Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net Ochocientos años, el paso de la Cristianidad a la Increencia
¿Qué pasó en estos ochocientos años en la vida del hombre, para que cambiara de la centralidad en Dios, al olvido total de Dios?
Ochocientos años, el paso de la Cristianidad a la Increencia
En los últimos meses, me ha dado por leer las
obras de los Doctores de la Iglesia, ésos que vivieron
en los siglos XI y XII. Me ha dado también
por leer biografías de los grandes santos del S. XIII
y XIV y libros de historia… cosa rarísima en mí,
que soy matemática de corazón y profesión.
No sé porqué. Será
tal vez porque me estoy volviendo anciana (voy en carrera
galopante hacia los 50 y los alcanzaré en menos de
cuatro años) o quizás sólo sea porque me ha entrado
una inquietud: descubrir qué es lo que ha sucedido en
el mundo, en la cultura, en la mente y el
corazón del hombre, para haber cambiado de manera radical, en
sólo 800 años, de una vida centrada en Dios… hasta
llegar al olvido completo de Dios, a vivir “como si
Dios no existiera”, que es como describe Benedicto XVI al
hombre de hoy.
No soy historiadora, sino solamente una mamá de
nueve hijos, contempladora del desarrollo histórico de la cultura y
una ávida lectora de libros de espiritualidad de todos los
tiempos. Por esta razón, me encantará recibir correcciones y enmiendas
de este análisis “histórico” que he llegado a dilucidar de
mis lecturas y que les quiero compartir el día de
hoy.
¿Qué pasó en estos ochocientos años en la vida
del hombre, para que cambiara de la centralidad en Dios,
al olvido total de Dios?
Remontémonos
con la imaginación a la Edad Media, la era de
la Cristiandad.
Visualicemos a los caballeros con su armadura, las
ciudades amuralladas, los reyes, los castillos de piedra… oscuros y
fríos, los artesanos, los mercaderes, los juglares, los señores feudales
y sus vasallos... niños jugando y corriendo por las calles
y las aldeanas con sus vestidos sencillos, trabajando, como siempre
ha hecho la mujer desde el inicio del mundo.
En
esta época, la organización temporal (política, social, económica, cultural) estaba
basada 100% en los principios cristianos. El cristianismo había llegado
a influir en todos los ámbitos de la vida del
hombre y los había perneado por completo.
La vida cotidiana se
desarrollaba alrededor de la catedral (la casa de Dios) que
estaba siempre en el centro de las ciudades. Las catedrales
fueron el centro del desarrollo del arte de aquella época:
arquitectura, pintura, escultura, música (gregoriana)… todo giraba en torno a
Dios. En las torres de las catedrales puede leerse la
filosofía que reinaba… románicas, cuando la moda era Aristóteles y
góticas, cuando Platón. En la nave central, el sagrario, custodiando
a Nuestro Señor Eucaristía, siempre hacia el Oriente, donde nace
el Sol.
La organización política en la Edad Media era hermosa.
En esa época, ser gobernante no significaba tener más dinero
o más poder, sino al contrario: ser gobernante significaba estar
al servicio de los demás. El nombramiento de un Rey
era un nombramiento divino, suponía una consagración ante Dios a
una misión de servicio incondicional a su pueblo, limitándose su
gobierno, por supuesto, al orden temporal de las cosas.
Es
la Edad Media, la época de los Reyes Santos (que
no tienen que ver con los Santos Reyes, los que
fueron a visitar a Jesús en el pesebre). Éstos, fueron
Reyes de verdad en la Europa medieval y fueron santos,
verdaderamente santos: San Luis, rey de Francia; San Fernando, San
Eduardo, Santa Margarita de Escocia… grandes hombres y mujeres que
se entregaron por completo a su pueblo para lograr el
bienestar, la armonía y la salvaguarda de la fe y
de los mandamientos de Dios. Hombres y mujeres, cristianos convencidos,
que eran admirados y queridos por todos sus súbditos por
su sabiduría, su coherencia, su bondad, su cercanía, su valentía,
su justicia y su magnanimidad.
Las relaciones laborales también tenían lo
suyo de divino: los señores feudales y sus vasallos se
juraban sobre la Biblia mutua fidelidad; protección, sustento y cuidado
por parte del señor; defensa de su honra y de
sus bienes y servicio incondicional, por parte del vasallo. Eran
siervos, pero no esclavos y tan digno de respeto era
el siervo como su señor.
En el orden social, los nombramientos
que hacía el rey eran nombramientos para el servicio. Se
vivía de manera natural la Justicia social cristiana. Las actividades
económicas eran regidas por el precio justo, por la búsqueda
del bien común; los mercaderes no eran usureros, sino servidores
del pueblo. Se condenaba fuertemente la especulación y el lucro
indebido. Se respetaba la propiedad privada. Cada uno tenía su
lugar importante en la sociedad: los artesanos, maestros y aprendices,
gozaban de gran aprecio y admiración, al igual que el
campesino, el mercader, el cortesano y el aldeano.
En el orden
doméstico, la familia estaba en el centro; los hijos se
consideraban un don (el mayor de los dones) y por
supuesto, el matrimonio era sacramental, fiel, fecundo e indisoluble, ante
Dios y ante los hombres.
La literatura medieval estaba llenita de
Dios… los cantares de gesta, las historias caballerescas; las leyendas,
como las del Rey Arturo y del santo Grial, las
fábulas… promotoras de las virtudes cristianas, los juglares, llenos de
buen humor sano.
El orden militar existía para defender al Rey
y sobre todo para defender la Fe del pueblo de
los ataques musulmanes. Es la época de los caballeros… la
Orden de Malta, los Caballeros Hospitalarios, los Templarios… todos… para
defender la Fe cristiana y las cosas de Dios.
¿Y el
pecado? ¿No existía el pecado en la Edad Media? Por
supuesto que sí. En la Edad media, como ahora, hubo
grandes pecadores… traicioneros, mentirosos, ladrones, egoístas, infieles, adúlteros y asesinos.
El demonio no ha dejado de actuar en ningún momento
de la historia del hombre.
La única diferencia es que
en aquella época el orden temporal estaba regido por los
criterios cristianos. Lo normal, lo natural, lo que estaba de
moda, era ser un buen cristiano. Los otros… los pecadores,
eran los raros y no presumían de sus pecados, sino
que los ocultaban y la sociedad entera se avergonzaba de
ellos. Ideas medievales… que tal vez deberíamos resucitar.
