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Introducción
1. México vive profundos cambios en su sistema político .
El tránsito a la democracia ha implicado para nuestro pueblo,
la experiencia de encuentros y desencuentros, de logros y fracasos.
Si queremos hacer de la democracia un estilo de
vida, habrá que valorar críticamente las experiencias, aprender de ellas
y generar actitudes nuevas que nos permitan decidir el rumbo
de nuestra historia.
2. Las elecciones del próximo cinco de julio
son una magnífica oportunidad para hacerlo. El proceso electoral federal
nos permitirá renovar la composición de la Cámara de Diputados.
Elegir a seis nuevos gobernadores, conformar nuevos Congresos locales, presidencias
municipales, la integración de la Asamblea Legislativa y las 16
delegaciones políticas del Distrito Federal.
3. Por esta razón, queremos
ofrecer a todos los fieles de la Iglesia Católica, a
los hombres y mujeres de buena voluntad, el servicio de
nuestro ministerio pastoral y contribuir, desde lo que
es propio de nuestra misión, en la consolidación de
la democracia en nuestro país.
4. Con la intención de
hacer explícita la dimensión social del evangelio , consideramos importante
destacar la importancia del actual proceso electoral en el contexto
de los desafíos que tiene la cultura democrática en México,
pues no hay democracia verdadera y estable sin justicia social,
sin división real de poderes y sin la vigencia del
estado de derecho. La democracia es un estilo de
vida que implica todas las actividades humanas de participación, representación
y promoción , que requiere de un entramado institucional y
cultural fundado en valores y principios.
5. Compartimos esta reflexión
respetando el principio de laicidad. La Iglesia católica no es
un sujeto político, pero si un sujeto social, cuya misión
le exige no perder su independencia ni autoridad moral para
abogar a favor de los pobres. Nuestra tarea es formar
conciencias, defender la justicia, la verdad y educar en la
dignidad individual y política. Son los fieles laicos católicos quienes,
conscientes de su responsabilidad en la vida pública, deben estar
presentes en la formación de los consensos necesarios y en
contra de las injusticias.
I. Situarnos en la realidad
6. Vivimos
tiempos difíciles que nos exigen actitudes definidas y comprometidas. No
podemos quedarnos en la pasividad provocada por el pesimismo y
el miedo. El desaliento en muchos casos puede ser expresión
del acercamiento simplista a la realidad e incapacidad por enfrentar
los problemas. Ante la realidad es necesario fortalecer en nosotros
la esperanza y animarnos a asumir de manera responsable nuestro
compromiso ciudadano.
Sin justicia social no hay democracia
7. La crisis
financiera global y sus desequilibrios nos está afectando. La recesión
económica agudiza las condiciones de vulnerabilidad de grandes sectores de
la población mexicana. Se hace más difícil superar la pobreza
ancestral, surgen nuevos rostros de la pobreza y aumenta el
desempleo. Es urgente que la democracia alcance un sistema económico
más justo. Están a la vista los excesos de las
políticas neoliberales del sistema financiero que entrega a los pobres
a la voracidad de los dueños del dinero.
8. No
se puede medrar con el hambre y la desesperación de
los ciudadanos en este momento de elevado desempleo, carestía y
bajísimos salarios. La magnitud de la pobreza y la acentuada
desigualdad que se vive México, hacen insuficientes los esfuerzos
de los distintos niveles de gobierno, lo que provoca insatisfacción
en muchos ciudadanos.
9. Los desafíos de la educación son
serios y graves. En muchos lugares no hay instalaciones dignas.
La educación pública y privada tiene el reto de educar
en las virtudes sociales y formar hombres y mujeres con
sentido solidario, capaces de hacer frente a la seducción del
individualismo salvaje y de los espejismos del mercado. La capacidad
de organización del magisterio, debe tener un mayor sentido
de responsabilidad social, por encima de intereses de partido o
de grupo y canalizarse en favor de los educandos.
