La República Universal quiere fundir en un todo igualitario y anticristiano al mundo entero
Un nuevo orden mundial
La República Universal: un viejo sueño de las sectas anticatólicas
En
las reiteradas condenas que la Santa Iglesia ha venido haciendo
a la masonería y demás sociedades secretas, un punto candente
ha sido el problema de la República Universal.(Humanum Genus)
Ésta se
presenta como contraste de sombra a lo que llegó a
ser el florecimiento de un orden cristiano que no llegó
a madurar: la Cristiandad medieval.
La República Universal quiere fundir en
un todo igualitario y anticristiano al mundo entero. Quiere forzar
a los pueblos a mezclarse como en una gran licuadora
para formar un pueblo universal que no reconozca naciones ni
particularidades propias de sus psicologías, vocaciones y familia de almas.
Sin fibra ni osamenta, el hombre microfracturado y amorfo tampoco
tendrá religión. La República Universal quiere, por tanto, la desaparición
de las religiones y el surgimiento de un sentimiento individual
y colectivo de "lo divino" a la suerte de la
pseudo-moral laica y descompuesta de fines de milenio. Esta masa
idiotizada tampoco tiene ideales ni sentido trascendente. Es inmediatista, ansiosa,
moralmente liberal, pragmática e indiferente al acontecer mundial. En todo
será, en esencia y última consecuencia, anticristiana.
Para ello los propulsores
de esta República Universal requieren crear un gobierno mundial. El
intento de globalización – camino intrínseco a la república universal
– produce este estado de cosas evidente hasta el observador
más hedonista y egoísta.
Comparación dramática de lo que la Iglesia,
en palabras de San Pío X, en la encíclica Fermo
proposito, nos enseña sobre la civilización, que "es tanto más
verdadera, más durable, más fecunda en frutos preciosos cuanto más
puramente cristiana; tanto más decadente, para gran desgracia de la
sociedad, cuanto más se substrae al ideal cristiano, por eso,
por la fuerza intrínseca de las cosas, la Iglesia se
convierta también de hecho en la guardiana y protectora de
la civilización cristiana".
¿Qué exige el cumplimiento de la República Universal?
La
destrucción de un orden cristiano – Orden por excelencia en
cuanto se fundamenta en el Bien y la Verdad en
sí mismas – requiere la imposición de aspectos de mal
y desorden metafísicos esenciales.
A fin de exaltar el orgullo destructor
y de paso eliminar cualquier Verdad suprema que rija a
los hombres más allá de sus pasiones, necesita establecer en
los corazones la igualdad entre los hombres y Dios. Así
lo afirman sus teorías panteístas y esotéricas. Y para quienes
no quieren sostener la ridiculez de hombres iguales a Dios,
les propone el ateísmo y el laicismo que niegan a
Dios o proponen vivir como si Dios no existiese. Sin
Dios no hay fundamento personal y social sostenible. Prevalecerán, sin
este Pilar, los principios liberales de los enemigos de la
Iglesia y el bien común.
Consecuencia de lo anterior, requerirán asimismo
de la igualdad en la esfera eclesiástica. Toda autoridad se
vuelve una carga insoportable para el hombre orgulloso y autosuficiente.
Si apenas tolera las limitaciones necesarias de vivir en sociedad,
la jerarquía eclesiástica, reflejo del orden dispuesto por Dios para
toda la Creación, se torna insufrible y anti-igualitaria.
Trasladados al
campo social, estos principios implicarán la destrucción de lo que
antes fueron sus promesas y necesidades "libertarias". Primero exigieron la
libertad religiosa y atacaron a la Iglesia por proclamarse única
poseedora de la Verdad, a modo de Su Divino Fundador
que sostiene "Yo soy el camino, la Verdad y la
Vida". Su anticlericalismo demandaba respeto por la diversidad de creencias
y hasta de las supersticiones. Ahora requieren de la igualdad
entre las diversas religiones. Sostener una verdad es diferenciarse y
produce enfrentamientos. Hoy quieren la supresión de la diversidad religiosa
en pro de una religión universal, una híbrido de Nueva
Era y Carta de la Tierra de la ONU que
se imponga por sobre las religiones particulares.
Del mismo modo primero
exaltaron el patriotismo, exigieron el derecho a la independencia y
al establecimiento de nuevas naciones y gobiernos. Hoy exige la
eliminación de diferencia entre el gobernante y los gobernados. La
masa se hace obedecer. Pero más allá del exclusivismo de
esta parodia de democracia como única forma legítima de gobierno,
hoy se quiere la eliminación de las fronteras y del
sano patriotismo. En cierto modo, el concepto de soberanía nacional
es un reflejo del derecho de propiedad afirmado en los
mandamientos de Dios. Sin soberanía no hay más posibilidad que
un solo gobierno en el mundo, que lo domine y
sofoque todo. Ésta es la igualdad en la esfera política
nacional e internacional que persiguen los enemigos de la Cristiandad.
Necesitando
adormecer las legítimas aspiraciones de las personas, frutos de las
distintas capacidades humanas, este proceso que conduce a la República
Universal quiere suprimir toda diferencia y jerarquía. Las modas, la
educación, el valor del trabajo, etc. todo es anónimo, plano
e igualitario. Se trata, entonces, de suprimir toda estructura de
la sociedad.
Esto implica la ya evidente y progresiva abolición de
los cuerpos intermedios, instituciones típicamente cristianas. Entre el Estado y
el individuo dejan de existir organismos que medien y que
satisfacen sus necesidades inmediatas. Todos los individuos quedan aislados en
idéntica igualdad ante el Estado omnipotente. Dejan de existir gremios,
asociaciones, agrupaciones y sociedades que intermedien unas con otras ascendiendo
en jerarquía hasta las más altas esferas, sin cambios traumáticos.
Para la República Universal la familia se encuentra en la
mira prioritaria a destruir, pero mientras no consiga abolirla, intentará
desprestigiarla, rebajarla y mutilarla tanto como tenga medios a mano.
El
católico tiene el imperativo procurar el Reino de Dios en
la Tierra. En cuanto católico tiene el derecho y el
deber de extender los sagrados principios enseñados por la Santa
Iglesia a todos y cada uno de sus campos de
acción.
Resaltamos como proféticas las palabras del Papa beato Juan XXIII:
"Nos os decimos, además, que en esta hora terrible en
el que el espíritu del mal busca todos los medios
para destruir el Reino de Dios, debéis poner en acción
todas las energías para defenderlo, si queréis evitar a vuestra
ciudad ruinas inmensamente mayores que las acumuladas por el terremoto
de cincuenta años atrás. ¡Cuánto más difícil sería entonces el
resurgimiento de las almas, una vez que hubiesen sido separadas
de la Iglesia o sometidas como esclavas a las falsas
ideologías de nuestro tiempo!" (Radiomensaje del 28.XII.1958, a la población
de Messina, en el 50º aniversario del terremoto que destruyó
esa ciudad – in "L’Osservatore Romano", edición semanal en lengua
francesa del 23.I.1959)
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