II. EL
RENACIMIENTO. Rechazo, burla y menosprecio a la Edad Media.
Más que
un avance en el desarrollo del hombre como ser humano,
veo en el Renacimiento un retroceso… una vuelta al paganismo
de la Antigüedad.
En fin… veamos qué sucedió en este
tiempo de príncipes y doncellas, de lujosos aposentos, vestidos y
carruajes, forrados de marfil y piedras preciosas:
A raíz de
la invasión de los turcos, llegaron a Europa occidental muchas
personas de oriente que trajeron consigo nuevas ideas y nuevas
modas (telas y encajes traídos de oriente) y cientos de
objetos atractivos (cajitas musicales, jarrones, tapetes) que empiezan a vender
entre las personas del pueblo y hacen que surja una
nueva clase social: la burguesía, con un encanto de “clase
acomodada, culta y a la moda” que se siente muy
superior a los demás.
La característica principal de esta clase
burguesa, como todos los nuevos ricos, es el menosprecio por
las otras personas: se burlan de la vida contemplativa de
los monjes, menosprecian al artesano y al agricultor, ridiculizan a
la caballería… todos ellos, dicen los burgueses, “se quedaron en
la Edad Media”.
Para los burgueses ya no es importante
estar bien con Dios, lo único importante es quedar bien
con los hombres, verse bien, lucir bien ante los demás.
En la Edad media se construían casas para vivir, sillas
para sentarse, mesas para comer, camas para dormir y vestidos
para abrigarse. En el Renacimiento deja de importar la utilidad
de las cosas, lo importante es que sean lujosas, llamativas
y caras, aunque sean incómodas e inútiles. El hombre cambia
el “tener cosas, para poder vivir de cara a Dios”
por el “vivir, para poder tener cosas y lucirlas
ante los hombres”
El pensamiento burgués empieza a influir a los
gobernantes, que se olvidan del teocentrismo y cambian a ser
“humanistas”; dejan de ver su puesto como un servicio a
Dios y lo empiezan a ver como un servicio al
desarrollo social del hombre (viendo al hombre como su propia
persona, en primer lugar). La economía y la política también
se vuelven terrenales, estando enfocadas ya no al bien común,
sino a la mayor consecución de bienes palpables. Tristemente, el encanto
de la burguesía llega a influir también, a través de
los Reyes, a los altos jerarcas de la Iglesia, quienes
caen en errores graves de lujo y opulencia que, entre
otras causas, dan pie a la siguiente etapa: La Reforma
Protestante.
III LA REFORMA PROTESTANTE. Cristo sí, Iglesia no.
Lutero y
todos sus seguidores, vieron los errores en los que había
caído una parte de la jerarquía eclesiástica durante el Renacimiento,
pero, en lugar de tratar de resolverlos y sanarlos, como
lo hicieran San Francisco de Asís y Sta. Catalina de
Siena en su momento, lo único que hicieron fue criticar,
protestar, rebelarse y ocasionar un cisma, un resquebrajamiento, una separación
dolorosísima dentro de la Iglesia de Cristo.
Al decir “Creo en
Jesucristo, pero no creo en la Iglesia”, hacen una separación
ridícula… quieren creer en un Cristo sin Iglesia, sin tomar
en cuenta que la Iglesia es el Cuerpo místico de
Cristo. Iglesia y Cristo son inseparables y ellos… los separaron.
Al separarse de la Iglesia, se separaron también de los
sacramentos, que son los medios por los que nos llega
la Gracia Santificante, la presencia de Dios en el alma.
De esta manera, al querer tener a un Cristo sin
Iglesia, se quedaron con una iglesia sin Cristo; sí, con
la doctrina de Cristo, pero sin su presencia real.
Por otra
parte, sin un Magisterio que guardara la doctrina, abrieron la
moda del “Libre examen” en el que el criterio personal
es la norma suprema. La opinión personal está por encima
de la Verdad.
De aquí que hayan surgido, a lo largo
de la historia, tantas ramas del protestantismo. Sin una cabeza
para guiarlos y dado que cada cabeza es un mundo,
cada cabeza creó su propia iglesia, de acuerdo con su
libre interpretación, generalmente guiada por intereses personales, como fue el
caso, más adelante, de Enrique VIII y la iglesia anglicana.
IV. LA REVOLUCIÓN FRANCESA. Cristo no, dios sí.
Es el paso
lógico después del “Cristo sin Iglesia” de Lutero. En las
ideas de la Ilustración y la Revolución francesa nace un
“evangelio sin Cristo” un “No creo en Cristo, pero sí
creo en un dios”.
Por supuesto, el dios (o los dioses)
de la Ilustración y la Revolución francesa, no tienen nada
que ver con el Dios Verdadero, Creador, Padre, Todopoderoso, que
nos vino a revelar Jesucristo. Los dioses de las ideologías
de la Revolución Francesa – sí, aunque suene increíble, regresaron
al politeísmo, como los cavernícolas – son: la diosa Naturaleza,
la diosa Razón, la diosa Libertad y las diosas Ideas.
El
Naturalismo… es el reino de la diosa-Naturaleza. Nos dice que
el hombre es bueno por naturaleza (niega así el pecado
original y sus consecuencias), que la naturaleza es suficiente para
la felicidad. Nos habla de un orden puramente terrenal y
niega el orden sobrenatural de las cosas.
El Racionalismo… es el
reino de la diosa-Razón. Es la cara intelectual del naturalismo…
afirma que la razón por sí misma puede explicar todo
y no necesita de Dios.
El Liberalismo… es el reino de
la diosa-Libertad. El hombre debe liberarse de todo lo que
pueda limitarlo, incluidas las creencias y los valores. Hablan de
libertad de pensamiento, de expresión, de prensa, de opinión y
de religión, aceptando así que no hay una única verdad.
El
Idealismo… es el reino de las diosas-Ideas. Aquí el hombre
se sustituye por Dios. Afirma que las ideas son más
importantes que el ser, las opiniones plurales están por encima
de la verdad, las cosas son como cada quién las
ve desde su propio punto de vista. Todo es relativo…
cada quien con sus ideas.
¿Se imaginan qué desastre? Reinando la
naturaleza sin la gracia, la razón sin la fe, la
libertad sin la autoridad y las ideas sin la Verdad.
Un caos verdadero.
La Revolución francesa, en resumidas cuentas, llevó a
los hombres a creer en un progreso indefinido hacia “un
mundo mejor” basándose erróneamente en dos grandes mentiras: la bondad
natural del hombre y la infalibilidad de la razón.