10. La
violencia en nuestra sociedad es un hecho. Se manifiesta de
muchas maneras que agravian a la sociedad y que lastiman
la convivencia social. Es evidente el aumento del crimen organizado
(narcotráfico, secuestros, trata de personas, etc.); en torno a estas
actividades ilícitas se han constituido grupos de poder que desafían
al Estado. El clima de inseguridad que vive la población
acentúa la percepción de un deficiente sistema de procuración de
justicia. Es preocupante la crisis de sentido ético que explica
el incremento de la corrupción, y que aunado a la
frecuente impunidad, alienta la tentación de vivir fuera de la
ley.
11. Ante este panorama la sociedad no cuenta con instrumentos
jurídicos que le permitan exigir al Estado la vigencia de
los derechos y garantías reconocidos en la Constitución y en
los instrumentos internacionales firmados y ratificados por México. Particularmente los
derechos sociales consagrados constitucionalmente son muy loables, pero la ausencia
de instrumentos para exigir su cumplimiento los convierte con frecuencia
en “derechos de papel”.
Participación ciudadana
12. La unidad nacional es
frágil. La sociedad está fragmentada. Con facilidad se forman grupos
en torno a ideales, aficiones, visiones e intereses, y con
la misma facilidad los gremios se confrontan al no compartir
la manera de ver la historia, de valorar las coyunturas,
de enfrentar las dificultades, de resolver los dilemas. El pluralismo
social y cultural es legítimo y enriquecedor, sin embargo, cuando
se exacerba o cuando se violenta a la sociedad, se
favorecen desencuentros, se dificulta el diálogo y se impiden los
consensos. La polarización social dificulta la gobernabilidad.
13. En
un país democrático la ciudadanía debe dar seguimiento a las
acciones de quienes ejercen el poder. El acceso a la
información y la liberalización de los medios masivos de comunicación,
permiten que la ciudadanía se informe de los errores, excesos,
abusos, atropellos, irregularidades y hasta delitos cometidos por sus gobernantes,
pero no existe forma de sancionarlos, lo que provoca sentimientos
de decepción y frustración. La difusión pública de los escándalos
y la ausencia de vías para sancionar a los malos
gobernantes, acrecienta la percepción de impunidad, una de las grandes
debilidades del Estado mexicano.
14. La actividad democrática se ha reducido
a la mera participación en los procesos electorales. La aportación
ciudadana, para su consolidación, supone un estilo de vida que
se cultiva desde la propia familia y actitudes ordinarias que
la favorezcan. Señalamos ciertos dinamismos culturales que dificultan la participación
de la ciudadanía en la vida democrática de nuestro país:
a) poner el interés propio o de grupo encima de
las necesidades de la nación, b) hacer prevalecer los
intereses individuales sobre los comunitarios c) justificar el recurso a
cualquier medio, d) considerar el quehacer político como algo sucio
y e) incapacidad de escucha y diálogo con quienes piensan
diferente.
Vida democrática
Desconfianza en las instituciones y procesos electorales
15. Aún subsisten
los efectos de la polarización generada en la pasada elección
presidencial. Ha disminuido la credibilidad en las autoridades electorales y
hay quienes abiertamente expresan su desconfianza en las instituciones políticas
del país. Hay algunos ciudadanos que ven con recelo la
democracia, que desalientan la participación y confían más en formas
autoritarias de gobierno.
16. Al interior de los partidos políticos confluyen
corrientes que manifiestan su poder en las distintas modalidades para
la renovación de su dirigencia o en la selección de
candidatos a puestos de elección popular, ocasionando fracturas internas y
escisiones que no sólo debilitan a los partidos mismos sino
que provocan desencanto en la ciudadanía.
17. Es una realidad
que a pesar de las reformas electorales el gasto en
las campañas sigue siendo altísimo. La ciudadanía demanda campañas menos
costosas y un mayor compromiso de los partidos. Un país
con índices de pobreza como los que hay en México
no puede permitirse el lujo de hacer gastos excesivos en
las campañas electorales. Esos recursos podrían destinarse a impulsar el
combate contra la pobreza y el desarrollo social.
