Autor: Paz Fernández Cueto | Fuente: Conoze.com Lo natural
La ley debe respetar cómo biología, naturaleza y relaciones sociales están entrelazadas en la realidad, sin pretender forzar sus límites
Lo natural
Volver a lo natural es lo de hoy, al grado
que el respeto por la naturaleza y su equilibrio ecológico
se ha convertido en valor indiscutible trascendiendo naciones y culturas.
Llama la atención que el adjetivo natural, que se utiliza
casi con reverencia cuando se trata de jalea real, plantas
medicinales, arrecifes de corales o las mariposas monarca, se convierta
en palabra tabú cuando se refiere al ser humano.
Consciente del
peligro de no respetar los ecosistemas, paradójicamente la sociedad actual
se inclina a pensar que su propia naturaleza es totalmente
maleable, aceptando de hecho que nada hay de natural en
el hombre, modelando así la conducta a su gusto.
El respeto
a las diferencias es también un rasgo característico de nuestra
cultura, subrayando positivamente la dignidad de toda persona humana y
su igualdad de derechos. El problema surge cuando para asegurar
la igualdad de trato se niega la misma noción de
normalidad, lo que lleva a preguntarnos si la carencia de
algún atributo biológico característico de la especie humana constituye una
disfunción, o es sólo una diferencia. Una vez más el
hombre parece no estar dispuesto a escuchar lo que la
naturaleza tiene que decir, prefiere librarse de su biología cuando
ésta amenaza con poner límites a su comportamiento; basta analizar
unos cuantos temas puestos a discusión en la mayoría de
los parlamentos contemporáneos.
El respeto a la vida en el vientre
materno no es cuestionable cuando se trata de los delfines
o la ballena azul, sí en cambio cuando es la
madre o terceros quienes encuentran razones para eliminarla. La destrucción
de un embrión en gestación siempre es un delito cuando
se trata de huevos de tortuga, no así cuando por
el aborto legal, la sociedad acepta la destrucción masiva de
individuos pertenecientes a su misma especie es decir, a su
misma naturaleza, la humana.emás, se vive el incumplimiento sistemático de
muchas promesas electorales para la familia».
La experiencia con la eutanasia
demuestra exactamente lo mismo. Es la vida o más bien
la muerte, la que se pone en juego ante la
percepción subjetiva de un médico, el peso de la carga
económica de una enfermedad o la depresión anímica del enfermo.
O se respeta la vida absolutamente, o caemos en una
pendiente peligrosa según el criterio dominante.
Hablando de matrimonio y familia,
más de 70 intelectuales relevantes: sociólogos, juristas, economistas, expertos familiares,
católicos, judíos, protestantes o no creyentes, firmantes del documento Marriage
and Public Good, se han lanzado por la defensa del
matrimonio concebido como la unión natural de un hombre y
una mujer, no por tradición o motivos religiosos, sino basados
en la experiencia humana y en los beneficios sociales que
esta unión estable trae consigo.
Una sociedad con conciencia ecológica no
tiene problemas en reconocer al manglar como hábitat natural de
los flamingos, no así a la familia fundada en el
matrimonio como el ámbito más propicio para crecer como personas.
Con frecuencia las leyes que promulgamos y las condiciones sociales
y políticas que favorecemos se dan con base en preferencias
o conveniencias que, lejos de respetar a la naturaleza, forzan
sus límites. Tal es el caso de la manipulación genética
y la fecundación in vitro en donde el bien del
concebido pasa a segundo término, o de la adopción entre
parejas de homosexuales, desconociendo el derecho natural de toda persona
a tener padre y madre de distinto sexo. Cuando el
hijo no se percibe como un don, se convierte en
capricho.
Los animales respetan necesariamente su propia naturaleza. El hombre, por
ser libre, corre el riesgo de revelarse contra los límites
de su ser biológico y en el fondo, de su
condición de criatura. «El hombre tiene que ser su propio
creador, versión moderna de aquél seréis como dioses» (Peter Seewald,
La sal de la tierra). Sin embargo por ahora, no
parece que el resultado sea precisamente el paraíso en la
tierra.
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