Vamos… cualquiera
que analice este par de ideas, no tardará nada en
darse cuenta de su falsedad. ¿Quién no se ha equivocado
en sus raciocinios? Todos lo hemos hecho alguna vez. La
razón NO es infalible, nos puede llevar al error, a
conclusiones falsas y engañosas.
Y… cualquiera que haya visto a
un niño que no ha sido educado por sus padres,
se dará cuenta de que el hombre NO es bueno
por naturaleza: el niño que no ha sido educado es,
por naturaleza, egoísta, altanero, acaparador, gritón, demandante, déspota, destructor, irreverente,
cree que el mundo gira a su alrededor.
¿Quiénes hicieron creer
a los hombres estas ideas que están tan fuera de
toda lógica elemental? Fueron dos personas, principalmente: Rousseau y Voltaire.
Rousseau
influye en la cultura con un libro que se puso
de moda entre los hombres “cultos” de aquella época, entre
los que quieren sentirse los aristócratas del momento. El libro
se llama “Emilio, el hombre nuevo” y trata de un
personaje, Emilio, que logrando liberarse de sus prejuicios y valores,
hace suya la voluntad de su pueblo. En Emilio, Rousseau
afirma una y otra vez que el hombre es bueno
por naturaleza, que todos los impulsos naturales son buenos, que
no debe haber prejuicios, pues el mal proviene del orden
social y no de los actos del hombre. Dice que
la conciencia debe callarse cuando la ley ha hablado, poniendo
así al pueblo por encima del hombre mismo. Si el
hombre es bueno por naturaleza, entonces el pueblo es bueno
por naturaleza y el sentir del pueblo es bueno por
naturaleza. De ahí surge la revolución contra todo que pueda
oponerse al sentir del pueblo, guiado por sus instintos naturales.
Voltaire
es el otro personaje de nuestra historia. Es el maestro
de la duda. Tenía fuertes vínculos con la masonería y
una gran influencia en los Reyes. Voltaire no escribió nada…
o más bien, escribió mucho. Ningún libro como tal, en
el que se resuman sus ideas, pero escribió muchas novelitas
cortas, folletos, panfletos y afiches, muy fáciles de leer, en
un lenguaje ameno y atractivo y los repartía a mansalva
entre los ricos y los pobres, entre los incultos y
los letrados. Sus panfletos, novelas y folletos tenían como único
objetivo el desprestigio del cristianismo. Habla en ellos siempre burlándose
de las cosas sagradas; de la Biblia, como un libro
insulso y lleno de desgracias y falsedades; del Evangelio, como
una serie de preceptos tiránicos e inhumanos; de la Iglesia
y su jerarquía, como una organización en la que reina
la corrupción y la locura; de los dogmas, como cadenas
que limitan de la libertad. Todo sin fundamento alguno, pero…
su estilo era ameno y encantador y logró influir en
la sociedad entera. Voltaire tenía un reto para sí mismo,
pues en una ocasión se atrevió a decir: “Jesucristo necesitó
doce apóstoles para difundir el cristianismo. Yo demostraré que hace
falta uno solo para acabar con él: Voltaire”
En fin… las
ideas de Rousseau y Voltaire todavía revolotean por la sociedad
actual, entre aquellos que se quieren llamar “modernos”.
V. GRAMSCI
Y LA REVOLUCIÓN CULTURAL MARXISTA. El hombre sin Dios.
De las
ideas de Rousseau, se siguen directamente las de Marx. Si
el hombre es bueno por naturaleza, el pueblo es bueno
por naturaleza y por lo tanto, el proletariado es bueno
por naturaleza. La solución a los problemas del hombre, el
mundo ideal, es, entonces, la dictadura del proletariado con una
visión materialista, a la que se llegará por la lucha
de clases, por la dialéctica.
La historia nos ha demostrado que
el sueño de Marx, al menos como lo instaló Lenin,
no funcionó. El comunismo se estableció en Rusia, en Cuba
y en los países del Este, pero nunca se llegó
a tener la dictadura del proletariado, sino más bien, una
dictadura del Partido, con un pueblo sin Dios, sometido a
los intereses del mismo.
Lo interesante a analizar en este punto
de la historia, para el tema que nos interesa, ya
no son tanto las ideas de Marx ni las de
Lenin, sino las ideas de Gramsci, quien pasando casi desapercibido,
pienso que ha sido el que más ha influido en
la increencia de la cultura actual.
Gramsci fue un marxista italiano,
que nació en Cerdeña a fines del S. XIX. Ferviente
seguidor de las ideas de Marx y más inteligente que
él, dedicó su vida a analizar el camino y la
estrategia que debería seguir el comunismo para instalarse en la
Europa Occidental y en los países latinos de América.
Gramsci jamás
escribió un solo libro. Vivió algunos años de su juventud
en Rusia en donde trabajó con el Partido, como asesor
para la expansión del Comunismo en Europa. Conoció a Lenin
cuando ya estaba por morir y después se fue a
vivir a Italia, en donde fue uno de los primeros
miembros del Partido Comunista italiano y fue director de un
periódico, l’Ordine Nuovo, en el que escribía semanalmente artículos de
opinión. Nada más que eso.
Siendo aún muy joven, a los
35 años, fue apresado y encarcelado por sus ideas revolucionarias
y condenado a veinte años de cárcel. En la cárcel
pidió que le dieran cuadernos y lápices y ahí fue
donde escribió sus ideas estratégicas… en forma de artículos cortos,
reflexiones breves, comentarios sueltos, inconexos entre sí y que trataban
de los temas más variados. A los cuatro años de
estar encarcelado, cumpliendo escasamente la quinta parte de su condena,
enfermó de tuberculosis y fue trasladado a una clínica, en
donde murió en 1937, en calidad de detenido. En esos
años, llenó cincuenta cuadernos… con artículos y cartas… que posteriormente,
sus seguidores, compilaron en dos obras que se llaman respectivamente
Los cuadernos de la cárcel y Las cartas desde la
cárcel.
Trataré de resumir las ideas de Gramsci en unas cuantas
líneas, para no alargarme demasiado en este punto.
Gramsci veía que
sería imposible instaurar el comunismo en los países latinos y
occidentales siguiendo la misma estrategia que Lenin había seguido en
Rusia, debido a que el pueblo en estos lugares tenía
tan fuertemente arraigadas sus creencias, costumbres y tradiciones, que no
aceptarían jamás las ideas del materialismo dialéctico por la vía
de la fuerza militar y del Estado.