Insuficiente representatividad
18. La
democracia en nuestro país es por definición una democracia representativa.
Sin embargo, la forma como se reciben o asumen las
decisiones que responden a los grandes desafíos de la vida
nacional indica que la ciudadanía no se ve representada en
ellas. Las experiencias vividas y las exigencias del momento piden
revisar lo que ha significado la representatividad.
19. Cuando la
ciudadanía no encuentra, en los candidatos que se le proponen,
personas que puedan verdaderamente representarla en las instancias de decisión,
decide abstenerse de participar. Se sabe del daño que hace
a la representatividad una insuficiente participación en las elecciones, porque
cuando son pocos los que votan, es el voto de
unos cuantos el que define la elección. Quienes resultan electos
tienen que enfrentar, además del descontento y la sospecha de
quienes no obtuvieron la mayoría, la falta de legitimidad, pues
ejercerán legalmente la representación que se les confía, pero sin
la necesaria aceptación y el respaldo de la ciudadanía. Esto
debilita a las instituciones políticas que colapsan cuando no hay
en ellas una auténtica representación popular.
20. Por otra parte es
necesario reconocer que aún cargamos lastres de una cultura política
autoritaria. El avance en el camino democrático requiere de instrumentos
de democracia deliberativa, participativa y directa que permitan a los
ciudadanos y ciudadanas expresarse en torno a las grandes decisiones
que deben tomarse para la vida de la nación. Existen
ejemplos de buenas prácticas en algunos gobiernos municipales y en
muchas comunidades indígenas aunque no todas se han consolidado en
un marco legal.
Los medios de comunicación
21. Los medios de
comunicación son un verdadero signo de los tiempos en nuestra
era. Su contribución a la consolidación de la democracia es
importante. Por su capacidad de influencia han sido llamados el
cuarto poder. Quienes ejercen dominio sobre ellos tienen una gran
responsabilidad social. Advertimos con preocupación que, por la influencia de
los medios, la conciencia de muchas personas, de distintas edades,
se adormece con el veneno cotidiano de la violencia, el
sexo, el desenfreno, la mentira, la infidelidad, la desfiguración de
la palabra y de la realidad política y económica.
II. El
aporte de la Iglesia para la consolidación de la democracia
22. Ante esta situación de carestía global
de alimentos, de desbarajuste financiero, de pobrezas antiguas y nuevas,
de cambios climáticos preocupantes, de violencias y miserias que obligan
a muchos a abandonar su tierra buscando una supervivencia menos
incierta, de terrorismo siempre amenazante, de miedos crecientes ante un
porvenir problemático, es urgente descubrir nuevamente perspectivas capaces de devolver
la esperanza.
23. « ¿Cómo puede contribuir la Iglesia
a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos,
y responder al gran desafío de la pobreza y la
miseria?» Encontrar la respuesta nos concierne a todos. Los
Obispos de la Iglesia en México, a la luz de
la Palabra de Dios, queremos “reconocer los signos de Dios
en todas las fatigas del hombre dirigidas a hacer el
mundo más justo y habitable” y, con la ayuda
de la Doctrina Social de la Iglesia, nos proponemos ofrecer
algunos criterios éticos y “apoyar la participación de la sociedad
civil para la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la
política” .
El Buen Pastor nos enseña a ubicarnos de
manera responsable en la sociedad
24. En el evangelio, a través
de una hermosa comparación, Jesús se presenta a sí mismo
como modelo de Pastor (Cf. Jn 10,1-18). Quienes quieran
o pretendan apacentar a sus ovejas, tendrán que parecerse a
Él. Jesús fue muy sensible ante la carencia de verdaderos
pastores, de verdaderos líderes; se conmovió ante la muchedumbre porque
“estaban como ovejas sin pastor” (Mc 6,34).
