Autor: Padre Oscar Pezzarini | Fuente: www.feliceslosninos.org Hablamos de todo, pero... no de lo esencial
Estamos llenos de opiniones, de palabras, pero no siempre llenos de La Palabra
Hablamos de todo, pero... no de lo esencial
Hablamos de todo, pero no de lo esencial o más
profundo de nuestras vidas. Es algo comprobable lo que nos
cuesta hablar entre los seres humanos de las cosas verdaderamente
profundas e importantes que hacen a nuestra vida. Estamos inundados
de palabras, de ruidos, de opiniones, pero es mucho lo
que cuesta que hablemos de cosas verdaderamente importantes o esenciales
en nuestra vida.
Nos pasa también a los creyentes, que son
muy pocas las oportunidades en las que por ejemplo, hablamos
de Dios. Discutimos sobre muchas cosas: pastoral, organización, actitudes externas,
métodos, etc., pero difícilmente nos reunimos para hablar de Dios
en la vida de cada uno, y en todo caso
cómo profundizar más nuestra relación con Él.
Nos quedamos con que
son cosas muy íntimas y personales, como que no forman
parte de la vida, sino más bien de algo muy
oculto, tanto que hasta podemos separarlo: por un lado el
Dios en quien creemos y por otro la vida concreta.
Pienso,
y compartiendo también con muchas personas, que esto ocurre también
en otros ámbitos. Es muy raro encontrarse con un padre
o una madre de familia que te hablen del amor
que tienen por sus hijos, o que compartan ciertas satisfacciones
que les dan.
Lo mismo sucede muchas veces con los jóvenes,
a quienes no es fácil escucharles compartir sus ideales profundos,
una lectura que les haya hecho bien, de lo que
verdaderamente es el motivo de su existencia. Sí en cambio
somos capaces de compartir con “lujo de detalles” la última
película que hemos visto, o el trabajo que estamos haciendo
o lo que planeamos como salida en los próximos días.
Hasta
nos pasa a los sacerdotes, que a veces en nuestras
prédicas hablamos de muchas cosas que tienen que ver con
lo organizativo, con las dificultades actuales, pero nos falta llegar
a lo profundo de la relación de los hombres con
Dios, de la vida eterna y a veces hasta de
lo misericordioso que es Dios.
Estamos llenos de opiniones, de palabras,
pero no siempre llenos de La Palabra. Nos cuesta cada
vez más hablar de ciertos temas, como que una especie
de “pudor” nos invade.
Por qué nos pasa esto. Quizás sean
muchas las posibles respuestas, pero me parece que una de
ellas es una especie de “esclavitud” que tenemos de eso
que decimos “el qué dirán”.
Parece que si expresamos lo que
sentimos profundamente, eso nos “alejará” de los demás, nos mirarán
como “alguien raro”. Si nos preguntan: “¿sos católico?”, seguramente responderemos
que Sí, pero a mi manera, pero no un santo,
más o menos, y ni se nos ocurriría por ejemplo
decir que rezamos, que en lo íntimo de nuestra vida
le pedimos a Dios todos los días fuerzas. Todo muchas
veces por ser “iguales a los demás”, o para que
los demás no nos vean de determinada manera. Y lo
mismo nos pasa en otros aspectos: creemos en el amor,
pero no tanto; en la fidelidad como algo importante, pero
hasta ahí; en el trabajo, pero...
Hablemos también de las cosas
más profundas e importantes, porque es cierto que lo que
llevamos adentro, si no compartimos lo que tenemos en el
corazón, en el alma, corremos el riesgo de que se
nos queden vacíos.
Padre Oscar Pezzarini Superior Provincial de la Obra
Don Orione en Argentina, Paraguay, Uruguay y México
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