De nada serviría tomar
el poder del Estado y la Educación por la fuerza,
si el pueblo no colaboraba después con él, para el
adoctrinamiento en el pensamiento materialista.
Para lograr los objetivos comunistas
en los países latinos, habría que acabar primero con esas
creencias, costumbres y tradiciones del pueblo. Por supuesto, para esto,
sus dos obstáculos más importantes, los enemigos a vencer y
destruir antes que nada, eran la Iglesia católica y la
familia cristiana, pues de estas dos realidades se desprendía “eso”
que le estorbaba a su plan.
La estrategia que propone Gramsci
es inversa a la de Lenin. Lenin se adueñó del
poder, después de la superestructura (educación, economía, política, etcétera) y
de ahí adoctrinó en el pensamiento materialista la mente de
un pueblo débil.
Gramsci propone, para los latinos, un camino
mucho más largo, pero que considera necesario para que el
comunismo llegue a tener éxito en esos lugares. Propone adueñarse
primero de la mente del pueblo, utilizando la capilaridad y
la superestructura y una vez realizado esto, tomar el gobierno,
cuando ya el pueblo esté preparado.
Su receta es: “hay que
primero adueñarnos del mundo de las ideas para que las
nuestras, lleguen a ser las ideas del mundo”
Primer paso: acabar
con las creencias, tradiciones y costumbres que hablen de la
trascendencia del hombre.
Táctica I: Sembrar la duda. Ridiculizar todas las
creencias y tradiciones, siguiendo el estilo de Voltaire, con mensajes
cortos y accesibles y por todos los medios, haciéndolas aparecer
como algo tonto, ridículo, pasado de moda. De este modo,
haremos dudar a los creyentes de sus convicciones más íntimas
o, por lo menos, los haremos sentirse avergonzados de ellas.
Táctica
II: Sobre la duda, sembrar nuevas ideas. No hablar de
materialismo, pues los creyentes conocen el término y se pondrán
en guardia, además de que la materia tiene un gran
valor para el cristiano (cuerpo, sacramentos, etc). Hay que hablar
de inmanencia, lo opuesto a la trascendencia y hacerle saber
al mundo que eso, el hombre inmanente, el que piensa
y vive sólo para el aquí y para el ahora,
es lo moderno, lo actual.
Táctica III: Silenciar, a través
de la calumnia, la crítica abierta, la burla, la ridiculización
y el desprecio social a todo el que se atreva
a defender las ideas de un más allá o de
una vida trascendente.
Segundo paso: Crear una nueva cultura en donde
la trascendencia no halle lugar alguno.
Táctica I: Infiltrarnos en la
super estructura. Meternos en la Iglesia y en las instituciones
educativas para reforzar desde ahí las ideas de lo que
es moderno y actual (lo inmanente) y de lo que
está pasado de moda y es ridículo (lo trascendente). Erradicar
de los programas educativos todo lo que hable de tradiciones
familiares y de una vida eterna.
Táctica II. Conseguir, por cualquier
medio (incluidos el soborno y el chantaje) a personajes disidentes
que sean famosos dentro de la super estructura, para que
sean ellos mismos los que ridiculicen sus propias Instituciones y
difundan así nuestras ideas. El mundo católico ya no sabrá
qué creer, si logramos que algunos curas y obispos famosos
difundan nuestras ideas desde dentro de la Iglesia y en
las escuelas. Del mismo modo, no importa cuál sea, habrá
que conseguir artistas, pensadores, periodistas y escritores que ridiculicen la
fe, las tradiciones y a todo aquél que se atreva
a defenderlas.
Tercer paso: Adueñarnos, ahora sí, de la sociedad política,
que influirá coercitivamente, a través de las leyes y normas,
sobre esa sociedad civil que ya piensa como nosotros o
ya no sabe ni qué piensa o, por lo menos,
le da miedo decir lo que piensa.
Cuarto paso: Tomar el
gobierno y cerrar el plan. Lograremos así la dictadura del
pueblo, pues el pueblo pensará como nosotros y apoyará todas
nuestras iniciativas como si fueran propias.
Esto es, a grandes rasgos,
la estrategia de Gramsci, que seguramente algunos podrán reconocer que
se está llevando a cabo, paso a paso, en el
mundo latino actual.
Que no nos engañen diciendo que son ideas
modernas y revolucionarias. No señor, son ideas de los años
20’s y 30’s… ideas del siglo pasado, elucubradas cuando nacía
el Rock and Roll, con el único fin de sacar
a Dios de la vida del hombre, para poder, entonces,
manipularlo a su antojo.
VI. LA REVOLUCIÓN SEXUAL. La vida
no es un don de Dios.
Es una parte importantísima en
el camino hacia la increencia y que forma parte de
la estrategia dictada por Gramsci: destruir a la familia, para
erradicar de la vida del hombre sus creencias y tradiciones
sagradas.
Esta destrucción familiar para acabar con los criterios cristianos, les
interesaba a muchas personas, no sólo a los comunistas. A
ella se sumaban intereses racistas, comerciales y económicos de muchas
personas, que incluían algunos grupos judíos y masones… entre muchos
otros. Por eso, el apoyo económico a la estrategia
fue inmenso.
Si tratamos de imaginarnos una familia verdaderamente destruida, terriblemente
destruida, completamente destruida, podríamos imaginar a una familia en la
que los esposos se lastiman, se engañan y se separan;
una familia en la que las madres abandonan a sus
hijos, o… tal vez… una en la que las mamás
matan a sus hijos y los hijos matan a sus
padres enfermos. Suena algo terrorífico, pero… eso era lo que
buscaba Gramsci.
Era un reto grande: ¿Cómo hacer para que familias
latinas, sólidas, unidas, aferradas a sus creencias, tradiciones y valores
cristianos y familiares se desintegraran? No podían sacar de repente
anuncios que dijeran: maridos, abandonen a sus mujeres; mamás, maten
a sus hijos; nietos, maten a sus abuelos. Nadie le
hubiera hecho ni medio caso.
Así que se preguntaron: ¿Qué es
lo más sagrado en la familia, lo que más aprecian
estas familias conservadoras? Los hijos. Arremetamos contra ellos y convenzámoslas
de que tener un hijo es lo peor que les
puede suceder. Después de eso, el resto será fácil.
Usaron dos
estrategias:
Una, disfrazada de ciencia, para llegar al ámbito económico y
de las empresas, que la desarrolló Malthus en su teoría
demográfica de la sobrepoblación y la carestía:
“Si la
población sigue creciendo, no habrá alimentos suficientes para todos.”