25. Las ovejas, símbolo
del pueblo, no siguen a un extraño, huyen de él
porque no identifican su voz, en cambio siguen a su
pastor porque lo conocen y están familiarizadas con él. El
buen pastor por su parte, conoce a sus ovejas, les
procura lo que necesitan para la vida, no las abandona,
no piensa en cómo aprovecharse de ellas, sino en el
bien que les puede hacer. Para que haya buenos pastores
es necesario que las ovejas tengan un profundo conocimiento de
quienes se presentan como sus pastores. Deben saber si les
quieren hacer el bien o si pretenden aprovecharse de ellas
y distinguir a los verdaderos pastores de los que sólo
quieren vivir a costa suya.
26. A la luz de
este icono evangélico del Buen Pastor, reflexionemos ahora en la
naturaleza de la actividad política que ofrece a los cristianos
un camino serio y difícil para cumplir el deber de
servir a los demás.
Colocar la persona al centro
de la actividad política
27. La persona humana es el fundamento
y el fin de la convivencia política y del
bien común , que es la razón de ser de
la comunidad política. De esta afirmación deriva la dimensión ética
de la política que es necesario tener en cuenta, particularmente
cuando la actividad política parece condicionada por el poder financiero,
por la influencia de los medios de comunicación y por
los avances de la técnica.
28. Considerar a la persona
humana como fundamento y fin de la actividad política y
aceptar el consiguiente orden ético, anima interiormente a la inteligencia
y la voluntad a buscar lo que es bueno y
verdadero para todos, propicia y orienta el diálogo social e
impulsa la participación solidaria, que en definitiva es lo que
constituye y dinamiza la comunidad política. El significado profundo de
la convivencia civil y política no está en la lucha
de fuerzas; sino que se encuentra en la amistad civil
. Esta implica ver en los demás, no adversarios, sino
semejantes, con quienes es más lo que nos une que
lo que nos separa.
El sujeto de la comunidad política
es el pueblo
29. La comunidad política encuentra en su referencia
al pueblo su auténtica dimensión. De aquí surge el
imperativo de la educación de la conciencia social del pueblo
para que de acuerdo a los valores que lo congregan,
sepa discernir en cada momento el bien verdadero de la
comunidad y sus integrantes, así como sus exigencias morales para
realizarlas en orden a la felicidad personal y a la
convivencia social pacífica y ordenada. Un camino para ello es
la práctica de las virtudes sociales.
30. Es necesario, mediante la
formación cívica, superar la confusión que muchas veces se da
entre lo que es el gobierno y lo que es
el Estado. En la medida que la ciudadanía de
nuestro país se descubra a sí misma como parte del
Estado, se asumirá como responsable. De la soberanía nacional.
31.
Entre los elementos fundamentales a tener en cuenta en la
educación de la conciencia de los pueblos se pueden señalar
entre otros: a) mostrar a todas las personas que en
ellas hay una natural capacidad de conocer, de querer y
de elegir la verdad y el bien; b) formar en
los derechos humanos y en los deberes correspondientes, individuales y
sociales, sin separarlos de su fundamento ético que se encuentra
en una concepción antropológica integral; c) formar en el uso
crítico de los medios de comunicación que tienen una fuerte
capacidad en formar las conciencias o de adormecerlas mediante la
cultura del consumo y de la violencia. La sociedad tiene
derecho a una información fundada en la verdad, libertad, justicia
y solidaridad.
La justicia es el objeto y la medida
intrínseca de la política
32. Los cristianos estamos llamados a
vivir la fe orientando nuestro comportamiento por las exigencias de
la justicia. La construcción del orden justo de la sociedad
es tarea de la actividad política y ésta goza de
legítima autonomía . La política no puede reducirse a simples
técnicas para determinar ordenamientos públicos. Su origen y meta están
en la justicia y ésta es de naturaleza ética.
33.
