Autor: Padre Oscar Pezzarini | Fuente: www.feliceslosninos.org Cuidemos nuestra vida
¿Qué nos pasa? ¿Ya no valoramos la vida? ¿Ya no nos interesa cuidarla? ¿O quizás nos creemos “todopoderosos”, que nada podrá sucedernos?
En esta oportunidad, y viendo lo que principalmente está sucediendo
en estos días y que tiene que ver con la
cantidad de accidentes con consecuencias trágicas, me refiero a la
muerte de muchas personas, o también consecuencias que si bien
no son mortales, también son trágicas porque implicará que muchos
queden con secuelas físicas, anímicas, familiares, etc.
Decía accidentes, y si
bien es así como se le llama apenas ocurren, luego,
cuando comenzamos a enterarnos de algunos detalles, vemos muchas veces
que quizás muchas veces se podrían haber evitado, y que
estos “accidentes” no son ni más ni menos que lamentables
consecuencias de no respetarnos y respetar a los demás, de
no acatar las leyes de tránsito, de no pensar si
estamos en condiciones para conducir, o como también nos hemos
encontrado con quienes trabajan al servicio de los demás conduciendo
vehículos del transporte público y están siendo exigidos más de
lo que corresponde en su trabajo, o no teniendo en
condiciones todo lo que técnicamente corresponde.
Es entonces cuando me viene
esta pregunta, como creo que le puede venir a muchos:
¿Qué nos pasa? ¿Ya no valoramos la vida? ¿Ya no
nos interesa cuidarla? ¿O quizás nos creemos “todopoderosos”, que nada
podrá sucedernos?
Es verdad que no estamos libres de accidentes, pero
si tomo alcohol y luego conduzco un automóvil, si voy
a velocidades no permitidas, si hago determinadas maniobras que pueden
ser peligrosas para mi y para los demás, si a
quien está cumpliendo con un trabajo se le exigen más
horarios con menos descansos, etc., entonces ya no sé si
podemos hablar sólo de “accidentes”.
Otra de las cosas que han
asombrado es que estos hechos, muchos de ellos, han sucedido
en tiempos de vacaciones, incluso muchos iban o regresaban de
sus descansos, y por lo tanto no se podría hablar
del “ritmo alocado en el que vivimos”, de los tiempos
que hacen que debamos correr.
¿Podrán servirnos estos acontecimientos como un
motivo fuerte para que reflexionemos sobre el “don precioso” de
la Vida que Dios nos ha dado, o será sólo
un tiempo de conmovernos, dolernos, pero después nos “entregamos” a
la imprudencia, mostrando quizás lo poco que valoramos nuestra vida
y la de quienes nos rodean? Espero y deseo que
sea lo primero, porque la vida de cada uno no
sólo es un “don personal” sino también para los demás,
y por eso debemos cuidarla.
Padre Oscar Pezzarini Superior Provincial de la
Obra Don Orione en Argentina, Paraguay, Uruguay y México
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