Aunque era
totalmente ridícula, porque la historia del mundo económico demuestra lo
contrario, la propagaron por todos los medios, con fotografías desgarradoras
y gráficas llamativas, de manera que pareciera la pura verdad
y el mundo… se lo creyó. Ahora vemos las consecuencias
en las poblaciones envejecidas de Europa.
La otra estrategia fue una
campaña publicitaria, dirigida directamente a cambiar la mente del pueblo,
en el que ya existía un gran interés por tener
cosas materiales. La campaña consistía en un solo mensaje aparentemente
aceptable y poco dañino, que decía así:
“La familia
pequeña vive mejor”
Cualquiera que analice la frase racionalmente, un solo
segundo, se dará cuenta de que es mentira, pues todos
conocemos familias grandes y pequeñas que viven bien y también
conocemos familias grandes y pequeñas que viven fatal. Así que…
nada que ver con la verdad.
Pero… nos la repitieron tanto,
tanto, tanto, tanto… durante tantos, tantos, tantos años (más de
veinte), que nos la llegamos a creer.
La frase aparentemente nada
dañina, traía dos fines muy bien planeados:
1) Que la gente relacionara
e igualara el “vivir mejor” con el “tener más cosas”,
de esa manera… el hombre olvidaría que “vivir bien” significó
algún día “portarse bien”, “ser bueno”.
2) Que la gente empezara a
ver a los hijos como los enemigos del bienestar. Con
esto, el hijo dejó de ser un don maravilloso de
Dios y pasó a convertirse, en la mente de las
personas, en el enemigo potencial del bienestar familiar.
Como la gente
olvidó que el “vivir bien” tenía mucho que ver con
el “ser bueno”, las virtudes y valores familiares pasaron a
un segundo plano casi olvidado (exactamente lo que buscaba la
estrategia de Gramsci) y fueron sustituidas por el “si quiero
vivir bien, debo tener pocos hijos para poder tener más
cosas”.
Por supuesto, la industria de los anticonceptivos y todos los
vendedores de “cosas”, de cualquier cosa que pudieran comprar las
familias, apoyaron felices esta iniciativa. Significaba mucho, mucho, mucho dinero
para ellos.
A un cristiano convencido de sus valores, difícilmente le
puedes vender algo que no necesite, pues sabe del recto
uso de las creaturas. Tal vez te lo compre por
hacerte el favor, pero… nada más. En cambio, a alguien
que ha puesto el materialismo por encima de los valores
cristianos, le puedes vender… lo que quieras. Por eso recibió
tanto apoyo esta campaña.
Pero todavía no lograban destruir a la
familia (sólo la habían hecho chiquita), así que completaron su
estrategia con una segunda campaña, que sonaba casi igual que
la anterior. De nuevo, una frase solamente, repetida millones de
veces, por todos los medios y durante mucho tiempo:
“Pocos
hijos para darles mucho”
Esta segunda campaña, que duró otros veinte
años, además de reforzar las ideas de la primera (el
hijo como enemigo y el cambio de los valores por
el materialismo), trajo como consecuencia una generación de padres que
se sintieron obligados a “darles mucho” a sus hijos únicos
(todo lo que pidieran) para compensar la falta de hermanos.
Y
así crecieron estos niños, egoístas, demandantes y exigentes, acostumbrados a
dar nada y recibir mucho (todo lo que quisieran).
Ahora…
estos niños ya son adultos y se están casando con
niñas de la misma generación, igual de egoístas, demandantes y
exigentes, que no saben dar y se sienten con derecho
a recibir mucho (todo lo que se les antoje). El
resultado, ya lo estamos viendo: matrimonios que duran uno o
dos años, cuando mucho. Una verdadera epidemia de divorcios. Gramsci
era muy listo, sin duda.
Otra consecuencia que trajo esta segunda
campaña de los pocos hijos, fue una generación de mamás
que se quedaron sin nada qué hacer cuando sus hijos
únicos crecieron. Mujeres de cuarenta años que se encontraron un
día con que lo único que tenían que hacer, a
falta de otros hijos a quien entregarse, era pensar en
ellas mismas, en su autorrealización. No sólo ésta es la
causa, pero sí es una de las raíces del Feminismo
radical: mujeres cuarentonas que se sienten oprimidas (porque no tienen
a nadie más en quien pensar) y desean liberarse (de
su soledad y falta de actividad) para realizarse.
En esta
generación encuentran una tierra fertilísima el físico culturismo, las cirugías
estéticas, los cursos de auto superación y todas las corrientes
del New Age que promueven, ante todo, el sentirse bien
con uno mismo. El resultado… miles de mujeres que abandonan
sus hogares para “estar bien consigo mismas”. Otro triunfo de
la estrategia de Gramsci.
Y… bueno… ¿a quién se le antoja
llegar a una casa en donde sólo vive una mujer
cuarentona, operada de pies a cabeza, que vive a base
de apio y agua, habla del ying y el yang
y que sólo piensa en sí misma? A nadie, creo.
Esta generación de esposos, hombres, significó un mercado hermoso para
las industrias de la pornografía y la prostitución. El adulterio…
sí… una medalla más para Gramsci.
Una vez que la mente
del pueblo aceptó la separación de la sexualidad y la
fecundidad, la aceptación de lo demás ya viene por sí
sola: de la anticoncepción vienen luego las relaciones sexuales antes
y fuera del matrimonio y ¿por qué no? la homosexualidad.
Si una cosa se vale, la otra también.
Y… una vez
que la mente del pueblo aceptó que el hijo es
el enemigo del bienestar, entenderá fácil que no sólo hay
que evitarlos, sino que también hay que matarlos cuando no
los deseamos. El aborto: mamás que matan a sus hijos…
corona de laureles para Gramsci.
Aún hay más: si el niño
por nacer significa un estorbo para el bienestar, mucho más
lo será un anciano, un enfermo o un niño deforme.
Eugenesia… selección de embriones… y eutanasia: mamás que matan a
algunos hijos y se quedan sólo con los sanos y
nietos que matan a sus abuelos enfermos… Gramsci, te mereces
un aplauso, has destruido a la familia cristiana.
Ahora sí,
con la “Revolución sexual”, la sociedad latina está lista para
la toma de la sociedad política, la fuerza coercitiva. Leyes
que aprueben todo lo anterior: divorcio, anticoncepción (salud reproductiva), homosexualidad
(ideología de género), concubinato, aborto, eugenesia y eutanasia. Adelante Gramsci,
la mesa está puesta para ti, cuando se cumplen setenta
años de tu muerte.
