La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org Los hijos adoptivos
Es evidente que hay mucha más reflexión en la adopción de un niño, que en la decisión de tener un hijo de modo natural
Los hijos adoptivos
Muchas veces he escuchado intercambios de opinión sobre la cuestión
de adoptar hijos cuando un matrimonio no puede tenerlos de
modo natural. En semejantes momentos las dudas y los miedos
se abalanzan sobre el matrimonio, y mientras algunas veces ambos
piensan del mismo modo, en muchas oportunidades se producen divergencias
que dilatan o eliminan la posibilidad de incorporar nuevas almas
al seno familiar.
Hace poco tiempo pude vivir este proceso
en la carne de una persona muy cercana. Así, puedo
dar testimonio de la angustia que vivía este hombre con
anterioridad a la adopción, y la transformación que se produjo
en su vida con posterioridad a haber traído a una
hermosa alma, santa y feliz, a su casa. Literalmente, es
como si se tratase de dos personas distintas, antes y
después, porque el corazón de este novel papá estalló en
una fanfarria de alegría incontenible. Es notable el percibir que
sus ojos ven otro mundo, otra realidad, porque a toda
hora él se admira de la maravilla de Dios que
es tener un hijo. Es como si nada existiera más
que el amor por ese pequeño en su vida ¡E
imaginen ustedes cómo está su esposa, y como están unidos
ellos en el amor que nació de modo tan repentino!
Me
admiraba sobre la poderosa transformación de la que es capaz
el hacer una obra tan santa como lo es adoptar
un hijo, porque se advierten los efectos maravillosos que se
derraman sobre el matrimonio ante el fruto de decisión tan
meditada. Es evidente que hay mucha más reflexión en la
adopción de un niño, que en la decisión de tener
un hijo de modo natural, en el promedio de los
casos. Y si bien el amor por un hijo no
se compara a nada, creo que el amor por un
hijo adoptivo es mucho más fuerte, porque se fundamenta en
la convicción profunda de llevar adelante un acto de amor.
Los matrimonios encuentran en la adopción una fuente de nueva
vida en unión, y los niños adoptados se adormecen en
los arropamientos de nidos cálidos y bien cuidados, verdaderos palacios
donde la vida florece esperanzada y bien regada de amor
y sonrisas. La adopción es, así, una manifestación de cuan
bueno puede ser el hombre cuando se lo propone
Si, adoptar
a un hijo es una decisión maravillosa y agradable a
los ojos de Jesús. Una expresión del amor que un
matrimonio es capaz de dar, cuando hay una sintonía en
el deseo de dar frutos de bien y abundancia. Como
fue en Nazaret, dos mil años atrás. Un humilde carpintero
se había desposado con una buena y hermosa joven del
lugar. Ella fue elegida para desposar al Amor de Dios
hecho Persona, al Espíritu Santo que descendió sobre su Vientre
y dejó allí la Semilla de la que crecería el
Salvador del mundo. José, el buen y humilde carpintero, dudó
y meditó, pero finalmente creyó en Ella.
José se hizo
entonces el padre adoptivo de Jesucristo, Dios hecho Hombre. Ellos
estuvieron unidos desde el primer momento, porque Dios había elegido
a la mejor Madre terrenal, pero también al mejor padre.
El carpintero de Nazaret fue el padre adoptivo del Niño
Dios, y lo amó como ningún padre terrenal puede amar,
unido a María, hasta que Dios lo llamó junto a
El.
Dios se hizo Hombre, y quiso ser Hijo de
un padre adoptivo, de José el carpintero. María fue Mamá
de Jesús y esposa de José, Ella fue entonces Madre
de Dios, y él fue padre adoptivo del Mesías. Unidos
en tan perfecta familia, anduvieron los polvorientos caminos de Galilea
en una vida simple y plena de manifestaciones de fe,
porque nada en ellos se interponía a su maravillosa misión.
Veamos
en la paternidad adoptiva de José el llamado a formar
una familia cristiana, con nuestros hijos naturales, o con aquellos
que el amor de Dios nos ofrezca en el camino.
Ellos serán foco de amor y de unión, savia verde
que revitaliza la vida, signo que da sentido al existir,
impulso que abre sendas nuevas y permite ver el camino
con claridad. Nada, entonces, parecerá imposible, ni siquiera tener un
hijo.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR