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Autor: SS Juan Pablo II | Fuente: Evangelium Vitae Suicidio en relación a la enfermedad
De la encíclica Evangelium Vitae de SS Juan Pablo II
Suicidio en relación a la enfermedad
"Ciertamente existe la obligación moral de curarse y hacerse curar,
pero esta obligación se debe valorar según las situaciones concretas;
es decir, hay que examinar si los medios terapéuticos a
disposición son objetivamente proporcionados a las perspectivas de mejoría. La
renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio
o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de
la condición humana ante al muerte." Evangelium Vitae
#65
... Hechas estas distinciones, de acuerdo con el Magisterio de
mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la
Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación
de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y
moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta
en la ley natural y en la Palabra de Dios
escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y
enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva,
según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del
homicidio. Evangelium Vitae #65
66. Ahora bien,el suicidio es
siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio . La
tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión
gravemente mala.83 Aunque determinados condicionamientos psicológicos, culturales y
sociales puedan llevar a realizar un gesto que contradice tan
radicalmente la inclinación innata de cada uno a la vida,
atenuando o anulando la responsabilidad subjetiva, el suicidio, bajo el
punto de vista objetivo, es un acto gravemente inmoral, porque
comporta el rechazo del amor a sí mismo y la
renuncia a los deberes de justicia y de caridad para
con el prójimo, para con las distintas comunidades de las
que se forma parte y para la sociedad en general.84 En su realidad más profunda, constituye un rechazo
de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y
sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo
sabio de Israel: « Tú tienes el poder sobre la
vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas
del Hades y de allí subir » (Sb 16, 13;
cf. Tb 13, 2).
Compartir la intención suicida de otro y
ayudarle a realizarla mediante el llamado « suicidio asistido »
significa hacerse colaborador, y algunas veces autor en primera persona,
de una injusticia que nunca tiene justificación, ni siquiera cuando
es solicitada. « No es lícito —escribe con sorprendente actualidad
san Agustín— matar a otro, aunque éste lo pida y
lo quiera y no pueda ya vivir... para librar, con
un golpe, el alma de aquellos dolores, que luchaba con
las ligaduras del cuerpo y quería desasirse ».85
La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta
de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe
considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante
« perversión » de la misma. En efecto, la verdadera
« compasión » hace solidarios con el dolor de los
demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no
se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún
más perverso si es realizado por quienes —como los familiares—
deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o
por cuantos —como los médicos—, por su profesión específica, deberían
cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas.
-Evangelium Vitae #66
83. Cf. S. Agustín, De Civitate Dei
I, 20: CCL 47, 22; S. Tomás de Aquino, Summa
Theologiae, II-II, q. 6, a. 5. regresar
84. Cf.
Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et
bona, sobre la eutanasia (5 mayo 1980), I: AAS 72
(1980), 545; Catecismo de la Iglesia Católica, 2281-2283. regresar
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