VII. EL “MODERNISMO” DENTRO DE LA
IGLESIA. La religión sin Dios
Dos estructuras se tenían que destruir,
según la estrategia de Gramsci, para instalar el comunismo en
los países latinos. La familia cristiana y la Iglesia católica.
Ya
desde que estaba en la cárcel, Gramsci leía con gusto
las noticias que aparecían en la Civilita Dei, en donde
ya desde los años 30´s se veían pequeños brotes de
disidencia. Declaraciones de teólogos rebeldes criticando al Papa y a
la jerarquía. Eso era justo lo que se necesitaba,
además de ridiculizar a la Iglesia desde fuera: infiltrarse, para
destruirla desde dentro.
Hubo una importante infiltración de comunistas en la
Iglesia, principalmente (aunque no solamente) a través de la Compañía
de Jesús. Jóvenes comunistas que entraron como novicios, se
convirtieron en teólogos, luego sacerdotes y algunos llegaron a ser
obispos y hasta cardenales.
¿Por qué seleccionaron a la Cía.
de Jesús para infiltrarse? Porque los jesuitas eran los hombres
fuertes del Papa, los más bien preparados, los más santos,
sabios e inteligentes, asesores espirituales y formadores de otras muchas
órdenes y congregaciones, maestros en las universidades católicas y en
los seminarios, el ejército del Papa, indefectiblemente fieles a él
por su cuarto voto. Si se quería influir dentro de
la Iglesia, había que ser jesuita.
Pronto surgieron brotes comunistas dentro
de la misma Iglesia: los sacerdotes obreros en Francia, las
comunidades de base, la llamada teología de la liberación, la
teología indigenista y muchos otros movimientos, que disfrazados de justicia
social y modernismo, pretendían únicamente horizontalizar la fe, hacerla inmanente
y no trascendente, sacar a Dios de la vida de
la Iglesia y reventarla así desde dentro, para poder adueñarse
de la mente del pueblo, de acuerdo con la estrategia
de Gramsci.
Mientras estos movimientos se desarrollaban en el campo apostólico,
también surgieron brotes de disidencia en el campo teológico y
doctrinal. El P. Karl Rahner y sus cristianos anónimos, el
P. Teilhard de Chardin y su visión errónea de la
evolución y la gracia, el P. Anthony De Mello con
su Cristo cósmico, el P. Roger Haight, el P. Leonardo
Boff y su idea de la religión universal, el P.
Jacques Dupuis, el P. Juan Luis Segundo y muchos otros,
en su mayoría jesuitas, metieron en sus escritos y
en sus clases una serie de confusiones y errores teológicos
que eliminaban por completo al Dios Verdadero de la teología
cristiana. El P. Horacio Bojorge, también jesuita (pero de los
de verdad, un santo y sabio sacerdote, además de excelente
escritor), llama a estas doctrinas, las Teologías Deicidas.
De estos primeros
comunistas infiltrados en la Cía. De Jesús, ya quedan muy
pocos, poquísimos, cuatro o cinco, no porque alguien los haya
matado, sino porque se han ido haciendo viejos (como todos
nos hacemos viejos con el paso del tiempo) y muchos
han muerto ya (tal como vamos a morir todos algún
día). Pero dejaron tras de sí un ejército de sacerdotes,
religiosas y laicos adoctrinados, convencidos con sus errores y sumamente
confundidos. Muchos de ellos ni siquiera se han dado cuenta
de que trabajan para una estrategia, pues lo que predican
es simplemente lo que aprendieron en el seminario, lo que
les dijo su director espiritual o su párroco. Siguen transmitiendo
los errores y siguen destruyendo, sacando a Dios de la
vida de la Iglesia, sin ni siquiera darse cuenta.
Han creado,
a lo largo de estos cincuenta años,“un Magisterio Paralelo”, una
religión sin Dios, ¡vaya incongruencia!, dentro de la misma Iglesia
Católica.
Les enumeraré algunos de los síntomas para que ustedes
los reconozcan: 1. Textos de religión sin Dios.
Con el objetivo de
sacar a Dios de las escuelas católicas, han logrado meter
dentro de muchas de ellas, programas de religión cuyos textos
abarcan desde preescolar hasta bachillerato, en los que a lo
largo de todo el programa, no se dice una sola
palabra de Dios. Son textos que, por supuesto, cuentan
con el Imprimatur y el Nihil Obstat, firmado por algún
obispo disidente.
Si no hablan de Dios los textos de religión,
¿de qué hablan, entonces? Hablan de “Temas de actualidad”, de
Educación sexual (al tenor destructivo del que ya hablamos), de
las Grandes Religiones, de Historia de la Iglesia, de Sociología,
Ecología, Antropología, Dinámicas grupales, Ética relativista, Autoconocimiento y Desarrollo personal,
Acciones altruistas y Justicia Social; algunos, llegan a hablar de
un “Dios” impersonal, que se confunde con el universo y
de un Jesús cósmico o guerrillero, líder humano, pero jamás
hablan de Él como Dios.
¿Se imaginan qué tragedia? Con esto,
han conseguido que miles de niños, educados durante 15 años
en una escuela católica, salgan de ella sin conocer a
Dios ni saber siquiera qué es el catolicismo.
Lo peor, es
que la influencia no se ha quedado en las escuelas,
sino que también ha invadido a las Universidades católicas, que
han olvidado su misión de formar a los líderes cristianos
del mañana, haciendo que sus alumnos conozcan a Jesucristo, lo
amen y lo imiten. El mundo está urgido de comunicadores
cristianos, de empresarios cristianos, de economistas y políticos cristianos y,
por desgracia, encontramos muchas universidades católicas, dirigidas por sacerdotes, en
las que no se les habla de Dios a los
alumnos a lo largo de toda la carrera, con el
pretexto de que “hay que respetar a las otras creencias”,
aún cuando su alumnado esté formado por puros católicos. ¿Para
qué puede haber fundado una congregación religiosa una Universidad, si
no es para evangelizar y convertir a todas las almas
hacia Dios? ¿haberse hecho sacerdotes, entregando su vida entera a
Dios, para formar únicamente líderes empresariales y económicos que
no conocen a Dios? Hay algo raro ahí… ¿no creen?
seguramente parte de la estrategia de Gramsci. 2. Una espiritualidad sin Dios.