La justicia es una virtud dinámica y viva que defiende
y promueve la inestimable dignidad de las personas y se
ocupa del bien común, tutelando las relaciones entre las personas
y los pueblos. La justicia, al mismo tiempo virtud moral
y concepto legal, debe ser vigilante para asegurar el equilibrio
entre los derechos y deberes, así como promover la distribución
equitativa de los costos y beneficios. La justicia restaura, no
destruye; reconcilia en vez de instigar a la venganza.
34. Es deber propio del Estado procurar la justicia y
garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiariedad, su
parte de los bienes comunes . Por su parte,
la Iglesia no puede quedarse al margen de la lucha
por la justicia. Se inserta en ella a través de
la argumentación racional y despertando fuerzas espirituales sin las cuales
la lucha por la justicia no puede afirmarse ni prosperar.
El deber inmediato de actuar a favor de un orden
justo en la sociedad es propio de los fieles laicos,
que como ciudadanos del Estado están llamados a participar en
primera persona en la vida pública, es decir, en nombre
propio y bajo su propia responsabilidad , dado que de
una misma fe pueden surgir distintas opciones .
35. La
construcción de un orden social y estatal justo es tarea
fundamental de cada generación. En ella, los fieles cristianos que
viven su compromiso político como caridad social , deben responder
a las exigencias de la justicia para evitar que la
búsqueda del propio interés y el afán de poder opaquen
y desvirtúen su intención de servir a los demás. Para
ello cuentan con la doctrina social que les ofrece un
horizonte de diálogo, a partir de la razón y desde
lo que es conforme a la naturaleza de todo ser
humano.
La autoridad como fuerza moral
36. La autoridad política es
necesaria en razón de la tarea que le es propia
y debe ser un componente positivo e insustituible de la
convivencia civil. Su tarea es garantizar la vida ordenada y
recta de la comunidad, sin suplantar la libre actividad de
personas y grupos, sino orientándola hacia la realización del bien
común, respetando y tutelando la independencia de los sujetos individuales.
37. La autoridad tiene la obligación de reconocer, respetar y
promover los valores humanos y morales esenciales que no se
fundan en mayorías de opinión. Si así fuera serían provisionales
y cambiables. Tiene la tarea de mandar según la recta
razón y de obligar por su conformidad con el orden
moral. Sus leyes y ordenamientos son justos en la medida
que promueven la dignidad de la persona humana. La obediencia
que el ciudadano debe a la autoridad se fundamenta en
el orden moral al que ésta sirve. Si la autoridad
no actúa en orden al bien común, desatiende su fin
propio y se hace ilegítima.
III. Algunos desafíos para la consolidación
de nuestra democracia
Contribuir al fortalecimiento de una democracia integral
38.
No está en discusión el valor de la democracia, aunque
tenemos problemas en las modalidades de su ejercicio y en
las condiciones sociales, económicas y políticas, nacionales e internacionales, que
la hacen posible. Es necesario trabajar por fortalecerla recuperando en
la conciencia social el sentido de la ciudadanía y el
valor del principio de representatividad, colocando en el horizonte de
la actividad política el compromiso por la justicia social.
39. Para
contribuir al fortalecimiento de la democracia integral, nuestro aporte está
fundamentalmente en la educación, pues a través de ella “es
posible construir una cultura más participativa, representativa y respetuosa de
la dignidad humana en todos los ámbitos, es decir, una
cultura de la democracia.”
40. Por ello proponemos en
el corto plazo, impulsar, en los espacios creadores de cultura
y con distintos actores relevantes en la construcción de una
cultura democrática , distintas actividades de formación que promuevan la
participación ciudadana, insistiendo en los valores que fundamentan la democracia,
en sus elementos sustanciales, estructurales y de procedimiento y en
la importancia del principio de representatividad.
41. Consideramos además que
es importante que en espacios plurales de diálogo se estudie
y analice la conveniencia de seguir avanzando en nuevas formas
de participación política ciudadana, tales como el plebiscito, el referéndum,
la iniciativa popular y la revocación del mandato, de manera
que se puedan dar avances legislativos en esta materia.
