en su integridad moral.
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