Escritores del estilo del P. Anthony de Mello, escribieron muchos
libros, colecciones enteras, de “espiritualidad y oración cristiana” bonitos y
agradables, con cuentos y fábulas muy enternecedoras, pero que no
hablan de la comunicación con el Dios verdadero ni con
Jesucristo como Hijo de Dios, sino de… otro tipo de
oración.. que no es la nuestra y que lleva sólo
a la comunicación con uno mismo, al sentirse bien, a
la paz mental, pero no a la comunicación con Dios.
Con
esto, lograron sacar a Dios de la oración cristiana, convirtiéndola
sólo en una técnica de relajación o cosas por el
estilo. ¡Cuántos católicos buenos cayeron en esta trampa!
Estos libros
se siguen vendiendo por montones, pues hicieron una muy buena
mancuerna con la industria de los cursos del New Age
(yoga, meditación trascendental, control mental, cienciología, metafísica cristiana, angelología, cuarto
camino, etcétera… todos ésos que dicen que no hablan de
religión, que respetan todas las creencias, pero que llevan al
hombre a olvidarse de Dios y pensar sólo en
sí mismo) y también con la industria que vende las
chucherías relacionadas con el New Age (angelitos, cuarzos, amuletos, incienso,
pirámides, cristalitos, cojincitos, etcétera) 3. Sacramentos sin Dios.
Esto era muy difícil, pues
justamente los sacramentos son los símbolos a través de los
cuales Dios se hace presente en la vida del hombre.
Pero
lo lograron, haciendo celebraciones eucarísticas que ya no lo son
realmente, por la cantidad de abusos litúrgicos en ellas. Convirtieron
la misa en un show, en “la reunión de los
cristianos” y a la eucaristía la convirtieron en “el símbolo
de la unión de los cristianos” y ya no en
el sacramento de la presencia real del Cuerpo y Sangre
de Cristo. Claro, con celebraciones tan distorsionadas, en las que
muchas veces no hay consagración y por lo tanto, tampoco
se lleva a cabo la transubstanciación, aunque suene imposible, se
inventaron una “eucaristía sin Cristo” y dejaron los sagrarios y
las almas de los comulgantes sin la presencia de Jesús.
Del
mismo modo cometieron abusos con los otros sacramentos, la confesión
y el matrimonio principalmente, celebrándolos de modo que la Gracia
santificante ya no llegara a los que recibían esa falsa
imitación del sacramento. Hablo de las confesiones y absoluciones colectivas
y de los matrimonios celebrados sin los requisitos indispensables para
la recepción del sacramento. 4. Una moral sin Dios
Promovieron desde dentro de
la Iglesia las ideas del naturalismo, que el hombre es
bueno por naturaleza, que todos los instintos son buenos, negando
así la existencia del pecado. Promovieron la idea de que
no hay una verdad absoluta. Con esto consiguieron alcanzar una
moral relativista “depende de cada situación”, una moral de consenso
“si lo hacen todos, es que está bien”. Promovieron la
figura, muy bien aceptada, de “el hombre con valores humanos”
para que el cristiano se olvidara de “el hombre virtuoso
que desea la santidad” 5. Seminarios y conventos sin Dios
Estos jesuitas rebeldes,
llegaron a ser maestros en las universidades pontificias y en
los seminarios y fueron asesores espirituales y doctrinales en cientos
de conventos. Promovieron dentro de ellos, principalmente, las técnicas psicológicas
que llevaban a los religiosos a cambiar la entrega a
las almas por la autoestima y la autorrealización; los métodos
orientales de oración, que suplantaron a la oración contemplativa y
sobre todo, ideas de rebeldía y desobediencia disfrazadas de “respeto
a la dignidad” y “libertad de expresión”. Consiguieron sacar a
Dios de los conventos y seminarios, que pronto también se
quedaron vacíos de seminaristas y monjas. ¿Quién quiere estar en
un convento o un seminario en donde no está Dios
y sólo se respira rebeldía y autosuficiencia? Nadie. 6. Discursos y homilías,
vacías de Dios.
La campaña de desprestigio a la Iglesia
es tan grande en los medios, que ahora vemos a
muchos de nuestros pastores que ya no se atreven a
hablar de Dios en público. Muchos de ellos hablan ahora
de la moral, como científicos o como economistas, pero no
ya como pastores de almas, sólo por el terror de
ser calificados por la prensa y los medios, como retrógradas,
fanáticos, intolerantes, dogmáticos, anticuados, ridículos, impositivos y otras cosas por
el estilo. Esto es muy triste, porque… si los pastores
no nos hablan de Dios, ¿Quién lo hará? 7. Misiones sin Dios.
El
mandato misionero de Jesucristo es bien claro: “Id por todo
el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas,
bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo y enseñándolas a cumplir lo que yo
les he mandado”. Creo que queda claro que el objetivo
de las misiones católicas es, esencialmente, convertir a las personas
al cristianismo, mediante la predicación del Evangelio y el Bautismo.
Estas
personas infiltradas en la Iglesia, lograron quitarle el carácter misionero
a las misiones. Sí, fabricaron unas “misiones sin Misión”. Unas
misiones en las que ya no se habla de Dios
ni del Evangelio o el Bautismo; fabrican casas, reparten medicinas
y alimentos, dan clases de nutrición y de agricultura… todo,
menos hablar de Dios, para que el hombre se olvide
de Dios.
Pienso que estos “misioneros” que asisten a esta clase
de “misiones” deberían llamarse de otra manera… no sé… “voluntarios
sociales” o algo así, porque de la Misión específica de
la Iglesia, nada hacen. 8. Apostolados sin Dios.
Los laicos también estamos
llamados a evangelizar. Lo dice claramente la Apostolicam Actuositatem del
CVII. El laico está llamado a ser luz en la
sociedad y a llevar el Evangelio de Cristo a todos
los hombres, dentro de su ambiente social y con el
trabajo apostólico correspondiente.
Muchos laicos, muchísimos, han querido tomar este mandato
en serio y se han embarcado en fundar “apostolados”, pero,
gracias a la influencia del modernismo dentro de la Iglesia,
han omitido voluntariamente el hablar de Dios en ellos, “por
miedo a que les cierren las puertas en el gobierno”,
“por miedo a ser criticados” así que de “apóstoles” no
tienen nada en absoluto.
Hay un número enorme de católicos
trabajando en obras con fines sociales (orfanatos, asilos, comedores, albergues),
con fines humanitarios (dispensarios, hospitales, consultorios de ayuda a la
mujer) y con fines educativos (escuelas rurales, talleres, centros de
alfabetización, nutrición, medio ambiente). Son obras buenas, sin duda, pero
no son obras apostólicas en las que se debería hablar
de Dios y del mensaje del Evangelio. No se puede
enamorar el hombre de hoy de las cosas celestiales si
solamente se le habla de las materiales.