Asegurar una
adecuada representatividad
42. Nuestra democracia es una democracia representativa. Recordemos que
los representantes no son simples agentes pasivos de los electores
y que sus objetivos no dependen exclusivamente de los intereses
de partido, sino de la actuación del bien común.
La representación política tiene una dimensión moral irrenunciable que
consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo
y en buscar soluciones a los problemas sociales. Se requiere
que la autoridad sea ejercida mediante el recurso a las
virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de
servicio -paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad- y que sea ejercida
por personas capaces de asumir, como finalidad de su actuación,
el bienestar de todos y no el prestigio o el
logro de ventajas personales.
43. Una adecuada representatividad exige a
los representantes y representados evitar la corrupción política. Este cáncer
de la democracia traiciona los principios éticos y las exigencias
de la justicia social, compromete el correcto funcionamiento del Estado
introduciendo la desconfianza en las instituciones políticas y el menosprecio
de los ciudadanos por la política y sus representantes, con
el consiguiente debilitamiento de las instituciones.
44. Un candidato a
representante debería llenar el siguiente perfil ético mínimo:
a) La honestidad
es un criterio fundamental para percibir al candidato como confiable,
transparente, coherente, persona de valores como la veracidad, la lealtad,
la honradez. Es el principal antídoto contra la corrupción.
b)
El conocimiento de las necesidades de la gente. Esto supone
cercanía y sensibilidad. No basta el conocimiento técnico, es necesario
un conocimiento directo que le permita descubrir las exigencias del
bien común tanto en el nivel local como nacional.
c) Compromiso
con la reconciliación y la justicia. Es una exigencia ética
y un imperativo de la realidad que vivimos. Sólo representantes
con un profundo sentido de justicia lucharán, desde el ámbito
que les es propio, contra la pobreza y la desigualdad,
contra la inseguridad y la violencia, contra la fragmentación social.
d)
Capacidad suficiente. No basta la buena voluntad, las tareas de
representación son distintas. Una función administrativa y una tarea legislativa
requieren formación y capacidades diversas que no se improvisan. La
demagogia siempre es engañosa.
e) Sensibilidad por los pobres, por los
excluidos, por los indefensos, demostrada no sólo en las campañas
electorales, sino en su vida diaria.
45. Nos proponemos impulsar, como
lo hemos hecho en otras ocasiones, el voto responsable. No
entendemos por ello ni proselitismo político ni política partidista. No
pretendemos utilizar nuestro ministerio para influir en los fieles para
que voten por una opción determinada, sino exhortarles para que
disciernan críticamente y decidan conforme a su conciencia rectamente formada.
Re-valorar la función de los partidos políticos
46. Hoy los partidos
políticos tienen una gran responsabilidad en el fortalecimiento de la
democracia, por ello “… deben hacer siempre un serio esfuerzo
para representar de un modo auténtico las aspiraciones y necesidades
del pueblo.” . Para hacer frente a esta responsabilidad deben
atender a algunos desafíos: alcanzar la armonía; respetar en sus
procesos internos los derechos políticos de los militantes; formarlos en
su filosofía e incrementar su militancia con ciudadanos convencidos en
su declaración de principios y en su propuesta política.
47.
La función política de los partidos no se limita sólo
a los procesos electorales. Los partidos deben ser instancias permanentes
de formación política. Hoy ningún partido puede pretender tener la
verdad absoluta, ni la solución única a los problemas de
la comunidad. Esto exige apertura al pluralismo, tanto dentro del
partido como en su relación con otras instancias de participación
social y política.
48. La militancia partidista pide actitudes nuevas
a la hora de plantear la propuesta política. Hoy es
necesario atender, con respetuosa escucha, a las demandas, aspiraciones y
necesidades del pueblo. En otras palabras, primero escuchar, después proponer.
Este diálogo, escucha y propuesta, no puede limitarse a los
militantes del propio partido, ni plantearse sólo como estrategia para
captar el voto de los indecisos. Es un auténtico servicio
a la ciudadanía que fortalece a la comunidad como sujeto
de su historia.
