Autor: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net Ante la ciencia: ¿existe Dios?
La ciencia es limitada, pero creer en Dios supera y resuelve muchas preguntas del hombre
Ante la ciencia: ¿existe Dios?
Entre la ciencia y creer en Dios
¿Es Dios un invento
del hombre, producto de su ignorancia, su miedo a las
fuerzas de la naturaleza y a lo desconocido? Esto y
cosas semejantes dicen ateos, no creyentes (a algunos gusta esta
diferenciación) y los enemigos de la religión.
Preguntemos de otra manera,
¿por qué la gente de las diversas culturas humanas cree
en la existencia de una o más deidades todopoderosas? ¿Por
qué no se conforma con ir descubriendo las leyes de
la naturaleza? Si la gente "inventa" o realmente descubre sistemáticamente
un Dios, un ser todopoderoso, omnipresente, no es por miedo,
sino al revés. La gente deduce la existencia de un
ser semejante porque su conocimiento heredado y adquirido, no le
dan ninguna otra explicación del mundo y de su ser
humano espiritual.
Reconocer la existencia de Dios es producto de la
razón, resultado de un proceso deductivo, es de estricta lógica
y no de la imaginación, o de la ignorancia científica
o de debilidades y miedos humanos. Por muchas razones también,
el hombre descubre la trascendencia anímica sobre su muerte.
El hombre
encuentra la respuesta a sus preguntas sobre el universo y
la mente humana en la religión, después de que su
conocimiento general y del llamado científico, no le dan respuesta
a la existencia de ambas cosas. No la dan porque
no la tienen. Las ciencias llamadas exactas, naturales, nos dan
conocimiento de la realidad física y de las leyes que
gobiernan al universo, pero no explican su origen o su
por qué; no pueden, en cambio creer en Dios sí
da esa respuesta.
La ciencia, así en general, -como usan el
término quienes oponen el conocimiento científico a creer en Dios-,
no es solamente limitada, sino que a través de los
tiempos va cambiando sus enseñanzas, según se descubren tanto nuevas
cosas como los errores en que habían caído sus creadores.
Así,
la ciencia griega enseñó que había cuatro elementos: agua, tierra,
aire y fuego; pero los científicos llegaron a descubrir muchos
elementos de la materia, que el científico ruso Mendelejeff encuadró
en su "tabla periódica de los elementos". Pero la misma
ha sido enriquecida al descubrirse nuevos elementos.
La ciencia enseñó que
la tierra es plana, que el sol gira alrededor de
ella; hasta que nuevos científicos dedujeron que era al revés,
como ahora sabemos "a ciencia cierta". Los científicos del siglo
XIX afirmaban que había generación espontánea, pero Louis Pasteur, un
científico creyente, demostró lo contrario. La ciencia enseñó que el
átomo es indivisible -significado exacto del término. Ahora conocemos más
y más elementos subatómicos.
La ciencia dice que la velocidad "terminal"
es la de la luz, que nada puede moverse más
rápido, pero otros lo ponen en duda; quizá en algunos
años sepamos una nueva "verdad" científica al respecto. La duda
es lo que ha llevado al hombre a adquirir nuevos
conocimientos, cuando los de su entorno no responden a su
raciocinio, y así descubre verdades antes ignoradas y/o rechazadas.
También el
conocimiento mágico es superado por la racionalidad. La magia intenta
explicar lo que no se entiende, pero sus intentos no
son racionales, sino emocionales, y son tentativas (muy fructíferas, por
cierto) de controlar voluntades ajenas, de crearse el mago, hechicero
o brujo un halo de superioridad que infunde temor, respeto,
veneración y dominio.
Cuando la ciencia, la magia y otros intentos
de conocer la verdad del universo y de su origen,
no responden a la sed de saber del hombre, de
entender su entorno y sobre todo su propia persona, su
ser, entonces, por racionamiento, deduce que debe haber alguien, un
ser que tenga el poder de crear esa naturaleza, esas
leyes que la humanidad aprende. Es entonces cuando deduce que
Dios existe. Sí, creer en un Dios todopoderoso, omnipresente y
creador, es producto de la deducción, no del miedo o
debilidad mental. La gente temerosa prefiere no creer en nada,
o saberse comprometida en responsabilidades con un Dios juzgador y
exigente.
El gran centro de la creencia en Dios está en
dos cosas básicamente: el origen del universo y el del
espíritu humano, con toda su superioridad inmensa sobre otros seres
vivientes. La ciencia enseña la realidad, pero no su origen,
no puede, está fuera de sus fronteras; la teología sí,
porque es su campo de conocimiento: Dios.
La ciencia no explica
el espíritu humano, su inteligencia, su conciencia que distingue el
bien del mal. Con la tecnología actual las ciencias: la
anatomía, la fisiología, y otras, nos informan qué sucede en
el cerebro humano cuando piensa, o tiene emociones, pero no
nos dicen nada sobre la actividad inmaterial de la mente,
sólo la del cerebro, la del sistema nervioso, es decir
de las manifestaciones físicas de los procesos del sentir afectivo
o del pensar, pero no sobre éstos en sí.
El ingenio
humano, su creatividad, hacer poesía o música, y el arte
en general, están fuera del ámbito científico; no son actos
materiales, aunque para llevarlos a cabo el hombre utilice su
cuerpo, son mentales. La afectividad humana no se comparte con
los animales, cuyos "afectos" son instintivos; pero el hombre sobrepasa
con creces sus instintos, como los de protección a la
descendencia.
Las ciencias de la conducta intentan conocer las funciones de
la mente humana, pero no explican el por qué de
su existencia, sólo investigan su realidad, es todo. La mente
humana, el espíritu del hombre, que están por encima del
resto de los seres vivos, solamente tienen explicación cuando se
deduce que fueron creados por "alguien", con ese poder y
esa voluntad.
La ciencia es limitada, pero creer en Dios supera
y resuelve muchas preguntas del hombre. Así, creer en Él
no es resultado ni del miedo, ni de debilidades, sino
de la razón. Ciencia y religión no se oponen, se
complementan en el ser humano, y por eso las gentes
de diversos tiempos y culturas encuentran en la existencia de
la deidad todopoderosa la respuesta a sus preguntas; la respuesta:
Dios existe.
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