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Autor: Arturo Guerra | Fuente: Catholic.net El Padre Trampitas
Juan Manuel Martínez, el Padre Trampitas se hace preso para evangelizar a los presos.
El Padre Trampitas
Las Islas Marías. Sí. A algunos nos
suena a cárcel, a criminales de siete homicidios para arriba,
a gente altamente peligrosa, a seres desalmados purgando su condena,
perpetua las más de las veces... Una cárcel “natural”,
sin paredes, donde la inmensidad del Océano Pacífico le trunca
a cualquiera las ganas de escaparse.
Durante más de treinta años
vivió aquí un preso. Un preso más. Que
comía como cualquier otro preso. Sujeto a las leyes de
la prisión. Privado de su libertad. Encerrado.
Ninguna diferencia. Bueno, una. Este preso... era voluntario.
Sí.
Lo que oyes. Un preso voluntario. Quiere
decir que a él nunca le capturó un comando especializado
de la Policía después de incontables meses de búsqueda.
Quiere decir que no llegó amarrado ni custodiado por seis
fornidos guardias de seguridad. Quiere decir que ningún juez
le condenó a cadena perpetua en las Islas Marías.
Quiere decir que ni mató ni robó ni nada que
se le parezca. Preso voluntario.
Su nombre: Juan Manuel
Martínez. Su apodo: el Padre Trampitas. Sí.
Un sacerdote católico.
Tan preso que cuando el Papa Juan
Pablo II visitaba por primera vez México en 1979, el
P. Trampitas solicitó al Jefe de la cárcel un permiso
especial para ir a alguna de las ciudades por donde
el Papa iba a pasar. El permiso se atoró
a medio camino y nunca llegó. Y se quedó
sin ver al Papa. Él, que era sacerdote.
Sacerdote hecho preso voluntariamente. Con todas sus consecuencias.
Numerosos hombres
de siete homicidios para arriba, mujeres purgando una larga condena
por sus crímenes... pudieron encontrar a Dios y morir en
paz gracias al testimonio y labor del P. Trampitas.
Un
sacerdote preso voluntario cuyas cenizas están ahí, presas entre los
presos de hoy y de mañana.
“Venid benditos de mi Padre,
porque estuve en la cárcel y vinisteis a visitarme.”
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