Impulsar una responsable participación ciudadana
49. Necesitamos
un horizonte cultural capaz de hacer germinar y de suscitar
el renacimiento de la vida política. Esto no será posible
sin una responsable participación ciudadana. El sistema político democrático exige
el protagonismo de los ciudadanos en la vida pública; por
eso los cristianos tienen que participar activamente en ella, pues
no basta tener fe y querer hacer el bien, es
necesario además dar vida a las instituciones de la vida
pública y actuar con eficacia dentro de ellas.
50.
Los cristianos no pueden eximirse por tanto de participar en
las tareas políticas, pues se trata de un derecho y
un deber que debe ejercerse en el marco de una
sociedad pluralista. Su participación puede tener varios cauces entre los
que destacan los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad
civil y cuando se trata de las jornadas electorales, el
ejercicio del derecho al voto o la participación como funcionario
de casilla, el apoyo de observador electoral. En cada caso
han de conducirse con ejemplaridad, con sentido de responsabilidad y
siempre con voluntad de servicio.
51. La educación cívica y política
debe integrar dos dimensiones: la moral y la técnica. De
esta manera quienes se dedican a la actividad política y
se dicen cristianos serán al mismo tiempo que competentes moralmente
íntegros, capaces de reconciliar la ética con la política. Este
es el aporte decisivo de los cristianos al quehacer político
en la sociedad democrática.
52. Para ser testigos de la
esperanza hay que superar la tentación del desaliento que justifica
la abstención. No se puede cambiar en pocos años ni
en los primeros intentos un sistema y estilo de vida
autoritario que se construyó por décadas.
53. Además de participar
responsablemente en los procesos electorales, alentamos a la ciudadanía a
que tenga una actividad pública más consistente y permanente, ya
que la democracia requiere de la “subjetividad” de la
sociedad mediante la creación de estructuras de participación y corresponsabilidad.
Esta participación es muy importante para la promoción
de las reformas necesarias a la arquitectura institucional del Estado
de derecho.
54. Reconociendo que la información es uno de los
principales instrumentos de participación democrática, es necesario asegurar un pluralismo
real en este ámbito de la vida social. Se deben
garantizar múltiples formas e instrumentos en el campo de la
información y la comunicación, y las condiciones de igualdad en
la posesión y uso de dichos instrumentos mediante leyes apropiadas,
para asegurar la no subordinación de los intereses públicos a
los intereses comerciales, particulares o de cualquier esfera de poder.
55. Es indispensable que se refuercen las garantías de protección
a los periodistas, que ofrecen un valioso servicio cuando sirven
a la verdad, el respeto a la libre expresión y
el acceso a la información pública y la transparencia, así
como el compromiso de los medios de conducirse éticamente, ser
rigurosos en la cobertura noticiosa y responsables en su labor
de orientación social.
Seguir impulsando el crecimiento de la sociedad civil
56.
La sociedad civil es la comunidad organizada para alcanzar la
satisfacción de necesidades o la realización de ideales compartidos. A
través de su participación en los procesos sociales, políticos y
económicos del país o de sus localidades, se convierte en
interlocutora de todas las instituciones, en especial del Estado. El
surgimiento de la sociedad civil es muy necesario para redefinir
la tarea política en términos de convivencia y de atención
a las prioridades nacionales y locales, pues “son muy importantes
los espacios de participación de la sociedad civil para la
vigencia de la democracia, una verdadera economía solidaria y un
desarrollo integral, solidario y sustentable.”
