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Autor: Tonino Cantelmi y Cristina Carace | Fuente: Zenit El síndrome postaborto
Es sorprendente que «todavía hoy no se tomen adecuadamente en consideración los efectos que la "interrupción voluntaria del embarazo" [IVE] determina en la psiquis de la mujer
Dada la extrema frecuencia del aborto «legal» --26 millones al
año en el mundo--, es sorprendente que «todavía hoy no
se tomen adecuadamente en consideración los efectos que la "interrupción
voluntaria del embarazo" [IVE] determina en la psiquis de la
mujer».
Es la alerta de dos especialistas, el profesor Tonino Cantelmi
–psiquiatra y psicoterapeuta- y Cristina Carace –psicóloga clínica--, en una
intervención acerca del síndrome post-aborto.
Autores de publicaciones sobre
la materia y responsables del Centro para el Tratamiento del
Síndrome Post-aborto –con sede en Roma--, los dos advierten de
que cada vez se está evidenciando más –científicamente— la repercusión
aborto en la aparición de trastornos psicológicos.
Los efectos psicológicos
del aborto «son extremadamente variables y no parecen estar determinados
por la educación recibida o por el credo religioso», apuntan.
«La reacción psicológica al aborto espontáneo y al aborto voluntario
es distinta»; está relacionada --aclaran— con las características de cada
uno de estos sucesos: «el aborto espontáneo es un evento
imprevisto e involuntario, mientras que la IVE [aborto provocado interrumpiendo
el desarrollo del embrión o del feto y extrayéndolo del
útero materno] contempla la responsabilidad consciente de la madre».
Decisión irreversible
en plena vulnerabilidad de madre e hijo «El embarazo es un
momento extremadamente delicado en la vida de una mujer», caracterizado
«por una vivencia psíquica y emocional muy particular, pues desde
el momento de la concepción se verifican en la mujer
una serie de cambios no sólo físicos, sino sobre todo
psicológicos», recuerdan Cantelmi y Carace.
Y es que «convertirse en
madre presupone una adecuación de la propia identidad en el
paso del papel de hija al de madre», un proceso
que «comienza con la concepción» y que tienen muchos momentos
de «gratificación y entusiasmo», pero «inevitablemente también de sentimientos de
angustia».
En conjunto, en la futura madre ello indica «mayor
necesidad de seguridad y de afecto para poder trabajar la
ansiedad que acompaña este proceso transformador que lleva a la
mujer a abandonar una condición conocida para afrontar otra completamente
nueva», apuntan los especialistas.
También de lo anterior se deduce
el impacto y la crisis que puede representar en la
vida de una mujer descubrir que se espera un niño
«cuando esto sucede en condiciones poco favorables», añaden psiquiatra y
psicóloga.
«El vínculo madre-feto comienza inmediatamente después de la concepción también
en las mujeres que proyectan abortar --recalcan--, en cuanto que
los procesos psicológicos sustantivos a esta relación precoz son inconscientes
y van más allá del control consciente de la madre».
Así,
«una mujer, frente a la elección de llevar a término
o no el embarazo, vive sentimientos ambivalentes y extremadamente dolorosos
que la dejan muy vulnerable a cualquier influencia, tanto interna
como externa», subrayan.
«La fragilidad psicológica en la que se
encuentra, de hecho, la lleva a tener menos confianza en
aquello que piensa y en la capacidad de lograr tomar
la decisión adecuada; por esto se verifican, con demasiada frecuencia
--constatan--, situaciones en las que padres, compañeros, amigos, personal sanitario
u otras figuras significativas pueden tener una grandísima influencia en
la decisión final».
Así que, «pensando que abortar puede ayudarle
a sentirse mejor» o puede contribuir «a volver a poner
las cosas en su sitio», la mujer «se puede encontrar
con que toma una decisión que no se corresponde a
una elección consciente y que sucesivamente puede provocar graves sentimientos
de arrepentimiento», explican.
El «día después» del aborto voluntario
Ambos especialistas
concuerdan en que, inmediatamente después del aborto, la mujer puede
experimentar una reducción de los niveles de ansiedad, pues decae
el elemento ansiógeno constituido por un embarazo indeseado; pero sucesivamente
«muchísimas mujeres viven una ansiedad mayor, presentando trastorno de estrés
post-traumático, depresión y mayor riesgo de suicidio y abuso de
sustancias».
«Estos trastornos se deben a un profundo sufrimiento que
atenaza a la mujer que ha abortado voluntariamente y pueden
manifestarse también bastante tiempo después del aborto, para luego durar
a veces varios años», confirman.
El rasgo traumático del aborto
voluntario procede del hecho --puntualizan-- de que «cuando la mujer
descubre que espera un niño no lo considera sólo un
"embrión" o un "montón de células", sino el propio hijo,
un ser humano pequeño e indefenso que está creciendo dentro
de su propio cuerpo, de forma que abortar significa permitir
que se mate de manera voluntaria el propio niño».
Un porcentaje
considerable de mujeres que han abortado desarrolla el trastorno de
estrés postraumático, cuyos síntomas son «recuerdos desagradables, recurrentes e intrusivos
de la IVE que se manifiestan en imágenes, pensamientos o
percepciones; sueños desagradables y recurrentes del suceso; sensación de revivir
la experiencia del aborto a través de ilusiones, alucinaciones y
episodios disociativos en los que a través del "flashback" resurge
el recuerdo; malestar psicológico intenso a la exposición de factores
desencadenantes internos o externos que simbolizan o se asemejan a
algún aspecto del evento traumático, como el contacto con recién
nacidos, mujeres embarazadas, volver al lugar donde se practicó la
IVE o someterse a una exploración ginecológica; evitación persistente de
todo estímulo que pueda asociarse con el aborto», enumeran los
especialistas.
Ya se empiezan a definir estos trastornos como «síndrome
post-aborto» --subrayan--, que muy frecuentemente además «evoluciona en una vivencia
de dolor y temor que determina cambios en el comportamiento
sexual, depresión, incremento o inicio de consumo de alcohol u
otras drogas, cambios del comportamiento en la alimentación, trastornos somáticos,
aislamiento social, trastornos de ansiedad, pérdida de autoestima, ideación suicida
e intentos de suicidio».
«Todos estos trastornos pueden manifestarse también varios
meses después de la intervención, en el aniversario de la
IVE o en el del hipotético nacimiento del niño», sin
olvidar que las mujeres que han abortado anteriormente «pueden seguir
teniendo sentimientos de culpa o depresión ligados a tal aborto,
incluso durante los embarazos sucesivos», advierten el profesor Cantelmi y
la psicóloga Carace.
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