Estas obras humanitarias, sociales
y educativas, si no tienen la función de llevar a
Dios a las almas, no pertenecen a la pastoral de
la Iglesia. Son necesarias, pero las podría llevar a cabo
la Cruz Roja, la UNESCO o cualquier organismo gubernamental que
tiene mucho más presupuesto que toda la Iglesia junta. No
tendría porqué estar haciéndolas la Iglesia, desde sus parroquias y
movimientos, con los poquísimos recursos humanos y materiales con los
que cuenta para su misión específica que es anunciar la
Buena Noticia del Evangelio.
“La Iglesia, dice Pablo VI en la
Evangelii Nuntiandi, existe para evangelizar, para predicar y enseñar, ser
canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores
con Dios y perpetuar el sacrificio de Cristo en la
Eucaristía”.
“Una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades
materiales de los destinatarios termina por defraudar el hambre de
Dios que tienen los pueblos, dejándolos así en una situación
vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual.”
«De ningún modo es posible
dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los
hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su
corazón»
Total, el asunto es que Dios ha quedado fuera de
muchísimos de los apostolados cristianos.
Este es el estado de una
buena parte de la Iglesia hoy en día. Una Iglesia
sin Dios, desde la que se predica un cristianismo sin
Dios, un Evangelio sin Dios y se vive como si
Dios no existiera.
Por supuesto, aunque estas cosas sucedan dentro de
la Iglesia, no lograrán jamás acabar con ella, pues sabemos
bien que Jesucristo ha vencido al mundo y las puertas
del Infierno no prevalecerán contra ella.
VIII. EL NUEVO ORDEN
MUNDIAL. La manipulación en la confusión.
Es el último paso hacia
el establecimiento de la cultura sin Dios. Ya todos los
pasos están dados, sólo hay que darle una forma aparentemente
coherente al desorden organizado.
En poquísimas palabras, el nuevo orden mundial
que están proponiendo los organismos internacionales deberá estar basado en
la Carta de la Tierra (que deberá sustituir a los
Mandamientos de la Ley de Dios). Los principales planteamientos de
este nuevo orden mundial presentan a la naturaleza como buena
y el hombre como depredador de la misma; un desarrollo
sustentable (que acepta matar niños si es necesario para salvar
a las ballenas); un dios impersonal y cósmico que se
confunde con el universo y para el que todas las
religiones son iguales; el bienestar espiritual significa “sentirme bien conmigo
mismo” “lograr la paz interior y la armonía con el
Universo” y… poco más que eso.
IX. CONCLUSIÓN. ¿Qué hacer?
¿Qué
debemos hacer los cristianos ante este ataque frontal y estratégico,
ante esta buscada destrucción de la sociedad cristiana?
Simplemente frustrarles su
plan, no dejar que se apoderen de nuestras mentes:
1. Abrir los
ojos. Estar muy atentos para no dejarnos influir por las
ideas materialistas, humanistas, naturalistas, racionalistas, antinatalistas e inmanentistas que promueve
el enemigo.
2. No trabajar para ellos. Evitar nuestra participación en los
programas que ellos organizan (encuentros de religiones, eventos new age,
conferencias de líderes agnósticos o ateos, etc).
3. Transformar las misiones
y apostolados sin Dios que ellos organizan, en misiones y
apostolados cristianos, en los que se predique el Evangelio y
se hable de Dios sin reparos.
4. Mantenernos muy cerca de Dios
con la oración y los sacramentos y denunciar al obispo
los abusos litúrgicos que detectemos en las parroquias, en donde
se estén impartiendo sacramentos sin Dios.
5. Volvernos impermeables ante las críticas
y las burlas a la Iglesia y sus representantes. Que
digan lo que quieran, que nosotros diremos lo que debemos
decir y seguiremos creyendo en la Verdad y anunciando las
maravillas de Dios a todos los hombres.
6. Eso último, ante
todo: hablar de Dios, a diestra y a siniestra; a
tiempo y a destiempo. Recordarle al mundo con nuestra vida,
palabras y acciones, que Dios sí existe, que Dios es
un Padre que nos ama, que los hijos son un
don maravilloso, que existe una vida eterna, que su vida
vale muchísimo no sólo para este tiempo, sino para una
eternidad feliz.
7. Por último, unir fuerzas, no duplicar esfuerzos, no duplicar
gastos en la Iglesia. Tenemos pocos recursos humanos y materiales,
pero si nos unimos todos los cristianos que aún permanecemos
fieles, de todas las congregaciones, órdenes y movimientos y compartimos
entre nosotros los programas, subsidios, planes y estrategias que cada
uno desarrolle, podremos igualar y superar la influencia del enemigo
en los medios, en la política, en la economía, en
la cultura y en la sociedad.
¿Es peligroso este plan? Sí,
por supuesto, pues son muy poderosos y muy perversos… pero…
¿qué con eso?
Ya Jesús se los había advertido a
sus discípulos cuando los “motivaba” para la misión, con palabras
que decían algo parecido a esto: Los mando como ovejas
en medio de lobos. Se burlarán de ustedes, seréis perseguidos
y os odiarán. Dirán contra vosotros todo género de mal
por mi causa. Los entregarán a los tribunales y los
azotarán. Seréis odiados y menospreciados por todos y los matarán.
Así
que… ¿qué hay de nuevo? Nada. Los cristianos no le
tenemos miedo a la muerte, ni a las críticas, ni
a las humillaciones, pues sabemos que nuestra recompensa será grande
en el Cielo.
La Iglesia necesita santos, hombres valientes al
estilo San Francisco Xavier, que proclamen al mundo sin temor
que Dios existe, que la vida eterna existe, que Jesucristo
es nuestro Señor y Redentor y frustre con ello, desde
la raíz, el plan del enemigo.
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Me parece muy buena la crítica que hace la autora, creo que por el bien d ela Iglesia se deben hacer cambios no de tipo dotrinales, pues la doctrina está perfecta, sino de tipo estructurales y lo que tenga que ver con la "praxis" con la que se lleva a cabo la administración de los sacramentos.
Sólo me resta preguntarle a la autora: ¿Haz tenido la oportunidad de leer algún escrito del Pbro. Flaviano Amatulli Valente? si no es así, te recomiendo una serie de escritos que tocan la temática