57. Alentamos el fortalecimiento de
redes ciudadanas de la sociedad civil organizada, legalmente constituida y
supervisada y éticamente fundamentada. Es conveniente promover el crecimiento
de la sociedad civil en el nivel local, lo que
supone desarrollar el sentido de pertenencia a la comunidad, el
compromiso, la generosidad, el sentido moral y el interés por
los asuntos públicos. La vertebración ciudadana favorecerá que nuestra democracia,
además de representativa, sea participativa. Conclusión
58. En esta reflexión exhortamos
a los fieles católicos, hombres y mujeres de buena voluntad
a contribuir a la consolidación de la democracia y a
que participen en el proceso electoral en curso y animar
a otros a hacerlo. Es importante asumir un estilo de
vida democrático y promoverlo cada quien en el ámbito de
su competencia.
59. A nuestros hermanos sacerdotes les invitamos a asumir
responsablemente su tarea de formación de la conciencia de los
fieles católicos, respetar en todo los derechos políticos de la
ciudadanía, cuidarse de no identificar su ministerio en favor de
los pobres y de la justicia con posiciones partidistas, y
fortalecer en los distintos espacios la vida comunitaria,
la participación y formas civilizadas de convivencia, fundadas en el
respeto a la dignidad de las personas.
60. A los padres
de familia, les invitamos a revisar el estilo de vida
familiar para superar las formas autoritarias por formas participativas y,
en la medida de lo posible, democráticas. A las instituciones
educativas, en especial las de inspiración cristiana, las exhortamos a
integrar auténticas comunidades educativas, que más allá de una educación
individualista, se hagan responsables de la transmisión y vivencia de
las virtudes sociales y políticas.
61. A los comunicadores, particularmente
a los que se confiesan católicos, les animamos a vivir
su profesión como un apostolado, al servicio de la verdad,
del bien común y de la democracia. A quienes participan
en organizaciones de la sociedad civil les alentamos a no
desanimarse ante las dificultades y a continuar con renovado entusiasmo
su compromiso por fortalecer la subjetividad de la sociedad.
62. A
quienes están comprometidos en la actividad política, tanto en la
militancia partidista como en puestos de representación y servicio publico
y se confiesan católicos, les exhortamos a asumir con valentía,
audacia y creatividad, la dimensión ética de la política, a
vivirla como caridad social, a impregnar su ambiente de trabajo
con una opción decidida por la justicia y por el
desarrollo integral de las personas, particularmente las más pobres, así
como ser fieles a su conciencia cristiana que les pide
la promoción de la dignidad humana y el respeto de
la vida en todas sus etapas.
63. Invitamos a todos a
mantenernos unidos en la esperanza. Creemos en un Dios que
tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta
el extremo y “sólo su amor nos da la posibilidad
de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder
el impulso de la esperanza, en un mundo que por
su naturaleza es imperfecto.” Para ello, impulsaremos una campaña
de oración por nuestra patria, por nuestros gobernantes y por
quienes aspiran a serlo, para que el proceso electoral en
curso y la participación ciudadana contribuyan a la consolidación de
nuestra democracia.
64. La cercana celebración del bicentenario de la Independencia
y del centenario de la Revolución Mexicana, más allá de
fiestas emotivas propicias para el derroche de recursos, han de
ser la oportunidad para avanzar en nuestra democracia, en el
desarrollo de una conciencia ética de nuestros políticos y de
una conciencia cívica en la ciudadanía, y en particular para
los cristianos en la conciencia de la dimensión política de
nuestra fe.
65. Como Obispos de la Iglesia sabemos
que es urgente dar seriedad y credibilidad a la continuidad
de nuestras instituciones civiles, defender y promover los derechos humanos,
custodiar en especial la libertad religiosa y cooperar para suscitar
consensos nacionales en todo lo que sea vital para el
bien común de la nación.
66. Encomendamos a Santa
María de Guadalupe, madre de México, los esfuerzos por consolidar
la democracia en nuestro país, para que en su casa,
que es toda nuestra patria, logremos reconocernos hermanos y vivir
en fraternidad.
México, D.F., a 24 de abril de 2009
+ Carlos
Aguiar Retes Arzobispo de Tlalnepantla Presidente de la CEM Por
los Obispos de México
+ José Leopoldo González González Obispo
auxiliar de Guadalajara Secretario General de la CEM
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